CucharaSaturada

Artículo del mes: Septiembre

BREVES FRAGMENTOS DE LIBROS.  NAVEGACIÓN

   Por AUTORES (alfabético).

 

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 Let C

 

Caamaño, Luis.  Saber y ganar, el día de Freddy Mercury (entrada 5ª)   "El Buda lógico"

 

       ... Mi conductor es un andaluz, uno de tantos emigrados a Barcelona en la década de los setenta del siglo XX, ahuyentado por el simbólico pan y cuchillo y el vaticinio certero de un futuro de sequías, moscas, dominó, misa social los domingos, aguardiente turbia y el fresco vespertino de una silla de enea a la puerta de una casa encalada e inexistente para el mundo; huido de verse sentado en ella a horcajadas, con los brazos apoyados en su respaldo, con la misma mirada de todos aquellos que se entregan a la nostalgia de lo que definitivamente no vivieron ni podrán vivir ya, al ritmo planetario de soles para chicharras, lunas grandes para enajenados y atardeceres marcados por el ritmo de los giros hipnóticos de los vencejos alrededor de una torre... -

  Leer entrada 5ª: BarcelonaVistas

 

 

Caballero Bonald, José Manuel,  Agata ojo de gato:     

 

             ... En llegando al paraje donde se aposentara la tropa de los erráticos condes Jeremías y Nepomuceno, no vio Manuela otra cosa que el redondo y translúcido fanal del páramo, asediado por las polvorientas candelas del levante y como sumido en lo más tenso de esa resistencia a la soledad que persiste en los lugares repentinamente deshabitados. Vacío Manuela el azogue de su mirada de ágata por aquella estéril representación de todo lo maltrecho y frustrado que almacenaba en su memoria y fue inspeccionando sin saber para qué las señas de los nómadas, los restos de un enigma llegado de la otra parte del mundo y comidos ahora por perros fantasmales y pájaros levantados antes que la luz a instancias del irreconocible tufo que expandían las basuras

 

            El tiempo no había dejado de devolver sus despojos con la misma impasible contumacia con que devuelve el mar un cadáver…. 

 

 Acceso al comienzo: AgataOjodeGato

 

 

Cadalso, José.     Cartas marruecas: 

 

                   CARTA XIII   de GAZEL A BEN-BELEY

                - ... Instando a mi amigo cristiano a que me explicase qué es nobleza hereditaria, después de decirme mil cosas que yo no entendí, mostrarme estampas que me parecieron de mágica, y figuras que tuve por capricho de algún pintor demente, y después de reírse conmigo de muchas cosas que decía ser muy respetables en el mundo, concluyó con estas voces, interrumpidas con otras tantas carcajadas de risa: «Nobleza hereditaria es la vanidad que yo fundo en que, ochocientos años antes de mi nacimiento, muriese uno que se llamó como yo me llamo, y fue hombre de provecho, aunque yo sea inútil para todo».

 

 

                De la CARTA LXI   del MISMO AL MISMO

 - Creo que el carácter de algunos escritores europeos (hablo de los clásicos de cada nación) es el siguiente: los españoles escriben la mitad de lo que imaginan; los franceses más de lo que piensan, por la calidad de su estilo; los alemanes lo dicen todo, pero de manera que la mitad no se les entiende; los ingleses escriben para sí solos.

Acceso a fragmentos:      CartasMarruecas

 

 

Calvino, Italo.  La ciudades invisibles.:

 

      El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.

 

Acceso a los fragmentos:      LasCiudadesInvisibles   o al final..:   LasCiudadesInvisibles

 

 

CarpentierAlejo.  El reino de este mundo.: 

 

                - ... Se sintió viejo de siglos incontables. Un cansancio cósmico, de planeta cargado de piedras, caía sobre sus hombros descarnados por tantos golpes, sudores y rebeldías.  Tí Noel había gastado su herencia y, a pesar de haber llegado a la última miseria, dejaba la misma herencia recibida. Era un cuerpo de carne transcurrida. Y comprendía, ahora, que el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es...

