BREVES FRAGMENTOS DE LIBROS

PompaContraCielo

     En fragmentos de libros no somos muy amigos de las frases, citas, sentencias o aforismos, aunque, como a usted, haya muchos que nos gusten o incluso que nos hayan podido influir en cierto modo en el punto de vista o en la actitud para enfrentar algún avatar de nuestra vida.

    Lo que creemos es que esas sentencias breves las discurrió el autor con una necesidad precisa o en un momento de inspiración o catarsis personal y, posiblemente, fueron escritas en función de la mentalidad y las virtudes o defectos de su tiempo y, principalmente, de su clase social; aunque también sea cierto que algunas han quedado indelebles en nuestro consciente colectivo como una verdad universal.

    Lo que pasa es que esos aforismos suelen aparecer, desde nuestro punto de vista, casi siempre bien enmarcados, demasiado redondos y brillantes y quizás partiendo con alguna ventaja sobre nosotros como mortales, desorientados y frágiles que somos, deseosos de una guía o certeza que nos acompañe serenos y esperanzados hasta nuestro último día. Creo que fue en algún libro de Trapiello donde leí: "Desconfío de toda verdad que quepa en una pancarta, por principio". Era algo así, aunque quizás él se refería algo más a las proclamas que a los aforismos aunque, también sobre ellos, tiene mucho escrito en sus diarios.

   Entonces, dirá usted con todas las de la ley, ¿por qué ponen ustedes aforismos en este sitio? Pues por muy buenas razones. Porque no van a ser, generalmente, aforismos, sino breves fragmentos de libros, porque creemos que en una página como esta no pueden faltar, porque se leen bien, porque también hacen reflexionar y, principalmente, porque a usted le gustan. Aunque nos proponemos que sean, como los cuentos que se encuentran en otro lugar de fragmentos de libros, muy selectos y poco oídos por ahí. Y tenga usted la completa certeza que han sido leídos, escogidos y transcritos por nosotros.. no los encontrará, así, en otro lugar que no sea en el texto del autor o por pura coincidencia. Que lo disfrute.

 

  ÍNDICE ALFABÉTICO POR AUTORES.

 ___________________________________________________________________________________________________

                          B    C        G         K         N            S     T                             

 

Let A

Aira, César. Cecil Taylor:        

         - Los malos augurios tienen el nacarado de una perfección; los buenos, levantan el mundo en las manos y se lo ofrecen a los astros. La Reina de la Noche, en una palabra, canta de día.

        - La señora Vanderbilt, por otro lado, participaba de una famosa anécdota, que citaban casi todos los libros de psicología escritos en los últimos años. En cierta ocasión había querido amenizar una cena con música de violín. Preguntó quién era el mejor violinista del mundo: ¿qué menos podía pagar, ella? Fritz Kreislerle dijeron. Lo llamó por teléfono. No doy conciertos privados, dijo él: mis honorarios son demasiado altos. Eso no es problema, respondió la señora: ¿cuánto? Diez mil dólaresDe acuerdo, lo espero esta noche. Pero hay un detalle más, señor Kreisler: usted cenará en la cocina con la servidumbre, y no deberá alternar con mis invitados. En ese caso, dijo él, mis honorarios son otros. Ningún problema; ¿cuánto? Dos mil dólares, respondió el violinista. 

Leer cuento completo: cecil-taylor

 

Anónimo. Una pregunta escrita en un muro (En Madrid):

          - ¿Hay vida antes de la muerte?

 

Anónimo. En una hoja suelta encontrada en una acera. Parecía el diario de un niño (en Madrid):

          - Hoy mi mama me ha regañado por no saber el dinero.

          - Hoy me han regañado mucho y encima me ha mordido un gato.

 

Askildsen, Kjell.    (Los perros de Tesalónica):

          - … ¿Y qué?, preguntó ella. No, nada, contesté. Ah bueno, dijo ella, no creo que eso te preocupe mucho, porque una mentira suele llevar a otra. No es lo que crees, dije. ¿Qué sabes tú de lo que yo creo?, dijo. Dime lo que piensas que yo creo. No contesté. Recogió el resto de las cosas de la mesa con movimientos bruscos, luego dijo: Dime, ¿fue en un momento de fortaleza o de debilidad cuando desmentiste lo de William? No contesté. Ella se fue. Pensé: Que se joda.

Al cabo de un rato me levanté, pasé por delante de los frambuesos y fui al único lugar del jardín en el que no te pueden ver desde la casa. No había encontrado respuesta a su última pregunta. Me senté en el tocón del gran abedul enfermo que habíamos talado hacía cuatro años y permanecí allí sentado, mirando hacia el seto de cipreses que daba al atajo; a través de un hueco pude ver el travesaño roto de la valla que Eli aún no había descubierto, y que yo aún no me había decidido a reparar, y de repente se me ocurrió que mis disimulos y mentiras constituían una condición para mi libertad, y que mi confesión en el coche había expresado una indiferencia condicionada por la situación que nada tenía que ver con la sinceridad.

    Me levanté, ligeramente eufórico por esta precisión, y volví a la mesa del jardín. La puerta de la terraza estaba abierta…

   Leer fragmentos: LosPerrosDeTesalónica

 

Atxaga, Bernardo. ¿?    (Escrito en una taza que me regalaron):

          - El vuelo duró ocho horas, y la niña pequeña se durmió nada más llegar al hotel. No así su hermana mayor, de cinco años. Parecía preocupada.«Ha ocurrido algo raro -explicó-. Tanto tiempo viajando por el cielo y no he visto a las personas». Le preguntamos a qué personas se refería. «A las que están muertas», dijo.

 

B

Berlanga, Andrés. La gaznápira:

           - Te gustaría rescatarlos, hacer que otros muchos los conozcan y los quieran: vas a escribir su historia verdadera, aunque no sepas para quien. Te bastaría con que, cuando tú no existas, uno solo de los miles de nacidos en este mismo segundo se acercara de tu mano hasta Monchel; para él alumbrarás penumbras y pulirás palabras, apartarás las telarañas de tu memoria, donde los recuerdos y lo que imaginas andan atrapados y fundidos; perseguirás aquellos años...

  

Bernanos, George, Los grandes cementerios bajo la luna:

             - En todos los hombres hay una enorme capacidad de resignación, el hombre es resignado por naturaleza. Por eso dura. Porque, bien pensado, de otro modo el animal lógico no habría soportado ser el juguete de las cosas. Hace milenios que el último de ellos se habría roto la cabeza contra los muros de su cueva, maldiciendo su suerte. 

 Bernanos, George, Los grandes cementerios bajo la luna (Del prefacio):

             - Sólo creo en lo que me cuesta. Si algo aceptable hice en la vida, al principio me pareció inútil, inútil hasta la ridiculez, inútil hasta la aversión. El demonio de mi corazón se llama «¿para qué?»

  Leer fragmentos: los-grandes-cementerios-bajo-la-luna

 

Bioy Casares, La invención de Morel: 

                - «creo que perdemos la inmortalidad porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado; sus perfeccionamientos insisten en la primera idea, rudimentaria: retener vivo todo el cuerpo. Solo habría que buscar la conservación de lo que interesa a la conciencia.»

  Leer comienzo:   LaInvencionDeMorel

 

Borchert, Wolfgang,  Un andar solitario:

- Érase una vez dos personas.
  Cuando tenían dos años, se pegaban con las manos.
  Cuando tenían doce, se pegaban con palos y se tiraban piedras.
  Cuando tenían veintidós, se disparaban con fusiles.
  Cuando tenían cuarenta y dos, se lanzaban bombas.
  Cuando tenían sesenta y dos, utilizaban bacterias.
  Cuando tenían ochenta y dos, se murieron. Fueron enterrados uno al lado del otro.
  Cuando, cientos de años después, una lombriz se abrió camino comiendo entre sus tumbas, no se dio cuenta de que allí estaban enterradas dos personas distintas. Era la misma tierra.     Todo era la misma tierra.

  

Bradbury, Ray, Fahrenheit 451: 

                - «No importa lo que hagas -decía-, en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ellos tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí, el jardinero estará allí para siempre.»

            - Proseguimos impertérritos insultando a los muertos. Proseguimos escupiendo sobre las tumbas de todos los pobres que habían muerto antes que nosotros. Durante la próxima semana, el próximo mes y el próximo año vamos a conocer a mucha gente solitaria. Y cuando nos pregunten lo que hacemos, podemos decir: «Estamos recordando.» Ahí es donde venceremos a la larga. Y, algún día, recordaremos tanto, que construiremos la mayor pala mecánica de la Historia, con la que excavaremos la sepultura mayor de todos los tiempos, donde meteremos la guerra y la enterraremos. Vamos, ahora. Ante todo, deberemos construir una fábrica de espejos, y durante el próximo año, sólo fabricaremos espejos y nos miraremos prolongadamente en ellos.   

    Leer final:    Fahrenheit451 

 

Bukowski, Charles  Factotum: 

         -  Tenía una maleta de cartón que se estaba cayendo a pedazos. En otros tiempos había sido negra, pero la cu­bierta negra se había pelado y el cartón amarillo había quedado al descubierto. Había tratado de arreglarlo cu­briendo el cartón con betún negro. Mientras caminaba bajo la lluvia, el betún de la maleta se iba corriendo y sin darme cuenta me iba pintando rayas negras en ambas per­neras del pantalón al cambiarme la maleta de una mano a otra.

          - Me acordé de cómo mi padre solía volver a casa cada noche y hablaba a mi madre de su trabajo. La murga del trabajo empezaba nada más cruzar la puerta, continuaba en la mesa de la cena y acababa en la cama cuando daba el grito de «¡Luces fuera!» a las 8 de la tarde, de modo que él pudiera descansar y recobrar fuerzas para el trabajo que le esperaba al día siguiente. No había otro tema en su vida a excepción del trabajo.

          - Fue entonces cuando aprendí que no es suficiente con hacer tu trabajo, sino que además tienes que mostrar un interés por él, una pasión incluso.

   Leer comienzo:   Factotum

 

Burgess, Anthony  La naranja mecánica: 

          - Sí sí sí, eso era. La juventud tiene que pasar, ah, sí. Pero en cierto modo ser joven es como ser un animal. No, no es tanto ser un animal sino uno de esos muñecos malencos que venden en las calles, pequeños chelovecos de hojalata con un resorte dentro y una llave para darles cuerda fuera, y les das cuerda grr grr grr y ellos itean como si caminaran, oh hermanos míos. Pero itean en línea recta y tropizan contra las cosas bang bang y no pueden evitar hacer lo que hacen. Ser joven es como ser una de esas malencas máquinas.

