UN BUEN LIBRO PARA LEER:     AÑOS LUZ (1975)

años-luz      

    James Salter.  EEUU      IconoFraLib ... algo decimos de este libro

    Editorial:   MUCHNIK EDITORES.  1999.

    Traducción:  Jaime Zulaika    

    

 

Fragmentos:

p26

Marcó un número conocido en una cabina de teléfono.

 - Sí, dígame –dijo una voz lánguida.

- Arnaud

- Hola Viri.

- Oye, ¿qué día es hoy? Martes. El jueves quiero que conozcas a alguien. Me estarás agradecido hasta el fin de tus días.

- ¿Dónde estás, en un burdel?

- ¿Cómo es esa historia sobre los doce hombres absolutamente puros cuya existencia es vital para el mundo?

- Dime cómo acaba.

- No, es como un relato de Sholom Alichem. Esos doce hombres… tienes que conocerla. Están desperdigados por la tierra. Nadie sabe quénes son, pero cuando muere uno de ellos se le sustituye inmediatamente. Sin ellos, la civilización se desplomaría y quedaríamos sumidos en el caos, el crimen y la desilusión total.

-Propablemente es lo que ha ocurrido; deben de quedarnos cuatro o cinco.

- He conocido a uno de ellos.

- Así que lo has conocido.

- Se llama Conrad.

- ¿Conrad? ¿Es una broma? Es un granuja.

- No, éste es otro Conrad. Tienes que conocerle.

- La última vez que me dijiste esto, ¿sabes lo que pasó?

- Trato de recordar.

- Acabé invirtiendo quinientos dólares en una película.

- Ah, ya recuerdo.

- Conrad ¿eh? ¿Para qué va a servirme?

Viri observaba el tráfico, sus sonidos le llegaban débilmente, el metal temblaba dejabo de sus pies y su mirada enfocaba más allá de los coches relucientes.

- Te va a hacer unas camisas.

 

p29

Las gaviotas en el río parecían estar de pie sobre el agua. El hielo era invisible. El reflejo de las aves era oscuro; sus patas se veían como líneas negras. Un dosel de música en la habitación, una bandeja con tres tazas, terrones blancos de azúcar en un cuenco, muchos libros.

Su vida es misteriosa, es como un bosque; desde lejos parece una unidad que cabe comprender y describir, pero más cerca empieza a separarse, a disolverse en luz y sombra de una densidad que ciega. Dentro de esa vida no hay forma, solo un detalle prodigiosos que llega a todas partes: sonidos exóticos, astillas de luz solar, follaje, árboles caídos, animalillos que huyen al oír el crujido de una rama, insectos, silencio, flores.

Y todo ello, dependiente, estrechamente entretejido, todo eso es engañoso. Hay en realidad dos clases de vida. Hay, como dice Viri, la que la gente cree que estás viviendo y hay la otra vida. Es esta otra la que causa el problema, la que anhelamos ver.

 

p30

La vida es el tiempo que hace. Son las comidas. Los almuerzos en un mantel azul a cuadros sobre el cual hay sal vertida. El olor a tabaco. Queso brie, manzanas amarillas, cuchillos con mangos de madera…

… Enero, iba a la ciudad temprano, un día de frío, las calzadas estaban heladas, las palomas se acurrucaban en las oes de un anuncio de MOBILIARIO. La ciudad es una catedral de posesiones; su aroma es el de los sueños. Incluso los que han sido rechazados por ella no pueden abandonarla. Había una anciana sentada en un portal, la cara desvastada por los años, el pelo desgreñado, una mujer espantosa y desdentada. Tenía en el regazo un animal con los ojos supurantes y el hocico grisáceo. La mujer agachaba la cabeza y aplastaba la mejilla contra el perrito, silenciosa, abandonada. En la siguiente manzana había un vagabundo caminando sobre las rodillas, con la cara tan sucia y colorada que parecía cubierta de heridas. Sus ropas eran harapos manchados de vómito. Afanosamente se miraba los pantalones como si buscara sangre, ajeno a los viandantes. En el vestíbulo de los cines había enanos, hombres obesos, genios de las finanzas de rostro huraño, mujeres con medias negras y pieles. Llevaban anillos en sus dedos ajados, oro en los dientes.

