UN BUEN LIBRO PARA LEER:  BERLÍN ALEXANDERPLATZ  (1929)

BerlínAlexanderplatz

                       

  Alfred Döblin       (Polonia/Alemania) 

  Edicciones DESTINO

   Traducción: Miguel Sáenz 

                                 

 

 

 

 Fragmentos de libros:

 

En Aprender del ejemplo de Zarannowich

 El ex presidiario se había levantado repentinamente de un salto. Se puso en cuclillas y observo al otro desde arriba. Luego dijo con mirada glacial «Simio». El pelirrojo replicó desdeñosamente: «Un simio seré. Pero entonces un simio sabe más que muchas personas». El otro se vio obligado a sentarse otra vez en el suelo. (Tienes que arrepentirte; saber lo que ha ocurrido; saber lo que hace falta)

«Así se puede seguir hablando. Se puede aprender mucho de otras personas. El joven Zannowich iba por esa vía y por ella siguió. Yo no le conocí y mi padre no lo conoció, pero se lo puede uno imaginar. Si le pregunto, a usted que me llama simio –no hay que despreciar a ningún animal de este mundo de Dios, nos dan su carne y nos reportan otros muchos beneficios, piense en los caballo, los perros, los pájaros cantores; simios solo los he visto en las ferias, tienen que hacer payasadas atados a una cadena, un destino duro, ningún ser humano lo tiene tan duro-, bueno, quería preguntarle, no puedo llamarlo por su nombre porque no me quiere decir su nombre: ¿cómo progresaron los Zannowich, tanto el joven como el viejo? Usted piensa que porque tuvieron cerebro, porque fueron listos. Otros fueron también listos y no llegaron tan lejos en ochenta años como Stefan en veinte. Pero lo mas importante en los hombres son los ojos y los pies. Hay que saber ver el mundo y entrar en él…»

 BelinAlex rojo

En ¡Victoria en toda la línea! Franz Biberkopf compara un filete de ternera.

Y ahora él la huele otra vez, el cuello, es la misma piel, el perfume que marea, adónde lleva. Y a ella, a la hermana, le pasa algo muy extraño. Viene del rostro de él, de su forma de permanecer inmóvil contra ella, tiene que ceder, se defiende pero se produce en ella una especie de transformación, su rostro pierde tirantez, sus brazos no pueden ya apartarlo, su boca queda indefensa. El hombre no dice nada, ella le deja le deja su boca, languidece como en un baño, haz conmigo lo que quieras, se deshace como el agua, está bien, ven, lo sé todo, yo también te quiero.

Magia, estremecimiento. El pececillo relampaguea en su pecera. La habitación resplandece, ya no hay un Ackerstrasse, no hay casa, no hay fuerza de la gravedad ni fuerza centrífuga. La desviación hacia el rojo de los rayos en el campo de gravitación del sol, la teoría cinética de los gases, la transformación del calor en trabajo, las ondas eléctricas, los fenómenos de inducción, la densidad de los metales, de los líquidos y de los metaloides sólidos han desaparecido, se han hundido, se han extinguido…

 

De Lina se encarga de los maricones.

Un calvo sale una tarde a pasear y encuentra en el Tiergarten a un hermoso joven que le da en seguida el brazo, dan un bonito paseo de una hora y entonces el calvo siente el deseo, o el impulso o la concupiscencia, enorme, repentina, de ser muy amable con el joven. Está casado, ha notado eso ya otras veces, pero ahora va de veras, es maravillosos. “Eres mi rayo de sol, eres mi tesoro.”

AsbachDiezMarcos1928Y el joven es tan delicado. Que pueda haber algo así. «Ven, vamos a un hotelito. Me regalas cinco o diez marcos, estoy sin un céntimo». «Lo que quieras, sol mío.» Le regala el billetero entero. Que pueda existir algo así. Eso es lo más bonito de todo.

Pero en la habitación hay agujeros en la puerta para mirar. El dueño ve algo y llama a la dueña, que también ve algo. Y luego dicen que eso no lo toleran en su hotel, que lo han visto, que no lo pueden negar. Y que no lo tolerarán nunca y que debería avergonzarse de seducir jovencitos, que lo van a denunciar. Un criado y una camarera vienen también y sonríen maliciosamente. Al día siguiente, el calvo se compra dos botellas de Asbach superañejo, emprende un viaje de negocios y quiere ir a Heligolandia para tirarse al agua borracho. Y efectivamente se emborracha y se embarca, pero dos días después vuelve a casita, donde no ha pasado nada.

 

En Hasenheide, Nuevo Mundo, si no es una cosa será la otra, no hay que hacerse la vida más difícil de lo que es

… Bebe, hermano, bebe, deja tus penas en casa.

