CucharaSaturada

FRAGMENTOS BREVES DE AUTORES CUYO APELLIDO O SEUDÓNIMO COMIENZA POR LA LETRA:

Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudóninimo comienzo por la letra W

Wallace, David Foster     (Entrevistas breves con hombres repulsivos)


>   Siempre pienso: «¿Y si no puedo?». Luego pienso: «Mierda, no pienses en eso». Porque pensar en ello puede provocar que suceda. No es que me haya pasado muchas veces. Pero me da miedo. A todos nos da miedo. Cualquiera que te diga que no le da miedo es un embustero. Todo el mundo tiene miedo de que le pase. Luego siempre pienso: «No estaría preocupado si ella no estuviera aquí». Entonces me cabreo. Me da la impresión, no sé, de que ella está esperando algo. Que si ella no estuviera ahí tumbada esperando y preguntándose y, no sé, evaluando, ni siquiera se me habría ocurrido la idea. Entonces me entra una especie de cabreo. Me cabreo tanto que deja de importarme una mierda si puedo o no. Es como si me entraran ganas de darle una lección. Es como si le dijera: «Vale, puta, tú te lo has buscado». Luego todo va bien.

 

 

D E. B. n.º 28, II
YPSILANTI, MICHIGAN [TRANSMISIÓN SIMULTÁNEA]
(Completo)

 

K.: Qué quieren las mujeres de hoy. Esa es la gran pregunta.

E.: Estoy de acuerdo. Es la más grande de todas. Es la… ¿cómo se llama?

K.: O en otras palabras, ¿qué es lo que las mujeres de hoy creen que quieren y en cambio qué es lo que quieren en el fondo?

E.: ¿O qué es lo que creen que se supone que tienen que querer?

P.

K.: De un hombre.

E.: De un tío.

K.: Sexualmente.

E.: Hablamos del viejo ritual del apareamiento.

K.: Por muy neandertal que suene, yo sigo diciendo que es la gran cuestión. Porque todo este tema se ha enredado demasiado.

E.: Y que lo digas.

K.: Porque la mujer moderna tiene que soportar una cantidad sin precedentes de contradicciones sobre lo que se supone que quiere y sobre cómo se espera que se comporte sexualmente.

E.: La mujer moderna está hecha un lío de contradicciones que ella misma crea y que la acaban volviendo chiflada.

K.: Por eso es tan difícil saber qué es lo que quieren. Difícil, pero no imposible.

E.: Piensa, por ejemplo, en la clásica contradicción virgen versus puta. Chica buena versus zorra. La chica a la que respetas y llevas a casa para que conozca a tu madre versus la que te follas.

K.: Y no olvidemos que a esta contradicción se le añade la nueva expectativa feminista-barra-posfeminista de que las mujeres también son agentes sexuales igual que los hombres. Que está bien ser sexual, que está bien silbar los culos de los tíos y ser agresiva y perseguir lo que quieres. Que está bien ir follando por ahí. Que para la mujer de hoy es prácticamente obligatorio follar por ahí.

E.: Mientras que en el fondo persiste la vieja oposición chica respetable versus zorra. Está bien ir follando por ahí si eres feminista, pero al mismo tiempo no está bien ir follando por ahí porque la mayoría de tíos no son feministas y no te respetan y no te llaman más si te los follas.

K.: Hazlo pero no lo hagas. Es una contradicción sin salida

E.: Una paradoja. Hagas lo que hagas, estás lista. Y los medios de comunicación la perpetúan.

K.: Imagínate la cantidad de ansiedad interior que todo esto acumula sobre sus psiques.

E.: Han avanzado mucho, y una mierda.

K.: Por eso hay tantas que están chifladas.

E.: Las vuelve locas la ansiedad interior.

K.: Y ni siquiera es culpa de ellas.

E.: ¿Quién no estaría chiflada teniendo que soportar todo el tiempo ese montón de contradicciones en los medios de comunicación actuales?

K.: Y la cuestión es que por eso resulta tan difícil cuando, por ejemplo, estás sexualmente interesado en una de ellas, imaginarte qué es lo que quieren de un hombre.

E.: Están hechas un lío total. Te puedes volver loco intentando imaginar qué táctica adoptar. Puede que empiecen ellas o puede que no. Las mujeres de hoy en día son una puñetera ruleta. Es como tratar de resolver un acertijo zen. En lo tocante a lo que quieren, lo único que puedes hacer es cerrar los ojos y saltar.

K.: No estoy de acuerdo.

