LO QUE PODEMOS DECIR EN FRAGMENTOS DE LIBROS SOBRE "CUÁNTA TIERRA NECESITA UN HOMBRE"

     Hemos leído que algunos escritores consagrados consideraban o consideran que toda obra de ficción que mereciera la pena, debería comenzar con la misma primera frase con la comienzan los cuentos infantiles, o sea con su: “Érase una vez...”. Entre ellos, parece ser que se encontraba el propio Joyce, para el que, (según se consigna en muchas de las referencias que se pueden encontrar en la red a este relato de Tolstoi), “Cuánta tierra necesita un hombre” era su cuento predilecto.

 

    Existe en ajedrez una famosa defensa denominada “defensa Alekhine(e4 – Cf6) elaborada o propuesta por el campeón mundial ruso a la que da su nombre, pero que, sin embargo, él no jugaba normalmente; es decir, que sí, que era una defensa sorprendente y muy válida para las negras, pero, claro, que la jugaran otros... Yo, viendo y leyendo lo que nos ha dejado escrito James Joyce y cómo lo ha dejado escrito, me resuena un poco a lo mismo que lo de la defensa Alekhine y tengo dudas razonables de que eso que se dice de Joyce sea cierto y que opinara que todos los cuentos deberían comenzar con esa forma clásica y que este texto de Tolstoi fuera su cuento favorito. La duda no es que lo pudiera haber dicho, por ejemplo en una entrevista o en un círculo de amigotes, sino que realmente un hombre como él -tan complejo, tan atormentado, tan iconoclasta y tan reformador del lenguaje y de la forma- lo pensara realmente. Desde luego que admirara a Tolstoi, parece seguro y no es extraño que también a este cuento que -éste sí- comienza con un clásico: Érase una vez un campesino llamado Pahom... , y concluye con una frase final demoledora que da la respuesta a lo que en el título del cuento se pregunta. Y entretanto, camina inexorable y límpido -adrede límpido, más que limpio- hacia una conclusión en la que se prevé y se teme la catástrofe.

 

    Y digo se teme porque a mí, Pahom, el protagonista, me cae muy bien. No comparto del todo lo que se lee por ahí -¡Cuánto copy-paste por la red, Señor!, de que Tolstoi buscara en este cuento hacer exactamente una crítica social o un alegato contra la avaricia . Me parece más un canto lastimero al hombre, a su naturaleza contra la que sus escasas fuerzas sucumben. ¡El pobre Pahom no es más que una pobre víctima de tantos factores! Usted, yo, -pregúntese porqué la ruleta de los casinos, con tan solo una posibilidad de ventaja por cada 37, es una fuente de ingresos desmedidos para la banca y una antesala a miles de suicidios- podríamos haber sido perfectamente el Pahom de turno. Imagínese que a usted le sucediese algo parecido... Si es sincero responda ¿Habría algún riesgo de que usted cometiera el mismo error? No podemos olvidar que las tierras que había ido adquiriendo Pahom, para hacerse un propietario cada vez más importante, todavía no le habían asegurado un futuro sin duro sacrificio y... de pronto, aparece un genio fuera de su lámpara y nos ofrece lo que nos ofrece... y luego, la luz del sol marca su tempo inexorable, nos hace sudar y, seguro, nos nubla el entendimiento... ¡Pobres hombres!

   

   Bueno, léanlo y luego me dicen.

 

      Ir al cuento: Cuánta tierra necesita un hombre...: Tierra3Color           Ir al índice de libros...:   DedoIndice

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar