UN BUEN LIBRO PARA LEER: American Psycho   (1991) 

American Psycho

 

  Bret Easton Ellis 

  

  Editorial: Ediciones B, S.A.  Tiempos Modernos (1991)

  Traducción: Mariano Antolín Rato

 

   

Fragmentos.

 

Del capítulo INOCENTES

-¡Enfermedades!- exclama, con la cara tensa de dolor- Ahora hay esa teoría de que si coges el virus del sida por tener relaciones sexuales con alguien que ya está infectado, entonces puedes coger cualquier cosa, sea, por el virus per se o no…, la enfermedad de Alzheimer, distrofia muscular, hemofilia, leucemia, anorexia, diabetes, cáncer, esclerosis múltiple, fibrosis quística, parálisis cerebral, dislexia; por el amor de Dios…, ¿se puede coger dislexia por culpa de un coño…?

- ¿Quién sabe? No están seguros. Que lo demuestren.

Fuera de este taxi, en las aceras, palomas negras e hinchadas revolotean por encima de los restos de perritos calientes…

… Me pregunto dónde habrá conseguido Evelyn el sushi –atún, platija, caballa, camarón, anguila, incluso bonito, todos parecen tan frescos, y hay montoncitos de wasabi y tiras de jengibre situadas estratégicamente alrededor de la fuente Wilton-, pero también me gusta la idea de que no lo sé, de que nunca lo sabré, de que nunca preguntaré de dónde son, y de que el sushi estará en medio de la mesa de cristal de Zona que le compró su padre a Evelyn, como una misteriosa aparición de Oriente, y cuando dejo la fuente veo mi reflejo en la superficie de la mesa. Mi piel parece más oscura debido a la luz de las velas y me fijo en que el miércoles pasado me cortaron muy bien el pelo en Gio’s. Me sirvo otra copa. Me preocupa el nivel de sodio de la salsa de soja.

 

Del capítulo POR LA MAÑANA

… de palisandro brasileño. Un futón encima de una estructura de roble ocupa el centro del dormitorio. Pegado a la pared hay un aparato Panasonic de treinta y una pulgadas con pantalla superplana y sonido estéreo y, debajo de él, en una estructura de cristal… En una esquina hay un sillón de madera contrachapada moldeada. Una alfombra beige y blanca con puntos negros de Maud Sienna cubre la mayor parte del suelo. Una pared esta tapada por cuatro hileras de cajones inmensos de caoba blanca. En la cama, llevo puesto un pijama de seda de Ralph Lauren, y cuando me levanto me pongo una antigua bata de tela escocesa y me dirijo al cuarto de baño. Meo minetras trato de distinguir mi reflejo en el cristal del anuncio del partido de béisbol enmarcado encima del retrete. Después de cambiarme, poniéndome unos pantalones de boxeador Ralph Lauren y un jersey Fair Isle, y dslizar los pies dentro de unas zapatillas de diseño de lunares de Enrico Hidolin, me sujeto una bolsa de hielo de plástico a la cara e inicio los ejercicios de
estiramiento de la mañana. Después me pongo delante de un lavabo de cromo y acrílico Washmovile –con jabonera, sujetavasos y raíles que sirven de toalleros, que compré en Hastings Tile y que utilizo mientas me pulen los lavabos de mármol en encargué en Finlandia –y contemplo mi reflejo… Luego me miro las manos u uso un cepillo de uñas. Me quito la bolsa de hielo y uso una loción limpiadora y dilatadora de los poros, luego una máscara facial de hierba de menta que me dejo puesta diez minutos… En la ducha, primero uso un gel limpiador, luego un limpiador corporal de miel y almendra, y para la cara, un gel exfoliador… La tecnología de la silicona permite disfrutar de las ventajas… bloomingdalesSon preparados que contiene D-pantehenor, un factor de complejo de vitamina B; polisorbate 80, un agente limpiador para el cuero cabelludo,… Esta semana tengo planeado ir a Bloomingdale’s o Bergdorf’s siguiendo consejos de Evelyn, compraré un champú y suplemento Foltene European para hacer más fino el pelo… Luis Carrughers me recomendó el sistema Aramis Nutriplexx un complejo nutriente… Luego siempre me pongo un hidratante (Clinique es el que prefiero) y lo dejo actuar durante un minuto. Puedes quitártelo o dejarlo y aplicar la crema de afeitar encima… Siempre humedezco la hoja con agua caliente… Dejo las patillas y la barbilla para el final, pues… No debe usarse jamás colonia para la cara, pues su elevado contenido en alcohol reseca la piel y te hacer parecer mayor. Uno debe aplicarse un tonificante antibacteriano… Luego aplíquese un bálsamo anti-edad de ojos… dándole forma al pelo con un cepillo de cerda natural Kente… vuelvo a poner el jersey Fair Isle y deslizo… Recojo el ejemplar de USA Today que han dejado en la puerta y lo llevo a la cocina donde tomo dos Advil, un complejo vitamínico y una tableta de potasio… Me como un kiwi y una peramanzana japonesa (cuestan cuatro dólares cada una…

 

Del capítulo TUNNEL

Esta noche todos los hombres del exterior de Tunnel llevan esmoquin por algún motivo, excepto un mendigo de mediana edad que está sentado junto a un Dumpster, solo a unos centímetros de los cordones, tendiendo a todo el que le presta atención una taza de café de plástico, pidiendo unas monedas, y cuando Price nos precede sorteando a la multitud en dirección a los cordones, haciendo señas a uno de los de la puerta, Vaten agita un crujiente billete de dólar delante de la cara del mendigo sin hogar, que momentáneamente se anima, luego Van Patten se lo guarda en el bolsillo mientras entramos en el club y saca una docena de tickets para copas y dos pases VIP…

 

Del capítulo LA OFICINA

Las puertas se cierran. Yo llevo un traje de lana de cuadraditos diminutos blancos y negros, y pantalón con pinzas de Hugo Boss, una corbata de sea, también de Hugo Boss, una camisa de algodón de Joseph Abboud y zapatos de Brooks. Me he pasado el hilo dental con demasiada fuerza esta mañana y todavía puedo notar el sabor como a cobre de la Bottegasangre en el fondo de la garganta. He utilizado Listerine después y noto como si tuviera la boca en llamas, pero me las arreglo para sonreír al vacío cuando salgo del ascensor, balanceando mi nuevo attaché de cuero negro de Bottega Veneta.

 Mi secretaria Jean, que está enamorada de mí y con la que probablemente terminaré casándome, está sentada en su mesa y esta mañana, para atraer mi atención como de costumbre, lleva algo probablemente poco caro y completamente inapropiado; un cardigan de cachemira Chanel, un polo de cachemira y un pañuelo de cuello de cachemira, pendientes de perlas falsas…

 

Del capítulo UNA CITA

Camino de casa desde Xclusive, y después de un intenso masaje shiatsu, me detengo en un quiosco cercano al edificio donde vivo y examino detenidamente la hilera de revistas. «Solo para adultos» con el walkman funcionando, y las tensas melodías del Canon de Pachelbel en cierto modo complementan las fotografías iluminadas con dureza de las revistas que hojeo. Compro El vibrador de las putas lesbianas y Coño con coño, junto con el último numero de Esquire, aunque estoy suscrito a ellas y ya me deben de haber llegado por correo. Espero a que el quiosco se vacíe para pagar. El quiosquero dice algo y hace un gesto señalándose su ganchuda nariz mientras me da las revistas y el cambio. Bajo el volumen y levanto uno de los auriculares del walkman y pregunto:

- ¿Qué?

El tipo se vuelve a tocar la nariz y con un acento espeso, casi incomprensible, dice, creo:

- Le sangra la nariz.

Dejo en el suelo mi attaché de Bottega Veneta y me llevo un dedo a la cara. Al apartarlo está rojo y manchado de sangre. Busco en mi impermeable Hugo Boss un pañuelo Polo y me seco la sangre, doy las gracias con la cabeza, vuelvo a ponerme mis gafas de aviador Wayfarer y me marcho. Jodido iraní.

… y aprieto el botón de mi piso y luego el botón de cerrar la puerta, pero se interpone alguien antes de que se cierren las puertas e instintivamente me vuelvo para decir hola. Es el actor Tom Cuise que vive en el ático, y como cortesía, sin preguntárselo, aprieto el botón del ático y él me lo agradece con un gesto de cabeza y mantiene la vista fija en los números que se encienden encima de la puerta en rápida sucesión. En persona es mucho más bajo y lleva las mismas gafas Wayfarer negras que yo. Viste unos pantalones vaqueros, una camiseta blanca y una chaqueta Armani.

Para romper el incómodo silencio, me aclaro la garganta y digo:

Coctel- En mi opinión estabas muy bien en Barman. Creo que era una película muy buena, y los mismo Top Gun. De verdad creo que era buena.

Aparta la vista de los números y me mira detenidamente.