E.: Estoy hablando metafóricamente.

K.: No estoy de acuerdo en que sea imposible determinar qué es lo que quieren realmente.

E.: Yo no he dicho que sea imposible.

K.: Pero estoy de acuerdo en que en la época posfeminista actual la cuestión tiene una dificultad sin precedentes y hace falta mucha imaginación y un gran arsenal deductivo.

E.: Porque claro, si fuera literalmente imposible no habría especie, ¿no?

K.: Y estoy de acuerdo en que uno no puede fiarse simplemente de lo que dicen que quieren.

E.: Porque solo lo dicen porque creen que se supone que han de decirlo, ¿no?

K.: Mi posición es que actualmente la mayor parte del tiempo te puedes imaginar qué es lo que quieren, es decir, puedes deducirlo lógicamente, si estás dispuesto a hacer el esfuerzo de entenderlas y de entender la situación imposible en que están.

E.: Pero no puedes fiarte de lo que dicen, esa es la gran cuestión.

K.: Con eso tengo que estar de acuerdo. Lo que las feministas-barra-posfeministas te dirán que quieren es un trato igual y un respeto de su autonomía individual. Si va a haber sexo, te dirán, tiene que producirse por consenso y deseo mutuo entre dos seres iguales y autónomos, cada uno de los cuales es responsable de su propia sexualidad y de la expresión de la misma.

E.: Eso es casi palabra por palabra lo que les he oído decir.

K.: Y es una patraña absoluta.

E.: Dominan a la perfección toda esa jerga de asumir el poder, eso está claro

K.: Es muy fácil ver que son patrañas si uno se acuerda de tener en cuenta desde el principio la contradicción irresoluble de la que ya hemos hablado.

E.: No cuesta nada verlo.

P.

K.: Que se espera de ellas que estén sexualmente liberadas y que sean autónomas y enérgicas, pero al mismo tiempo son conscientes de la vieja dicotomía entre la chica respetable y la zorra y saben que hay chicas que siguen dejando que las usen sexualmente debido a una falta básica de respeto por sí mismas, y les sigue produciendo horror que las puedan ver como si formaran parte de esa clase de tías fáciles.

E.: Además, recuerda que las chicas posfeministas de hoy saben que el paradigma sexual masculino y el femenino son fundamentalmente distintos…

K.: «Marte y Venus».

E.: Sí, exacto, y saben que como mujeres están programadas por la naturaleza para tener una visión más altruista y más a largo plazo del sexo y a pensar siempre en términos de relaciones más que en términos de follar simplemente, de forma que si una mujer se hunde de inmediato y folla contigo, ella cree que en cierta forma te estás aprovechando de ella.

K.: Esto, por supuesto, es porque la época posfeminista actual es también la época posmoderna, en la que se supone que todo el mundo conoce a la perfección todo lo que subyace a todos los códigos semióticos y convenciones culturales, y se supone que todo el mundo sabe con qué paradigmas está actuando todo el mundo, y por tanto se entiende que todos como individuos somos mucho más responsables de nuestra sexualidad, porque todo lo que hacemos es consciente y está informado de una forma sin precedentes.

E.: Pero al mismo tiempo ellas están bajo una presión biológica increíble que las obliga a buscar pareja, aposentarse, tener hijos y criarlos, y si no, léete el rollo ese de Las normas, e intenta explicarme por qué es tan popular.

K.: El problema es que se espera de las mujeres de hoy que sean responsables ante la modernidad y al mismo tiempo ante la Historia.

E.: Por no mencionar la pura biología

K.: La biología ya está incluida en el espectro de lo que yo llamo «Historia».

E.: Entonces estás usando «Historia» más bien en un sentido foucaultiano, ¿no?

K.: Hablo de la Historia entendida como un conjunto de respuestas humanas conscientes e intencionadas a toda una gama de fuerzas de las cuales la biología y la evolución forman parte.

E.: La cuestión es que es una carga intolerable para las mujeres.

K.: La verdadera cuestión es que de hecho esas dos responsabilidades son lógicamente incompatibles.

E.: Incluso si la propia modernidad es un fenómeno histórico, diría Foucault.

K.: Solo estoy diciendo que nadie puede respetar dos conjuntos lógicamente incompatibles de responsabilidades. Esto no tiene nada que ver con la Historia, esto es pura lógica.

E.: Personalmente, yo culpo a los medios de comunicación.

K.: Pero ¿cuál es la solución?