HumoSe fuma a todo pasto, nubes de pilas, puros y pitillos que se elevan en el aire, llenando de niebla todo el inmenso local. El humo, cuando nota que hay demasiado humo, trata de escapar por arriba gracias a su poco peso, y encuentra efectivamente grietas, agujeros y ventiladores dispuestos a ayudarlo. Fuera, sin embargo, fuera es noche oscura, y hace frío. Entonces el humo lamenta su ligereza, se rebela contra su propia constitución, pero no puede volver atrás porque los ventiladores giran en un solo sentido. Demasiado tarde. Está cercado por las leyes de la Física. El humo no sabe lo que le pasa, se coge la frente pero no tiene frente, quiere pensar y no puede. El viento, el frío y la noche se apodera de él y no se le ve más…

 

 

En Franz es un hombre con clase, sabe lo que se debe a sí mismo.

… Siguen hablando, Franz come y bebe tranquilamente, piensa en Lina y en el pajarito que no se cae cuando está dormido, y mira al frente, para ver quién está fumando en pipa. Hoy ha hecho buen negocio, pero qué frío hacía. Enfrente siempre hay alguno que lo mira comer. Deben de tener miedo de que me atragante. Una vez había un hombre que se comió una salchicha, la cual, cuando estaba en el estómago, recordó algo y volvió a subir a su garganta para decir: ¡no tenía mostaza! Y volvió a bajar definitivamente. Eso es lo que hace un bocadillo bien nacido. Y cuando Franz ha terminado y se está bebiendo su cerveza, el del otro lado le grita en efecto…

… Un ataque de rabia, Franz Biberkopf se queda rígido. Grita ciegamente desde el fondo de su garganta, tiene la mirada vidriosa, el rostro azul, hinchado, escupe, le arden las manos, está fuera de sí. Sus dedos se aferran a la silla, pero solo se agarra a ella. Pronto la cogerá y empezará a golpear.

Atención, peligro inminente, despejen, carguen, fuego, fuego, fuego.

Entretanto, el hombre que está allí gritando se oye así mismo, desde lejos, se ve a sí mismo. Las casas, las casa amenazan derrumbarse otra vez, los tejados quieren desplomarse sobre él, no puede ser, no me pueden hacer eso, no se saldrán con la suya esos criminales, necesitamos paz.

Y la idea cruza por él: va a empezar pronto, voy a hacer algo, agarrar una garganta, no, no, pronto derribaré, golpearé, un momento aún, un momento. Y yo que había pensado que el mundo estaba tranquilo, que había orden. Se horroriza en su penumbra: hay algo que está mal en el mundo, ésos de ahí son tan horribles, lo siente con clarividencia.

Había una vez en el Paraíso dos seres humanos, Adán y Eva. Y el Paraiso era el espléndido jardín del Edén. En él jugaban pájaros y fieras.

Bueno, si ése no esta loco… Se quedan quietos, también el largo se limita a resoplar detrás por la nariz…

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En Dimensiones de este Franz Biberkopf. Puede competir con los antiguos héroes

Franz mató a su novia, Ida, el nombre no hace al caso, en la flor de la juventud. Esto ocurrió durante una discusión entre Franz e Ida, en casa de la hermana de ésta, Minna, en la que, en primer lugar, resultaron ligeramente lesionados los siguientes órganos de la mujer: la piel de la punta y del centro de la nariz, el hueso situado debajo, con su cartílago, lo que, sin embargo, solo se apreció en el hospital y tuvo su importancia en los autos, y además el hombro derecho y el izquierdo, que resultaron con ligeras contusiones y equimosis. Pero luego la discusión se animó. Las expresiones «cabrón» y «chulo putas» irritaron sobremanera a Franz Biberkopf que, aunque había caído muy bajo, era sensible en cuestiones de honor y estaba además excitado por otras razones. Le temblaban los músculos. No cogió otra cosa que un pequeño batidor de nata, de madera, porque en aquella época se entrenaba ya y se había distendido la mano. Y, tomando un doble y vigoroso impulso, puso en contacto ese batidor de crema, con su espiral de alambre, con la caja torácica de Ida, su interlocutora. La caja torácica de Ida había permanecido hasta ese día totalmente intacta, no así toda su personilla, de aspecto muy agradable… más bien, dicho sea de paso: el hombre al que mantenía sospechaba, no sin razón, que le quería dar el pasaporte, cambiándolo por un tipo de Breslau, recientemente aparecido. El cualquier caso, la caja torácica de la graciosa muchacha no estaba preparada para colisionar con batidores de nata. Ya al recibir el primer golpe, ella gritó y no gritó más chulo de mierda, sino oye tú. El segundo encontronazo con el batidor de nata se produjo mientras Franz mantenía su posición, tras un cuarto de giro a la derecha por parte de Ida. Después de lo cual Ida no dijo nada, sino que abrió curiosamente la boca en forma de embudo y levantó los dos brazos.