 Leer final:      naranja-mecanica

C 

Caamaño, Luis.  Saber y ganar, el día de Freddy Mercury (entrada 5ª)   "El Buda lógico": 

                - Mi conductor es un andaluz, uno de tantos emigrados a Barcelona en la década de los setenta del siglo XX, ahuyentado por el simbólico pan y cuchillo y el vaticinio certero de un futuro de sequías, moscas, dominó, misa social los domingos, aguardiente turbia y el fresco vespertino de una silla de enea a la puerta de una casa encalada e inexistente para el mundo; huido de verse sentado en ella a horcajadas, con los brazos apoyados en su respaldo, con la misma mirada de todos aquellos que se entregan a la nostalgia de lo que definitivamente no vivieron ni podrán vivir ya, al ritmo planetario de soles para chicharras, lunas grandes para enajenados y atardeceres marcados por el ritmo de los giros hipnóticos de los vencejos alrededor de una torre...

  Leer entrada 5ª: BarcelonaVistas

 

Caballero Bonald, José Manuel,  Agata ojo de gato:     

            - En llegando al paraje donde se aposentara la tropa de los erráticos condes Jeremías y Nepomuceno, no vio Manuela otra cosa que el redondo y translúcido fanal del páramo, asediado por las polvorientas candelas del levante y como sumido en lo más tenso de esa resistencia a la soledad que persiste en los lugares repentinamente deshabitados. Vacío Manuela el azogue de su mirada de ágata por aquella estéril representación de todo lo maltrecho y frustrado que almacenaba en su memoria y fue inspeccionando sin saber para qué las señas de los nómadas, los restos de un enigma llegado de la otra parte del mundo y comidos ahora por perros fantasmales y pájaros levantados antes que la luz a instancias del irreconocible tufo que expandían las basuras.

             - El tiempo no había dejado de devolver sus despojos con la misma impasible contumacia con que devuelve el mar un cadáver…

 Leer comienzo: AgataOjodeGato

 

Cadalso, José.     Cartas marruecas: 

                   CARTA XIII   de GAZEL A BEN-BELEY

                - ... Instando a mi amigo cristiano a que me explicase qué es nobleza hereditaria, después de decirme mil cosas que yo no entendí, mostrarme estampas que me parecieron de mágica, y figuras que tuve por capricho de algún pintor demente, y después de reírse conmigo de muchas cosas que decía ser muy respetables en el mundo, concluyó con estas voces, interrumpidas con otras tantas carcajadas de risa: «Nobleza hereditaria es la vanidad que yo fundo en que, ochocientos años antes de mi nacimiento, muriese uno que se llamó como yo me llamo, y fue hombre de provecho, aunque yo sea inútil para todo».

                 De la CARTA LXI   del MISMO AL MISMO

           - Creo que el carácter de algunos escritores europeos (hablo de los clásicos de cada nación) es el siguiente: los españoles escriben la mitad de lo que imaginan; los franceses más de lo que piensan, por la calidad de su estilo; los alemanes lo dicen todo, pero de manera que la mitad no se les entiende; los ingleses escriben para sí solos.

 Leer fragmentos:      CartasMarruecas

 

 

 

CarpentierAlejo.  El reino de este mundo.: 

                - ... Se sintió viejo de siglos incontables. Un cansancio cósmico, de planeta cargado de piedras, caía sobre sus hombros descarnados por tantos golpes, sudores y rebeldías.  Tí Noel había gastado su herencia y, a pesar de haber llegado a la última miseria, dejaba la misma herencia recibida. Era un cuerpo de carne transcurrida. Y comprendía, ahora, que el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es...

 Leer final :     ElReinodeesteMundo

 

Carver, Raymond. Catedral  (de Catedral):

         - ... El novio de Connie anunció que iba a dar un premio. Consistía en el ofrecimiento de sus servicios jurídicos, sin honorarios, para llevar un caso de divorcio. El de cualquiera. El que estuviera dispuesto, tenía que sacar una tarjeta de una ensaladera que él iría pasando. Cuando el recipiente llegó hasta nosostros, todo el mundo se echó a reir. Harley y yo nos miramos. No saqué tarjeta alguna. Harley tampoco. Pero le vi mirar a la ensaladera, al montón de tarjetas. Luego movió la cabeza y pasó el recipiente a la persona que estaba a su lado. Incluso Spuds y la nueva señora Cobb sacaron tarjetas. La ganadora tenía algo escrito al dorso. «El portador tieene derecho a un divolcio inapelable y gratuito», la fecha y la firma del abogado. El abogado estaba borracho, pero yo digo que ésa no es manera de comportarse en la vida. Menos nosotros, todo el mundo había metido la mano en la ensaladera, como si fuera algo divertido. La mujer que sacó la tarjeta ganadora aplaudió. Era como un concurso de televisión.

         - ¡Maldita sea, ésta es la primera vez que gano algo en la vida!

        Me dijeron que su marido era militar. No hay manera de saber si lo sigue teniendo o consiguió el divorcio, porque Connie Nova se relacionó con un grupo diferente de amigos después de que el abogado y ella se fueran cada uno por su lado.

        Abandonamos la fiesta inmediatamente después del sorteo. Estábamos tan impresionados que apenas podíamos hablar, hasta que uno de los dos digo:

        - No me creo que he visto lo que creo que he visto.

       Quizá fuera yo.

 Leer fragmentos:     CatedralCarver

 Carver, Raymond. Catedral  (de La Brida): 

        - Recordé haber leído en algún sitio que los ciegos no fuman porque, según dicen, no pueden ver el humo que exhalan. Creí que al menos sabía eso de los ciegos. Per este ciego en particular fumaba el cigarrillo hasta el filtro y luego encendía otro. Llenó el cenicero y mi mujer lo vació...  

      ... La televisión mostró una catedral. Luego hubo un plano largo y lento de otra... A veces... dejando simplemente que el objetivo se moviera en torno a las catedrales. O bien la cámara daba una vuelta por el campo y aparecía un hombre caminando detrás de los bueyes. Esperé cuanto pude. Luego me sentí obligado a decir algo: 

      - Ahora aparece el exterior de esa catedral. Gárgolas. Pequeñas estatuas en forma de monstruos... 

     - ¿Son pinturas al fresco, muchacho? -me preguntó, dando un sorbo a su copa... 

    ... La cámara enfocó una catedral a las afueras de Lisboa, Comparada con la francesa y la italiana, la portuguesa no mostraba grandes diferencias. Pero existían. Sobre todo en el interior. Entonces se me ocurrió algo. 

     - Se me acaba de ocurrir algo. ¿Tiene usted idea de lo que es una catedral? ¿El aspecto que tiene, quiero decir? ¿Me sigue? Si alguien le dice la palabra catedral, ¿sabe usted de qué le hablan? ¿Conoce usted la diferencia entre una catedral y una iglesia baptista, por ejemplo? 

      Dejó que el humo se escapara despacio de su boca... 

 

Carver, RaymonTres rosas amarillas: 

             - Cuando por fin le contesta­ron, pidió que subieran una botella del mejor cham­paña que hubiera en la casa. «¿Cuántas copas?», preguntó el empleado. «¡Tres copas!», gritó el mé­dico en el micrófono. «Y dése prisa, ¿me oye?» Fue uno de esos excepcionales momentos de inspiración que luego tienden a olvidarse fácilmente, pues la acción es tan apropiada al instante que parece ine­vitable.

 

Céline, Louis-Ferdinand.  Viaje al fin de la noche: 

         - … Al menos el norte conserva las carnes; la gente del norte es pálida de una vez para siempre. Entre un sueco muerto y un joven que ha dormido mal, poca diferencia hay. Pero el colonial está ya cubierto de gusanos un día después de desembarcar. Los esperaban impacientes, esas vermes infinitamente laboriosas, y no los soltarían hasta mucho después de haber cruzado el límite de la vida. Sacos de larvas.

          - … No cesaba, por miedo a equivocarme, en mi admiración patriótica y pedía una y mil veces a aquellos héroes, por turno, historias y más historias de bravura colonial. Son como los chistes verdes, las historias de bravura, siempre gustan a todos los militares de todos los países. Lo que hace falta, en el fondo, para llegar a una especie de paz con los hombres, oficiales o no, armisticios frágiles, desde luego, pero aun así preciosos, es permitirles en todas las circunstancias tenderse, repantigarse entre las jactancias necias. No hay vanidad inteligente. Es un instinto. Tampoco hay hombre que nos sea ante todo vanidoso. El papel de panoli admirativo es prácticamente el único en que se toleran con algo de gusto los humanos. Con aquellos soldados no tenía que hacer excesos de imaginación. Bastaba con que no cesara de mostrarme maravillado.

             - ...  Durante la juventud, a las indiferencias más áridas, a las granujadas más cínicas, llegas a encontrarles excu­sas de chifladuras pasionales y también qué sé yo qué sig­nos de romanticismo inexperto. Pero, más adelante, cuando la vida te ha demostrado de sobra la cantidad de cautela, crueldad y malicia que exige simplemente para mantenerla bien que mal, a 37o, te das cuenta, te empapas, estás en condiciones de comprender todas las guarradas que contiene un pasado. Basta con que te contemples es­crupulosamente a ti mismo y lo que has llegado a ser en punto a inmundicia. No queda misterio ni bobería, te has jalado toda la poesía por haber vivido hasta entonces. Un tango, la vida.

            - ...  No nos hablaban de sus tesoros mentales, los aliena­dos, sino con infinidad de contorsiones espantadas o ai­res condescendientes y protectores, al modo de adminis­tradores meticulosos y prepotentes. Ni por un imperio se habría podido sacarlos de sus cabezas. Un loco no es sino las ideas corrientes de un hombre pero bien encerradas en una cabeza. El mundo no pasa a través de su cabeza y se acabó. Se vuelve como un lago sin ribera, una cabeza cerrada, una infección.

      Leer fragmentos:    ViajeAlFinDeLaNoche

 

Cercas, Javier, Soldados de Salamina: 

                - Tres cosas acababan de ocurrirme por entonces: la primera es que mi padre había muerto; la segunda es que mi mujer me había abandonado; la tercera es que yo había abandonado mi carrera de escritor. Miento. La verdad es que, de esas tres cosas, las dos primeras son exactas, exactísimo, no así la tercera. En realidad mi carrera de escritor no había acabado de arrancar nunca, así que difícilmente podía abandonarla...

   Leer final:                 SoldadosSalamina

 

Chacel, Rosa. Alcancía. Vuelta

           - Los vencejos... y a veces parece que se persiguen, que va uno detrás de otro, pero no: es que van los dos a alcanzar el mismo mosquito.