p41

Un día perfecto comienza por la muerte, por la apariencia de la muerte, de una honda capitulación. El cuerpo está flojo, el alma se ha expandido, todo fortaleza, incluso el aliento. No existe la facultad del bien o del mal, la luminosa superficie de otro mundo está cerca, envolvente, las ramas de los árboles tiemblan fuera. Por las mañanas él despierta despacio, como si el sol le tocara las piernas. Está solo. Huele a café. El pelaje tabaco de su perro absorbe la luz ardiente.

Para que el día se despliegue tiene que esconder en su firmamento azul, en su inmensidad, la conspiración en la que él vive, esconderla pero abarcarla, invisible, como las estrellas ocultas en el cielo diurno…

…Pero el conocimiento no te protege. La vida desprecia el conocimiento; le obliga a esperar sentado en la antesala, a esperar fuera. Pasión, energía, mentiras: eso es lo que la vida admira. Todo es soportable, empero, si la humanidad entera observa. Lo demuestran los mártires. Vivimos dentro de la atención ajena. Nos volvemos hacia ella como flores hacia el sol.

No hay una vida completa. Hay solo fragmentos. Hemos nacido para no tener nada, para que todo se nos pierda entre los dedos. Y, sin embargo, esta pérdida, este diluvio de encuentros, luchas, sueños… hay que ser irreflexivo, como una tortuga. Hay que ser resuelto, ciego. Pues cualquier cosa que hagamos, incluso que no hagamos, nos impide hacer la cosa opuesta. Los actos demuelen sus alternativas, he aquí la paradoja. La vida, por tanto, consiste en elecciones, cada cual definitiva y de poca trascendencia, como tirar piedras al mar…

p49

Pasan la vida juntas, pasan por delante de chicos que pescan, que van hasta la punta del muelle con una pequeña anguila doblada en dos, clavada en el anzuelo. El ojo mudo de la anguila clama, un punto negro en su cara plana y plateada. Las niñas se sientan a la mesa donde come su abuelo, el padre de Nedra, viajante de comercio, hombre de ciudad provinciana, con su tos amarilla, sus cigarrillos Camel siempre al alcance de la mano. Su voz está desenfocada, sus ojos empañados, apenas parece reparar en ellos. Porta la muerte consigo a la cocina; una vida larga y malgastada, crisálida de la de Nedra, su cobertura reseca, su fuente olvidada. Calza zapatos baratos, tiene una maleta llena de muestras de marcos de ventana de aluminio.

p51

Y él les leía, como todas las noches, como si las regara, como si removiese la tierra a sus pies. Hay historias de las que nunca ha oído hablar y otras que se sabía de niño, esas piedras de vado puestas en un cauce para que las use todo el mundo. Se pregunta cuál es el significado real de esas historias, de criaturas que ya no existen ni siquiera en la imaginación: príncipes, leñadores, pescadores honrados que viven en casuchas. Quiere que sus hijas tengan una vida antigua y una vida nueva, una vida indivisible de todas las vidas pretéritas, que emane de ellas, que las sobrepase, y otra vida que sea original, pura, que trascienda del prejuicio que nos protege, la costumbre que nos moldea. Quiere que conozcan tanto la santidad como la degradación, la primera sin ignorancia y la segunda sin humillación. Las está preparando para ese viaje. Es como si solo dispusiera de una hora y en esa hora tuviese que llenar todas las alforjas, impartir todos los consejos. Anhela darles la sentencia que ellas recuerden siempre, que lo abarque todo, que les señale el camino, pero no la encuentra, no la reconoce. Sabe que es más valiosa que cualquier otra cosa que puedan poseer, pero él no la tiene. A falta de ella, con su voz monocorde y sensual, las baña en los nimios mitos de Europa, de la nevosa Rusia, de Oriente. La mejor educación consiste en conocer un solo libro, le dice a Nedra. De ahí procede la pureza, y la proporción, y el consuelo de tener siempre a mano un ejemplo.