Lo que había pasado un segundo antes con la caja torácica de la mujer guarda relación con las leyes de la inercia y la elasticidad, y el choque y la resistencia. Sin conocer esas leyes resulta absolutamente incomprensible. Habrá que recurrir a las fórmulas siguientes:

La primera ley de Newton (niuton) que dice: todo cuerpo permanece en estado de reposo…

… Con nuestro Franz Biberkopf es distinto. Al cabo de cinco semanas también su Ida ha muerto, en el hospital de Friedrichshain, fractura de costillas con complicaciones, desgarro de la pleura, pequeño desgarro del pulmón con el consiguiente empiema, pleuresía, neumonía, mujer, la fiebre no baja, qué aspecto tienes, mírate en el espejo, estás lista, estás sentenciada, ya puedes liar el petate. Le hicieron la autopsia, la enterraron en la Landsberger Allee, a tres metros de profundidad. Murió odiando a Franz, pero la rabia ciega de él tampoco cedió después de su muerte, su nuevo amigo, el de Breslau, fue todavía a visitarla. Allí abajo está ella, desde hace ya cinco años, horizontal sobre la espalda, las tablas de madera se pudren, ella se deshace en estiércol, ella, que bailó una vez en Treptow, en el Jardín del Paraíso con Franz, con sus zapatitos blancos de lona, que amó y correteó por ahí, está muy quieta y ya no está.

Él, sin embargo, cumplió sus cuatro años. El que la mató anda por ahí, vive, prospera, bebe, devora, derrama su semilla, difunde la vida. Ni siquiera la hermana de Ida se le ha escapado. Pero ya le tocará a él. Se ha muerto no sé quién. Pero todavía tardará lo suyo. Eso lo sabe. Entretanto, seguirá desayunándose en las tabernas y elogiando a su manera, el cielo de la Alexanderplatz: Desde cuándo toca tu abuela la trompeta, y mi lorito no come huevos duros.

 

1920-alexanderplatz

En Un puñado de hombres alrededor de la Alex.  

En la Alexanderplatz están levantando el pavimento para el metro. Hay que andar sobre tablas… Hay calles a izquierda y derecha. En las calles, una casa junto a otra. Las casas están llenas de gente desde el sótano al desván.

Segundo piso: el administrador y dos matrimonios obesos, el hermano y su mujer y la hermana con su marido, con una niñita enferma además.

Tercer piso, un hombre de 64 años, un ebanista calvo. Su hija, divorciada, le lleva la casa. Todas las mañanas él baja ruidosamente la escalera, anda mal del corazón, pronto tendrá que darse de baja por enfermo (esclerosis coronaria, miodegeneratio cordis). Antes hacía remo, ¿qué puede hacer ahora? Leer el periódico por la noche, encender su pipa, la hija, naturalmente, tiene que cotorrear entretanto en el portal. No tiene mujer, murió a las 45 años, era apasionada y de rompe y rasga, nunca le bastaba ya saben, y una vez metió la pata, pero no dijo nada, al año siguiente hubiese entrado quizá en la menopausia, y entonces va a una mujer de ésas y luego al hospital para no salir ya.

Al lado un tornero, unos treinta, tiene un chico pequeño, habitación y cocina, también su mujer ha muerto, tisis, él tose también…

Luego, un camarero con una mujer, habitación y cocina, bien instalados, lámpara de gas con colgantes de cristal. Por las mañanas el camarero está en casa hasta las dos, hasta entonces duerme o toca la cítara, a la misma hora en que el abogado Löwenhund, en los juzgados 1, 2 y 3, va de un lado a otro con su toga negra por los pasillos, sale de la sala de abogados, entra en la sala de abogados, sale de la sala de juicios, entra en la sala de juicios, se suspende la sesión, solicito que el acusado sea condenado en rebeldía. La novia del camarero es supervisora de unos grandes almacenes. Eso dice. Al camarero, cuando estuvo casado, su mujer lo engañaba horriblemente. Sin embargo, siempre conseguía consolarlo, hasta que la dejó. Vivió durmiendo aquí y allá, volvía siempre a su mujer y, finalmente, lo declararon culpable en el juicio porque no pudo probar nada y había dejado a su mujer deliberadamente. Luego conoció en el Hoppergarten a su actual, cuando ella andaba a la caza del hombre. Una mujer del mismo calibre que la primera, naturalmente, solo que un poco más lista. Él no se da cuenta de nada cuando su novia, cada equix días, sale de viaje por cuenta de la empresa, desde cuando sale de viaje una supervisora, bueno, es un puesto de confianza. Ahora, sin embargo, él está sentado en un sofá, tiene una toalla húmeda en la cabeza, llora y ella tiene que atenderlo. Se resbaló en la calle y se quedó allí tendido. Eso dice. Le ha debido de sacudir alguien. Ella no sale en viaje de negocios. Habrá notado algo él, sería una lástima, es un tonto tan simpático. Ya lo meteremos en cintura.

