UN BUEN LIBRO PARA LEER: BALTHAZAR  (1958)

Balthazar     

  (Segundo libro del Cuarteto de Alejandría)                  

 

  Lawrence Durrell (India británica)  

 

    edhasa / sudamericana

    Traducción: Aurora Bernárdez

                          

Finales de libros:

 IV

A comienzos del verano recibí una carta de Clea con la cual podría cerrar este breve monumento conmemorativo de Alejandría. Era imprevista.

                                                                                         “Tashkent, Siria

“Tu carta, tan inesperada después de un silencio que temí durara toda la vida, ha terminado por llegarme, después de pasar por Persia, a esta casita encaramada en una colina, entre los cedros y los pinos. La he alquilado por seis meses para adiestrar mi mano y mi pincel en estas montañas singulares –rocas de las que irrumpen frescos manantiales y flores mediterráneas-. Tórtolas del día y ruiseñores de noche. Qué alivio después del polvo. ¿Cuánto hace? ¿Dos años, más quizá? Ah, mi querido amigo, temblé un poco al abrir el sobre. ¿Por qué? Temí que lo que pudieras decirme me arrastrara por los cabellos hacia viejos lugares y acontecimientos abandonados hace mucho tiempo; viejos sitios, lugares de la personalidad que fue Clea, la alejandrina que conociste –y que ya no es la mía, por lo menos, no lo es del todo-. He cambiado. Una nueva mujer, en todo caso una nueva pintora está surgiendo, todavía un poco tierna y tímida como lCaracolGiganteos cuernos del un caracol, pero nueva. Todo un nuevo mundo de experiencias se ha interpuesto entre nosotros… ¿Como podías saber todo esto? Escribías quizá a Clea, la vieja Clea; ¿qué podría responderte yo? He esperado hasta esta noche para leer tu carta. Me ha conmovido y me he sentido obligada a contestarte; aquí va la respuesta, una casta escrita a ratos, entre sesiones de pintura, o de noche, cuando enciendo la estufa y preparo la cena. Este es el momento adecuado para empezar porque está lloviendo y en toda la ladera de la montaña reina el silencio de la lluvia y el rumor de los manantiales colmados. Los árboles están llenos de caracoles gigantes.

“¿Así que Balthazar te ha confundido con sus impertinentes revelaciones? No estoy segura de que haya hecho bien. Quizá te beneficies, no así tu libro o tus libros que, me lo imagino, deben de ponernos a todos en una situación muy especial con respecto a la realidad. Quiero decir, en tanto que «personajes», más que seres humanos. ¿No? ¿Y por qué –me preguntas- nunca ten conté una palabra de las cosas que ahora sabes? Siempre es así, siempre es así. Cuando uno se encuentra como espectador a igual distancia de dos amigos o dos amantes, la amistad siempre incita a intervenir, a interponerse, pero nadie lo hace. Y con razón. ¿Cómo podía decirte lo que sabía de Justine, o lo que pensaba de ti por tu conducta negligente con Melissa? La naturaleza de mi simpatía por ustedes tres me lo impedía. En cuanto al amor, es una criatura tan paradójica y hasta tal punto se basta a sí misma, que la intervención de las verdades del mundo exterior, no lo hubiera cambiado gran cosa. ¡Ahora estoy segura de que, si analizas tus sentimientos, descubrirás que quieres más a Justine por que ella te traicionaba! La prostituta es el verdadero amor del hombre, ya te lo dije una vez y hemos nacido para amar a quienes más nos hieren. Dime, hombre sabio, ¿me equivoco? Además, mi afecto por ti es de otra índole. Estaba celosa de ti como escritor, como escritor te quería para mí y lo conseguí. ¿Comprendes?

“Ahora no puedo hacer nada por ti –quiero decir, por tu libro- Una de dos; o tendrás que ignorar los elementos que Balthazar, con tanta perversidad, te ha proporcionado o tendrás que «reelaborar» la realidad, como dice.

“Agregas que has sido injusto con Pursewarden; sí, pero no tiene importancia. Él también era ijusto contigo. ¡Ignorándose mutuamente, los dos se reconocían en mí! Como escritores. Lo único que siento es que Pursewarden no haya podido terminar el último volumen de Dios es un humorista, como planeaba. Es una pérdida –aunque en nada disminuye el alcance de su obra-.  Me imagino que pronto alcanzarás el mismo grado de dominio de ti mismo –quizás por intermedio de esa ciudad maldita, nuestra Alejandría, a la cual más unidos estamos cuando mayor es nuestro odio-. A propósito, llevo con mis papeles desde hace siglos, como un talismán, una carta de Pursewarden en la que habla del volumen que falta. Me ayuda no solo a resucitar un poco al hombre, sino también a resucitarme a mí misma cuando me deprimo por mi trabajo. (Tengo que ir al pueblo a comprar huevos. Te la copiaré esta noche).

