LO QUE PODEMOS DECIR EN FRAGMENTOS DE LIBROS SOBRE "MORTAL Y ROSA"

    

            Leímos este libro hace más de quince años y debemos reconocer que nos pareció un libro precioso, rebosado por la sensibilidad de un escritor básicamente mundano y socialmente exitoso, que tuvo que vivir el trance brutal de la muerte de su hijo a causa de una leucemia, un niño, mortal y rosa, de cinco o seis años; y que, a modo de diario, nos dejo impreso su dolor en este libro que referenciamos. Un libro lleno de poesía, metáforas, despecho y prosa lírica en donde Umbral intenta destilar cada gota de su sufrimiento e impotencia. El dolor, también, por cada paso sin sonrisas que su niño daba hacia la muerte inevitable.

 

Reconocemos también que, por la época que lo leímos, este libro nos empujó hacia lecturas que se impregnan con ese cierto matiz de lo que se puede llamar prosa lírica, donde redescubrimos el que, según nuestra opinión, es uno de los mejores libros de este género -si es que se puede llamar así-: Platero y yo. Delicioso.

 

Mortal y rosa es un libro que siempre teníamos pensado incluir en fragmentos de libros por todo lo que acabamos de decir. Pero, al releerlo ahora, nos ha ocurrido algo que no esperábamos: que nos ha gustado bastante menos que entonces. Nos hemos encontrado, como en casi toda la obra de Umbral, un Yo inmenso que lo impregna todo. De acuerdo, es un diario; pero no recordábamos que debíamos desayunar, comer y cenar, con sus ojos, sus gafas, su pelo, su esqueleto, su trajinado pene, sus caras en los espejos, su superior talante… y ese desprecio soterrado –ojo, demasiado común en los escritores de diarios, entre, mal que nos pese, incluso descubrimos en algunos fragmentos de nuestro admirado Trapiello- hacia los demás, como si los demás pensáramos y deambuláramos por el mundo como muñones, pensando y diciendo tonterías y realizando actos, leyendo libros y sufriendo en un nivel muy inferior… Bueno, es Umbral puramente. Miren qué fragmento-ejemplo hemos incluido en la selección, a ver que opinan:

 

«Es la hora de la media tarde, la hora en que yo debiera estar viajando en ese cometa quieto que es el cóctel de cada atardecer, con su cola de luces y damas, de copas y risas, gozando de lo que llamaremos mi pequeña gloria literaria. O sea, lo que me corresponde, aquello a lo que tengo derecho. Uno ha trabajado, ha hecho unos libros, unos artículos, unas cosas. Uno ha tenido constancia, paciencia. Uno debiera estar ahora recaudando todo esto, recibiendo sonrisas, felicitaciones, parabienes, el beso húmedo y falso de la gloria, la copa venenosa de la fama, el picoteo malicioso de la popularidad. Uno ha sido tan estúpidamente paciente como para perder el tiempo y la vida en fabricar rectángulos impresos de grosor variable, nunca con más entidad que una caja de puros llena. Uno podría ir ahora por la vida repartiendo y recibiendo puros.

 

      A la mierda con todo. »

 

Al final va a ser verdad que todo termina pagándose o cobrándose, según nuestros actos y la bondad o retorcimiento de nuestro espíritu. Francisco Umbral, un hombre que podemos decir que triunfó en la sociedad de su época; un hombre de muchos amigos y mujeres, triunfante en mentideros y tertulias, valorado intelectualmente por el mundanal ruido, un hombre con poder en el ambiente literario; murió en Madrid el día 28 de agosto de 2007. Pues recuerden, ironía de la ironías, que no fue su muerte la que ocupó un lugar más prominente en las portadas de los diarios del día 29, sino la de otro español de menos alcurnia y cultura, y que le robó el espacio que Umbral necesitó en vida y que le eclipsó muchos de los comentarios y duelos que él quizá esperaba: El mismo día moría un futbolista: Antonio Puerta, jugador del Sevilla y que le robó casi todo el protagonismo… Aunque también creemos que, según parecía ser Umbral, ese día, desde el más allá estuvo pensando, ya sí con conocimiento de causa: “A la mierda con todo”.

 

Pero, tómense, por favor, todo lo que también hemos dicho de menos bueno sobre Mortal y rosa, con mucha relatividad. Ya hemos comentado que, en su día, fue un libro que nos encantó y que, para nosotros, sin duda y por lo que conocemos, es el mejor libro de Umbral, con mucho. Si usted busca comentarios sobre este libro, descubrirá que tiene verdaderos adeptos y que se pondera muy positivamente. Desde luego que es un libro que merece la pena leer y descubrir lo que guarda y transmite por uno mismo.

 

 

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