           - ... Antonioni es el único capaz de fotograficar el silencio...

           - ,,, ¿Por qué aquel resabio dostoievskiano de repugnarme lo definitivo?...

           - Si mi carreta literaria... y diese algún resultado económico, afrontaría el bochorno porque, después de todo, creo que no tengo derecho a negarme tan en redondo a la prostitución. Bueno yo no lo creo, pero lo creen...

 

Chaves Nogales, Manuel.  A sangre y fuego (¡Masacre, masacre!): 

                - El general Mola había dicho por radio que sobre Madrid avanzaban cuatro columnas de fuerzas nacionalistas, pero que además contaba con una "quinta columna" en Madrid mismo, que sería la que más eficazmente contribuiría a la conquista de la capital. Pocas veces una simple frase ha costado más vidas. Cada vez que a los milicianos se les presentaba un caso de duda, cuando no había pruebas concretas contra un sospechoso, o cuando el inculpado creía que había desbaratado los cargos que se le hacían, el recuerdo de la amenaza de Mola fallaba en su daño y "por si era de la quinta columna" se votaba invariablemente por la prisión o el fusilamiento.

                  Ha sido la frase más cara que se ha dicho en España.

  Leer fragmentos:   ASangreYFuego

 

Chesterton, G.K.  La sagacidad del padre Brown:

           - Y, sin embargo, por más alto que subieran, el desierto seguía en flor, como la rosa.

 

Coetzee, J.M. La edad de hierro:

          -  …Hades, el infierno: el dominio de las ideas. ¿Por qué han tenido que inventar la idea de que el infierno sea un lugar solitario en medio de la Antártica o en el fondo de un volcán? ¿Por qué no puede estar el infierno a los pies de África y por qué las criaturas del infierno no pueden caminar entre los vivos?

         - … Perdóname si la imagen te ofende. Uno tiene que amar lo que tiene más cerca. Uno tiene que amar lo que tiene a mano, que es como aman los perros.

   Leer fragmentos:   LaEdadDeHierro

 

Conrad, Joseph. El corazón de las tinieblas:

          -  … No, es imposible; es imposible comunicar la sensación de vida de una época determinada de la propia existencia, lo que constituye su verdad, su sentido, su sutil y penetrante esencia. Es imposible. Vivimos como soñamos… solos…

         -  ... El destino. ¡Mi destino! ¡Es curiosa la vida… ese misterioso arreglo de lógica implacable con propósitos fútiles! Lo más que de ella se puede esperar es cierto conocimiento de uno mismo… que llega demasiado tarde… una cosecha de inextinguibles remordimientos. He luchado a brazo partido con la muerte. Es la contienda menos estimulante que podéis imaginar. Tiene lugar en un gris impalpable, sin nada bajo los pies, sin nada alrededor, sin espectadores, sin clamor, sin gloria, sin un gran deseo de victoria, sin un gran temor a la derrota, en una atmósfera enfermiza de tibio escepticismo, sin demasiada fe en los propios derechos, y aún menos en los del adversario. Si tal es la forma de la última sabiduría, la vida es un enigma mayor de lo que alguno de nosotros piensa. Me hallaba a un paso de aquel trance y sin embargo descubrí, con humillación, que no tenía nada que decir…

Leer fragmentos:     ElCorazonDeLasTinieblas

 

Cortázar, Julio.  (Cita en "Del cuento breve y sus alrededores"):           

            -  Este tipo de cuentos que abruma las antologías del género recuerda la receta de Edward Lear para fabricar un pastel cuyo glorioso nombre he olvidado: Se toma un cerdo, se lo ata a una estaca y se le pega violentamente, mientras por otra parte se prepara con diversos ingredientes una masa cuya cocción sólo se interrumpe para seguir apaleando al cerdo. Si al cabo de tres días no se ha logrado que la masa y el cerdo formen un todo homogéneo, puede considerarse que el pastel es un fracaso, por lo cual se soltará al cerdo y se tirará la masa a la basura. Que es precisamente lo que hacemos con los cuentos donde no hay ósmosis, donde lo fantástico y lo habitual se yuxtaponen sin que nazca el pastel que esperábamos saborear estremecidamente.

 

D

Döblin, Alfred. Berlin Alexanderplatz

           - Aire helado, febrero. La gente lleva abrigo. El que tiene abrigo de piel, lo lleva, el que no lo tiene, no lo lleva. Las mujeres llevan medias delgadas y se pelan de frío, pero hace bonito. Los vagabundos se han escondido. Cuando haga calor, asomarán otra vez la nariz. Entretanto, se atizan dobre ración de aguardiente, pero qué aguardiente, ni un cadáver quisiera nadar en él.

     -  Se fuma a todo pasto, nubes de pilas, puros y pitillos que se elevan en el aire, llenando de niebla todo el inmenso local. El humo, cuando nota que hay demasiado humo, trata de escapar por arriba gracias a su poco peso, y encuentra efectivamente grietas, agujeros y ventiladores dispuestos a ayudarlo. Fuera, sin embargo, fuera es noche oscura, y hace frío. Entonces el humo lamenta su ligereza, se rebela contra su propia constitución, pero no puede volver atrás porque los ventiladores giran en un solo sentido. Demasiado tarde. Está cercado por las leyes de la Física. El humo no sabe lo que le pasa, se coge la frente pero no tiene frente, quiere pensar y no puede. El viento, el frío y la noche se apodera de él y no se le ve más…

 Leer fragmentos:   BerlínAlexanderplatz

 

Donoso, José. El lugar sin límites:

           - "Las cosas que terminan dan paz y las cosas que no cambian comienzan a concluirse, están siempre concluyéndose. Lo terrible es la esperanza".

 

 

Dos Passos, John.  Manhattan Transfer:    

 

      - Yo no sé por qué la gente tiene hijos. Es confesar la derrota. La procreación es una confesión de un organismo incompleto. La procreación es una confesión de la derrota.

    - El matrimonio no es tan gran cosa que digamos, ¿eh?

   - Usté lo ha dicho. Lo que le lleva a uno a él, bueno está, pero casarse es como despertar de una borrachera.

  

    - Ellie, yo no sé por qué es siempre tan difícil hablar claro de cualquier cosa... Siempre tengo que emborracharme para hablar claro... Oye, ¿tú me quieres todavía o no?

    - Ya sabes que te tengo mucho afecto y que siempre te lo tendré.

    - Quiero decir amor, tú sabes lo que quiero decir... -interrumpió ásperamente.

    - Yo creo que a nadie quiero mucho tiempo, exceptuando los muertos... Soy una criatura imposible. ¿Para qué hablar de ello?

 

 

Duras, Marguerite. El amante:

           - Empecé a escribir en un medio que predisponía exageradamente al pudor. Escribir para ellos aún era un acto moral. Escribir, ahora, se diría que la mayor parte de las veces ya no es nada. A veces sé eso: que desde el momento en que no es, confundiendo las cosas, ir en pos de la vanidad y el viento, escribir no es nada. .

 

Durrell, Lawrence.   Justine: 

            - En la gran calma de estas tardes de invierno hay un reloj: el mar. Su palpitación confusa que se prolonga en la mente es la fuga sobre la cual se compone este relato.

             - La pobreza excluye -decía Justine- y la riqueza aísla.

             - El cocktail-party, como su nombre indica, fue inventado por los perros. No es más que la costumbre de olisquearse el trasero, elevada a la categoría de ceremonia mundana.

             - ¿Acaso no depende todo de interpretar el silencio que nos rodea?.

     Leer comienzo:   Justine 

 

Durrell, Lawrence.   Balthazar:    

           Las preguntas que usted me hace, querida Clea, son las mismas que me hago a mí mismo. Tengo que aclararlas un poco antes de consagrarme al último volumen en el cual deseo sobre todo combinar, resolver y armonizar las tensiones creadas hasta ahora. Siento que quiero dar la nota… afirmativa –aunque no en los términos concretos de una filosofía o una religión-. Debería tener la curva de un abrazo, la universalidad de un código de enamorados. Debería dar a entender que el mundo en que vivimos se funda en algo demasiado sencillo para ser descrito como una ley cósmica, pero también tan fácil de captar como un acto de ternura, por ejemplo, de simple ternura como en las relaciones primitivas entre el animal y la planta, la lluvia y el suelo, la semilla y los árboles, el hombre y Dios. Una relación tan delicada que es destruida fácilmente por el espíritu de investigación y la conscience en el sentido francés que la palabra tiene, desde luego, sus derechos y su propio campo de acción. Me gustaría que mi obra fuera sencillamente una cuna donde la filosofía pudiera adormecerse chupándose el pulgar. ¿Qué le parece?

...

Pero todas esas ficciones viven como una proyección de la ciudad blanca cuyo cielo nacarado solo interrumpen en primavera los fustes cándidos de los minaretes y las bandadas de palomas que giran en nubes de plata y amatista; la ciudad en cuyo puerto las aguas de mármol negro reflejan los hocicos de los barcos de guerra que describen lentos arcos indicando los vientos dominantes, o absorben sus reflejos de tinta, tocándose, acumulándose como las lenguas, las sectas y las razas sobre las cuales ejercen una vigilancia inquieta; encarnación de la conciencia occidental cuyo símbolo de podría es el acero, esos cañones que predican, siniestros, contra el metal amarillo del lago, contra la ciudad que se abre como una rosa en el crepúsculo. 

 

F 

 Ford Madox, Ford.  El buen soldado: 

            -... Todos tenemos mucho miedo, todos estamos muy solos, todos estamos muy necesitados de alguna confirmación exterior de que merecemos existir.

         De manera que, durante algún tiempo, si tal pasión llega a consumarse, el hombre conseguirá lo que desea. Logrará el apoyo moral, el aliento, el alivio de la sensación de soledad, la seguridad de su propia valía. Pero estas cosas pasan; pasan tan inevitablemente como las sombras atraviesas los relojes de sol. Es triste, pero es así. Las páginas del libro se hacen familiares; hemos tomado demasiadas veces la curva más hermosa de la carretera. Bien; ésta es la historia más triste.

        Y sin embargo, creo firmemente que para cada hombre llega al fin una mujer..., pero no; ésa es la manera equivocada de formularlo. Para cada hombre llega al fin una época en la vida en que la mujer, al poner en ese momento su sello en la imaginación masculina, lo pone definitivamente. Ese hombre no viajará en busca de nuevos horizontes; nunca más se echará el macuto a la espalda; abandonará esos escenarios. se habrá retirado...

 

G

García Márquez, Gabriel . El amor en los tiempos del cólera:

           - Los idiomas hay que saberlos cuando uno va a vender algo -decía con risas de burla- Pero cuando uno va a comprar, todo el mundo le entiende como sea.