“Más tarde. Aquí está la carta de que te hablaba, agria y retorcida, si quieres, pero típica de nuestro amigo. No tomes demasiado en serio las observaciones que hace sobre ti. Él te admiraba y creía en ti –así me lo dijo un día-. Quizá mentía. De todas maneras, aquí está.

                                                                 Hotel Monte de los Buitres

                                                                            Alejandría

“»Mi querida Clea:

“»Fue una sorpresa y un placer encontrar su carta esperándome. Lectora clemente, gracias –no por las críticas o las alabanzas (uno se encoge estremecido tanto por unas como por otras, sino por estar ahí, devota y atenta, verdadera lectora entre líneas, el lugar en que reside la verdadera escritura. Acabo de salir disparado del Café Al Aktar, después de escuchar una larga discusión sobre «la novela» entre el viejo Lineamientos, Keats y Pombal. Hablan como si toda novela no fuera sui generis; para mí es tan ininteligible como Pombal generalizando sobre «les femmes» en cuanto a raza; porque después de todo, no son los vínculos de familia los que realmente importan. Bueno. Lineamientos decía que la Redención y el Pecado Original eran los nuevos temas y que el escritor hoy… ¡Uf! Me mandé mudar, sintiéndome un escritor de anteayer; no tenía ganas de ayudarlos a levantar esa especie de pastel de arena.

PecadoOriginal“»Estoy seguro de que el viejo Lineamientos escribirá una preciosa novela sobre el Pecado Original y que obtendrá lo que yo llamo, en privado un suck-egg d’estime (1.- Juego de palabras: «suck-eggs» (chupasangre, tonto) y «succès» (éxito). N. del T))  (es decir, que no cubrirá siquiera gastos). En realidad me desesperaba tanto pensar que él llegaría a ser famoso, que pensé en ir directamente al burdel para expiar mi poco original sentido del pecado. Pero era temprano y además tuve la impresión de oler a sudor, pues había sido un día muy caluroso. Por eso volví al hotel a tomar una ducha y mudarme de camisa, y así fue cómo encontré su carta. Queda un poco de gin en la botella y como no sé dónde estaré más tarde, creo que lo mejor es que me siente y le conteste lo mejor que pueda, mientras llegan las seis, cuando los burdeles empiezan a abrirse.

“»Las preguntas que usted me hace, querida Clea, son las mismas que me hago a mí mismo. Tengo que aclararlas un poco antes de consagrarme al último volumen en el cual deseo sobre todo combinar, resolver y armonizar las tensiones creadas hasta ahora. Siento que quiero dar la nota… afirmativa –aunque no en los términos concretos de una filosofía o una religión-. Debería tener la curva de un abrazo, la universalidad de un código de enamorados. Debería dar a entender que el mundo en que vivimos se funda en algo demasiado sencillo para ser descrito como una ley cósmica, pero también tan fácil de captar como un acto de ternura, por ejemplo, de simple ternura como en las relaciones primitivas entre el animal y la planta, la lluvia y el suelo, la semilla y los árboles, el hombre y Dios. Una relación tan delicada que es destruida fácilmente por el espíritu de investigación y la conscience en el sentido francés que la palabra tiene, desde luego, sus derechos y su propio campo de acción. Me gustaría que mi obra fuera sencillamente una cuna donde la filosofía pudiera adormecerse chupándose el pulgar. ¿Qué le parece? Después de todo esto no es lo que más necesitamos en el mundo, sino lo que realmente pinta su estado de proceso puro. Guarde silencio un rato y tendrá la intuición de ese acto de ternura, no de poder o de gloria, y desde luego, tampoco de Misericordia, esa vulgaridad del espíritu judío que no puede imaginar al hombre sino en cuclillas bajo el látigo. ¡No, porque la ternura de la que hablo es absolutamente impecable! “Una ley para sí misma”, como decimos. Naturalmente, no hay que olvidar que la verdad se reduce siempre a la mitad cuando se formula. Sin embargo, en este último libro debo insistir en que hay esperanza para el hombre, en que su vida tiene un objeto, dentro de los límites de una simple ley; y me parece ver que la humanidad va adueñándose gradualmente de la información necesaria por medio de la simple atención, no de la razón, que le permitirá un día vivir de acuerdo con esa idea –el verdadero sentido de la “alegría limitada”- ¿Qué otra cosa podría ser la alegría? De esta nueva criatura que los artistas perseguimos, no se dirá que “vive” sino que, como el tiempo mismo, simplemente “transcurre”. Maldito sea, es difícil expresar estas cosas. Quizá la clave esté en la risa, en el Dios Jocoso. Después de todo, las gentes serias son las que perturban la paz del corazón con sus chiquilladas… como Justine. (Espere. Me corresponde una ración de gin.)

