OPINAMOS DE "JAKOB VON GUNTEN"  (Robert Walser         

    Fräulein      

 

Confundir a Robert Walser con Martin Walser –con todos mis respetos-, casi me cuesta no descubrir al autor de Jakob von Gunten. Así somos, y mamaíta mía que nos quedemos como estamos, como se dice popular y sabiamente. La chica que respira polvo de los viejos libros nuevos de mi (casi) librería favorita, me subsanó de ese error de suficiencia, otra lección más que quizás no aprenderé esta vez tampoco. La debería algo si ella quisiera aceptarlo, al menos se lo diré. Lo prometo. Y a lo mejor le cuento como fue.

Jacob von Gunten, parece comenzar de una forma equívoca. Lees el comienzo de esta novela corta: Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada; es decir, que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada. (leer comienzo completo)” y te parece el comienzo de una farsa, de un canto a la ironía -¿lo es?, no estoy seguro-, la promesa de una historia consabida que acabará con la rebeldía del protagonista, esa voz en primera persona que escribe en la noche. Pero no. Avanza la novela y lees: “...tengo la sensación —una sensación muy confortable, punzante y placentera— de que algún día me tocará en suerte un amo, un patrón o un jefe igual a ese futuro Peter, pues los tontos como él están hechos para llegar lejos, para escalar, vivir bien y mandar, mientras que quienes, como yo, son en cierto sentido inteligentes, han de tolerar que sus propios talentos florezcan y se marchiten al servicio de otros. Yo, yo seré algo muy humilde y pequeño”, y así, del héroe, entonces esperamos que nos demuestre que es ese héroe por medio de su inteligencia, cuando le descubrimos que sí, que posee una clara conciencia de superioridad intelectual sobre el mundo mágico, sórdido, grotesco, estricto del castillo Instituto Benjamenta, sobre sus condiscípulos y, de alguna manera, sobre sus guardianes-preceptores; y pensamos que esa superioridad le conducirá a una liberación ordinaria. Pero tampoco. De nuevo es un equívoco. El libro avanza y ya, casi por la mitad, te aparecen moscas zumbonas detrás de la oreja y te dices ¡ay, ay, ay, que voy a tener a leer este libro otra vez desde el principio! ¡Estoy poniendo demasiado de mí y, con este tío, hay que dejarse llevar! Y lees: “Los verdaderos hombres, los seres humanos de verdad no son jamás visiblemente bellos. Un hombre que lleve una barba realmente hermosa es o un cantante de ópera o el jefe de sección, bien remunerado, de algún gran almacén. Los falsos hombres son, por regla general, hermosos. De acuerdo Robert, Jakob, tiro para atrás:Aquí se aprende muy poco…. Cuando llego al punto del libro en donde retrocedí, entiendo algo de lo que se dice en la solapa de que “Kafka se ríe hasta las lágrimas con Walser…” –Robert, no Martin, es imposible por fechas e impensable por otros motivos-, y entiendes también que este autor y este Jakob von Gunten, haya influido y esté entronizado por tantos autores a los que un servidor (al pelo viene esta palabra) admira y tomaría como modelo, y así Robert Walser sería algo así como el abuelo modelo para un servidor… Me estoy liando. Continúas leyendo y se abre una nueva perspectiva, -inaudita para el mundo que vivimos en el que hasta el más zafio, improductivo e inoperante mental, necesita poder y reconocimiento-, y es la perspectiva insólita de que se puede utilizar la inteligencia para la asunción alegre de un papel social insignificante y de servicio que Jakob está ¿condenado? a representar en la vida, a la “glorificación ética y estética del fracaso”, como se lee por ahí. Cuando ya has avanzado lo suficiente, nada esperas ya con respecto a rebeldías ni ironías ni actos heroicos al uso y te adentras en terrenos más resbaladizos, surrealistas, incluso y hay que leer con cuidado, entre símbolos y formas difíciles de ver realidades… 

Parece ser que Martin Walser (es un erudito respetable) no publica demasiado en los últimos años. Si vive, es muy viejo –casi noventa-. Y, según leo en wikipedia, uno de los últimos premios que le concedieron fue el importante –y bien dotado- Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán. El WalserRobert- autor de Jacob von Gunten, y otros libros, que me voy a leer despacito-, tampoco publicó mucho en sus últimos veinte años de vida, pero este Walser, porque le recluyeron en un psiquiátrico en el que estuvo hasta que le encontraron muerto en la nieve. Bendita diferencia. Y que me perdonen los dos por decir esto, uno por las comparaciones y el otro por lo que pudo sufrir por esta diferencia que alabo, un bloguero como yo…, un don nadie, menos que Jakob.

 

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