E.: El discurso esquizofrénico de los medios que representa, por ejemplo, el Cosmopolitan: por un lado tienes que estar liberada y por otro asegúrate de encontrar marido.

K.: La solución es comprender que las mujeres de hoy en día están en una situación imposible en términos de cuáles perciben que son sus responsabilidades sexuales.

E.: Como decía aquel anuncio: «Puedo traer el pan a casa, na ná na ná, y encargarme yo de todo, na ná na ná…».

K.: Y que, por tanto, querrán, como es natural, lo que querría cualquier ser humano enfrentado con dos conjuntos irresolublemente conflictivos de responsabilidades. Es decir, lo que querrán de verdad es escapar de alguna forma de esas responsabilidades.

E.: Alguna escapatoria.

K.: Psicológicamente hablando.

E.: Una puerta de atrás.

K.: De aquí la importancia intemporal de: la pasión.

E.: Quieren ser al mismo tiempo responsables y apasionadas.

K.: No, lo que quieren es experimentar una pasión tan enorme, abrumadora, poderosa e irresistible que anule toda culpa, tensión o remordimiento que puedan sentir por traicionar las responsabilidades que perciben como suyas.

E.: En otras palabras, lo que quieren de un tío es pasión.

K.: Quieren que se las lleven por delante. Que las hagan salir volando. Que las hagan volar por los aires. El conflicto lógico entre sus responsabilidades no se puede resolver, pero sí su conocimiento posmoderno de ese conflicto.

E.: Se puede eludir. Se puede negar.

K.: Lo cual quiere decir que, en el fondo, quieren a un hombre que vaya a ser tan abrumadoramente apasionado y poderoso que sientan que no tienen elección, que su historia los supera a ambos, que pueden olvidarse por completo de que existen las responsabilidades posfeministas.

E.: En el fondo, quieren ser irresponsables.

K.: Supongo que en cierta forma estoy de acuerdo, pero no creo que se les pueda culpar por ello, porque no creo que sea algo consciente.

E.: Es algo que persiste como un grito lacaniano, en el inconsciente infantil, para usar la jerga.

K.: Quiero decir que es comprensible, ¿no? Cuanto más se imponen esas responsabilidades lógicamente incompatibles sobre las mujeres de hoy, más fuerte es su deseo inconsciente de un hombre sobrecogedoramente poderoso y apasionado que pueda convertir esa contradicción irresoluble en algo irrelevante a base de abrumarlas con tanta pasión que eso les permita creer que no pueden hacer nada para evitarlo, que el sexo no ha sido una cuestión de elección consciente por la que se les pueda exigir responsabilidades y que en última instancia si ha habido alguien responsable es el hombre.

E.: Eso explica por qué cuanto más convencida sea la presunta feminista, más se aferrará a ti y te seguirá a todas partes después de dormir con ella.

K.: No estoy seguro de estar de acuerdo con eso.

E.: Pero de ahí se deriva que cuanto más convencida está la feminista, más agradecida y dependiente se va a sentir después de que hayas entrado cabalgando a lomos de tu corcel blanco y la hayas liberado de su responsabilidad.

K.: Con lo que no estoy de acuerdo es con lo de «presunta». No creo que las feministas de hoy sean insinceras de forma consciente cuando hablan de autonomía. Igual que no creo que sean estrictamente culpables de la terrible encrucijada en que se ven. Aunque en el fondo supongo que tengo que estar de acuerdo con que las mujeres están históricamente mal equipadas para hacerse responsables de sí mismas.

P.

E.: Supongo que ninguno de vosotros ha visto dónde estaba el meadero en este sitio.

K.: No lo digo en el mismo sentido que esos estudiantes neandertales-que-semeten-con-las-mujeres-porque-son-demasiado-inseguros-para-soportar-su-subjetividad-sexual. Y estoy perfectamente dispuesto a defenderlas de cualquier burla o acusación por una situación que claramente no es culpa de ellas.

E.: Porque ya va siendo hora de responder a la llamada de la naturaleza, no sé si me explico.

K.: Si uno mira simplemente la cuestión en términos de evolución, hay que estar de acuerdo con que cierta falta de autonomía-barra-responsabilidad fue una ventaja genética obvia en el caso de las mujeres primitivas, porque un sentido limitado de la autonomía atraía a esas mujeres hacia un hombre primitivo que le asegurara comida y protección.

E.: Mientras que las mujeres más autónomas, las machorras, podían dedicarse a la caza y llegar a competir con los hombres para conseguir comida.