“»Creo que es preferible apartarse resueltamente de esas grandes palabras oblongas como Belleza, Verdad, etcétera. ¿Le preocupa? Somos tan tontos, tan débiles de espíritu cuando se trata de vivir; en cambio somos unos gigantes cuando se trata de pronunciarse sobre el universo. Sufflaminandus erat. Como a usted, se me plantean dos problemas interrelacionados: mi arte y mi vida. En mi vida soy bastante indeciso y miserable, pero en mi arte soy libre de ser lo que más deseo parecer: alguien capaz de introducir decisión y armonía en las vidas moribundas que lo rodean. En mi arte, a través de mi arte, deseo realmente realizarme desembarazándome de la obra (que no tiene importancia) como una serpiente se desembaraza de su piel. Quizá por eso en le fondo los escritores desean que se los ame por su obra más que por lo que son en sí mismos, ¿no le parece? Pero esto presupone también un nuevo tipo de mujer. ¿Dónde está?

“»Estas son, mi querida Clea, algunas de las perplejidades de su omnisciente amigo, la cabeza clásica y el corazón romántico de Ludwig Pursewarden

DescartesMeditacion

“¡Uf! Es tarde y el aceite ha disminuido en la lámpara. Tengo que interrumpir mi carta por esta noche. Mañana, quizá, si tengo ánimos después de las compras, escribiré un poco más; si no, no. Hombre sabio, cuánto mejor sería si pudiéramos hablar. ¡Tengo una pila de conversaciones dentro de mí, sin usar! Creo que es quizá la única carencia verdadera que se siente cuando se vive solo; ¡el poder mediador de los pensamientos de un amigo que uno sitúa al lado de los propios, para ver si concuerdan! El solitario se vuelve autócrata, es lógico, y sus juicios ex cathedra están en la naturaleza misma de las cosas; tal vez esto tampoco sea bueno para la obra. Pero en este caso por lo menos estaremos bien equiparados, tú en tu isla –que no es sino una especie de metáfora, como la estufa de Descartes, ¿verdad?- y yo en mi cabaña de cuento de hadas, entre las montañas.

“La semana pasada apareció un hombre entre los árboles, pintor también, y mi corazón empezó a latir a una velocidad desusada. Me sentí de pronto predispuesta a enamorarme, razonando así, supongo: «Si una se ha retirado al confín del mundo y encuentra allí a un hombre. ¿no tiene que ser él la única persona destinada a compartir nuestra soledad, no habrá sido atraído a este lugar por el poder invisible de nuestros anhelos, no nos estará especialmente destinado?» ¡Peligrosas jugarretas que el corazón se juega a sí mismo para engañarse, siempre atormentado por el deseo de que lo amen! Balthazar pretendió en una ocasión que él podría provocar el amor a título de verificación experimental, diciendo a cada una de dos personas que nunca se han encontrado, que la otra arde por conocerla, que nunca ha visto a nadie tan atrayente, etcétera. Aseguraba que el medio es infalible para hacerlos enamorarse; siempre ocurría así. ¿Qué te parece?

“En todo caso la desconfianza me salvó del joven que era, debo admitirlo, guapo y muy inteligente, y que hubiera podido ser mi amante, para mi beneficio, quizá durante un solo verano y que me hubiera hecho bien, como amante, quizá durante un solo verano. Pero cuando vi sus pinturas, sentí que mi alma se endurecía, se afirmaba y se separaba de nuevo; en ellas leí toda su personalidad como se puede leer una cara y una página manuscrita. Leí la debilidad, la pobreza del corazón, la capacidad de hacer daño. Entonces le dije adiós ahí mismo. El pobre muchacho no hacía más que repetir: -¿He hecho algo, he dicho algo que haya podido ofenderla? -¿Qué podía responderle? ¿Cómo podía el lavar la ofensa sino con su vida, con su pintura? Pero eso presuponía el llegar a ser consciente de su existencia en el fondo de sí mismo.