Arriba del todo un tripero, lo que, naturalmente, huele mal y hay muchos gritos de niño y mucho alcohol. Por último, al lado, un oficial panadero y su mujer, que trabaja en una imprenta y tiene inflamados los ovarios. ¿Qué les ofrece la vida a estos dos? Bueno, en primer lugar se tienen el uno al otro, y luego, el domingo pasado, varietés y visitas a sus padres. ¿Y nada más? Bueno, no es para ponerse así, señor. Están también el buen tiempo, el mal tiempo, una excursión al campo, sentarse junto al fuego, desayunar, etc. ¿Qué le ofrece la vida a usted mi capitán, mi general, mi jockey? No se haga ilusiones.

 

En Franz en retirada. Franz les toca a los judíos una marcha de despedida.

Franz Biberkopf, fuerte como una serpiente cobra pero inseguro sobre las piernas, se levantó y fe a ver a los judíos de la Münzstrasse. No fue directamente, sino dando un gran rodeo. El hombre quiere acabar con todo. El hombre quiere hacer tabla rasa. Ahí vamos otra vez. Franze Biberkopf. Tiempo seco, frío pero bigorizante, quién querría estar ahora en un portal, ser vendedor ambulante y tener los pies congelados. Un hombre de honor. Una suerte haber salido de la habitación y no oír el cacareo de las mujeres. Aqué está Franze Biberkopf, andando por la calle. Todas las tabernas vacías, ¿Por qué? Lo vagos duermen aún. Los taberneros pueden beberse su propia agua sucia. El agua sucia son dividendos. A nosotros no nos apetece. Bebemos matarratas.

 

En Conversación con Job, depende de ti, Job, tú no quieres

Job, ahora lo has perdido todo. Por las noches puedes arrastrarte hasta el cobertizo. Tienen miedo de tu lepra. Cabalgabas radiante por tus propiedades y la gente se arremolinaba a tu JobYElDiablopaso. Ahora tienes una valla de madera ante la nariz, por la que trepan arrastrándose los caracoles. También puedes estudiar las lombrices. Son los únicos seres que no se asustan de ti.

Solo de ven en cuando abres tus ojos pitañosos, tú, montón de desdichas, fango viviente.

¿Qué es lo que más te atormenta, Job? ¿El haber perdido a tus hijos e hijas, el no poseer nada, el helarte por las noches, las úlceras de tu garganta, de tu nariz? ¿Qué es, Job?

-¿Quién pregunta?

-Soy solo una voz.

-Una voz sale de una garganta.

-Quieres decir que debo de ser un hombre.

-Sí, y por eso no quiero verte. Vete.

-Soy solo una voz, Job, abre los ojos tanto como puedas, no me verás.

-Ay, estoy delirando. Mi cabeza, mi cerebro, ahora me vuelven loco además, me quitan además mis pensamientos.

-Y si lo hacen, ¿sería una lástima?

-No quiero.

-Aunque sufres tanto y sufres tanto a causa de tus pensamientos, ¿no quieres perderlos?

-No preguntes, vete.

-Pero si yo no te los quito. Solo quiero saber qué es lo que más te atormenta.

-Eso no le importa a nadie.

-¿A nadie más que a ti?

-Sí, sí. A ti, no.

El perro ladra, gruñe, da mordiscos a su alrededor, Al cabo de un rato la voz vuelve…

 

En Hopi, hopa, el caballito galopa

Vamos, en pie. Franz Biberkopf se arregló ante el espejo. Pero quien no se sentía nada animado, al ver aquellas mejillas pálidas, fofas y con granos, era Biberkopf. Qué cara tenía el tipo. Señales en la frente, de qué eran esas señales rojas de la gorra, y el pimiento, tú, una nariz tan gorda y colorada, no tiene que ser forzosamente del aguardiente, hace frío hoy; lo malo son esos horrible ojazos saltones, como de vaca, por qué tengo ojos de vaca y tan fijos, como si no pudiera moverlos. Como si me hubieran echado jarabe encima. Pero con Minna no importa. Me arreglaré un poco el pelo. Así. Y ahora vamos a su casa. Me dará unos pfennig hasta el jueves y luego ya veremos.

Fuera del agujero, al frío de la calle. Mucha gente. Es increíble cuánta gente hay en la Alex, todos tienen que hacer. Lo necesitan. Franz Biberkopf corre más que ellos, mirando a izquierda y derecha. Como cuando un jamelgo se ha resbalado en el asfalto húmedo, recibe una patada en la tripa y se pone de pie, y tira y corre luego como un loco…

 

En Reencuentro en la Alex, frío de perros. El año próximo, 1929, será más frío aún.