K.: Pero la cuestión es que las que encontraban pareja y se apareaban eran las mujeres menos autónomas y menos autosuficientes.

E.: Y tenían descendencia.

K.: Y por tanto perpetuaban la especie.

E.: La selección natural favoreció a las que buscaban pareja en vez de irse de caza. Es decir, ¿cuántas pinturas rupestres has visto en las que aparezcan mujeres cazando?

K.: Mirando la historia, probablemente debamos señalar que cuando una mujer débil entre comillas se ha apareado y ha criado a sus hijos, a menudo muestra un sentido espectacular de la responsabilidad en todo lo que tenga que ver con sus hijos. No es que las mujeres no tengan capacidad para ser responsables. No estoy hablando de eso.

E.: Son unas madres geniales.

K.: De lo que estamos hablando aquí es de las mujeres adultas preprimíparas y de su capacidad genética-barra-histórica de autonomía, de hacerse responsables de sí mismas, por decirlo de algún modo, en el trato con los hombres.

E.: La evolución las ha desprovisto de esa capacidad. Mira las revistas. Mira las novelas de amor.

K.: Lo que las mujeres de hoy en día quieren, para decirlo en pocas palabras, son hombres con una sensibilidad apasionada y al mismo tiempo con el arsenal deductivo necesario para discernir que todos sus alegatos de autonomía no son más que gritos desesperados en medio de la soledad de su contradicción irresoluble.

E.: Todas quieren eso. Lo que pasa es que no lo pueden decir.

K.: Y te adjudican a ti, al hombre de hoy día que está interesado en ellas, el papel paradójico de ser prácticamente su psiquiatra o su sacerdote.

E.: Quieren la absolución.

K.: Cuando dicen: «Soy una persona por propio derecho», «No necesito a ningún hombre» o «Soy responsable de mi propia sexualidad», lo que te están diciendo realmente es lo que quieren que tú les hagas olvidar.

E.: Quieren ser rescatadas.

K.: Quieren que a cierto nivel estés sinceramente de acuerdo y respetes lo que están diciendo, pero que a otro nivel más profundo reconozcas que no son más que patrañas y que entres cabalgando a lomos de tu corcel blanco y las abrumes con tu pasión, tal como los hombres han hecho desde tiempos inmemoriales.

E.: Por eso no puedes entender de forma literal lo que dicen o te vuelves chiflado.

K.: Básicamente todo sigue siendo un código semiótico muy elaborado, donde los nuevos semas posmodernos de la autonomía y la responsabilidad reemplazan a los viejos semas premodernos de la caballerosidad y el cortejo.

E.: Realmente necesito ir al meódromo.

K.: La única manera de no dejarse engañar por ese código es llevar a cabo un acercamiento lógico a la cuestión. ¿Qué es lo que ellas están diciendo realmente?

E.: No no quiere decir sí, pero tampoco quiere decir no.

K.: Es decir, la capacidad de usar la lógica es lo que nos distinguió de los animales en el principio.

E.: Y no es por ofender, pero la lógica no es exactamente el fuerte de las mujeres.

K.: Pero aunque toda la situación sexual es ilógica, en mi opinión tampoco tiene sentido culpar a las mujeres de hoy día por no ser muy lógicas o por estar emitiendo continuamente una salva de señales paradójicas.

E.: En otras palabras, K. está diciendo que no son responsables.

K.: Estoy diciendo que es difícil y resulta complicado, pero si usas la cabeza no es imposible.

E.: Porque piensa en ello: si realmente fuera imposible, ¿dónde estaría la especie?

K.: La vida siempre encuentra su camino.

Enlace directo a los fragmentos de Entrevistas breves con hombres repulsivos de David Foster Wallace:

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Walser, Robert.     (Jakob Von Gunten)


        Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada; es decir, que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada. La enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito. Éxitos interiores, eso sí. Pero ¿qué ventaja se obtiene de ellos? ¿A quién dan de comer las conquistas interiores?  

 

      - ...tengo la sensación —una sensación muy confortable, punzante y placentera— de que algún día me tocará en suerte un amo, un patrón o un jefe igual a ese futuro Peter, pues los tontos como él están hechos para llegar lejos, para escalar, vivir bien y mandar, mientras que quienes, como yo, son en cierto sentido inteligentes, han de tolerar que sus propios talentos florezcan y se marchiten al servicio de otros. Yo, yo seré algo muy humilde y pequeño.