- Se llama Cóctel- dice, en voz bastante baja.

- ¿Perdón? -digo yo confuso.

Se aclara la garganta y dice:

- Cóctel, no Barman. La película se llamaba Cóctel.

Sigue una larga pausa; solo el sonido de los cables que tiran del ascensor hacia arriba compite con el silencio evidente y pesado que se ha hecho entre nosotros.

- Claro, claro… Eso es –digo, como si recordara el título-. Cóctel. Claro, eso es –digo-. Estupendo, Bateman, ¿en qué estarías pensando? –Muevo la cabeza y luego, para arreglar las cosas, le tiendo la mano-. Encantado. Soy Pat Bateman.

Cruise me la estrecha, con poca fuerza.

- ¿Te gusta vivir en este edificio? –sigo.

Espera largo rato antes de responder:

- Eso creo.

- Es estupendo –digo-. ¿No te parece?

Él asiente con la cabeza, sin mirarme, y yo vuelvo a apretar el botón de mi piso, una reacción casi involuntaria. Nos quedamos en silencio.

- Con que. Cóctel, ¿eh? –digo, al cabo de un rato-. Ese era el título.

Cruise no dice nada, ni siquiera asiente con la cabeza, pero ahora me mira de un modo extraño y se quita las gafas de sol y dice, con una leve mueca:

- Te sangra la nariz.

Me quedo de piedra allí durante un momento, antes de entender que tengo que hacer algo con respecto a eso, de modo que hago como que estoy confuso y me toco la nariz y luego mi pañuelo Polo –ya manchado de sangre- y me seco la sangre de la nariz, que parece una especie de manantial.

- Debe ser la altura –digo, riendo- Estamos muy altos.

Él asiente sin decir nada, y vuelve a mirar los números.

El ascensor se detiene en mi piso y cuando se abren las puertas le digo a Tom:

- Soy un gran fan tuyo. Me alegra mucho haberte conocido.

- Claro, claro, muy bien- Cruise ensaya su famosa sonrisa y aprieta el botón de cerrar la puerta.

 

Del capítulo MUERTE DE UN PERRO

-Se llama Richard. –El hombre mira fijamente al perro, luego vuelve a mirarme, como pidiendo disculpas, y noto que se siente halagado, no solo porque me haya fijado en su perro, sino porque me he detenido a hablar con él, y juro que el jodido hijoputa se ha sonrojado y tiene el culo hecho agua dentro de sus horteros pantalones anchos de pana de, supongo, Ralph Lauren.

- Estupendo –le digo, y acaricio suavemente al perro, dejando e lattaché en el suelo-. Es un sharpei, ¿verdad?

- No. Shar-pei –dice, ceceando, como nunca lo he oído pronunciar antes.

Perro SharPei- ¿Shar-pei? –trato de decir del mismo modo que él, sin dejar de acariciar la aterciopelada piel del cuello y lomo del perro.

- No. –Se ríe, coqueteando-. Shar-pei. –Con acento en la úlcima cílaba.

- Bueno, como sea –digo, estirándome y sonriendo juvenilmente-. Es un bonito animal.

- Muchas gracias –dice él, y añade, ezezerado-: Cuesta una fortuna.

- ¿De verdad? ¿Por qué? –pregunto, volviendo a agacharme y acariciando el perro-. Hola, Richard. Hola, amiguete.

- No te lo vas a creer –dice-. Fíjate, las bolsas de alrededor de los ojos tiene que operárselas cada dos años, de modo que tenemos que ir hasta Key West, donde hay un único veterinario del que me fío en este mundo, y un cortecito, unos puntos y Richard puede volver a ver perfectamente, ¿verdad, guapo? –Asiente con la cabeza, mientras yo continúo pasando suavemente la mano por el lomo del animal.

- Muy bien, digo. Tiene un aspecto estupendo.

Hay una pausa durante la que yo miro al perro. Su dueño no deja de mirarme y luego, sin poder evitarlo, tiene que romper el silencio.

- Oye –dice-. La verdad es que me molesta preguntártelo.

- Adelante, le animo.

- Dios santo, es tan estúpido –admite, riéndose ahogadamente.,

Me echo a reír.

- ¿Por qué?

- ¿Eres modelo¿ -pregunta, dejando reír-. Podría jurar que te he visto en una revista o en algún sitio así.

- No, no lo soy –digo, decidiendo no mentir-. Pero me encanta que me lo preguntes.