           "No creo en Dios, pero le tengo miedo".

           "El corazón tiene más cuartos que un hotel de putas".

 

Gardner, John . El Arte de la Ficción:

           - “Aunque aprender a escribir es algo que lleva tiempo y muchísima práctica y dedicación, escribir a la altura de los criterios ordinarios de este mundo es algo relativamente sencillo. De hecho, casi todos los libros que uno se encuentra en los grandes almacenes, en los quioscos e incluso en las bibliotecas de las ciudades pequeñas ni siquiera son libros bien escritos; en absoluto. Un chimpancé avispado que tuviera un buen profesor de Escritura Creativa, y al que de veras le gustara pasar el rato sentado delante de una máquina de escribir aporreando las teclas, podría haber escrito libros infinitamente más interesantes y, desde luego, más elegantes. La mayoría de los comportamientos adultos, cuando uno se para a pensarlo a fondo, son decididamente de segunda categoría. Casi nadie conduce bien, ni se leva las orejas bien, ni se alimenta bien, ni toca la armónica todo lo bien que podría si tuviera un mínimo de sensatez…”

 Leer comienzo:   ElArteFiccionGARDNER

 

Goitisolo, Juan    Makbara (Dedicatoria del libro): 

            - A quienes la inspiraron y no la leerán.

 Leer comienzo:   Makbara

 

González, Angel (poeta). Poemas.

      APOTEGMA

          No hay otra solución.

          Si de verdad amas a Eurídice,

          vete al infierno.

                        Y no regreses nunca.

 

Greene, Graham,  El tercer hombre:

             - Por primera vez, Rollo Martins miró atrás, a través de los años, sin admiración, mientras pensaba: «Nunca ha crecido». Los diablos de Marlowe llevaban petardos colgados en sus colas: el mal era como Peter Pan, conllevaba el don aterrador y horrible de la eterna juventud,

                                  El americano impasible:

      - La muerte es el único valor absoluto en el mundo. Basta perder la vida para no perder nunca más nada. Envidiaba a los que podían creer en Dios, y desconfiaba de ellos. Me parecía que trataban de mantener su valor con una fábula sobre lo inmutable y lo permanente. La muerte era mucho más cierta que Dios, y con la muerte ya no existiría la posibilidad diaria de que el amor muriera. Se disiparía la pesadilla de un porvenir de tedio e indiferencia. Nunca hubiera podido ser pacifista. Matar un hombre me parecía concederle con seguridad un beneficio inconmensurable. Oh, sí, la gente amaba siempre, en todas partes, a sus enemigos. Solamente preservaban a sus amigos, los preservaban para el dolor y la vaciedad.

 

 J

Jiménez, Juan Ramón.  Platero y yo:           

            - CXVIII  EL INVIERNO.   Dios está en su palacio de cristal. Quiero decir que llueve, Platero. Llueve. Y las últimas flores que el otoño dejó obstinadamente prendidas a sus ramas exangües, se cargan de diamantes. En cada diamante, un cielo, un palacio de cristal, un Dios. Mira esta rosa; tiene dentro otra rosa de agua, y al sacudirla ¿ves?, se le cae la nueva flor brillante, como su alma, y se queda mustia y triste, igual que la mía.

 

Jünger, Ernst . Sobre los acantilados de mármol:

           - Reconocí que tanto a ella como a su madre las había tratado con un espíritu lleno de prejuicios, y que, por haberlas encontrado sin que por mi parte hubiera hecho ningún esfuerzo, las había tratado con excesiva ligereza, como se hace con la piedra preciosa que brilla en medio del camino y a la que todo el mundo toma por un trozo de vidrio. Y, sin embargo, todo lo exquisito es una dádiva del azar, y lo mejor de la vida es siempre gratuito.

           - La destrucción invade a veces los cuerpos agotados a través de heridas que el hombre sano apenas nota.

 

K

Kavafis, Constantino.  Voces:           

            - Voces ideales, tan amadas
              de aquellos que murieron, y de aquellos 
              perdidos hoy para nosotros como si estuvieran muertos,
              a veces, en lo hondo de un sueño, nos hablan;
              en el cerebro palpitante un pensamiento los resucita.

 

Kavafis, Constantino. La ciudad (Poemas Canónicos):   

    -Dices:«Iré a otras tierras, a otros mares. 

     Buscaré una ciudad mejor que ésta 

     en la que mis afanes no se cumplieron nunca, 

     frío sepulcro de mi sentimiento. 

     ¿Hasta cuándo errará mi alma en este marasmo? 

     Mire hacia donde mire, sólo veo 

     La negra ruina de mi vida, 

     Tiempo ya consumido que aquí desperdicié.» 

     No existen para ti otras tierras, otros mares 

     Esta ciudad irá donde tu vayas. 

     Recorrerás las mismas calles siempre. En el mismo 

     arrabal te harás viejo. Iras encaneciendo 

     En idéntica casa. 

     Nunca abandonarás esta ciudad. Ya para ti no hay otra, 

     Ni barcos ni caminos que te libren de ella. 

     Porque la vida que aquí malgastaste: 

     En toda la tierra la desbarataste. 

 

Kerouac, Jack   En el camino: 

            -Esa noche dormí en un banco de la estación de ferrocarril de Harrisburg; al amanecer el jefe de estación me echó fuera. ¿No es cierto que se empieza la vida como un dulce niño que cree en todo lo que pasa bajo el techo de su padre? Luego llega el día de la decepción cuando uno se da cuenta de que es desgraciado y miserable y pobre y está ciego y desnudo, y con rostro de fantasma dolorido y amargado camina temblando por la pesadilla de la vida. Salí dando tumbos de la estación; ya no podía controlarme. Lo único que veía de la mañana era una blancura semejante a la blancura de la tumba. Me moría de hambre. Lo único que me quedaba en forma de calorías eran las gotas para la tos que había comprado en Shelton, Nebraska, meses atrás; las chupé porque tenían azúcar. No sabía ni cómo pedir limosna. Salí de la ciudad dando tumbos con apenas fuerzas suficientes para llegar a las afueras...

     Leer fragmentos:   EnelCamino

Kluge, Alexander   El hueco que deja el diablo: 

         -¿Y cree que entretando estos astutos animales, han desarrollado un efecto adicional para que las perlas, al cuello de bellas mujeres o en el turbante de un noble indio, siempre traigan mala suerte, hasta el punto de que el comercio se estanca? ¿Piensa que así ha intentado salvarse la especie? 

- Cuando el auténtico peligro es el lodo de los petroleros. 

- ¿Ha visto una ostra alguna vez un petrolero? 

- Tienen sentidos muy inteligentes, mágicos posiblemente, pero no ojos. 

- Ojos no, pero sí lágrimas. 

- Las perlas, precisamente. Dice Aristóteles que las ostras sienten dolor cuando nacen las perlas. Serían la señal de una herida. 

 

2.- UN ÚLTIMO PRODUCTO QUE SOBREVIVIÓ A CARTAGO.

- La cera púnica I es un producto alcalino hecho de jabón de cera; la cera púnica II es una cera de abeja que contiene un jabón de cera de natrón. La cera púnica I es bastante más dura que la cera de abeja; mezclada con un poco de aceite de oliva, la cera púnica II da una masa blanda muy apropiada para la fabricación de máscaras funerarias. Estas dos ceras son el único producto que sobrevivió a la destrucción de Cartago.

 

- Le está agradecida. Hay que volver a lo simple, -dijo él-. Si fueran, por ejemplo, organismos unicelulares, u ostras, sabrían que hacer al ritmo del flujo o reflujo, es decir, se abrirían con la marea alta para recibir sustancias flotantes y se cerrarían con la marea baja, para no secarse. Pero ella no es una ostra, y él no es el mar.

    Leer fragmentos:   ElHuecoQueDejaElDiablo

 

 

Kôbô, Abe. La mujer de la arena:   

             - Al suelo, rápido! No, no era nada; solo un cuervo... Lástima no poder agarrarlo y disecarlo. Pero esas cosas ya no importaban; el deseo de tatuajes, medallas, condecoraciones, solo aparece cuando se tienen sueños en los que no se cree.

           - Lo invadió una tristeza como la luz del alba… Bien podían lamerse mutuamente las heridas. Pero, de persistir en las heridas que no se cierran nunca, terminarían por quedarse sin lengua.

          Los muertos, cada uno con diferente expresión, parecían empujarse unos a otros mientras hablaban incesantemente al hombre- ¿Por qué razón eso era El infierno de la soledad? En aquel momento pensó que se habían equivocado al poner el título; ahora podía entenderlo.  La soledad es una sed que la ilusión no satisface.

   Leer fragmentos:  LaMujerDeLaArena

 

 L

Lampedusa, G.Tomasi di , El Gatopardo:                  

            - A lo largo de los siglos la riqueza se había convertido en ornamento, en lujo, en placeres; solo en eso; la abolición de los derechos feudales había decapitado las obligaciones junto con los privilegios; como un vino añejo, la riqueza había ido depositando en el fondo de las cubas las heces de la codicia, los afanes y la prudencia, de modo que solo quedaba el entusiasmo y el color. Había acabado, pues, anulándose a sí misma: aquella riqueza que ya había consumado el propio fin solo se componía de aceites esenciales y como los aceites esenciales se volatilizaba velozmente.

            -  Don Fabrizio sintió que se le ablandaba el corazón: el desagrado se había transformado en compasión por aquellos seres fugaces que trataban de gozar del exiguo rayo de luz cuya gracia les había sido concedida entre las dos tinieblas: la que había precedido a la cuna y la que los arrebataría tras los últimos estertores. ¿Cómo podía uno ensañarse contra quienes, sin duda, iban a morir? Quería decir, ser tan ruin como las pescaderas que sesenta años atrás insultaban a los condenados en la Piazza del Mercato. También las macacas instaladas en los poufs, y sus amigos, esos viejos bobos, eran seres desvalidos, condenados, entrañables como los animales que braman en la noche por las calles de la ciudad, mientras los conducen al matadero; tarde o temprano sonaría en sus oídos el tintineo que tres horas antes había escuchado al pasar por detrás de San Dominico. Solo tenemos derecho a odiar lo que es eterno…

    Leer fragmentos:    ElGatopardo

 

 LCJ. Aforismo compuesto: 

            Contra el vicio de pedir, la virtud de no dar.

            Contra el vicio de no dar, la virtud de exigir.

            Contra las exigencias del vicio, la entrega de la virtud.