Rumm, rumm, hace con fuerza la apisonadora de vapor de la Alex, delante de Aschinguer. Es tan alta como un primer piso y mete los raíles en el suelo como si nada.

Aire helado, febrero. La gente lleva abrigo. El que tiene abrigo de piel, lo lleva, el que no lo tiene, no lo lleva. Las mujeres llevan medias delgadas y se pelan de frío, pero hace bonito. Los vagabundos se han escondido. Cuando haga calor, asomarán otra vez la nariz. Entretanto, se atizan doble ración de aguardiente, pero qué aguardiente, ni un cadáver quisiera nadar en él.

Rumm, rumm golpea la apisonadora de vapor de la Alexandrplatz. Mucha gente tiene tiempo y mira cómo la apisonadora golpea. Allí arriba un hombre tira de una cadena, algo hace allá paff y, catapún, la viga recibe un estacazo en la cabeza. Los hombres y mujeres y en especial los chicos estñan allí, y se alegran de lo bien que va todo: catapún, la viga recibe un estacazo en la cabeza. Después se ha hecho pequeña como la punta de un dedo y recibe otro estacazo más, se ponga como se ponga. Por fin desaparece. Carajo, le han dado lo suyo, uno se va satisfecho.

 

En Noticias locales

…se conmemora solemnemente la pieza Coeur-Bube, encantadora comedia que reúne un fino humor y un sentido más profundo, y que se encuentra ya en su 100ª representación. Se invita en los carteles a los berlineses a colaborar… sin embargo, hay que considerar diversos aspectos: es cierto que, en general, se puede invitar a los berlineses pero ellos pueden verse imposibilitados a atender el llamamiento, por toda un serie de circunstancia. En primer lugar, pueden estar de vieja… Pueden esta también en Berlín, pero no tener oportunidad de ver en las columnas el anuncio del teatro, por ejemplo por encontrarse enfermos y guardar cama. En una ciudad de cuatro millones de habitantes, eso supone ya un número considerable de peronas. De todas formas, pueden tener conocimiento por medio de la radio, anuncios comerciales de las seis de la tarde, de que Coeur-Bube, encantadora comedia parisina que reúne un fino humor y un sentido más profundo ha llegado ya a su 100ª representación… sin embargo… si realmente están en cama, no podrán ir de ningún modo. Según fuentes fidedignas, en el Renaissancetheater no se ha hecho ninguna clase de preparativos para admitir camas de enfermo que pudieran trasladarse allí temporalmente, por ejemplo en ambulancias.

No hay que hacer tampoco caso omiso de la siguiente advertencia: podría haber personas en Berlín, e indudablemente, las hay, que leyeran el cartel del Renaissancetheater, pero dudaran de su veracidad, no de la veracidad de la existencia del cartel, sino de la veracidad y la importancia de su contenido, reproducido en letras de imprenta. Podrían leer con malestar, disgusto o repugnancia, con indignación quizá, la afirmación de que la comedia Coeur-Bube es una comedia encantadora, a quién encanta, qué es lo que encanta, con qué encanta, cómo van a conseguir encantarme, no necesito que me encanten. Podrían torcer el gesto por el hecho de que esa comedia reúna un fino humor y un sentido más profundo. No quieren fino humor, su postura ante la vida es seria, sus pensamientos tristes aunque elevados, se han producido algunos fallecimientos en la familia. Y no se dejan engañar por la indicación de que un sentido más profundo vaya unido a ese lamentable humor. Porque, en su opinión, no se puede hacer inocuo ni neutralizar el fino humor. El sentido más profundo debe ir siempre solo. El fino humor debe ser eliminado, como fue eliminada Cartago… Un sentido más profundo: ¿por qué más profundo y no profundo? ¿Es que más profundo es más profundo que profundo? Así argumentan.

 LaGranBabilonia

En Un hombre nuevo necesita también una profesión nueva, o ninguna en absoluto

Ahora veréis a Franz Biberkopf como encubridor, como delincuente, el hombre nuevo tiene un profesión nueva, y lo peor no ha llegado aún.

Es una mujer, vestida de púrpura y escarlata y adornada con piedras preciosas y perlas y con un cáliz dorado en la mano. Se ríe. En la frente lleva escrito su nombre, un misterio, la gran Babilonia, la madre de la fornicación y de todas la abominaciones de la Tierra. Ha bebido la sangre de los mártires, de la sangre de los mártires está ebria. La ramera Babilonia está ahí sentada, y ha bebido la sangre de los mártires.

 

En Franz está k.o. y no consiguen dejarlo k.o.