 

      - Los verdaderos hombres, los seres humanos de verdad no son jamás visiblemente bellos. Un hombre que lleve una barba realmente hermosa es o un cantante de ópera o el jefe de sección, bien remunerado, de algún gran almacén. Los falsos hombres son, por regla general, hermosos.

 

       - ...y está bien que así sea, pues los éxitos tienen por única e inseparable compañía la dispersión y unas cuantas cosmovisiones baratas. Se nota en seguida: cuando los hombres empiezan a contabilizar éxitos y reconocimiento, se ponen casi gordos de autosatisfacción saturadora, y la fuerza de la vanidad los va inflando hasta convertirlos en un globo irreconocible. ¡Libre Dios a un hombre honrado del reconocimiento de la masa! Si no lo vuelve malo, sólo servirá para confundirlo y quitarle fuerzas.

 

         - Solo puedo respirar en las regiones inferiores.


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Welsh, Irvine      (Trainspotting)

 

>   Me produce cierta satisfacción recordar por qué me odia. Mike estuvo hace tiempo cegado por una mujer que le aborrecía. Una mujer a la que yo a renglón seguido me tiré. No supuso gran cosa ni para mí ni para la mujer en cuestión, pero desde luego a Mike le jodió mogollón. Ahora bien, la mayoría de la gente lo pondría en la cuenta de la experiencia, siempre quieres lo que no puedes tener y las cosas que en realidad te importan un comino son las que se te presentan en bandeja. Así es la vida, así que ¿por qué iba a ser diferente el sexo de cualquier otra parte de ella? Yo he tenido y superado reveses semejantes en el pasado. Todo quisque lo ha hecho. El problema es que este mierda está empeñado en acumular resentimientos triviales, como la ardilla maligna y dentuda que es. Pero yo aún le quiero. Tengo que hacerlo. Es el chico con la mejor mano.

 

> texto.

 

   

Wilcock, J.Rodolfo     (La sinagoga de los iconoclastas)

 

>   En su libro, el psiquiatra francés describe o propone un original Edén poblado de imbéciles: perezosos, torpes, con los ojos porcinos, mejillas amarillentas, labios abultados, lengua salida, voz baja y ronca, oído débil, el sexo irrelevante. Con expresión clásica, les llama les enfants du bon Dieu. Sus descendientes, impropiamente llamados hombres, tienden a alejarse cada vez más del modelo platónico o imbécil primigenio, impulsados hacia los dementes abismos del lenguaje, de la moral, del trabajo y del arte. De vez en cuando, se le concede a una madre afortunada parir un idiota, imagen nostálgica de la creación primera, en cuyo rostro aún, por una vez se refleja Dios. Estos seres cristalinos son el mudo testimonio de nuestra depravación; se mueven entre nosotros como espejos de la primitiva estupidez divina. El hombre, sin embargo, se avergüenza de ellos, y los encierra para olvidarlos; tranquilos, los ángeles sin pecado viven vidas breves pero de perpetua e incontrolada alegría, comiendo tierra, masturbándose a continuación, chapoteando en el barro, agazapándose en el cubil amistoso del perro, metiendo distraídamente los dedos en el fuego, inermes, superiores, invulnerables.
     Cualquier movimiento tendente a reinsertar a los subnormales, congénitos o accidentales, en la sociedad civilizada, se basa en el presupuesto -evidentemente falso- de que los evolucionados somos nosotros, y ellos los degenerados. Attendu invierte dicho presupuesto, es decir, decide que los degenerados somos nosotros y ellos los modelos, e inicia de ese modo un movimiento inverso, dejado hasta ahora por motivos muy claros sin otra consecuencia que la antigua pero tácita colaboración de las máximas autoridades, no sólo psiquiátricas, que tiende a incrementar en los imbéciles lo que precisamente les convierte en tales.



>   Todos los pupilos estaban provistos de bastones y eran periódicamente invitados por los enfermeros, con el ejemplo, a vapulear a sus compañeros; esta terapia tendía a eliminar de su vacío mental cualquier residuo de agresividad social. Niños y niñas eran invitados además a pasear desnudos, incluso en invierno, e inducidos, también con el ejemplo, a juegos bestiales de tipo vario. Eso sobre todo en el sector de los retrasados, que participaban más bien con placer en tales juegos con los enfermeros; porque en los imbéciles y más aún en los idiotas los instintos se habían ido refinando y regresando a la pureza primitiva: a lo máximo que podían llegar era a comerse mutuamente las heces. Los retrasados, en cambio, se entregaban con gusto a una especie de alegre vida sexual angélica...