            Contra las exigencias de la virtud, dar y pedir… pedir y dar

 

Leo, Alan.  Júpiter, el perservador:           

            - Cuando un niño nace en el mundo físico, todo el horóscopo queda instantáneamente fotografiado e impreso en el cerebro plástico -no solamente uno o dos planetas o signos del Zodiaco- aunque las vibraciones planetarias pueden ser notas sordas en lo que se refiere al vehículo físico, como en el caso de los tontos: "Un idiota o un loco natural es aquel que no ha tenido ninguna comprensión de su natividad". Sin embargo, todos los seres sensibles, deben responder más o menos a las influencias planetarias, si no están muertos para los dioses o los ángeles.

 

Lessing, Doris.  El Cuaderno Dorado:           

             -  Me acuerdo de Madre Azúcar y de cómo me «enseñó» que las obsesiones de los celos son, en gran parte, un problema de homosexualidad. Pero entonces la lección me había parecido bastante académica, sin que tuviera ninguna relación conmigo, con Anna. Me pregunté, pues, si no sería que deseaba hacer el amor con la mujer con quien él estaba en aquellos momentos.

 

Lowry, Malcolm, Bajo el Volcán: 

                - William James, si no Freud, podría estar de acuerdo conmigo cuando afirmó que las agonías del borracho encuentra su más exacto paralelo en las agonías del místico que ha abusado de sus poderes.

                - ... y cómo, más tarde, encontré aquella noche un buitre posado en el lavabo. ¡Horrores destinados a un templo gigantesco! No, mis secretos irán a la tumba y deben seguir guardados. Y así, a veces, me tengo por un gran explorador que ha descubierto tierras extraordinarias de las que jamás podrá regresar para darlas a conocer al mundo: pues el nombre de estas tierras es infierno.

    Leer fragmentos:     Bajo el volcán  (fragmentos)

 

Llop, José Carlos. Arsenal:

           - ... el purgatorio de esta vida estriba en el acto de posponer, mientras que lo más parecido a la plenitud del bien lo hallamos en el acto de crear.

 

 

 M 

Marai, Sándor. La mujer justa:

        - A Lázar le gustaba mucho El Sueño, una obra de teatro de Strindberg:

          Hay un personaje cuyo mayor deseo es que la vida le conceda una caja de pesca verde.

          El personaje envejece, le pasa la vida por encima y, por fin, los dioses se apiadan de él y deciden regalarle la caja de pesca… Y entonces el personaje, con el tan deseado presente en las manos, se acerca al proscenio, observa durante un buen rato la cajita y luego, con profunda tristeza dice:

       - "No era este verde".

     Leer fragmentos:     LaMujerJusta

Marcel-Reich-Ranicki (crítico literario), Autobiografía

           - La mayoría de los escritores no entienden de literatura más de lo que las aves entienden de ornitología.

 

Martín Santos, Luis, Tiempo de silencio

           Pero yo, ya, total, para qué. Es un tiempo de silencio. La mejor máquina eficaz es la que no hace ruido. Este tren hace ruido. Va traqueteando y no es un avión supersónico, de los que van por la estratosfera, en los que se hace un castillo de naipes sin vibraciones a veinte mil metros de altura. Por aquí abajo nos arrastramos y nos vamos yendo hacia el sitio donde tenemos que ponernos silenciosamente a esperar silenciosamente que los años vayan pasando y que silenciosamente nos vayamos hacia donde se van todas las florecillas del mundo.

    Leer Comienzo:   TiempoDeSilencio          Leer final:    TiempoDeSilencio

 

 

Mavido, Pau (Pau Maragall), Nosotros los malditos

           -  A pesar de todo, el LSD es una droga. Se toma. Se deja. Empieza y acaba. Pasan muchas cosas, cambian muchas cosas, se rompen muchas cosas, aparecen otras, pero en fin de cuentas es una droga. En cambio el mundo está ahí, siempre, No sé si algún día el mundo será tan ancho como para que la vida sea un trip real libre. De momento la vida es un trip, aunque no muy libre... 

           

              - ... Ahora con el vino y el desmadre los freaks aparecían como juerguistas, y por tanto más entendibles y más despreciables quizás. Cuando algo no se entiende se puede desconfiar, admirar o temer. Cuando se entiende por fin se puede decir: al fin y al cabo esta gente son como los borrachos y juerguistas que cada pueblo del mundo tiene. Tanto rollo y mira lo que son...

 

 

      Leer fragmentos:  NosotrosLosMalditos

 

del Mazo, Margarita  El Rebaño:  (texto leído en el Metro de Madrid, de la campaña "Libros a la calle") 

     - Siempre es igual.

     Primero salta Una,  luego Dos, despues Tres y...

     así hasta que Miguel se duerme.

     Pertenecer al rebaño es fácil porque solo hay que hacer lo que hace el resto.

     Aunque, a veces, las cosas no resultan tan sencillas.

     Una noche, como casi todas las noches, Miguel nos llamó.

     Y comenzamos a saltar como siempre.

     Primer saltó Uno, luego Dos, después Tres y...

     - ¿Alguien ha visto a Cuatro? -preguntó Cinco. 

 

Monterroso, Augusto  Monólogo del Mal:           

            - Un día el Mal se encontró frente a frente con el Bien y estuvo a punto de tragárselo para acabar de una buena vez con aquella disputa ridícula; pero al verlo tan chico el Mal pensó:

          «Esto no puede ser más que una emboscada; pues si yo ahora me trago el Bien, que se ve tan débil, la gente va a pensar que hice mal, y yo me encogeré tanto de vergüenza que el Bien no desperdiciará la oportunidad y me tragará a mí, con la diferencia de que entonces la gente pensará que él sí hizo bien, pues es difícil sacarla de sus moldes mentales consistentes en que lo que hace el Mal está mal y lo que hace el Bien está bien.»

          Y así el Bien se salvó una vez más.

 

Miller, Henry, Trópico de Cáncer:     

           -  «La vida -dijo Emerson-, consiste en lo que un hombre piensa todo el día.» Si es así, en ese caso mi vida no es sino un gran intestino. No sólo pienso en comida todo el día, sino que, además, sueño con ella por la noche. Pero no deseo volver a América, para que me unzan otra vez al yugo, para trabajar en la noria. No, prefiero ser un hombre pobre de Europa. Bien sabe Dios lo pobre que soy; sólo me falta ser un hombre...

           - ... vuelvo a experimentar el poder de esa revelación que permitió a Proust deformar la imagen de la vida de tal modo, que quienes, como él, son sensibles a la alquimia del sonido y de los sentidos, son capaces de transformar la realidad negativa de la vida en las formas sustanciales y significativas del arte. Sólo quienes pueden admitir la luz en sus entrañas pueden expresar lo que hay en el corazón.

    Leer fragmentos:  TropicoDeCancer

 

Morrison, Toni, Beloved:     

           - Con una almádena en la mano y Hi Man en cabeza, los hombres aguantaban. Aguantaban cantando y golpeando, truncando las palabras para que no fueran entendidas, amañándolas de modo que las sílabas formaran otros significados. Cantaban a las mujeres que conocían, a los niños que habían sido, a los animales que habían domado o visto domar. Cantaban a los capataces, los amos y las amitas, a las mulas y los perros, a la desfachatez de la vida. Cantaban amorosamente a los cementerios y a las hermanas desaparecidas. A los cerdos del bosque, a la comida en el cazo, al pez en el sedal, a la caña de azúcar, a la lluvia, a las mecedoras.

         Y golpeaban. A las mujeres por haberlos conocido y nada más, nada más; a los niños por haber sido ellos mismos y no volver a serlo. Mataban con tanta frecuencia y tan completamente a un capataz que tenían que devolverle la vida para volver a quitársela. Saboreaban pasteles de maíz y martilleaban. Entonaban canciones de amor a la Muerte y le aplastaban la cabeza. Y sobre todo mataban a la mueca que la gente llamaba Vida, por engañarlos. Por hacerles creer que el próximo amanecer valdría la pena, que otra jornada cambiaría su suerte. Sólo cuando estuviese muerta, estarían a salvo...

         

            - ... Se pueden sentir muchas cosas por esta mujer. Le duele la cabeza. De repente recuerda a Sixo intentando describir lo que sentía por la mujer Cincuenta Kilómetros. «Es amiga mía. Me une a mí mismo. Junta las partes que son y me las devuelve en el orden que corresponde. Es bueno, sabes, tener una mujer que sea amiga de tu mente»...

             - ¿Piensas hacer algo al respecto?.

             - Oh, sí. Tengo grandes planes en la cabeza. -Dio dos tragos de la botella.

             Cualquier plan salido de una botella es de corto aliento, penso Stamp, pero por experiencia personal conocía la inutilidad de decirle que no beba a un hombre que quiere beber...

     Leer fragmentos:    Beloved

 

Musil, Robert, El hombre sin atributos

           - La probabilidad de adquirir conocimiento de un hecho extraordinario a través de los periódicos es mucho mayor que la de vivirlo; en otras palabras: los más fundamental se realiza en abstracto y lo intrascendente en la realidad.

 

           - «¡Pero si yo no escribo!»- replicó Ulrich secamente.      - «¡Hace bien! –contestó Arnheim adaptándose a la réplica- escribir es, como la perla, una enfermedad».

       Leer fragmentos:     El Hombre Sin Atributos (I)

N

Nabokov, Vladimir, Habla, memoria:

           - La cuna se balancea sobre el abismo y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas.

           - Llevé a mi adorable muchacha a todos aquellos rincones secretos de los bosques en donde había soñado despierto que la encontraba, que la creaba. Hubo cierto pinar en donde todo encajó en su sitio, aparté el tejido de fantasiía, y saboreé la realidad.

 

Nabokov, Vladimir, Lolita 

     (párrafo inicial): 

         - Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

      (párrafo final): 

          -   Pienso en bisontes y ángeles, en el secreto de los pigmentos perdurables, en los sonetos proféticos, en el refugio del arte. Y ésta es la única inmortalidad que tú y yo podemos compartir, Lolita mía»

  Leer el final de Lolita     Lolita

 

O

O'Rourke, P.J.  Cómo tener la casa como un cerdo:

           - "Todo lo que haya acumulado bastante polvo para que puedas escribir tu nombre con el dedo, debe DESAPARECER. No lo usas lo suficiente".

