LO QUE DECIMOS EN FRAGMENTOS DE LIBROS SOBRE "CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA"

         Aunque desde la aparición de Cien años de soledad en 1967, casi todos los años, Gabriel García Márquez publicaba un nuevo texto, el rotundo e inmediato éxito de esa novela seguramente conllevó al autor colombiano, junto al reconocimiento internacional, a los premios literarios, al prestigio personal y al dinero fluido, algún que otro dolor de cabeza, tiritonas endógenas y un peso de piedra atada al cuello en forma de responsabilidad ineludible.

         Efectivamente, si repasamos los títulos publicados por él a partir del año 67, nos encontramos con unos cuantos cuentos más o menos largos, más o menos buenos, más o menos célebres, unos compendios de artículos periodísticos… y poco más. Habría que esperar ocho años desde la aparición del afamado título para que García Márquez se “atreviera” a dar la luz al mundo una nueva novela. Y fue una novela que quizás le era tan exigida, que parece estar escrita con trozos que el autor se arrancó, o tomó prestado, de donde pudo. Se intitula  El otoño del patriarca (1975) y hoy, solo los más entusiastas o los especialistas, sabrían nombrarla de memoria como una obra larga del autor. Nosotros, alucinados aún por los brebajes hechiceros de Cien años de soledad, la leímos solo dos veces porque, a la segunda, ya nos gustó. Después de ella, un poco más de lo mismo –algo que ni criticamos, ni desmerecemos, ni sabríamos decir qué era lo más adecuado, porque García Márquez, al fin y al cabo, es periodista, aunque sí podemos decir, eso sí, lo que nosotros esperábamos impacientes-. Y pasaron otros seis años más (1981), es decir catorce años desde la publicación de C.A.S., para que apareciera la obra que queremos referenciar en fragmentos de libros: Crónica de una muerte anunciada. Un año después de su publicación, García Márquez recibiría el premio Nobel de literatura.

         Con Crónica de una muerte anunciada, que para nosotros es una novela extraordinaria, llegamos a la conclusión definitiva de que no podíamos estar enteramente comparando y que Cien años de soledad es una obra única e irrepetible y que, ya nos atrevemos a comentarlo en varios sitios de fragmentos de libros, opinamos que es un libro “dictado”. Y ya no vamos a mencionarlo más porque nos reiteraremos.

Y ¿qué tiene Crónica de una muerte anunciada para ser tan magnífica? Si la observamos por encima, vemos que es una novela corta, de hechos concretos –se trata de la reconstrucción de un crimen cierto perpetrado 30 años antes y narrado en formato de crónica periodística- y que ni siquiera posee el cebo-zanahoria que arrastre al lector a buscar ávido un desenlace, porque, por el título y la primera línea, ya sabemos que van a matar al personaje principal, Santiago Nasar. Y que lo matan.

Nosotros podríamos explicarlo diciendo que es un obra que técnicamente se acerca a la perfección narrativa, con la dificultad que presenta el saber conjugar adecuadamente tres tiempos de pasado: el día del asesinato, el tiempo de la reconstrucción de los hechos 27 años después y presentar con eficacia y maestría el “caldo de cultivo” precursor del nefasto suceso, para conseguir que entendamos y perdonemos que el asesinato es inevitable, convocado por fuerzas contra las que nada se puede oponer; (aunque nos pasemos toda la novela, como niños ante un guiñol, intentando avisar a Santiago Nasar que le están esperando para matarle, aunque no nos sea socialmente muy simpático porque es un señorito guapo, rico, ocioso y con privilegios; y, el muy tonto, va cayendo en todas las trampas que el destino le tiende hasta llegar a ser la única persona del pueblo que lo desconoce). Y bajo esta estructura precisa, García Márquez –la realidad fue, y no él, si la cosa sucedió como se cuenta- va inoculando en la novela, con dosis exactas, los ingredientes funestos que, en muchas sociedades humanas, (¿les suena?) provocan la propia enajenación o, en su defecto, la asunción de papeles de enajenado: los instintos irreprimidos, la fe ciega o supersticiosa, los códigos de honor, la ignorancia endémica, el azar, el atavismo, la inexorabilidad…, hasta que el encuentro fatal con el destino de los asesinos y la víctima se produce cargado con la saña que marca el libreto, pero tan involuntaria que los mismos homicidas desearían no estar allí, matando.

Añada usted a esta crónica perfecta, la prosa única de Gabriel García Márquez, que, a nosotros, nos aporta alegría en el espíritu y al intelecto, juegos de ideas, originales metáforas y posibilidades de narración sorprendentes, y ya tiene usted pendiente en su rimero, y si no lo ha hecho aún, un buen libro para leer y disfrutar.  

 

Crónica de una muerte anunciada.    Comienzo: CrónicaDeUnaMuerteanunciada      Ir al índice de libros...: DedoIndice

 

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