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Artículo del mes: Septiembre

BREVES FRAGMENTOS DE LIBROS.  NAVEGACIÓN

   Por AUTORES (alfabético).

 

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 Let H

 

Hemingway, Ernest.    (Adios a la armas):

 

... Tal vez ya estuviera ahogado. ¡Pobre pequeño! ¡Cómo hubiera querido que me ahogaran así! ¡No! Y no obstante, la muerte me evitaría así tener que pasar este momento dolo­roso. Ahora moriría Catherine. Siempre ocurre así. Se muere. No se sabe nada. Nunca se llega a tiempo para saber. Te empujan al juego. Te enseñan las re­glas y, a la primera falta, te matan. O te matan sin motivo, como a Aymo. O bien atrapas la sífilis, como Rinaldi. Pero siempre acaban matándote. Con esto hay que contar. Un poco de paciencia y te llegará el turno.

 

 

Un día, en el campo, tiré al fuego un tronco lleno de hormigas. Cuando empezó a arder, las hormigas se trastornaron y se precipitaron primero hacia el centro, donde había fuego; luego, dando media vuel­ta, corrieron al otro extremo. Cuando estuvieron todas allí, cayeron al fuego. Algunas escaparon, con el cuerpo quemado y chafado, y huyeron sin saber dón­de iban. Pero la mayoría corrió hacia el fuego, luego hacia la extremidad fría, donde se amontonaron para caer finalmente al fuego. Me acuerdo que me imaginé que era el fin del mundo y una ocasión única para hacer el papel de Mesías, retirando el tronco del fuego y echándolo a cualquier parte donde las hor­migas pudieran huir hacia tierra. Pero me contenté con rociar el tronco con el agua de un vaso, que una vez vacío me sirvió para preparar un whisky con agua. Me parece que este vaso de agua sobre el tron­co sólo sirvió para recalentar a las hormigas.

 

 

 Acceso al final de "Adios a las armas":  AdiosALasArmas

 

 

 Homero.    (La Odisea):

 

Espero que me relates, ¡oh Musa! las aventuras de aquel esforzado varón de ingenioso espíritu que después de destruir la sagrada Troya, anduvo errante muchos años por diversos países, en los que pudo estudiar las costumbres de quienes en ellos vivía; y que tantos trabajos sufrió navegando por toda la anchura del mar, en lucha constante para salvar la vida de sus compañeros y regresar felizmente a la patria. Mas todo cuanto hizo fue inútil. Todos cometieron muchas locuras y perecieron a consecuencia de su insensatez. Hiperión, el dios, padre del Sol, irritado porque los aventureros cometieron la impiedad de comerse las vacas de su hijo, los castigó no consintiendo que amaneciese para ellos el día de regresar. ¡Oh diosa, hija de Júpiter! Cuéntanos tan prodigiosas aventuras, o bien, aunque no sea más que una parte de ellas...

 

Acceso al comienzo de "La Odisea":  LaOdisea

 

 

                                                        

    ¿Y ahora, adónde vamos?

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