 

Ouspensky, P.D.  Fragmentos de una enseñanza desconocida:

           -  Ya se ha explicado antes que en condiciones de vida normales no nos recordamos a nosotros mismos; no nos recordamos, o sea, no nos sentimos, no tenemos conciencia de nosotros mismos en el momento de una percepción, de una emoción, de un pensamiento o de una acción. Si un hombre comprende esto y trata de recordarse, toda impresión que reciba mientas se recuerda será, en cierta manera, doblada. En un estado síquico ordinario, simplemente miro a la calle; siento que estoy mirando, como si me dijese a mí mismo: “estoy mirando”. En vez de una impresión de la calle hay dos impresiones, una de la calle y otra de mí, mirándola. Esta segunda impresión, producida por el hecho de estar recordándome yo mismo, es el “choque adicional”.

   Leer fragmentos   : FragmentosDeUnaEnseñanza

 

P

Pavese, Cesare  Vendrá la muerte y tendrá tus ojos:                  

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos,
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un remordimiento
viejo o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito apagado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas hacia ti
en el espejo. Oh ansiada esperanza
ese día, también nosotros,
sabremos que eres la vida y la nada. 

Para todos, la muerte tiene una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como en el fondo del espejo
ver resurgir un rostro muerto,
como escuchar un labio mudo.
Callados bajaremos al vacío."

 

Pérez Galdós, Benito.   Misericordia.

"Vamos, que Dios, digan lo que dijeren, no hace nunca las cosas completas. Así en lo malo como en lo bueno, siempre se deja un rabillo, para que lo desuelle el destino. En las mayores calamidades, permite siempre un suspiro; en las dichas que su misericordia concede, se le olvida siempre algún detalle, cuya falta lo echa todo a perder."

 

Pessoa, Fernando.   Autopsicografía (fragmento del poema).            

- El poeta es un fingidor.
Finge tan profundamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que en verdad siente.  

(traducción: Ángel Crespo)

 Polanski, Roman. De la película La muerte y la doncella

 (Esta película está basada en una obra de teatro del mismo título escrita por el chileno Ariel Dorfman), pero nosotros, salvo error no hemos encontrado este diálogo en el libreto, por lo que se lo atribuimos a Roman Polanski, autor del guión del film)

-   No creí que me jodiera tanto, creí que me sentiría liberado.

 -   ¿Liberado?

 -   Te diré una cosa, no me lo ha puesto nada fácil. Tiene muchos motivos, pero…

      -   Todas tienen motivos, todas están locas ¿Sabes lo que dijo Nietzche?

      -   No.

-   Creo que fue Nietzche, Bueno, siempre digo que fue Nietzche.

-   O puede que Freud, porque… él lo dijo todo… Si merece la pena, será de Freud.

-   -Ja, ja, ja ,ja, ja… Eres muy gracioso cuando estás triste.

-   Es la única forma de sufrir… Bueno, ¿qué dijo Nietzche?, o… quien fuese,

-   Quien fuese dijo: Nunca podemos poseer por completo el alma femenina.

-   Humm. No sé que coño significa eso.

-   ¡Claro que sí!

-   No.

-   Te vuelves loco deseándolas. No importa lo que te cueste, siempre pagas el precio. Pero aún así, ellas no ten dan lo que esperas.

-   ¿Y qué esperamos?

(largo silencio)

-   Aprobación.

-   ¿Y qué obtenemos?.... ¡No me lo digas! ¡ya lo sé! Culpabilidad.

-   ¿Culpabilidad?

-   ¡Exacto!

-   … Vaya, muy interesante. Recibimos cosas distintas. Cada hombre recibe aquello que hace precisamente que vuelva a por más.

-   ¡Culpabilidad! ¿Y tú?

-   A mi me corta las pelotas.

-   Ja, ja, ja, ja… ¿Las pelotas? ¿Y por eso vuelves a por más?

-   Para recuperarlas.

-   ¡Claro!

 

Q

Quiroga, Horacio. El regreso de Anaconda (Cuentos de la selva):

           - Porque mono y serpiente, pájaro y culebra, ratón y víbora, son conjunciones fatales que apenas el pavor de los grandes huracanes y la extenuación de las interminables sequías logran retardar. Sólo la adaptación común a un mismo medio, vivido y propagado desde el remoto inmemorial de la especie, puede sobreponerse en los grandes cataclismos de esta fatalidad del hambre. Así, ante una gran sequía, las angustias del flamenco, de las tortugas, de las ratas y de las anacondas, formarán un solo desolado lamento por una gota de agua.

              - … Pero ya no iba el boa a su río. Antes, hasta donde alcanzaba la memoria de sus antepasados, el río había sido suyo. Aguas, cacheiras, lobos, tormentas y soledad, todo le pertenecía.

 

R

Reverte, Javier, Corazón de Ulises: 

           - Le contaré algo que se dice en Grecia y que quizá usted ignore, dijo Giorgios. "Aquí pensamos que cada idioma está hecho para algo: el inglés, para los negocios. 'A cup of tea? preguntan siempre antes de sentarse a discutir e intentar robarte. El alemán es un idioma de guerra, parece que caen divisiones enteras sobre ti cuando lo escuchas. Los franceses han creado su lengua para el amor, y ¡ay de aquella mujer que abre sus oídos delante de un francés!, porque al momento tendrá que abrir las piernas. Si quieres hablar de filosofía, aquí está nuestra lengua griega, y no hay otra, por más que se empeñen ingleses y alemanes en meter sus verbos. Los italianos han creado su idioma para cantar a toda hora, y logran mujeres por el canto, que es la mejor manera de enamorar. Pero cuando un español habla... ¡ah, España! cuando ustedes los españoles hablan, oímos a los ángeles cantar. Su lengua está creada para conversar con Dios. Toda mujer que conoce a un español aspira al matrimonio.

 

Roth, Philip, El lamento de Portnoy

             - ¿Para qué otra cosa, pregunto yo, eran todas esas reglas alimenticias prohibitivas, para qué si no proporcionarnos a los niños judíos práctica en ser reprimidos? Práctica, amigo mío, práctica, práctica, práctica. La inhibición no crece en los árboles, ya sabe; se necesita paciencia, se necesita concentración, se necesita un delicado y sacrificado progenitor y un niño aplicado y atento para crear en solo unos años un ser humano realmente reprimido…

 

    Leer fragmentos:     ElLamentoDePortnoy

 

 

RushdieSalman.   Hijos de la medianoche:           

            - Los muertos mueren, y son gradualmente olvidados, el tiempo hace su labor curadora, y se van desvaneciendo… pero en el cesto de Parvati aprendí que lo contrario es igualmente cierto; que también los fantasmas comienzan a olvidar; que los muertos pierden el recuerdo de los vivos, y por fin, cuando se separan de sus vidas, se desvanecen… que el morir, en pocas palabras, continúa largo tiempo después de la muerte…

 

            - … no deseo ya ser nada salvo lo que soy. ¿Quién qué soy? Mi respuesta: soy la suma total de todo lo que ocurrió antes que yo, de todo lo que he sido visto hecho, de todo lo-que-me-han-hecho. Soy todo el que todo lo que cuyo ser-en-el-mundo me afectó fue afectado por mí. Soy todo lo que sucede cuando me he ido que no hubiera sucedido si no hubiera venido. Y tampoco soy especialmente excepcional al respecto; cada «yo», cada uno de los hoy-seis-cientos-millones-y-pico de nosotros, contiene una multitud similar. Lo repito por última vez: para entenderme, tendréis que tragaros un mundo.

  

            - ... Aquella noche los magos organizaron una representación tan maravillosa que los rumores se esparcieron por toda la Ciudad Vieja, y se congregaron muchedumbres para verla, hombres de negocios de una muhalla próxima en la que, en otro tiempo, se hizo una declaración pública, y plateros y vendedores de batidos de leche de Chandni Chowk, paseantes nocturnos y turistas japoneses que (en aquella ocasión) llevaban todos, por cortesía, máscaras quirúrgicas, a fin de no contagiarnos los gérmenes que exhalaban; y había europeos rosas que discutían sobre lentes de cámara con los japoneses

 

           - ... por una empleada de arrebatadores encantos sexuales, que llevaba el sari eróticamente bajo sobre las caderas y un jazmín en el ombligo; pero cuando descendimos a la oscuridad, se volvió hacia nosotros con una mirada tranquilizadora, y vi que tenía los ojos cerrados; le habían pintado en los párpados unos ojos sobrenaturalmente luminosos. No pude evitar preguntarle: —¿Por qué…? —A lo que ella, simplemente—: Soy ciega; y además, ninguno de los que vienen aquí quiere ser visto. Aquí estáis en un mundo sin rostros ni nombres; aquí la gente no tiene recuerdos, familia ni pasado; esto es para ahora, nada más que para ahora mismo.

        

            -… después de todo, con mis garrapateos nocturnos: de día entre mis cubas de encurtidos, de noche entre estas sábanas, me paso la vida dedicado a la gran obra de la conservación. El recuerdo, lo mismo que los frutos, debe ser salvado de la corrupción de los relojes.

 

            -  Para mí, sin embargo, ese cambio de mis antiguos compañeros me pareció por lo menos obsceno. Saleem había pasado por la amnesia y había conocido el alcance de su inmoralidad; en su mente, el pasado se hacía cada día más vívido, mientras el presente (del que los bisturíes lo habían desconectado para siempre) le parecía incoloro, confuso, algo sin importancia; yo, que podía recordar cada pelo de la cabeza de mis carceleros y cirujanos, me sentía profundamente escandalizado por la falta de ganas de los magos para mirar hacia atrás. —Las personas son como los gatos —le dije a mi hijo—, no se les puede enseñar nada. —Él me miró de forma apropiadamente seria, pero guardó silencio.

      

            - ... La mayor parte de lo que importa en nuestras vidas ocurre en nuestra ausencia; yo tengo que guiarme por el recuerdo de un expediente visto-una-vez con iniciales significativas; y por los otros, los restantes vidrios rotos del pasado, que persisten en las saqueadas criptas de mi memoria como botellas rotas en una playa… Como trozos de recuerdos, las hojas de periódico solían rodar por la colina de los magos en el viento silencioso de la medianoche.

 

     Leer fragmentos:     HijosDeLaMedianoche

 

S

 

Sagan, Françoise.  Buenos días, tristeza: 

            - Me tumbaba después en la arena, cogía un puñado, lo dejaba escurrir entre los dedos y la arena caía en una lluvia amarillenta y suave. Pensaba que se escaoaba como el tiempo, que eso era una idea fácil y que resultaba grato tener ideas fáciles. Era el verano...

 

Salter, James.  Años luz: 

            - La vida es el tiempo que hace. Son las comidas. Los almuerzos en un mantel azul a cuadros sobre el cual hay sal vertida. El olor a tabaco. Queso brie, manzanas amarillas, cuchillos con mangos de madera

            - Un día perfecto comienza por la muerte, por la apariencia de la muerte, de una honda capitulación. El cuerpo está flojo, el alma se ha expandido, todo fortaleza, incluso el aliento. No existe la facultad del bien o del mal, la luminosa superficie de otro mundo está cerca, envolvente, las ramas de los árboles tiemblan fuera...

