EL BAILE DE LOS DELFINES.  

    Autora     :  Julia Villares Anllo.

     (Preámbulo, comienzo y un fragmento)

 

 ElBaileDeLosDelfines

PREÁMBULO

 

     Este libro relata una serie de hechos que pudieran ser reales. La protagonista, una artista de renombre, es acusada y enjuiciada, lo cual paraliza su vida creativa por un tiempo.  Un tiempo en espera de resolución en el que recuerda y repasa su pasado inmediato: otro tiempo en el que, también, su vida se paralizó; pero fue por una razón diferente, mucho más importante y poderosa para ella, que la que ahora se conoce para juzgarla.                                                     

 

 

COMIENZO

     ¡Hola Santiago, soy Sara! Te extrañará mi llamada, más que nada, porque siempre os llamo a casa y suelo hablar con Elena. Si hoy te llamo al despacho, es porque Juan insiste en que te pida  consejo profesional, por algo que aún no sé si debo preocuparme o no darle importancia. Volveré a llamarte.

       Este es el mensaje que Santiago Moreno Vázquez encontró en el contestador cuando llegó al despacho el lunes por la mañana. ¿Qué le pasará?, pensó. ¿Tendrán algún problema y por eso anularon pasar el fin de semana con nosotros?  En efecto, aquel domingo, 20 de junio, las dos familias habían quedado en reunirse en Cubellas. Pensaban encargar una paella de marisco y comérsela tranquilamente, en la terraza del apartamento que Santiago y Elena tienen en aquella ciudad barcelonesa, después de los correspondientes chapuzones, o baños prolongados en el mar porque, tanto a Juan como a su hijo Félix, les encanta nadar mar adentro, hasta que casi no se les ve desde la arena. En estas escapadas, Santiago los sigue y se lo pasa bien; pero cuando ellos no están, se queda más cerca de la playa y está menos rato en el agua. Cecilia, su hija,  que va para doce años, también se divierte de lo lindo los días que están con ellos la familia invitada.

         Sara Díaz, la gran pintora, su marido le dice que me pida la opinión profesional. ¿Tendrá algún problema con la galería? ¿Algo que no esté claro con el marchante? ¿Algún contrato mal redactado o poco claro?, va pensando Santiago y mirando el teléfono de soslayo, como esperando a que suene, mientras abre el expediente que tenía previsto revisar a primera hora, antes de verse con el cliente.

         Supongo que no será grave, de lo contrario, Juan  me hubiera adelantado algo ¿y si la anulación de la playa se debe a esto? Espero que no: Juan  sabe cómo localizarme. Bueno, puede que no sea urgente, sigue pensando el abogado. Pero, entonces, ¿qué les impidió ir a Cubellas?

LaBarceloneta1         Sara Díaz se crió en la Barceloneta, el barrio barcelonés donde nació y empezó  la experiencia de exponer sus pinturas al público. En este momento, con 43 años cumplidos, su abanico expositor es amplio y conocido. Se inició con temas marinos. Ver cada día un trocito de  mar desde su ventana, o verlo sin abarcar el horizonte cuando salía a jugar a la playa, la inspiraba. Y aprehendía las sensaciones que no sabía explicar cuando hablaba de ello. Entonces, las pintaba.

         En el colegio cuentan de ella una anécdota: un día la profesora de lengua pidió en clase una redacción. Dijo a los alumnos que dejaba la elección de tema a cada uno de ellos; en caso de que a alguno no se le ocurriera nada de qué escribir, les proponía comentar los recuerdos de la primera vez que llegó a casa con las notas del curso: comentar esa emoción frente a los padres y cómo lo recibieron éstos.

Sara eligió el mar. Habló del mar en su redacción y, además, el día que tocaba entregarla, le llevó a la profesora una cartulina enrollada. Le entregó las dos cosas y le dijo:

       —Perdone, señorita, es que creo que lo que siento frente al mar, no me sale bien cuando lo escribo y que pintado se entiende mejor...

 

 

DIAGNÓSTICO

 

En el recuerdo de Sara sigue viva la voz del colegio, cuando la llamaron para decir que Ruth había tenido una lipotimia y que la habían sacado de clase.

El director trató de tranquilizarla. No parecía que fuera nada grave, pero ante la alteración repentina de la niña, habían preferido actuar así. Creía acertado que la fuera a buscar, que descansara y olvidara el episodio.

—De acuerdo, pero dígame, ¿qué ha pasado? ¿Ha discutido con alguna niña en el recreo, le dio  apuro no saber algo en la pizarra, … qué?

—Nada de todo eso. No sabemos qué se lo provocó, señora Díaz. Pero creemos que, al menos por hoy, no debe incorporarse a clase. Está algo asustada.

—Tendrá que verla un médico.

Sí, creo que será lo adecuado.

A Sara se le ocurrían mil cosas en que pensar, menos en la enfermedad que la acechaba. Se dio prisa en acudir a su lado, al colegio, imaginándola decaída, aturdida y necesitando abrazarla para darle el calor de madre, para transmitirle sosiego y seguridad.

Llamó a Juan al Brindis y le informó de lo que pasaba y que iba a urgencias con ella. Por si se alargaba la visita con pruebas, y porque ya se sabe que en los hospitales se puede tardar varias horas, Juan se encargó de recoger a Félix, y decirle que su hermana se había sentido mal en clase.

De nuevo, el pediatra no le encontró nada que debiera preocuparles, le pidió algunas pruebas por si acaso, pero le salieron bien. Dado su historial médico los últimos dos años, decidieron hacerle una ecografía y, con esto,  empezó el calvario de las pruebas.

Sara lo relató así: “Fueron días de incertidumbre, de inseguridad, de pena, también, de rabia.  Con Ruth vivimos, primero, los pudiera ser, se dan pocos casos, hay que esperar confirmación, seguiremos atentos a ver cómo se encuentra la niña. Y, entretanto, nosotros deseando que el médico se equivocara, que las máquinas se equivocaran, que la ciencia se equivocara y que el diagnóstico fuera un error. Deseando poder reprocharle al médico que cómo había podido equivocarse en algo así, pero que fuese un error. Y volver a empezar otras pruebas, que dieran otro resultado, otra expectativa, que nos diera un hilo de esperanza. ¡No había error!: Padecía Hipertensión Pulmonar Idiopática.