- ¿Qué libro? –dice ella.

- Hay unos cuantos.

- Viri, -dice ella-, la idea es encantadora.

p68

A Nedra no le costaba ser amable, o lo era fácilmente o no lo era en absoluto. Jivan dio un sorbo. Limpió el fondo del vaso antes de posarlo. Era propietario de una pequeña empresa de mudanzas y guardamuebles. Su camión estaba inmaculado. Las mantas formaban una pila ordenada, los parachoques no estaban abollados.

A mediodía, dos veces por semana, y a veces más a menudo, ella se acostaba en la cama de Jivan en la tranquila habitación trasera. Sobre la mesa, junto a su cabeza, había dos vasos vacíos, sus pulseras, sus anillos. No llevaba nada encima; tenía las manos, las muñecas desnudas.

- Me encanta el sabor de esto –dijo ella.

- Si –dijo Jivan-. Es curioso, nadie más lo prepara.

- Es nuestra bebida favorita.

Mediodía, el sol más allá del techo, las puertas cerradas herméticamente. Ella se perdía, se echaba a llorar. Él se lo hacía con el mismo ritmo regular, como un monólogo, como un chirrido de remos. Los gritos de ella no tenían fin, sus pechos estaban duros. Emitía los sonidos de una yegua, un perro, una mujer que huye para salvar la vida. Tenía le cabello esparcido a su alrededor. Él no alteraba su cadencia…

p79

Era el día en que murió Mónica, la niña con una sola pierna. Los cirujanos no habían amputado lo suficiente, no era posible hacerlo. Ella había vuelto a tener dolores, invisibles, como si todo aquello no hubiera servido de nada. Aquel dolor era la sentencia de muerte. Después vino la fiebre y las cefaleas. Se le hinchó todo el cuerpo. Entró en coma. Duró semanas, por supuesto. Finalmente… fue por la tarde; cuando ella murió. Viri estaba recogiendo leña, con trozos de corteza adheridos a las mangas, los brazos cargados, estaba formando una pila con recortes, un parapeto que durase todo el invierno. El padre de Mónica estaba todavía en el trabajo. La madre estaba sentada en una mecedora y su hija dejó de respirar. Se fue en un soplo. De repente pesaba menos, mucho menos, yacía en su lecho con una especie de aterradora insignificancia. Todas las cosas la habían abandonado: la inocencia, el llanto, las diligentes excursiones con su padre, la vida que no había vivido. Todo eso pesa algo. Pasa, se disuelve, se esparce como polvo.  

p86

La desesperación de ciertas personas es tal que comprendemos que incluso cuando están inactivas, cuando duermen, su vida se está consumiendo. No ahorran nada para más adelante. No necesitan ahorrar. Cada hora es una especie de degradación, una tentativa de tirarlo todo por la borda.

p150

… Llevó largo tiempo, llevó una eternidad; días y noches, el olor del antiséptico, las silenciosas ruedas de goma. Esta maquinaria frágil, pensamos, pero cuánto cuesta apagarla. El corazón está a oscuras, sin saber, como esos animales que viven en minas y nunca han visto la luz del día. No tiene lealtades ni esperanzas; cumple su cometido.

p166

GABRIELEMUNTER… En el silencio del anochecer, en esa hora que todo estaba hecho, lo abrió por fin. Kandinsky había empezado a pintar tarde, tenía treinta y dos años entonces.

 Telefoneó a Eve

 -  Adoro este libro –dijo.

- Me pareció que tenía buen aspecto.

-   Acabo de empezarlo –dijo Nedra-. A principios de la primera guerra vivía en Munich, y volvió a Rusia. Abandonó a la mujer, que también era pintora, con

(Gabriele Munter, Cuadro: Autoretrato. Fuente: http://miradorartes.blogspot.com)

la que estuvo viviendo diez años. La volvió a ver una solo vez, ¿te imaginas? en una exposición, en 1927.