             -  Quiere que sus hijas tengan una vida antigua y una vida nueva, una vida indivisible de todas las vidas pretéritas, que emane de ellas, que las sobrepase, y otra vida que sea original, pura, que trascienda del prejuicio que nos protege, la costumbre que nos moldea. Quiere que conozcan tanto la santidad como la degradación, la primera sin ignorancia y la segunda sin humillación... 

 

San Juan de la Cruz, Dichos de Luz y Amor:           

            - Las condiciones del pájaro solitario son cinco: la primera, que se va a lo más alto; la segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente.

 

Sartre, Jean-Paul. La Náusea

           - La Náusea se ha quedado allá, en la luz amarilla. Soy feliz; este frío es tan puro, tan pura la noche; ¿no soy yo mismo una onda de aire helado? No tener ni sangre, ni linfa, ni carne. Deslizarse por este largo canal hacia aquella palidez. Ser solo frío.

 Leer fragmentos:  LaNáusea

 

Scott Fitzgerald, F.  El Gran Gatsby:

     - Durante cierto tiempo, estos ensueños dotaron de una salida a su imaginación, fueron satisfactoria indicación de la irrealidad de la realidad, promesa de que la roca del mundo está fuertemente asentada en las alas de un hada...

   - «Por un instante –siguió- una frase intentó adquirir forma; mis labios se entreabrieron esforzándose como los de un mudo, como si en ellos hubiera más violencia que la de una ráfaga huracanada. Pero no exhalaron el menor sonido y lo que estuve a punto de decir se perdió para siempre».

 

SeghersAnna.  La séptima cruz:

     - El azar, cuando se le deja hacer, no es ciego, como suelen decir, sino astuto y con sentido del humor. Hay que abandonarse a él sin reservas. Si intentamos manejarlo, se convierte en chapuza y se le hace culpable sin razón. Cuando se le respeta y se le obedece fielmente, da casi siempre en el blanco, y lo hace con rapidez, directamente y sin rodeos. 

 Leer fragmentos:  LaSéptimaCruz

 

Shakespeare, William, El mercader de Venecia:

           -  BASSANIO.- ...  No hay ningún vicio tan simple que no muestre alguna señal de virtud en su exterior. ¿Cuántos cobardes, de corazones tan falsos como escaleras de arena, llevan sobre sus caras las barbas de Hércules y la ira de Marte, y luego en su interior se hallan hígados blancos como la leche’ Y éstos no asumen más que excrementos del valor para darse una apariencia temible… Contemplad la belleza y veréis que puede comprarse al peso...

          

             -   SHYLOK...  Soy judío… ¿No tiene ojos un judío? ¿No tiene un judío manos y órganos, medidas, sentidos, afectos y pasiones? ¿No se alimenta de la misma comida, se hiere con las mismas armas, está expuesto a las mismas enfermedades, se cura con los mismos medios, se acalora y se enfría en los mismos inviernos y veranos que un cristiano? Si nos picáis ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos? Si nos envenenáis, ¿no morimos? Y si nos hacéis mal, ¿no vamos a vengarnos? Si somos como vosotros en lo demás, nos pareceremos en esto también… Si un judío hace mal a un cristiano, ¿cuál es la humillación que sufre? Venganza. Si un cristiano hace mal a un judío, ¿cuál debería ser su sufrimiento según el ejemplo cristiano? Sí, venganza. La vileza que me enseñasteis yo la llevaré a cabo y será dura; quizá supere a mis maestros. 

    Leer fragmentos:  ElMercaderDeVenecia

  

Shakespeare, William Romeo y Julieta (Párrafo final)

           - PRÍNCIPE

             La presente aurora trae consigo una paz triste; pesaroso el sol, vela su faz. Salgamos de aquí para continuar hablando de estos dolorosos asuntos. Perdonados serán unos, castigados otros; pues jamás hubo tan lamentable historia como la de Julieta y su Romeo.

   Leer el final:           ElMercaderDeVenecia

Soler, María del Carmen, Gracia y justicia en los manjares:

           Una antiquísima tribu, los yanomamis, que habitan la selva amazónica, lugar de sudor y moscas, practican un extraño canibalismo: se comen entre todos a sus propios muertos, pero tras reducirlos a ceniza, en una fogata que consume no sólo el cuerpo del muerto sino cuanto le pertenecía, desde el arco al sucinto taparrabos. Mezclan las cenizas con plátano y se las van tragando, a la vez que procuran olvidar el nombre del muerto, que jamás debe ser pronunciado por nadie; hay que borrar todo rastro de su ser y toda memoria de su persona, para que “el olvidado” pueda traspasar el umbral de “La casa del Trueno”, es decir, el cielo, el Paraíso.

 

Stendhal.  Diario 

      Brama assai, poco espera, nulla chiede  (desea mucho, espera poco, no pidas nada).

 Stendhal. La Cartuja de Parma

    - Citaba a este respecto una frase de su primer marido, el buen general Pietranera: «¡Qué insolencia conmigo mismo! –decía éste-; ¿a santo de qué voy a creer que tengo hoy más talento del que tenía cuando decidí esto?»… Una vez decidida la venganza, era consciente de su propia fuerza y cada nuevo paso de su espíritu la hacía sentirse dichosa. Tengo la vaga idea de la inmoral felicidad que el italiano encuentra en la venganza se debe a su gran capacidad de imaginación: los naturales de otros países no perdonan en realidad, sino que simplemente olvidan…

 

Sterne, Laurence.   Viaje sentimental

  -  ... es cierto que me he pasado la vida enamorado de una u otra princesa; y espero seguir así hasta que me muerta, puesto estoy convencido de que si algún día cometo una acción mezquina será en el intervalo de una pasión a otra. Durante el interregno siento mi corazón como cerrado con llave; no encuentro en él ni una moneda que darle a la miseria. Procuro, por ello, salir de tal estado todo lo deprisa que puedo, y en el instante en que me vuelvo a enamorar, vuelvo a ser todo generosidad y benevolencia, y me siento capaz de hacer cuanto pueda hacerse a favor de otro u otra, mientras no haya pecado de por medio.

Y al hablar de este modo hago el elogio de la pasión y no de mi propio elogio.

 

      Le pour et le contre se trouvent en chaque nation -añadió-. En ello reside el equilibrio de lo bueno y lo malo que observamos en todas partes; solo la experiencia es capaz de hacer desvanecer las prevenciones de medio mundo contra el otro medio. De ahí las ventajas de los viajes en relación con el savoir vivre, pues ellos nos permiten conocer hombres y costumbres ditintos y no enseñan la mutua tolerancia. Y la mutua tolerancia –concluyó, haciéndome una reverencia- nos enseña la mutua estimación.

 

T

Tolstoi, León. La muerte de Iván Ilich:           

            -Las alegrías dentro de la vida oficial eran alegrías del amor propio; las alegrías sociales eran alegrías de la vanidad. Pero las auténticas alegrías de Iván Ilich eran las que le producía jugar al vint.

     - El ejemplo de silogismo que había estudiado en Lógica de Kizevérter: «Cayo es hombre, los hombres son mortales, luego Cayo es mortal», le pareció toda su vida correcto con relación a Cayo, pero no con relación a sí mismo. Se trataba de Cayo como hombre en general, y eso resultaba totalmente justo; pero él no era Cayo ni hombre en general, sino que siempre fue un ser distinto por completo del resto: él había sido Vania con mamá y papá, con Mitia y Volodia, con los juguetes y el cochero, con las niñeras, y luego con Kátenka, con todos los entusiasmos, alegrías y dolores de la infancia, la adolescencia y la juventud. ¿Es que para Cayo existió aquel olor de la pelota de cuero que tanto le agradaba a Vania? ¿Es que Cayo había besado así la mano de su madre y es que para él había crujido la seda de los pliegues del vestido de su madre? ¿Es que había armado un motín en la Escuela de Jurisprudencia a causa de ciertos pasteles? ¿Es que Cayo había estado enamorado como él? ¿Es que Cayo pudo presidir una reunión como él lo hacía? 

Cayo era mortal, en efecto, le correspondía morir, pero en lo que a mí se refiere, a Vania, a Iván Ilich, con todos los sentimientos e ideas, es algo distinto. No puede ser que deba morir. Esto sería demasiado horroroso. » Tal era su estado de ánimo. «Si tuviera que morir como Cayo, lo sabría me lo diría una voz interior; pero no ha ocurrido nada de eso; todos mis amigos, lo mismo que yo, comprendíamos que lo de Cayo era algo completamente distinto. ¡Y ahora salimos con éstas! –se decía-. No puede ser, no puede ser, pero es. ¿Cómo es posible? ¿Cómo hay que entenderlo?

 Leer fragmentos:   LaMuertedeIvanIlich

 

 

Trapiello, Andrés. El arca de las palabras:

           - De cerca el semen es muy decepcionante, teniendo en cuenta la notoriedad con la que suele salir a escena.

 

Trapiello, Andrés, Apenas sensitivo:     

           ¿Que las palabras, todas, tienen, como la almendra, una semilla, dulce unas veces, otras amarga; que ellas también van por fuera y por dentro?      Qué vida tan extraña ésta, apenas sensitiva, “con algo que no llegaba, todo lo que ya se fue”. Sólo ahora parece uno darse cuenta de que ese tiempo que giró sobre sí mismo, hasta desaparecer, acelerado como el pequeño remolino de un desagüe, ha vuelto en su forma más completa, pleno de afecto. Incluso la más pobre de todas esas criaturas, la palabra, podríamos sentarla a la mesa, y lavarle los pies y partir con ella el pan…  

 

 U

Umbral, Francisco, Mortal y rosa:                  

            - Calle de tantos astros, rinconada del tiempo, la dimensión del mundo me la daba un vencejo. Oro de las mañanas empobreciendo el cielo, soles de cada tarde en un ladrillo eterno. De los países del alba venían los buhoneros y en sus pregones altos flotaba un hombre muerto. Calle de tanta noche, mitología del miedo, madres de los difuntos en las tapias de enero. Sonaban las iglesias enormes de silencio y pasaba la yegua inmensa de los tiempos. El hombre más remoto era solo un lechero y el Dios de los espacios era solo mi abuelo.

          Leer fragmentos:   Mortal y rosa 

 

 V

Vonnegut, Kurt, Matadero Cinco:           

              - ¿Ha puesto alguna vez un espejo en el suelo y un perro encima de él? -preguntó Trout a Billy.

            - No.

            - El perro mirará hacia abajo, y de pronto se dará cuenta de que nada existe debajo de sus patas. Creerá que se mantiene en el aire y dará un enorme salto.

 

      Leer fragmentos:    matadero-5

 

 

 Let W

Walser, Robert.  Jakob von Gunten:        

        - Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada; es decir, que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada. La enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito. Éxitos interiores, eso sí. Pero ¿qué ventaja se obtiene de ellos? ¿A quién dan de comer las conquistas interiores?   (Comienzo)

      - ...tengo la sensación —una sensación muy confortable, punzante y placentera— de que algún día me tocará en suerte un amo, un patrón o un jefe igual a ese futuro Peter, pues los tontos como él están hechos para llegar lejos, para escalar, vivir bien y mandar, mientras que quienes, como yo, son en cierto sentido inteligentes, han de tolerar que sus propios talentos florezcan y se marchiten al servicio de otros. Yo, yo seré algo muy humilde y pequeño.

      - Los verdaderos hombres, los seres humanos de verdad no son jamás visiblemente bellos. Un hombre que lleve una barba realmente hermosa es o un cantante de ópera o el jefe de sección, bien remunerado, de algún gran almacén. Los falsos hombres son, por regla general, hermosos.

       - ...y está bien que así sea, pues los éxitos tienen por única e inseparable compañía la dispersión y unas cuantas cosmovisiones baratas. Se nota en seguida: cuando los hombres empiezan a contabilizar éxitos y reconocimiento, se ponen casi gordos de autosatisfacción saturadora, y la fuerza de la vanidad los va inflando hasta convertirlos en un globo irreconocible. ¡Libre Dios a un hombre honrado del reconocimiento de la masa! Si no lo vuelve malo, sólo servirá para confundirlo y quitarle fuerzas.

         - Solo puedo respirar en las regiones inferiores.

Leer comienzo:   JakobVonGunten      Leer fragmentos:  JakobVonGunten 

 

W.G. Sebald. Los anillos de Saturno:

            - Lo único que se me ha grabado en la memoria de todo cuanto Katy dijo a Lizzie y Lizzie a Katy es un fragmento extremadamente singular. Pertenecía al relato de unas vacaciones en la isla de Malta y Katy, o Lizie, afirmaba que los malteses, con un desprecio incomprensible hacia la muerte, no conducían por la derecha ni por la izquierda, sino siempre por el lado de la calle cubierto de sombra. 

            - La carbonización de las especies de plantas más altas, la quema incesante de todas las sustancias combustibles, es la fuerza de propulsión de nuestra propagación por la tierra. Desde la primera antorcha hasta los reverberos del siglo XVIII, y desde el brillo de los reverberos hasta el resplandor maliciento de las farolas de arco sobre las autopistas belgas, todo es combustión, y combustión es el principio inherente a cada uno de los objetos que producimos. La confección de un anzuelo, la manufactura de una taza de porcelana y la producción de un programa televisivo se basan, en definitiva, en el mismo proceso de combustión. Las máquinas que hemos inventado tienen, al igual que nuestro cuerpo y nuestra nostalgia, un corazón que se consume con lentitud. Toda la civilización de la humanidad, desde sus comienzos, no ha sido más que un ascua que con el paso de las horas se torna más intensa, y de la que nadie sabe hasta qué punto se va a avivar y cuándo se va a extinguir. Por lo pronto nuestras ciudades continúan propagando fuego en derredor.

   Leer fragmentos:   Los Anillos De Saturno (Fragmentos)

 

W.G. Sebald, Austerlitz: 

                - La temperatura de su cuerpo es entonces de treinta y seis grados, como la de los mamíferos y los delfines y los atunes a toda velocidad. Los treinta y seis grados son un nivel máximo, que en la Naturaleza ha demostrado ser una y otra vez el más favorable, una especie de umbral mágico, a veces se le había ocurrido, eso, dijo Austerlitz, había dicho Alphonso, que todos los males del hombre están relacionados con esas desviación de la norma ocurrida en algún momento y con el estado de calentamiento, ligeramente febril, en que continuamente se encuentra…

 

           - ...puse el volumen muy bajo y escuché un idioma para mí incomprensible que, desde gran distancia, se esparcía por el éter, una voz de mujer que a veces se hundía entre las olas, luego emergía de nuevo y se cruzaba con el juego de dos manos cuidadosas que, en algún lugar desconocido para mí, se movían sobre el teclado de un Bösendorfer o un Pleyel, produciendo fragmentos musicales que me acompañaron hasta muy entrado el sueño, creo que de El clave bien temperado. Cuando me desperté por la mañana, de la rejilla de latón de apretada malla del altavoz, solo venía un débil ruido de fondo y una especie de arrastrar. Poco después, en el desayuno, cuando me puse a hablar de la misteriosa radio, Austerlitz dijo que él tenía la opinión de que las voces que, al comenzar la oscuridad, atravesaban el aire y de las que podíamos captar muy poco, tenían, como los murciélagos su propia vida, que rehuía la luz del sol…

 Leer fragmentos:   Austerlitz

 

 

Wilde, Oscar  El retrato de Dorian Grey: 

     - La conciencia y la cobardía son en realidad la misma cosa, Basil. «Conciencia» es el nombre comercial que le damos a la mercancía. Eso es todo.

 

 

- El placer es la única cosa acerca de la cual merece la pena tener una teoría –respondió, con su voz grave y melodiosa-. Pero mucho me temo que no puedo reclamar esa teoría como propia, pertenece a la Naturaleza, no a mí. El placer es la condición que nos impone la Naturaleza, su señal de aprobación. Cuando somos felices siempre somos buenos, pero cuando somos buenos no somos siempre felices.

- ¡Ah! ¿Pero a qué te refieres cuando dices «buenos»?

- Ser bueno consiste en estar en armonía con uno mismo –respondió, rozando el tallo de la copa con sus dedos puntiagudos y pálidos-. La disonancia aparece cuando uno se ver forzado a estar en armonía con los demás. La propia vida, eso es lo más importante. En lo que se refiere a la vida que llevan nuestros vecinos, si uno quiere ser un mojigato o un puritano, puede ocuparse de ella para airear sus convicciones morales, pero no es asunto de su incumbencia. Además, el Individualismo es en verdad el objetivo más elevado. La moralidad moderna consiste en aceptar lo que la época tiene por norma, y considero que, para cualquier hombre cultura, aceptar la norma de su época es la forma más grosera de inmoralidad…

 

 Leer fragmentos:   ElRetratoDeDorianGrey

 

 

WolfVirginia  Orlando: 

                - El gusto por los libros fue muy temprano. De niño fue a veces sorprendido a medianoche por un paje leyendo todavía. Le quitaban las velas y él criaba luciérnagas para lograr sus propósitos. Le quitaron las luciérnagas y casi prendió fuego a la casa con yesca. Para decirlo en una palabra, dejando al novelista alisar la arrugada seda y todas sus implicaciones, era un noble aquejado de amor a la literatura. Mucha gente de su tiempo, y aún más de su rango, escapaba a esa enfermedad y así se se veía libre para correr, cabalgar o hacer el amor a sus anchas. Pero había algunos que caían contaminados muy tempranamente por un virus que, decían, se nutría del polen de la flor del asfódelo y que llegaba con los vientos de Grecia y de Italia y cuya naturaleza era tan mortal que prendía en la mano alzada para golpearle, nublaba los ojos que buscaban apresarlo y hacía balbucir a la lengua qaue iba a declararle su amor. Lo fatal de la naturaleza de esta enfermedad era que sustituía la realidad por un fantasma, de tal modo que Orlando, a quien la fortuna había otrogado todos los dones -plata, lencería, casas, servidores, alfombras y camas en profusión-, solo tenía que abrir un libro para que toda aquella enorme acumulación se convirtiera en humo.

 Leer fragmentos:   Orlando

 

 

Wolfe, Thomas  Una puerta que nunca encontré: 

                - Pues, a fin de cuentas, tú eres lo que eres, sabes lo que sabes y no hay palabras para describir la soledad, la negra, cruel y dolorosa soledad que roe las raíces del silencio por las noches. Que yace junto a nosotros en la oscuridad mientras el río sigue su curso, nos colma con su desaforada canción secreta y con la inconmensurable desolación del cielo gris, y permanece con nosotros para siempre, callada, hasta que ya no podemos separarla de nuestra sangre…

   Leer fragmentos:    UnaPuertaQueNuncaEncontre

 

Y

Yourcenar, Marguerite. Memorias de Adriano 

    - En España, cerca de Tarragona, un día que visitaba solo una mina semiabandonada, un esclavo cuya larga vida había transcurrido casi por completo en los corredores subterráneos, se lanzó sobre mí armado de un cuchillo. Muy lógicamente, se vengaba en el emperador de sus cuarenta y tres años de servidumbre. Lo desarmé fácilmente, y lo entregué a mi médico; su furor se calmó, y acabó convirtiéndose en lo que verdaderamente era: un ser no menos sensato que los demás, y más fiel que muchos. Aquel culpable, que la ley salvajemente aplicada hubiera mandado ejecutar de inmediato, se convirtió para mí en un servidor útil. Casi todos los hombres se parecen a ese esclavo, viven demasiado sometidos, y sus largos períodos de embotamiento se ven interrumpidos por sublevaciones tan brutales como inútiles.

 

 - "No desprecio a los hombres. Si así fuera no tendría ningún derecho, ninguna razón para tratar de gobernarlos. Los sé vanos, ignorantes, ávidos, inquietos, capaces de cualquier cosa para triunfar, para hacerse valer, incluso ante sus propios ojos o simplemente para evitar sufir. Lo sé: soy como ellos, al menos por momento o hubiera podido serlo. Entre el prójimo y yo las diferencias que percibo son demasiado desdeñables como para que cuenten en la suma final. Me esfuerzo para que mi actitud esté tan lejos de la fría superioridad del filósofo como de la arrogancia del César. Los hombres más opacos emiten algún resplandor: este asesino toca bien la flauta, ese contramaestre que desgarra a latigazos la espalda de los esclavos es quizá un buen hijo, ese idiota compartiría conmigo su último mendrugo. Y pocos hay que no puedan enseñarnos alguna cosa".

(párrafo final):               

- Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver... Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos...    

 Leer fragmentos:   MemoriasdeAdriano

Anónimo. Poema adolescente.        

          Desastre, desastre,

          tu viento invernal,

          tu oficio, no tan cruel como la ingratitud de los hombres;

          tu gusto, no por tanto penetrante,

          porque tu oficio es no ver,

          aunque tu aliento esté penoso.