UN BUEN LIBRO PARA LEER:  VERDAD Y MENTIRAS EN LA LITERATURA

                                                                    Ensayos y críticas (1976-1986) 

VerdadYMentirasLiteratura

     (Truth and Lies in Literature)    

 

    Stephen Vizincey   (Hungria - EEUU)  

    

    Traducción: Pilar Giralt Gorina

        Editorial       SEIX BARRAL   -  Biblioteca Formentor  

                         

        

Fragmentos de libros 

 

Nota de fragmentos de libros: 

     Este libro se compone de cuarenta y cuatro artículos/críticas/ensayos. Nosotros hemos incluido fragmentos de dieciséis y no obstante, nos hemos excedido en mucho en texto a cualquiera de los libros incorporados a este sitio hasta ese momento. Los que se han quedado sin referencia no son menos interesantes, salvo excepciones de nuestra consideración. Por ejemplo, no aparecen las referencias de Vizinczey sobre Graham Greene, Tolstoi, Leonardo, Goethe, etc. Y sobre todo, la de un artículo largo –es propiamente un ensayo- de una crítica que Vizincey publicó en The Times en mayo del 1968 y en la que desmantela las bondades de la novela ganadora del Premio Pulitzer de ese mismo año Las confesiones de Nat Turner, de William Styron. Lo mencionamos porque los más influyentes críticos estadounidenses se habían deshecho en elogios hacia esa novela en los medios más prestigiosos del país y Vizinczey, no solo los desacredita, sino que, según va “despellejando” a la novela, intercala las loas que de ella han vertido los mencionados críticos; y esto conllevó como consecuencia que Vizcinzey entrara en una lista negra en EEUU que le ha procurado no pocos perjuicios y, por lo que nosotros hemos podido inferir, el autor parece haberse arrepentido en muchos momentos de la publicación del referido ensayo.

 

PRÓLOGO: LOS DIEZ MANDAMIENTOS DEL ESCRITOR

  (Ya en fragmentos de libros en:  http://www.fragmentosdelibros.com/index.php/secciones/aprender-a-escribir/96-fragmentos-de-libros/secciones/aprender-a-escribir/314-vizinczey-diez-mandamientos-de-un-escritor.html

 

De DESPRECIANDO A ROUSSEAU        (The Sunday Telegrah, 18 enero 1976)

Hay libros que son una labor de amor; éste se me antoja una labor de rencor. J. H. Huizinga escribe sobre Rousseau con tanta animosidad que se diría que el hombre le ha inferido una ofensa personal en vez de estar muerto desde hace casi doscientos años...

… Como novelista, la significación de Rousseau es histórica más que literaria. La nueva Eloisa, cargada de nobles pensamientos para compensar la privación sexual, trata de una muchacha y su tutor, cuyo apasionado idilio epistolar es autorizado a culminar en una sola noche de amor antes de que ella contraiga matrimonio con un caballero de edad avanzada y dedique el resto de su vida a la administración de su finca y a la maternidad. Da cierta idea de la posición de las mujeres, incluso de las damas de alcurnia, en la Francia del siglo XVIII, el hecho de que esta legitimación novelística de una relación prematrimonial basada en el amor verdadero haya motivado que las mujeres adorasen a Rousseau como el más sabio y noble de los hombres.

 Como filósofo, Rousseau es erróneamente considerado el padre de las ideologías totalitarias a causa de su concepto (sumamente metafísico) de un «voluntad general» y la consiguiente supremacía del Estado sobre el individuo. En el calor de la Segunda Guerra Mundial, Bertrand Russell escribió que «Hitler es el producto de Rousseau» y esto se ha convertido en una especie de opinión aceptada.

ConfessionsIncluso como filósofo, Rousseau fue un artista más que un teórico, que expresó no tanto ideas nuevas como una actitud nueva, un nuevo modo de vivir, y lo hizo en el lenguaje más elocuente y mediante las paradojas más impresionantes. Con palabras de Peter Brook, Rousseau consiguió «un cambio en la percepción»…, hizo percibir la posibilidad que tenía cada uno de pensarlo todo de nuevo por sí mismo. Como dijo Madame de Staël: «No ha inventado nada, pero ha infundido fuego a todo.»