Y Charlie Amberg añade: Me arrancaré una pestaña para pincharte un ojo. Y con el lápiz de labios te pintaré yo de rojo. Y si sigues enfadado, solo quedará el remate: encargaré un huevo frito y te rociaré de tomate. Tú tú tú, encargaré un huevo frito y te rociaré de tomate.

 

En Levántate, espíritu débil, y ponte en pie.

Y ahora ve, tú, ven, porque quiero enseñarte algo. La gran ramera, Babilonia la ramera, sentada junto al agua. Y verás a una mujer sentada junto al agua. Y verás a una mujer sentada sobre una bestia escarlata. Está llena de nombres de blasfemias y tiene siete cabezas y diez cuernos. Va vestida de púrpura y escarlata y adornada con oro y piedras preciosas y perlas, y tiene un cáliz de oro en las manos. Y en su frente está escrito un nombre, un misterio: la gran Babilonia, la madre de todas las abominaciones de la Tierra. Esa mujer ha bibido de la sangre de todos los mártires. Esa mujer está ebria de la sangre de los mártires.

Franz Biberkopf, sin embargo, recorre las calles, trota con su trote y no cede, y no quiere más que recuperar de una vez sus fuerzas, el vigor de sus músculos. Hace un cálido tiempo de verano y Franz va de taberna y taberna.

Huye del calor. En la taberna desfilan ante él grandes vasos de cerveza.

El primer vaso dice: vengo de la bodega, del lúpulo y de la malta. Ahora estoy fría, ¿qué sabor tengo?

Franz dice: amargo, bueno y frío.

Si, te refresco, refresco a los hombres, luego les doy calor, y luego los libro de los pensamientos superfluos.

¿Pensamientos superfluos?

Si, la mayoría de los pensamientos son superfluos. ¿O no? –Caro. Puede que tengas razón.

Un vasito de aguardiente amarillo claro, delante de Franz. ¿De dónde te han sacado a ti? –Me han destilado, hombre. –Pero tú muerdes, oye, tienes garras. –Bueno para eso soy aguardiente. ¿Hacía mucho tiempo que no lo veías? –Sí, casi me muerto, tú, aguadientillo, casi me muerto. Un viaje sin billete de vuelta. –Tienes aspecto de eso. –Aspecto de eso, no digas tonterías. Vamos a probarte otra vez, ven. Ay, qué bueno estás, tienes fuego, fuego tienes, muchacho. –El aguardiente le baja por la garganta: vaya un fuego.

El humo del fuego asciende por Franz y le reseca el gaznate, tiene que tomarse otra cerveza: Eres el segundo vaso, ya me he tomado uno, ¿qué me dices tú?? –Oye gordo, primero pruébame y luego habla. –Ya.

Entonces el vaso dice…

 

En Guerra defensiva contra la sociedad burguesa

      … Los socialistas no quieren nada, no saben nada, no pueden hacer nada. Siempre tienen la mayoría en el Reichstag, pero no saben qué hacer con ella, bueno, sí, sentarse en sillones de club, furmar puros y ser ministros. Y para eso han votado los obreros y se han sacado los cuartos del bolsillo el día de paga: otros cincuenta o cien hombres que engordan a costa de los obreros. Los socialistas no han conquistado el poder político. El poder político ha conquistado a los socialistas. Un burro viejo puede aprender siempre algo, pero todavía no ha nacido burro como el obrero alemán. Una y otra vez cogen los obreros alemanes sus papeletas de voto, entran en el local y las depositan, y piensan que con eso ya está. Dicen: queremos que nuestras voces resuenen en el Reichstag; bueno, pues sería mejor que fundasen un orfeón.

   FranzBiberkopf“Camaradas, hombres y mujeres, nosotros no cogemos papeletas de voto, nosotros no votamos. Nos sienta mejor pasar el domingo en el campo. ¿Y por qué? Porque el votante esta sometido a la legalidad. Y la legalidad es la fuerza bruta, la viva fuerza de la clase dominante. Los santones del voto quieren inducirnos a que pongamos buena cara, quieren encubrirlo, quieren evitar que nos demos cuenta de qué es la legalidad y qué es el Estado, para que no podamos colarnos en el Estado por ningún agujero ni ninguna puerta. Todo lo más en calidad de burros reconocidos y bestias de carga…

     … El orden social existente se basa en la esclavitud económica, política y social de los trabajadores. Encuentra su expresión en el derecho de propiedad, el monopolio de la posesión, y en el Estado, el monopolio del poder. La base de la producción actual no es la satisfacción de las necesidades naturales del hombre, sino la expectativa de una ganancia. Cada adelanto de la técnica aumenta las riquezas de la clase poseedora, en vergonzosa contraposición a la miseria de grandes partes de la sociedad. El Estado sirve para proteger los privilegios de la clase poseedora y para oprimir a las masa, y utiliza todos los recursos de la astucia y de la fuerza para mantener el monopolio y las diferencias de clase. Con la aparición del Estado comienza la era de la organización artificial de arriba abajo. El individuo se convierte en marioneta, en una rueda inmóvil de un monstruoso mecanismo. ¡Despertad!...

