OPINAMOS DE "CARTAS MARRUECAS"  (José Cadalso)          

 

Epistola

 

 

En la contraportada de este libro editado por la desaparecida editorial Bruguera (la de nuestros tebeos infantiles), se lee la definición que del término clásico hace el DRAE y que todos, más o menos, compartimos: “Dícese del autor o de la obra que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier literatura o arte”. Pero los libros clásicos también presentan una característica común que los hace “dignos de imitación” y es que siempre, siempre… nos sorprenden. Es muy posible que usted haya tenido que “saberse” en sus asignaturas de literatura que José Cadalso es uno de los mejores autores españoles del siglo XVIII y que sus Cartas marruecas una de las obras “imprescindibles”. Pero de sabérselo a leer la obra después, hay un gran trecho. Pues no sabe usted lo que se pierde porque es una novela epistolar deliciosa. Es crítica, inteligente, amena, instructiva, con algunos postulados más modernos y libres de prejuicios que muchos textos del siglo XXI. Por poner un ejemplo: Actualmente rueda mucho por la red esta frase: «Nobleza hereditaria es la vanidad que yo fundo en que, ochocientos años antes de mi nacimiento, muriese uno que se llamó como yo me llamo, y fue hombre de provecho, aunque yo sea inútil para todo». ¿Ya sabe lo que le voy a decir? Pues sí, este texto pertenece a la carta “marrueca” nº XIII y su autor es José Cadalso.

 

Busco entre los fragmentos que hemos seleccionado para nuestra página de Cartas marruecas, alguna frase más que sea genuina o sugestiva para escribirla aquí y que incite a que usted se interese y se anime a acercarse a esta novela. Busco entre ellos, también con el mismo fin, temas que trata la obra y que sean ilustrativos de las costumbres, vicios, modas, formas de pensamiento y virtudes de aquella época o que sean tan recurrentes y consuetudinarios de nuestra España, que aún hoy en día los reconozcamos como rasgos nuestros reconocibles y definitorios. Tanto en un caso como en otro, se me hace un imposible incluir todos los que encuentro o, ni siquiera, hacer selección ninguna de tantos como me parecen ejemplares. A todo esto que de actual o de instructivo o de crítica inteligente tiene, añádale una prosa exquisita, con muchas gotas de humor e ironía, y un punto de vista de los tres personajes que se cruzan las misivas entre sí, desprovisto de prejuicios y comprensivo con las flaquezas del ser humano, y entonces estamos ante una obra que promete no defraudarnos. Léala, tampoco es excesiva en páginas ni de lenguaje prolijo. Ya verá como después, estas Cartas marruecas, dejarán de ser un apunte de los estudios secundarios y pasará a ser para usted un libro de referencia a poco que sepa degustar la buena literatura.

  

                Leer, de Cartas marruecas:

 

                 fragmentos: 

 

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