La frase de Rousseau, «El hombre nació libre y por doquier está encadenado», continuará sin duda reverberando a través de los siglos. No obstante, para nosotros es importante sobre todo como autor de la Confesiones, una obra maestra de realismo psicológico y psicoanálisis. «Me he exhibido tal como soy –escribió-, tanto vil y despreciable, cuando mi conducta así lo era, como bueno, generoso y noble, cuando me comportaba así.» Cualquiera que sean sus errores de juicio o sus engaños a sí mismo, aparecen transparentes como en una buena novela: Rousseau es tan fiel a los detalles que el lector puede comprenderle mejor de lo que él se comprende a sí mismo.

 

De UNO DE LOS MUY POCOS  (Acerca de Sthendal)

(The Times, 11 mayo 1968)

… El ejemplo clásico de su fulgurante exposición de la realidad social es la descripción de la batalla de Waterloo al principio de La cartuja de Parma. «Solo ha creado unos pocos episodios de esta derrota –escribió Balzac en su crítica-, pero sus pinceladas son tan sugestivas que la mente ve más allá de los detalles ofrecidos y abarca todo el campo de batalla.» Más tarde, Tolstoi dijo que había aprendido de Stendhal a describir batallas, a pasar por alto la grandeza de los ejércitos para concentrarse en la experiencia de los individuos. Sin embargo, ni siquiera Guerra y paz tiene una escena tan conmovedora como el Waterloo de La cartuja. Stendhal la pinta a través de una descripción de los entusiastas y torpes intentos del joven de dieciséis años Fabrizio del Dondo de tomar parte en el último combate de Napoleón. Al final, Fabrizio ni siquiera está seguro de haber estado en aquella gloriosa batalla, ya que solo ha visto humo, confusión, una amable vivandière con su pequeño carro, rezagados regateando caballos y comida, disparando, robando, mutilando… y el misterioso espectáculo de la gente que de improviso ha dejado de vivir.

A través de la formación y la frustración de las esperanzas de Fabrizio, Stendhal nos hace ver no solo más allá de los detalles de la batalla, sino más allá de los confines del periodo, más allá de los rutilantes eslóganes y falsos conceptos que unen a los hombres en la propia destrucción. Los solitarios cadáveres en el campo de Waterloo son los cimientos del principado de Parma, un Estado totalitario que pertenece a todas las épocas. Pero, tomando una frase de Valéry, es una de las «magnitudes características» de toda la obra de Stendhal mostrar el mundo a la luz de esta verdad: cada hombre está solo en la historia.

El genio es la antorcha que ilumina el camino hacia el arte de la felicidad.

El gran arte, de hecho, debe asentarse en una aguda conciencia de las miserias de la vida… El genio de Stendhal radica en su negativa a pintar espejismos, en su rechazo de las bonitas ensoñaciones que solo incrementan nuestras decepciones. Como un soldado de diecisiete años camino de Milán y de su dedicación a la bonheur, vivió su primera batalla, en la que descubrió que la verdadera fuente de felicidad era sencillamente estar vivo; así podía abrazar y en cierto modo extraer satisfacción de todo cuanto le sucedía: el gozo de sobrevivir era su placer más intenso. «Vivir es sentir, tener emociones poderosas», escribe, lo cual no es en absoluto la intuición evidente que puede parecer. Se somete a todas las sensaciones si no lo bastante intensas: incluso la derrota profundamente sentida es una victoria. Lo que importe es experimentar hasta el fondo el milagro de existir…

StendhalChartreuseLa demostración de que nuestra felicidad depende de nuestros verdaderos sentimientos y no, como suele suponerse, de nuestra situación, es otra de las magnitudes características de Stendhal. En La Cartuja de Parma, Fabrizio, el joven veterano de Waterloo, que intenta hacer fortuna en Parma… siente la mayor felicidad cuando todos suponen que es más desgraciado: en la cárcel. Se enomora de Clélia Conti, la hija del alcaide de la prisión y, para su gran sorpresa, la mera vista fugaz de la muchacha a través de un agujero en la pared resulta más emocionante que todo cuanto ha experimentado en el mundo exterior. Frabrizio frustra durante semanas todos los intentos de rescate e incluso tras su reacio fuga anhela regresar a su celda de la Torre Farnese.