Enlace directo a los fragmentos de La sinagoga de los iconoclastas de J.Rodolfo Wilcock:

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Wilde, Oscar     (El retrato de Dorian Grey)


>   La conciencia y la cobardía son en realidad la misma cosa,  Basil. «Conciencia» es el nombre comercial que le damos a la mercancía. Eso es todo.

 

>   El placer es la única cosa acerca de la cual merece la pena tener una teoría –respondió, con su voz grave y melodiosa-. Pero mucho me temo que no puedo reclamar esa teoría como propia, pertenece a la Naturaleza, no a mí. El placer es la condición que nos impone la Naturaleza, su señal de aprobación. Cuando somos felices siempre somos buenos, pero cuando somos buenos no somos siempre felices. 

- ¡Ah! ¿Pero a qué te refieres cuando dices «buenos»?

- Ser bueno consiste en estar en armonía con uno mismo –respondió, rozando el tallo de la copa con sus dedos puntiagudos y pálidos-. La disonancia aparece cuando uno se ver forzado a estar en armonía con los demás. La propia vida, eso es lo más importante. En lo que se refiere a la vida que llevan nuestros vecinos, si uno quiere ser un mojigato o un puritano, puede ocuparse de ella para airear sus convicciones morales, pero no es asunto de su incumbencia. Además, el Individualismo es en verdad el objetivo más elevado. La moralidad moderna consiste en aceptar lo que la época tiene por norma, y considero que, para cualquier hombre cultura, aceptar la norma de su época es la forma más grosera de inmoralidad…

Enlace directo a los fragmentos de El retrato de Dorian Grey de Oscar Wilde:

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Wolf, Virginia     (Orlando)

 

> El gusto por los libros fue muy temprano. De niño fue a veces sorprendido a medianoche por un paje leyendo todavía. Le quitaban las velas y él criaba luciérnagas para lograr sus propósitos. Le quitaron las luciérnagas y casi prendió fuego a la casa con yesca. Para decirlo en una palabra, dejando al novelista alisar la arrugada seda y todas sus implicaciones, era un noble aquejado de amor a la literatura. Mucha gente de su tiempo, y aún más de su rango, escapaba a esa enfermedad y así se se veía libre para correr, cabalgar o hacer el amor a sus anchas. Pero había algunos que caían contaminados muy tempranamente por un virus que, decían, se nutría del polen de la flor del asfódelo y que llegaba con los vientos de Grecia y de Italia y cuya naturaleza era tan mortal que prendía en la mano alzada para golpearle, nublaba los ojos que buscaban apresarlo y hacía balbucir a la lengua qaue iba a declararle su amor. Lo fatal de la naturaleza de esta enfermedad era que sustituía la realidad por un fantasma, de modo que Orlando, a quien la fortuna había otorgado todos los dones -plata, lencería, casas, servidores, alfombras y camas en profusión-, solo tenía que abrir un libro para que toda aquella enorme acumulación se convirtiera en humo.

Enlace directo a los fragmentos de Orlando de Virginia Woolf:

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Wolfe, Thomas     (Una puerta que nunca encontré)

 

                - Pues, a fin de cuentas, tú eres lo que eres, sabes lo que sabes y no hay palabras para describir la soledad, la negra, cruel y dolorosa soledad que roe las raíces del silencio por las noches. Que yace junto a nosotros en la oscuridad mientras el río sigue su curso, nos colma con su desaforada canción secreta y con la inconmensurable desolación del cielo gris, y permanece con nosotros para siempre, callada, hasta que ya no podemos separarla de nuestra sangre…

 

Enlace directo a los fragmentos de Una puerta que nunca encontré de Thomas Wolfe:

Acceso directo a los fragmentos de Una puerta que nunca encontré de Thomas Wolfe

 

BREVES FRAGMENTOS DE LIBROS: NAVEGACIÓN

-Por inicial del apellido/pseudónimo de los AUTORES  (alfabético)-

 

Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por la letra A Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por la letra B Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por la letra C Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por la letra D Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por la letra E Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por la letra F Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por la letra G
Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por la letra H Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por la letra I Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por la letra J Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por la letra K Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por letra L Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por letra M Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por letra N
Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por letra O Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por letra P Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por letra Q Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por letra R Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por letra S Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por letra T Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por letra U
Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por letra V Fragmentos breves
 de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por la letra W Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por letra X Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por letra Y Fragmentos breves de autores cuyo apellido o seudónimo comienza por letra Z Volver:Volver a la página inicial de Fragmentos Breves

 


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