 

 Leer final :     ElReinodeesteMundo

 

 

Carver, Raymond. Catedral  (de Catedral):

 

         - ... El novio de Connie anunció que iba a dar un premio. Consistía en el ofrecimiento de sus servicios jurídicos, sin honorarios, para llevar un caso de divorcio. El de cualquiera. El que estuviera dispuesto, tenía que sacar una tarjeta de una ensaladera que él iría pasando. Cuando el recipiente llegó hasta nosostros, todo el mundo se echó a reir. Harley y yo nos miramos. No saqué tarjeta alguna. Harley tampoco. Pero le vi mirar a la ensaladera, al montón de tarjetas. Luego movió la cabeza y pasó el recipiente a la persona que estaba a su lado. Incluso Spuds y la nueva señora Cobb sacaron tarjetas. La ganadora tenía algo escrito al dorso. «El portador tieene derecho a un divolcio inapelable y gratuito», la fecha y la firma del abogado. El abogado estaba borracho, pero yo digo que ésa no es manera de comportarse en la vida. Menos nosotros, todo el mundo había metido la mano en la ensaladera, como si fuera algo divertido. La mujer que sacó la tarjeta ganadora aplaudió. Era como un concurso de televisión.

         - ¡Maldita sea, ésta es la primera vez que gano algo en la vida!

        Me dijeron que su marido era militar. No hay manera de saber si lo sigue teniendo o consiguió el divorcio, porque Connie Nova se relacionó con un grupo diferente de amigos después de que el abogado y ella se fueran cada uno por su lado.

        Abandonamos la fiesta inmediatamente después del sorteo. Estábamos tan impresionados que apenas podíamos hablar, hasta que uno de los dos digo:

        - No me creo que he visto lo que creo que he visto.

       Quizá fuera yo.

 

Leer fragmentos:     CatedralCarver

 

 

 

 Carver, Raymond. Catedral  (de La Brida):

 

        - Recordé haber leído en algún sitio que los ciegos no fuman porque, según dicen, no pueden ver el humo que exhalan. Creí que al menos sabía eso de los ciegos. Per este ciego en particular fumaba el cigarrillo hasta el filtro y luego encendía otro. Llenó el cenicero y mi mujer lo vació...  

 

      ... La televisión mostró una catedral. Luego hubo un plano largo y lento de otra... A veces... dejando simplemente que el objetivo se moviera en torno a las catedrales. O bien la cámara daba una vuelta por el campo y aparecía un hombre caminando detrás de los bueyes. Esperé cuanto pude. Luego me sentí obligado a decir algo: 

 

      - Ahora aparece el exterior de esa catedral. Gárgolas. Pequeñas estatuas en forma de monstruos... 

 

     - ¿Son pinturas al fresco, muchacho? -me preguntó, dando un sorbo a su copa... 

 

    ... La cámara enfocó una catedral a las afueras de Lisboa, Comparada con la francesa y la italiana, la portuguesa no mostraba grandes diferencias. Pero existían. Sobre todo en el interior. Entonces se me ocurrió algo. 

 

     - Se me acaba de ocurrir algo. ¿Tiene usted idea de lo que es una catedral? ¿El aspecto que tiene, quiero decir? ¿Me sigue? Si alguien le dice la palabra catedral, ¿sabe usted de qué le hablan? ¿Conoce usted la diferencia entre una catedral y una iglesia baptista, por ejemplo? 

 

      Dejó que el humo se escapara despacio de su boca... 

 

 

 

Carver, RaymonTres rosas amarillas: 

 

            - Cuando por fin le contesta­ron, pidió que subieran una botella del mejor cham­paña que hubiera en la casa. «¿Cuántas copas?», preguntó el empleado. «¡Tres copas!», gritó el mé­dico en el micrófono. «Y dése prisa, ¿me oye?» Fue uno de esos excepcionales momentos de inspiración que luego tienden a olvidarse fácilmente, pues la acción es tan apropiada al instante que parece ine­vitable.

 

     Leer cuento integro:   TresRosasAmarillas

 

 

Céline, Louis-Ferdinand.  Viaje al fin de la noche: 

 

         -… Al menos el norte conserva las carnes; la gente del norte es pálida de una vez para siempre. Entre un sueco muerto y un joven que ha dormido mal, poca diferencia hay. Pero el colonial está ya cubierto de gusanos un día después de desembarcar. Los esperaban impacientes, esas vermes infinitamente laboriosas, y no los soltarían hasta mucho después de haber cruzado el límite de la vida. Sacos de larvas.

