ACEPTACIÓN:

  Es, y así será este sitio.

Mujer LeopardoComo usted cuando duerme; como una tormenta amarilla perdida en el Takla Makan, como la fuga de seis hombres desesperados que concurre con un eclipse de Luna.

Es, y así será este sitio.

Como nuestros hijos, que prueban la solidez de sus alas en los juegos ejercitando el vuelo con el que nos abandonarán;  como el fuego nutricio de las tribus que nos engendraron; como el mal que nos recuerda el bálsamo de la templanza o como las aves de vuelo corto que nacen entre las piedras porosas, rocas hijas de un volcán y fundidas por el aire azul de las montañas. 

Es, y así será este sitio. 

Mortal y hermoso en tanto perdure, regido por las leyes inquebrantables del Universo, que para algo nos necesita y nos somete.

Es, y así será este sitio. 

Y se construirá y se construirá hasta convertirse en el polvo del polvo de un estambre de azafrán para desaparecer con la radiación blanca y curvada que llevará todos nuestros átomos, los tangibles y los ficticios, los vividos y los soñados. Como se construye y se transforma el cuerpo de nuestros mayores que vemos oxidarse más y más hasta que el soporte físico que los sostiene se transforma en papel de ceniza de tanto construirse.

Así será este “fragmentos de libros”, como todos nosotros y como todo lo que hemos tocado alguna vez y como todo lo que creemos alcanzar imaginar: construyéndose hasta la disolución. Hasta su metamorfosis.

 

 

PRESENTACIÓN:

Si ha llegado usted hasta este sitio de reciente aparición, es muy 

posible que esté buscando algo que esta página puede ofrecerle 

 

Ventanales Venecia

Es de rigor, entonces, que antes de hacerle perder más tiempo le expongamos lo que nos ha guiado a construirla y lo que de fragmentos de libros puede obtener.

Aunque hechizado por los libros desde niño, nunca pude ser más que un lector de constancia condicionada por el tiempo que el ruido de la vida me dejaba disponible y que impedía que mis lecturas fueran más ágiles y menos espaciadas. Pero había otros dos aspectos de los libros que leía que me incomodaban más que ese ritmo mediano. Eran estos:

Por una parte, ocurría que al acabar la última página de los libros que iba leyendo, cerrarlos y devolverlos al anaquel, al amigo prestatario o a la biblioteca; no sólo me despedía, quizás para siempre, del coronel Aureliano, de Emma, de lady Macbeth o de mi querido Oscar -un niño que, ayudado por un láser con el corazón de púrpura, conseguía la invisibilidad-, sino que también y más irrecuperables que los personajes, se quedaban para el olvido los fragmentos de libros que lograban subyugarme por su belleza, por su verdad, por lo que tenían de incitación…; esas páginas, frases de libros, que consguían que detuviera la lectura y mirara al cielo, a la luz de la alcoba o a la lluvia mojando la tarde tras el ventanal.

Por otro lado, y aunque siempre intenté seleccionarlos entre buenos libros para leer, ocurría que algunos a los que me acercaba, me decepcionaban y me contrariaba que, dado el relativo poco tiempo que disponía para leerlos, lo considerara desperdiciado. Como casi todos nosotros, elegía mis lecturas aconsejado por amigos y compañeros, por referencias literarias, por necesidad o curiosidad temática o incluso, debilidad ante la moda, me plegaba ante el ganador de premio literario o ante un “best seller « definitivo». Y, lo que más al caso viene, algunas veces me dejaba guiar por los libros recomendados en blogs y portales concurridos. Hoy, ya no es así. Solo con el tiempo fui adquiriendo la experiencia y un olfato propio para saber aquilatar las preferencias de mis lecturas. Además, por fin, hoy, no siento ningún remordimiento cuando doy por finiquitado un libro en la página setenta, cerrando con fuerza sus cubiertas; hecho, que no siempre fue así.

 Hasta que un día me dije:«No puede ser» Y entonces, hace ya algunos años, comencé a transcribir –no con una dedicación exhaustiva, pero si con la suficiente como para sosegar mi ánimo- esos fragmentos de libros que no he querido que se disuelvan con el tiempo.Y por eso es por lo que ahora estoy aquí, creo que ha llegado el momento de compartirlos.  

 Si usted ha venido leyendo hasta este punto, es que tenemos algo en común. (Nada especial, estoy seguro que no somos los únicos que se sienten indefensos ante esas inevitables pérdidas). Bien, pero ¿compartirlos porqué? Usted me podrá decir con toda la razón: «Yo tengo mis propias frases de libros, tengo estimado lo que para mí es un buen libro para leer, y todo ello, desde mi forma de pensar y tamizado con mi propia sensibilidad». Nada que objetar. Pues, si así es, ¿por qué no los comparte conmigo?