Tenía el libro en el regazo, no había leído más. El poder de cambiar la propia vida se desprende de un párrafo, de una observación señera. Las líneas que nos penetran son delgadas, como los trematodos que viven en el agua de río y entran en el cuerpo de los nadadores. Estaba excitada, llena de fuerza. Las frases pulidas habían llegado, al parecer, como tantas otras cosas, justo en el momento exacto. ¿Cómo podemos imaginar cómo debiera ser nuestra vida sin la iluminación que nos procura la vida de otros?

p174

Las cicatrices dividen la vida como los anillos que contiene un árbol. Que juntos parecen los más antiguos, el tiempo los comprime, veinte años no se distinguen entre sí.

p192

…Su vida le pertenecía, pero estaba estrechamente fundida con aquellas otras vidas: con la sonrisa de gnomo de su padre, con la radiante de su madre. Era como un árbol joven, recatado, al sol, en un claro, grácil y solitario, pero el musgo sobre la tierra de alrededor, las piedras, las raíces sepultadas, las arboledas lejanas, el bosque, la hablaban y ejercían todavía su influencia sobre ella.

Sobre el mostrador había un cuenco de cristal verde como el mar, lleno de conchas descoloridas como residuos del verano. En la pared había tres fotos clavadas, una encima de otra y cada una de diferentes ojos femeninos. De un viejo marco dorado colgaban unas llaves. Había dibujos de pájaros, hermosos huevos de ónix, una postal enmarcada de Gaudí dirigida a un hombre llamado Francisco Aron.

Hablaban del día que tenían por delante como si solo compartieran la felicidad. Aquella hora grata, aquella habitación confortable, aquella muerte. Pues todo, de hecho, cada plato y objeto, utensilio, bol, ilustraba algo inexistente; eran fragmentos rescatados del pasado, astillas de una totalidad desvanecida…

VasoTe

p211

… Pidió que le subieran un té a su habitación. Tomó un baño caliente. El frío del entorno, que formaba parte de la gloria del día, comenzaba a abandonarla en oleadas febriles, y lo remplazó una sensación de bienestar, de placer corporal. Después, como después de todos los placeres intensos, se sintió un poco deshecha. Había anochecido. Partido la luz postrera y fría. Le asaltó una desorientación imprecisa, un sentimiento de inexistencia. Golondrinas graznaban sobre los tejados manchados de Roma. El mar rompía en una playa gris como pizarra de Amagansett. Fuerzas terrestres la transportaban a lugares lejanos. No lograba remontarse al presente, a una hora tan vacía como la que precede a una tormenta.

La habitación tenía la desnudez de las mesas en restaurantes cerrados. Era una habitación de inválida, fría, con las alfombras raídas. Era un cuarto donde los objetos aislados, comenzaban a irradiar absurdidad. Un libro, una cuchara, un cepillo de dientes, parecían tan extraños como un sofá en la nieve. Ella había vestido aquel espacio yermo con sus ropas, barras de labios, gafas de sol, cinturones, mapas de los remontes de esquí, pero nada había hecho mella en la frialdad. Solo en la primera y clara luz de la mañana se sentía segura, o cuando había tormenta.

p212

- Ha estado casada. –Le tendió un vaso-. Lo veo, Las mujeres se secan si viven solas. No creo que haga falta explicarlo. Es demostrable. Aunque el matrimonio no sea bueno, las salva de deshidratarse. Son como las moscas de la fruta en el vino de Franklin. ¿Conoce la historia? Increíble. Una de las historias más grandes de todos los tiempos… Es decir, aunque la conozcas te asombra lo mismo, nunca te decepciona, es como un truco. Y yo le creo a Franklin; fue nuestro último y honesto gran hombre. Bueno, quizá Walt Whitman. No olvidemos A Whitman.

Dio un largo trago de champán.

Es como la juventud –dijo- No hay nada más dulce, aunque apenas la recuerdo. Bueno, recuerdo algunas cosas. Ciertas casas donde viví. Las clases de latín. Creo que ya no se estudia latín. Es como un traje que se ha planchado demasiado, del que no queda nada más que manchas.

