LO QUE DECIMOS EN FRAGMENTOS DE LIBROS SOBRE   ALFANHUI 

         En casi todos los ámbitos de la vida pasa algo parecido y está referido a la ley universal de frecuencias y de longitudes de onda. Si queremos realmente comprender o compartir lo que nos está transmitiendo una persona, si queremos escuchar nítidamente una emisora de radio, si lo que buscamos es llenarnos de sensaciones en un largo paseo o, que es lo que al caso viene, si lo que buscamos es deleitarnos o sorprendernos con lo que un autor ha escrito en un libro, no es suficiente con que el emisor haya puesto todo de su parte para conseguirlo: Es totalmente necesario que nosotros nos sintonicemos con ello lo mejor que sepamos. Y Alfanhui es uno de esos casos manifiestos de lo diametralmente diferente que puede ser leer esta novela en sintonía con su lenguaje y su fantasía arcana, que entonces nos resulta maravillosa, que acudir a ella como el que va a oír llover.

Se me hace difícil decir cosas poco escuchadas sobre las obras literarias más reconocidas que ponemos en fragmentos de libros, porque es tan fácil como dar una patada a un bote el encontrar, en estudios y compendios, en foros y aulas, en textos oficiales y artículos ligeros, toda la gama de opiniones posibles y de experiencias personales sobre ellas. La mayoría de las que se oyen y se leen de Alfanhui, coinciden en la dicotomía que hemos apuntado. Muchos, que llegaron a ella llevados por la cincha y el bocado, al ser un texto obligado en muchos planes de estudio –también a El Jarama, la otra novela de Ferlosio “pedagógica” ha entrado muchas veces en el mismo serón-; salieron de Alfanhui escopetados y echando pestes. A nosotros mismos nos pasó algo parecido porque la leímos por obstinación.

Pero pasa con esta novela que es una delicia que hay que degustar, como hemos apuntado, en sintonía y con francos deseos de viajar por un mundo algo extraño. Claro, pasado el tiempo, tuvimos la suerte o el tino de releer Alfanhui con otro talante y, entonces, nos pareció otra novela, leve, espumosa, mágica, llena de color. Así que, les puedo proponer algo que no obliga a nada. Léanse esos breves tres primeros capítulos que hemos incorporado a los comienzos de fragmentos de libros. Sientan qué es lo que les transmite ese dialogo de actos y voces entre el gallo de una veleta y el protagonista, miren a Alfanhui, sus ojos amarillos de alcaraván.

Si no se sienten atraídos, no pasa nada, déjenlo para otra ocasión. Ahora, eso sí, vuelvan a intentarlo una y otra vez porque cuando le engatuse, por fin, se van a echar un buen trago de literatura.

 

Artículo recomendado sobre Sánchez Ferlosio:

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