    … Es segadora, se llama Muerte, lloraré y gemiré por los montes y me lamentaré en los pastizales del desierto, tan desolados que nadie se aventura en ellos, y han huido las aves del cielo y las bestias de la tierra…

 

      En La mosca sale arrastrándose, la arena se le cae, pronto volverá a zumbar.

      La mosca se arrastra y se arrastra, está en el tiesto, la arena se le va cayendo, no le importa nada, se la sacude, estira su negra cabeza y acaba por salir fuera.

 Babilonia      Ahí esta junto al agua, la gran Babilona, la madre de la fornicación y de todas las abominaciones de la Tierra. Hay que ver, tienes que ver cómo se sienta sobre una bestia escarlata con site cabezas y diez cuernos. Cada uno de tus pasos la regocija. Está embriagada con la sangre de los mártires que ha despedazado. Ésos son los cuernos con los que embiste, viene del abismo y lleva a la condenación, mírala ahí, las perlas, la escarlata, la púrpura, los dientes, cómo los rechina, los labios gruesos y henchidos de los que ha manado la sangre que con ellos ha bebido. ¡Babilonia la ramera! Sus ojos venenosos y amarillos como el oro, su cuello hinchado! Cómo se ríe de ti.

 

      En Adelante, marcando el paso, redoble de tambores y batallones

     … Y empiezan a hablar de mujeres y Franz le habla de la Mieze, que se llamaba antes Sonja, gana su dinerito y es una buena chica. Reinhold piensa entonces: esto está bien, se la quitaré y luego lo llenaré de mierda hasta aquí.

            Porque aunque los gusanos comen tierra y la echan otra vez por detrás, siempre la comen de nuevo. Y las bestias no pueden perdonar, si hoy se les llena el estómago, mañana han de ponerse otra vez a ello y tienen que cazar. Al hombre le pasa lo que al fuego: cuando arde tiene que devorar, y cuando no puede devorar se apaga, tiene que apagarse.

 

            En Pussi Uhl, la invasión americana, ¿cómo se escribe Wilma con W o con V?

            … Un caballero joven y grueso, con gafas de concha , está sentado en una silla comiéndose el almuerzo. Si se le mira puede comprobarse: tiene un plato humeante delante, con carne, salsa y patatas, y se dedica a engullírselo todo por su orden. Sus ojos van de una lado a otro sobre el plato, aunque nadie quiere quitarle nada, no hay nadie cerca de él y se sienta completamente solo en su mesa, pero sin embargo está preocupado, corta, aplasta la comida y se la mete en la boca, deprisa, una, otra, otra, otra, y mientras trabaja, adento, afuera, adentro, afuera, mientas corta, machaca y engulle, husmea, paladea y traga, sus ojos contemplan, sus ojos observan el remanente cada vez menor que hay en el plato, y vigilan como dos perros hambrientos que midieran su perímetro. Otra adentro, afuera. Punto final, ahora ha terminado, ahora se pone en pie, fofo y grueso, el tipo se lo ha zampado todo y chasquea los labios: “¿Qué le debo, señorita?”. Entonces el tipo grueso sale, resopla, se suelta por detrás la pretina del pantalón, para que el vientre tenga más sitio. Lleva en el estómago sus buenas tres libras, todo de viandas. Ahora empiezan las cosas en su vientre, el trabajo, ahora tiene que ocuparse el vientre de lo que el tipo le ha echado. Los intestinos se bambolean y balancean, torciéndose y retorciéndose como lombrices, las glándulas hacen los que pueden, arrojando su jugo en la masa, parecen bomberos, desde arriba fluye la saliva, el tipo traga, fluye el intestino, los riñones sufren un asalto, lo mismo que los almacenes cuando las rebajas, y poco a poco, fíjate, van cayendo gotitas en la vejiga, una gotita tras otra. Espera, chaval, espera, pronto tendrá que volver por el mismo camino hasta la puerta donde pone “Caballeros”. Así es la vida.