 

          - … No cesaba, por miedo a equivocarme, en mi admiración patriótica y pedía una y mil veces a aquellos héroes, por turno, historias y más historias de bravura colonial. Son como los chistes verdes, las historias de bravura, siempre gustan a todos los militares de todos los países. Lo que hace falta, en el fondo, para llegar a una especie de paz con los hombres, oficiales o no, armisticios frágiles, desde luego, pero aun así preciosos, es permitirles en todas las circunstancias tenderse, repantigarse entre las jactancias necias. No hay vanidad inteligente. Es un instinto. Tampoco hay hombre que nos sea ante todo vanidoso. El papel de panoli admirativo es prácticamente el único en que se toleran con algo de gusto los humanos. Con aquellos soldados no tenía que hacer excesos de imaginación. Bastaba con que no cesara de mostrarme maravillado.

 

             - ...  Durante la juventud, a las indiferencias más áridas, a las granujadas más cínicas, llegas a encontrarles excu­sas de chifladuras pasionales y también qué sé yo qué sig­nos de romanticismo inexperto. Pero, más adelante, cuando la vida te ha demostrado de sobra la cantidad de cautela, crueldad y malicia que exige simplemente para mantenerla bien que mal, a 37o, te das cuenta, te empapas, estás en condiciones de comprender todas las guarradas que contiene un pasado. Basta con que te contemples es­crupulosamente a ti mismo y lo que has llegado a ser en punto a inmundicia. No queda misterio ni bobería, te has jalado toda la poesía por haber vivido hasta entonces. Un tango, la vida.

 

            - ...  No nos hablaban de sus tesoros mentales, los aliena­dos, sino con infinidad de contorsiones espantadas o ai­res condescendientes y protectores, al modo de adminis­tradores meticulosos y prepotentes. Ni por un imperio se habría podido sacarlos de sus cabezas. Un loco no es sino las ideas corrientes de un hombre pero bien encerradas en una cabeza. El mundo no pasa a través de su cabeza y se acabó. Se vuelve como un lago sin ribera, una cabeza cerrada, una infección.

 

      Leer fragmentos:    ViajeAlFinDeLaNoche

 

 

 

Cercas, Javier, Soldados de Salamina: 

 

                - Tres cosas acababan de ocurrirme por entonces: la primera es que mi padre había muerto; la segunda es que mi mujer me había abandonado; la tercera es que yo había abandonado mi carrera de escritor. Miento. La verdad es que, de esas tres cosas, las dos primeras son exactas, exactísimo, no así la tercera. En realidad mi carrera de escritor no había acabado de arrancar nunca, así que difícilmente podía abandonarla...

 

   Leer final:                 SoldadosSalamina

 

 

 

Chacel, Rosa. Alcancía. Vuelta

 

           - Los vencejos... y a veces parece que se persiguen, que va uno detrás de otro, pero no: es que van los dos a alcanzar el mismo mosquito.

 

           - ... Antonioni es el único capaz de fotograficar el silencio...

 

           - ,,, ¿Por qué aquel resabio dostoievskiano de repugnarme lo definitivo?...

 

           - Si mi carreta literaria... y diese algún resultado económico, afrontaría el bochorno porque, después de todo, creo que no tengo derecho a negarme tan en redondo a la prostitución. Bueno yo no lo creo, pero lo creen...

 

 

 

 

Chaves Nogales, Manuel.  A sangre y fuego (¡Masacre, masacre!): 

 

                - El general Mola había dicho por radio que sobre Madrid avanzaban cuatro columnas de fuerzas nacionalistas, pero que además contaba con una "quinta columna" en Madrid mismo, que sería la que más eficazmente contribuiría a la conquista de la capital. Pocas veces una simple frase ha costado más vidas. Cada vez que a los milicianos se les presentaba un caso de duda, cuando no había pruebas concretas contra un sospechoso, o cuando el inculpado creía que había desbaratado los cargos que se le hacían, el recuerdo de la amenaza de Mola fallaba en su daño y "por si era de la quinta columna" se votaba invariablemente por la prisión o el fusilamiento.

