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Fragmentos de libros.   IMÁN de Ramón J. Sénder    Final I: 

Nuestra portada:
VaraDeRey ElViso B1
TEXTO DE PORTADA:  El 1 de julio de 1898, en Santiago de Cuba, 550 españoles defendieron durante doce horas la posición de El Caney y el fortín de El Viso contra el Ejército norteamericano y sus aliados cubanos. Tres Divisiones y dos brigadas independientes (unos 18.000 hombres) bien pertrechadas con modernas ametralladoras y una demoledora artillería. El general Vara de Rey fue herido primero y rematado después por los mambises cuando era trasladado en camilla. Al final, 84 supervivientes. Eso cuentan nuestras crónicas heróicas. Pero al general Vara de Rey se le otorgó la Cruz Laureada de San Fernando a título póstumo y le han erigido unas cuantas estatuas en su honor por el suelo patrio. Ésta de la imagen, al menos, está dedicada a él y también a los "héroes de...", o sea, un genérico. Son los Enriques, los Antonios, los Romanes, los Joaquines..., anónimos y pobres soldados de reemplazo a los que arrastraban y masacraban por miles en aquellas guerras coloniales. Las guerras de los generalotes, de los aristócratas, de los señoritos, los prebostes, los imperialistas, los industriales poderosos... en fin, los que dirigían la Patria-cotarro pero estaban exentos de dejarse el alma y el pellejo en ellas. Lo que nos cuenta Sénder en Imán sucedió un par de décadas después y un poco más cerca, pero va de esto. Incluyendo aquel Desastre de Annual que aún nos colea, creo.
  Monumento al General Vara de Rey y los Héroes de Caney.  Madrid  © LCJ 2021

   

Finales de libros. Último capítulo

DIECISÉIS

Cuatro días y tres noches de viaje. El paisaje frío, concreto e inexpresivo, y por la noche una negra y abstracta España irresponsable en la sombra de la ventanilla.

Viance entró por Málaga, blanca y azul. Su único equipaje, dos cajetillas de tabaco, se lo quitaron en la aduana. Hasta coger la línea general, los trenes eran viejos y míseros y los vagones hervían en un resol de podredumbre. Los viajeros se daban con las rodillas, estaban demasiado próximos y mirarse a la nariz horas y horas era demasiado estúpido. Uno le preguntó si la condecoración era pensionada. Viance mintió: dijo que sí, y un catalán se puso a explicar que al contribuyente le salían caras esas quincallas. En la línea general, los coches atestados. Al cambiar, en Madrid, el viaje se hizo ya insufrible. Sólo la costumbre de la disciplina podía dulcificarlo un poco...

...

Continuar FINAL  de "Imán" 

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