LO QUE PODEMOS DECIR EN FRAGMENTOS DE LIBROS SOBRE "INFORMES PARA VALDENARRO"     

         Se nos hace bien difícil escribir esta referencia sobre los Informes para Valdenarro porque es una obra que ha escrito una persona amiga y cercana. Tanto, que ahora mismo está en la cocina limpiando una lechuga mientras me prepara café. Nos ha pedido que seamos escrupulosamente objetivos y que nos limitemos a su mención formal y que, aunque nos haya gustado mucho lo escrito, nos prohíbe taxativamente cualquier elogio en esta referencia, ni por amistad, ni de grado. Nos dice que ya hemos hecho bastante con haberla incluido en nuestros fragmentos de libros entre tan excelente galería de libros como para que, además, le doremos la píldora. Bueno, sea, es lo que vamos a intentar.

Informes para Valdenarro es una obra no publicada aún –ni intentos ha habido-, que tomó forma casi por casualidad –si es que esta cosa existiera- y que se compone, en su cuerpo principal, con las crónicas de nueve partidas de ajedrez que un alter ego del autor (Georgi), bastante singular, sensible y complicado, tuvo que enfrentar en el campeonato de ajedrez de Madrid en el año 2013. En torno a ellas, a su desarrollo y resolución real, cada crónica sale como sale y termina derivando hacia alguna anécdota, desbarre, recreación, concepto o sentimiento que, Georgi, el inestable y candoroso Georgi, nos cuenta en primera persona.

Pero con Georgi y sus informes ocurre una cosa que nos sorprende y nos da para reflexionar más allá de lo que nos cuenta y de cómo siente él lo que le va ocurriendo sin que pueda hacer nada por evitarlo. Y es el hecho de que, si los leemos sin autodefensas, sin las excusas y justificaciones con las que nos protegemos y nos echamos al mundo, pronto reconocemos que no somos tan diferentes a él, que Georgi es uno más, como nosotros, y que sus circunstancias, recuerdos, reacciones y lo que le evocan sus jornadas de ajedrez, puede que no coincidieran con las nuestras, pero sí son los mismos resortes los que las producen y que, variando la gradación, en nosotros funcionan de manera similar y que, inevitablemente nos condicionan. La duda, el miedo al fracaso, la derrota baladí pero consumada, el reconocimiento social, la belleza de un instante, la injusticia del azar, la incomprensión de los demás, el autoengaño, la rivalidad… contradicciones, fuerzas y sentimientos que no podemos de dejar de sentir, que nos dominan e inducen nuestras reacciones y nuestros estados de ánimo. Nosotros, -algunos diríamos que por supervivencia-, intentamos aminorar el impacto y domar nuestra respuesta instintiva, que no se nos note mucho y que, finalmente, terminamos por encajar lo que la realidad nos inflinge y ponemos cara de póquer o nos guardamos la revancha o, incluso, nos hacemos un propósito de enmienda. Y la cosa se esconde y se posterga hasta la próxima vez. Y eso es lo que Luis, nuestro amigo, no permite que pase inadvertido y lo muestra en los Informes para Valdenarro a través de su Georgi dejando que fluyan y se descubran, las contradicciones, las rabietas, las salidas por la tangente, las mortificaciones, las excusas que podrían ser las de cualquiera de nosotros reaccionando ante las impresiones internas que nos causan nuestras relaciones cotidianas con el entorno. ¡Pobre Georgi! ¡Vaya papel más incómodo que le han asignado! De todas las formas, ¡Bravo por él!, se agradece que, finalmente, su escape más evidente y recurrido de todo ese embolado en el que se mete solito, sea ese humor tan cargado de otras cosas que nos muestra…

 

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