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Fragmentos de libros. BUENOS DÍAS TRISTEZA de Françoise Sagan  Final (I):

Nuestra portada:
CorraladaCorredor800
 
VOZ DE LA FOTO. En ausencia del deseo, del dolor o del miedo, la realidad parece siempre subjetiva. En un instante, puedes estar siendo observada por un voyeur raterillo de imágenes o estar el Cuera arrebujándose con una estola de nubarrones de galena que al romperse en la cresta dejará caer su oscuridad y sus cortinones de lluvia sobre ti. Puede que tu perra haya escapado y, en ese preciso instante, te ladre y se debata prendida en una alambrada con espinos. Y parece también probable que, en ese mismo instante, no sepas ni te interese saber quién eres o dónde estás porque Cécile camina inconsolable hacia ese saludo final a la tristeza. Afortunada Sagan que a los dieciocho años aún no pudo titular su novela como Bonjour, culpabilité...    
En la corralada. San Roque del Acebal (Asturias)    © LCJ  2018
 
  
Finales de libros                (ojo, evidente "spoiler")

  

         Capítulo décimo

 Es curioso cómo se complace la fatalidad en elegir para encarnarla rostros indignos o mediocres. Aquel verano había adoptado el de Elsa. Un rostro hermoso, sí, o más bien atractivo. Tenía  también una risa extraordinaria, comunicativa y plena, como sólo la tiene la gente un poco tonta.

Pronto descubrí los efectos de esa risa en mi padre y hacía que Elsa le sacase el máximo partido cada vez que teníamos que «sorprenderla» con Cyril. «Cuando me oigas llegar con mi padre», le decía, «no digas nada, solo te ríes» Y entonces, al oír esa risa satisfecha, descubría que el rostro de mi padre se llenaba de ira. Me apasionaba ese papel de director de escena. No me fallaba nunca la jugada, porque cuando veíamos a Cyril y Elsa juntos, revelando abiertamente vínculos imaginarios, pero totalmente imaginables, mi padre y yo palidecíamos a un tiempo, a ambos se nos iba la sangre del rostro, arrebatada por ese deseo de posesión que es peor que el dolor. Cyril, Cyril inclinado sobre Elsa, sin calibrar su fuerza. Las palabras son fáciles, envolventes y cuando veía el rostro de Cyril, su nuca morena y suave inclinada sobre el rostro incitante de Elsa, habría dado cualquier cosa por que eso, no sucediera. Olvidaba que yo misma lo había querido...

...

 Continuar final    (Continuar con el final de "Buenos días tristeza" )

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