- Bueno, pareces una estrella de cine. –Mueve un fina muñeca, luego añade-: No sé. –Y finalmente, cecea lo siguiente (lo juro por Dios) para sí mismo-: Déjalo, idiota, eres una auténtica vergüenza.

Me agacho, como si fuera a coger el attaché, pero debido a que estoy en la sombra, no me ve sacar el cuchillo, el más afilado, con la hoja de sierra, mientas le pregunto cuánto le costó Richard, de modo natural pero con interés, sin siquiera levantar la vista para comprobar si hay más gente en la calle. Con un rápido movimiento, agarro al perro por el cuello y lo sujeto con el brazo izquierdo, empujándolo contra la farola mientras el animal trata de morderme los guantes, abriendo y cerrando sus fauces, pero como le tengo tan bien cogido por el cuello no puede ladrar y oigo que mi mano le rompe la traquea. Aprieto la hoja de sierra contra su estómago y rápidamente sierro un trozo de su tripa sin pelo y dejo al perro en la acera. La loca sigue allí parada, sujetando todavía la correa, y todo ha ocurrido tan deprisa, que está paralizada y me mira con horror, diciendo:

- Dios mío, Dios mío. –Mientras el sharpei se arrastra en círculo, moviendo el rabo, aullando, y se pone a chupar y olfatear el montón de sus propios intestinos, que se derraman formando un montículo en la acera, algunos de ellos todavía sujetos a su estómago, y cuando empieza a padecer los últimos estertores, aún sujeto a la correa, me doy media vuelta hacia su dueño y le empujo hacia atrás enérgicamente, con los guantes ensangrentados, y empiezo a darle cuchillazos al azar en la cara y la cabeza, abriéndole finalmente la garganta de dos breves tajos; un arco de sangre rojo osu¡curo baña el BMW 320i blanco aparcado junto al bordillo de la acera...

 

Del capítulo ASESINATO DE UN NIÑO EN EL ZOOLÓGICO.

... Un mozo negro que pasa la fregona por el suelo del servicio de caballero me pide que tire de la cadena después de usar el retrete.

- Tira tú, negro asqueroso- le digo, y cuando hace ademán de echarse encima de mí, el brillo de la hoja de una navaja le hace retroceder.

Todas las ventanillas de información parecen cerradas. Un ciego mastica una galleta. Dos borrachos, maricones, se consuelan uno al otro en un banco. Cerca una madre da el pecho a un bebé, lo que despierta algo espantoso en mi interior.

El zoológico parece vacío, desprovisto de vida. Los osos polares parecen sucios y drogados. Un cocodrilo flota lentamente en un aceitoso estanque artificial. Los frailecillos miran tristemente desde su jaula de cristal. Los tucanes tiene picos afilados como cuchillos. Las focas se tiran estúidamente desde unas rocas a una agua revuelta u negra, gritando estúpidamente. Los encargados del zoológico les dan de comer pescados muertos. Una multitud se aolpa alrededor del estanque, por lo general adultos, unos cuantos acompañados de niños. En el estanque de las focas una placa advierte: LAS MONEDAS PUEDEN MATARLAS SI LAS TRAGAN, LAS MONEDAS PUEDEN IR AL ESTÓMAGO DE LOS ANIMALES Y PROVOCAR ÚLCERAS, INFECCIONES Y LA MUERTE, NO LANCEN MONEDAS AL ESTANQUE. ¿Qué podía hacer yo? Lanzo un puñado de monedas al depósito cuando no mira ninguno de los encargados del zoológico. Y no es que odie a las focas, lo que me molesta es que la gente se divierta con ellas. La lechuza blanca tiene unos ojos idénticos a los míos, especialmente cuando los pone en blanco. Y mientras me quedo allí, mirándola fijamente, después de quitarme las fagas, pasa algo inexpresable entre yo y el ave, hay una especie de extraña tensión, una rara presión, que alimenta lo que sigue, lo que empieza, sucede, termina, con muchísima rapidez.

 

Del capítulo ASPEN.

En el aeropuerto le ordeno al chófer que se detenga en F.A.O. Schwarz antes de recoger a Jeannette y le compré lo siguiente: una muñeca, un sonajero, un chupete, un oso polar, y lo dejé todo en el asiento trasero, sin envolver. Jeannette se encontrará bien –tiene toda la vida por delante (esto es, si no se tropieza conmigo)- Además, la película favorita de esta chica es La chica de Rosa y cree que Sting está muy bien, de modo que lo que le ha pasado en parte se lo tiene merecido y uno no debe lamentarse por ello. En estos tiempos no hay sitio para los inocentes.

 

 

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