 

                  Ha sido la frase más cara que se ha dicho en España.

 

  Leer fragmentos:   ASangreYFuego

 

 

 

 

Chesterton, G.K.  La sagacidad del padre Brown:

 

           - Y, sin embargo, por más alto que subieran, el desierto seguía en flor, como la rosa.

 


Coetzee, J.M. La edad de hierro:

 

          -  …Hades, el infierno: el dominio de las ideas. ¿Por qué han tenido que inventar la idea de que el infierno sea un lugar solitario en medio de la Antártica o en el fondo de un volcán? ¿Por qué no puede estar el infierno a los pies de África y por qué las criaturas del infierno no pueden caminar entre los vivos?

 

         - … Perdóname si la imagen te ofende. Uno tiene que amar lo que tiene más cerca. Uno tiene que amar lo que tiene a mano, que es como aman los perros.

 

  Leer fragmentos:   LaEdadDeHierro

 

 

 

Conrad, Joseph. El corazón de las tinieblas:

 

          -  … No, es imposible; es imposible comunicar la sensación de vida de una época determinada de la propia existencia, lo que constituye su verdad, su sentido, su sutil y penetrante esencia. Es imposible. Vivimos como soñamos… solos… 

 

 

         -  ... El destino. ¡Mi destino! ¡Es curiosa la vida… ese misterioso arreglo de lógica implacable con propósitos fútiles! Lo más que de ella se puede esperar es cierto conocimiento de uno mismo… que llega demasiado tarde… una cosecha de inextinguibles remordimientos. He luchado a brazo partido con la muerte. Es la contienda menos estimulante que podéis imaginar. Tiene lugar en un gris impalpable, sin nada bajo los pies, sin nada alrededor, sin espectadores, sin clamor, sin gloria, sin un gran deseo de victoria, sin un gran temor a la derrota, en una atmósfera enfermiza de tibio escepticismo, sin demasiada fe en los propios derechos, y aún menos en los del adversario. Si tal es la forma de la última sabiduría, la vida es un enigma mayor de lo que alguno de nosotros piensa. Me hallaba a un paso de aquel trance y sin embargo descubrí, con humillación, que no tenía nada que decir… 

 

Leer fragmentos:    ElCorazonDeLasTinieblas

 

 

Cortázar, Julio.  (Cita en "Del cuento breve y sus alrededores"):           

  

         ... "Este tipo de cuentos que abruma las antologías del género recuerda la receta de Edward Lear para fabricar un pastel cuyo glorioso nombre he olvidado: Se toma un cerdo, se lo ata a una estaca y se le pega violentamente, mientras por otra parte se prepara con diversos ingredientes una masa cuya cocción sólo se interrumpe para seguir apaleando al cerdo. Si al cabo de tres días no se ha logrado que la masa y el cerdo formen un todo homogéneo, puede considerarse que el pastel es un fracaso, por lo cual se soltará al cerdo y se tirará la masa a la basura. Que es precisamente lo que hacemos con los cuentos donde no hay ósmosis, donde lo fantástico y lo habitual se yuxtaponen sin que nazca el pastel que esperábamos saborear estremecidamente."

 Leer completo:  http://www.fragmentosdelibros.com/index.php/secciones/aprender-a-escribir/96-fragmentos-de-libros/secciones/aprender-a-escribir/386-del-cuento-breve-y-sus-alrededores.html

 

Cortázar, Julio.  Rayuela. Comienzo:

 

           - ... Poner al día, vaya expresión. Hacer. Hacer algo, hacer el bien, hacer pis, hacer tiempo, la acción en todas sus barajas. Pero detrás de toda acción había una protesta, porque todo hacer significaba salir de para llegar a, o mover algo para que estuviera aquí y no allí, o entrar en esa casa en vez de no entrar o entrar en la de al lado, es decir que en todo acto había la admisión de una carencia, de algo no hecho todavía y que era posible hacer, la protesta tácita frente a la continua evidencia de la falta, de la merma, de la parvedad del presente.

 

 Leer comienzo:    Rayuela

 

 

 

 

 

 

 

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