MoscaFruta

»Las moscas –escuche esto-, las moscas se habían ahogado dentro del vino, estaban en el fondo de la botella con un pequeño sedimento, la suciedad que te dice que las cosas son reales. Resumiendo, Franklin vio aquellas moscas ahogadas que era moscas de la fruta, siempre revoloteando sobre melocotones y peras, y las puso a secar al sol encima de una bandeja. ¿Sabe lo que ocurrió?

- No.

- Revivieron.

- ¿Cómo es posible?

- Le he dicho que era increíble. El vino procedía directamente de Francia. Tenía por lo menos un año. Puede decir que es el poder del vino francés, pero la historia es verídica. Así que ése es mi plan. Si funciona con moscas, ¿por qué no con primates?

p218

Era inteligente y desamparado. En aquel momento estaban publicando sus relatos en Trasatlantic Review. Era hijo de una mujer que trabajaba de sicóloga y que estaba divorciada desde que él tenía tres años. No se hacía ilusiones con su hijo: lo que más le asustaba a Neil era triunfar, pero había que conocerle muy bien para percatarse de ello. La impresión que daba era de debilidad, una debilidad voluntaria como ciertas enfermedades imprecisas. Pero al cabo de un tiempo esas dolencias pedían a gritos que las legitimasen, insistían en que las trataran como un estado natural, se fundían con quien las portaba.

p243

Más tarde, sin decir una palabra, él saca una foto suya. Es un recorte de un cuadro de Van Dongen de la amante de Picasso, la célebre Fernande. Está desnuda, expuesta como un tapiz. El parecido con Nedra es pasmoso.

- ¿De dónde la has sacado?

- Han mucho que la tengo –dijo él-. Aunque no te cases, tienes que tener una idea de una esposa. Por eso la llevo. Me resulta muy práctica.

Nedra experimentó una punzada de celos.

- No creo en el matrimonio, no tengo tiempo para eso –dijo él-. Es un concepto de otra época, otra forma de vivir. Si haces lo que tienes que hacer, obtendrás lo que quieres.

- Eso es cierto.

- El Bhagavad Gita –dijo él.

p264

 Componía su vida día tras día, usando como materiales la vacuidad y el pánico. así como los arranques de júbilo, similares a una fiebre. He superado el miedo a la soledad, pensó, estoy más allá.

La idea la estremecía. Lo he superado y no naufragaré.

Esta sumisión, este triunfo la hicieron más fuerte. Era como si, a la postre, tras haber rebasado etapas inferiores, su vida hubiese cobrado una forma digna. Lo artificiosos quedaba atrás, junto con las esperanzas y las expectativas insensatas. Había veces en que era más feliz de lo que nunca había sido, y le parecía que aquella felicidad no era algo que le hubiese sido concedido sino algo que ella había obtenido, había buscado, sin conocer su forma, algo por lo que había renunciado a todo lo que era más fácil de alcanzar: incluso a las cosas insustituibles.

p282

…Silencio. Al estilo de una criada, empezó a quitarle los zapatos y los calcetines. Se quedó descalzo. Lia atrajo sus pies hacia ella.

-Estáis fríos- dijo. Los abrigó con las manos-. Voy a calentaros. –Les hablaba como a niños-. Así, así es mejor, ¿verdad? Si. Sí, no estáis acostumbrados al invierno, a estos inviernos. Son algo nuevo. Pueden ser más fríos de lo que pensáis. Con vuestros bonitos zapatos ingleses creéis que estáis calientes y contentos. Mirad qué bonitos son vuestros zapatos, dicen ellos, qué bonitos. Sí, creen que estáis calientes porque parecéis contentos, creen que sois felices. Pero no es fácil encontrar la felicidad, ¿eh? Es muy difícil. Es como el dinero. Solo llega una vez. Si tienes suerte llega una vez y lo peor es que no puedes hacer nada. Puedes esperar, buscarlo, cólera, rezos. Nada…

p288

Al atardecer, el cuarto olía a humedad. Viri vio a un mosquito que planeaba por la pared superior. Se tendió en un sofá cerca de las puertas de la terraza, y Lia se tumbó a su lado. Tenía la bata abierta –él se la había desatado- y los ojos ocultos en la sombra. La marca negra de su ombligo, el aún más negro vello público, relucían ante él como piedras oscuras en el fondo de un estanque. Lia era delgada y tenía la piel blanca, fácilmente magullable. Él de pronto estuvo entre sus piernas y ella estaba destapada y tendida encima de la bata. El mosquito se había perdido de vista, desvanecido. Estaban fundidos en los brazos del otro, absortos, desnudos, manchando la colcha arrugada que cubría el colchón.