 

        En Penas y alegrías del amor

        … En Postdam, ahí, cerca de Postdam, había uno al que luego llamaron el muerto vivo. Menudo punto también. El tipo, un tal Bornemann, hizo algo cuando estaba arruinado y se chupó quince años de cárcel, y se escapa, o sea que el hombre se escapa, por ciento, no fue en Potsdam sino cerca de Anklam, Gorka se llamaba el poblacho. Y hete aquí que nuestro Bornemann, paseando cerca de Nuegard, se encuentra un muerto que flota en el agua, en el Spree, y Neugard, digo, Bornemann el de Neugard, se dice: «Mira por donde estoy muerto», y va, le meto los papeles al otro, y está muerto. Y la señora Nornemann; “¿Qué puedo hacer? No se puede hacer nada ya, está muerto, y es mi marido, bueno, gracias a Dios que lo es, no se ha perdido mucho, de qué sirve un marido así, la mitad de la vida se la pasa a la sombra, fuera penas”. Pero mi Otto, ay Dios devotto, no está nada muerto. Llega a Anklam, y como se ha dado cuenta de que el agua es algo muy bonito y ahora tiene mucha afición al agua, se hace pescadero, vende pescado en Anklam y se llama Finke. Ya no hay ningún Bornemann. Pero sin embargo lo atraparon. Y si quiere saber cómo y por qué, agárrese bien…

 

   En Franz no se da cuenta de nada y el mundo sigue andando.

  Tenemos piernas, tenemos dientes, tenemos ojos, tenemos brazos, que venga alguno e intente mordernos, que intente morder a Franz, que venga alguno. Tiene dos brazos, tiene dos piernas, tiene músculos, lo hará todo pedazos. Ése sabrá quién es Franz, sabrá que no es una gallina mojada. Todo lo que hemos hecho ya, todo lo que vamos a Hacer, que venga aluno, bebamos por ello, bebamos dos, bebamos nueve.

            No tenemos piernas, ay Dios, no tenemos dientes, no tenemos ojos, no tenemos brazos, cualquiera puede venir, cualquiera puede morderle a Franzen, que es una gallina mojada, ay Dios, no sabe defenderse, solo sabe beber.

            …

            «…Vámonos chata. Se acabó la juerga, se acabó el carbón, vámonos para Bonn».

            También muchas mujeres y chicas van por la Alexanderstrasse y la Alexanderplatz, con un feto en el vientre al que la ley protege. Y mientras, fuera, las mujeres y las chicas sudan con este calor, el feto se está tranquilamente en su rincón, la temperatura es exactamente la que le conviene y se pasea por la Alexanderplatz, pero muchos fetos no lo pasarán bien luego, harían mejor en no cantar victoria demasiado pronto.

 TeDeathTouching

       En Retirada de la perversa ramera y triunfo de la gran celebrante, tamborilera y esgrimidora de hachas.

       En el paisaje desolado, ante los rojos muros del establecimiento, hay una nieve sucia sobre los campos. Redoblan los tambores y siguen redoblando. Ha perdido la remera Babilonia, la Muerte ha vencido y se va tocando el tambor.

        La ramera refunfuña y arma jaleo y parlotea y grita «Qué pasa con ése, qué vas a sacar de ese tipo, Franz Biberkopf, que te aproveche ese pelanas».

        La Muerte redobla en su tambor: «No puede ver, hiena, lo que tienes en la copa. El hombre Franz Biberkopf está aqué, lo he destrozado por completo. Pero como es fuerte y bueno, vivirá una nueva vida, quítate de en medio, ninguna de las dos tenemos más que decir».

Pero como la ramera se empecina y sigue soltando espumarajos, la Muerte se pone en movimiento, su enorme manto gris ondula, se hacen visibles imágenes y paisajes que floran a su alrededor, rodeándola de los pies al pecho. Y hay gritos, disparos, estrépito, triunfo y algaraza en torno a la Muerte. Triunfo y algaraza. La bestia que monta la mujer se asusta y cocea a su alrededor.

BatallaDeBeresina

  El río, el Beresina, las legiones marchan…

  …Duerme tranquila, Patria querida, duerme tranquila, Patria querida. Las trincheras son sepultadas, los soldados mueren. La muerte recoge su manto. oh sí, oh sí.

  Marchamos, marchamos. Marchamos al frente, llevamos el paso, cien músicos vienen marchando al ocaso, la luz de la aurora, la luz de la tarde, la luz ilumina la muerte al cobarde, son cien los tambores, videbún videbún, marchamos derechos, marchamos aún, videbún videbún.

  La muerte recoge su manto y canta: oh sí, oh sí.

 Arde un horno, arde un horno, delante de un horno hay una madre con siete hijos, detrás de ello se oyen los gemidos del pueblo, quieren que renieguen del Dios de su pueblo. Ellos, radiantes, están allí serenos. ¿Vais a abjurar y a someteros? El primero dice no y sufre tormento, el segundo dice no y sufre tormento, el tercero dice no y sufre tormento, el cuarto dice no y sufre tormento, el quinto dice no y sufre tormento, el sexto dice no y sufre tormento, el séptimo dice no y sufre tormento. La madre está ahí y anima a sus hijos. Finalmente dice que no y sufre tormento. La Muerte recoge su manto y canta: oh sí, oh sí.

            La mujer de las siete cabezas tira violentamente de la bestia, pero la bestia no se levanta…

                    

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