“Volvía a mi cabaña y me encerré con verdadero alivio. El muchacho vino a medianoche y trató de abrir la puerta. Le grité. –Váyase- y obedeció. Por la mañana vi que tomaba el ómnibus, pero ni siquiera le hice un gesto de adiós. Me sorprendí silbando alegremente, sí, y casi bailando mientras cruzaba para ir de compras. Es maravilloso poder dominar nuestro corazón traidor. Luego volví a casa y apenas había franqueado la puerta tomé un pincel y empecé el cuadro que tenían en la cabeza desde hacia casi un mes, todos los caminos estaban limpios, todas las relaciones funcionaban. El misterioso obstáculo había desaparecido. ¿Quién sabe si no fue gracias a nuestro amigo el pintor y a la aventura amorosa que no se había producido? Todavía canturreo una canción mientras escribo estas palabras…

“Más tarde: Releyendo tu carta me pregunto por qué te refieres así a la muerte de Pursewarden. Me desconcierta, porque en cierto modo es una vulgaridad. Quiero decir que ni tú ni yo estamos capacitados para emitir un juicio en esta materia. Todo lo que podemos decir es que el arte de Pursewarden salta la barrera. En cuanto a lo demás, creo que le concierne solo a él. Debemos no solo respetar su intimidad en esas cuestiones, sino también ayudarlo a defenderla de los indiferentes. Después de todo, son sus secretos, porque lo que en realidad veíamos de él era solamente el disfraz humano que el artista usaba (como su personaje, el Viejo Parr, el sensualista incurable del segundo volumen, que resulta ser al final el autor del fresco tan discutido de la Última Cena… ¿te acuerdas?

“De una manera análoga. Pursewarden se llevó a la tumba el secreto de una vida cotidiana, dejándonos únicamente sus libros para encantarnos y su epitafio para desconcertarnos: «Aquí yace un intruso de Oriente»

“No, no. La muerte de un artista es absolutamente inatacable. Solo cabe sonreír e inclinarse.

“En cuanto a Scobie, lo que dices es justo. Me horroricé cuando Balthazar me contó que se había caído por las escaleras del Quism y se había matado. Sí, he recogido su loro que, dicho sea OldParrotde paso, quedó habitado durante mucho tiempo por el espíritu del viejo. Reproducía con absoluta fidelidad su manera de levantarse por la mañana cantando algunos trozos de «Taisez-vous, petit babouin» (¿te acuerdas?) y se las arreglaba incluso para imitar los lúgubres crujidos de huesos del viejo cuando saltaba de la cama. Pero después la memoria fue gastándose gradualmente, como un disco usado; recitaba menos seguido y con voz más insegura. Era como si el mismo Scobie se muriera poco a poco, volviera gradualmente al silencio; me imagino que así muere uno para sus amigos y para el mundo, gastándose como un filósofo bajo un cerezo. Restituidos al silencio. Y por último el pájaro mismo empezó a desmejorarse y murió con la cabeza oculta bajo el ala. Me dio mucha pena, pero en el fondo me alegré.

“Para nosotros, lo vivientes, el problema es de un orden enteramente distinto: ¿cómo encauzar el tiempo cultivando un estilo del alma… o algo así? Estoy tratando de expresarlo. No forzar el tiempo, como lo hacen los débiles, porque eso hiere y entristece, sino encauzar sus ritmos y aprovecharlos. Pursewarden solía decir: Dios da a los artistas resolución y tacto, a lo cual yo solía responder con un sincero Amén.

“Pero a esta altura pensarás que me he convertido en una vieja arpía obstinada. Es posible. ¿Pero qué importa si así se puede extraer un conocimiento de unos mismo?

“Hay tan poco tiempo; las noticias cada vez peores que llegan diariamente de Europa me hacer percibir en esto días una calidad otoñal, como si condujeran a un futuro imprevisible. Y junto a esta impresión, siento también que los hilos se aprietan a nuestro alrededor, por así decirlo, llevándonos lentamente hacia atrás, otra vez al centro de la escena. ¿Dónde podría estar ese centro sino en Alejandría? Pero quizá resulte una nueva ciudad, diferente de aquella que durante tanto tiempo se impuso a nuestros sueños. Me gustaría creerlo, pues la antigua y todo lo que ella simbolizaba, si bien no ha muerto, va perdiendo significación para la persona que ahora creo ser. Quizá también tú hayas cambiado de la misma manera. Quizá también tu libro haya cambiado. O quizá, más que ninguno de nosotros, necesites ver la ciudad de nuevo, vernos de nuevo. Nosotros, por nuestra parte, tenemos gran necesidad de volver a verte y de reanudar la amistad que, así lo confiamos, existe del otro lado de la obra escrita –si es que un autor puede ser un simple amigo para sus «personajes»-. Digo «nosotros» en estilo imperial, como si yo fuera una reina, pero adivinaras que quiero decir, simplemente, la antigua Clea y la nueva a la vez, pues las dos tenemos necesidad de ti en un futuro que...”

Unas líneas más y luego una despedida afectuosa.

 

  
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