El acto era un tanto vergonzoso, un acto de aburrimiento y desesperación, acometido porque todo lo demás había fallado. Concluyó enseguida. Se acostó al lado de ella y le colocó el brazo debajo de la cabeza, tapándola al mismo tiempo con la bata como si ella fuese una tienda y él la estuviese cerrando para la noche; una tienda con la que tenía que hablar. Ella no dijo nada. Permaneció inmóvil en la oscuridad.

p294

-Sí –decía ella-, estás asustado. Sé que estás asustado. Conozco tus costumbres, conozco tus pensamientos. Te has casado conmigo por mi bien, pero no por el tuyo… todavía no. Eso llegará. Oh sí. Llegará porque esperaré. Soy una cornucopia. Desbordo. No soy dulce, no, no de la manera en que algo sabe al principio. Pero las cosas dulces se olvidan en seguida, las cosas dulces son débiles. Tengo paciencia para esperar, sí, todo el tiempo que sea necesario. Esperaré un mes, un año, cinco, me sentaré a jugar como una viuda una especie de napoleone, porque lentamente, poco a poco, te esclavizaré. Lo haré cuando llegue le momento, cuando sepa que ha llegado y que puedo hacerlo. Hasta entonces estaré sentada a tu mesa, acostada a tu lado como una concubina… sí, me entregaré a ti del modo que tú quieras, haré una batida de tus fantasías, las saquearé y guardaré los pedazos para hipnotizarte con ellos. Diré: «Esas cosas que sueñas yo las haré reales». Seré tu muchacha árabe, te serviré desnuda, sí, te sostendré la comida entre mis dientes, seré tu hija, seré tu puta. No te creerías lo que sé, no, nunca, lo que he imaginado. Amore, el secreto consiste en tener el valor de vivir. Si lo tienes, tarde o temprano todo cambiará.

p296

- Amore, quiero pedirte algo.

El sabía lo que ella iba a decir.

- Sí, claro, desde luego –accedió él.

Ella parecía abatida, dominada, como si aceptara la presencia de aquella otra mujer.

- No se lo mandes –suplicó.

- Lia, ¿por qué?

- No se lo mandes.

- De acuerdo –dijo él.

- Créeme, amore, Yo sé.

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                           Criaturas abisales. Fuente : Documentales de la BBC

Era la guardiana de un conocimiento amargo.

- Pero la cosa es –dijo él, sin alterarse –que no sabes.

Hubo un silencio. Ella llevó los platos a la cocina. Volvió.

- ¿Has oído hablar de Paul Malex- preguntó.

- No.

- Paul Malex es un escritor, es la inteligencia de Europa. ¿Nunca has oído hablar de él?

- Creo que no.

- Entonces créee, es un pozo de ciencia, de perspicacia; nadie le llega a la suela del zapato. Lee de corrido griego y árabe, Se mueve a sus anchas por los grupos más cultivados de Europa.

- ¿Qué tiene que ver eso con...?

- Malex ha buceado por debajo del plancton. Ha llegado a un nivel profundo de la mente, como la profundidad del mar donde se alimentan las ballenas. Debajo de eso está la oscuridad, el frío, criaturas con dientes enormes que se devoran entre ellas, muerte. Él ha llegado hasta ahí. Lo hace a voluntad. Percibe estructuras en ese nivel, las estructuras básicas de la vida.

Él había perdido el hilo.

- ¿De qué estás hablando? –preguntó.

- Estoy diciendo que en Europa sabemos ciertas cosas. Se han demostrado una y otra vez. Esta ciudad tiene casi tres mil años. Ya verás.

 

 


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