… uno de los problemas de nuestras vidas: continuamente esperamos reacción de un modo determinado. No solo nos suponemos capaces de prever acontecimientos futuros, sino que incluso creemos conocer nuestros futuros sentimientos acerca de ellos, y ésta es la fuente de gran parte de nuestra infelicidad. Ningún escritor puede ayudarnos mejor que Stendhal a sanar de este mal causado por nosotros mismos; el novelista a quen Freud llamo «un genio de la psicología» nos muestra la continua tensión existente en nuestra conciencia entre nuestras reacciones esperadas y las reales. Un modo de describir su primera gran novela, Rojo y negro, es decir que se trata de un cuento irónico sobre un joven tan determinado a colocarse en «situaciones felices», tan seguro de saber qué le proporcionará felicidad, que es incapaz de notarlo cuando es realmente feliz.

Nuestra actitud hacia el dinero es lo que más evidencia el hecho de que contamos con nuestras reacciones de inventario. En cuando a Stendhal, no solo era pobre, sino «infantilmente» caprichoso e irresoluto en sus ambiciones materiales. Pese a su elevada posición en la era napoleónica… nunca pudo persistir en sus intentos de hacerse rico.. Invitado a solicitar el puesto de director de abastecimiento en París bajo los BorbonesStendhal pasó ese tiempo en el país donde «los rayos de sol no cuestan nada», enriqueciendo sus sentidos con la música, el arte, la exasperante Gina y la inasequible Mathilde.

Los violentos cambios en el orden social de Francia llevaron ola tras ola de recién llegados hasta el poder y la riqueza, dándolo «todo» a personas que pensaban que lo único que les faltaba en la vida era posición y bienes. Su desengaño produjo la primera epidemia de malestar que aqueja a las clases súbitamente adineradas de hoy en día, cuya causa es sencillamente que no podemos hacer el amor con objetos insensibles, por muy esperanzados que trabajemos para conseguirlos, por mucho que los recubramos de simbolismo sexual. Tenemos una relación estática con todo cuanto poseemos; en un hechizo de muerte. Stendhal poseía una comprensión profunda de este defecto existencial…

… En cada página de las novelas de Stendhal, los personajes están dispuestos a cambiar sus actitudes hacia la gente, a convencerse de juicios nuevos e «imparciales» y a actuar de acuerdo con ellos en cuanto su ego se siente ofendido.

SelloStendhalHay que subrayar que nada de esto tiene una nota quejumbrosa; la jadeante autocompasión que convierte la mayor parte de los libros sobre la condición humana en nauseabundas revelaciones de la honda lástima de sí mismos que sienten los autores, es ajena al realismo de Stendhal. Lejos de rodear el sentimentalismo la desdicha de sus personajes, la exhibe como la principal inspiración del mal. Está enseñando al lector a precaverse de sí mismo, a precaverse de los desdichados

… cuando confió a su hermana Pauline en una nota:

Uno no debe escribir a menos que tenga cosas que decir, que sean grandes o profundamente bellas, y entonces debe decirlas con la máxima sencillez, como si quisiera evitar que llamasen la atención. Esto es lo contrario de lo que hacen todos los necios de este siglo, pero es lo que hacen todos los grandes hombres.

 

 Menospreciado por sus coetáneos, escribió para generaciones futuras, y esto tiene una relación directa con el hecho de que sus obras maestras posean el ritmo, la economía y la tensión de las buenas novelas de suspense. Dando por sentado que sus futuros lectores no conocerían ni se interesarían por el periodo en el que él vivia, encontró fácil pasar por alto las grandes cuestiones efímeras de su tiempo, la clase de problemas de primera plana que se infiltran en la mayoría de las novelas, dejándolas anticuadas en unas pocas décadas…

 

De LA OBRA MAESTRA INACABADA  (Acerca de la novela Lucien Leuwen de Stendhal,)

London Review of Books, 20 febrero 1986

LucienLeuwenLucien Leuwen rebosa de historias escandalosas, la clase de chismes que los corresponsales políticos cuentan a sus amigos pero rara vez publican por temor a las demandas por libelo o falta de pruebas ante un tribunal, o por deferencia y «altas consideraciones políticas». Solo en las novelas puede contarse la verdad sobre los poderosos. De hecho, el propio Stendhal escribió, citando a su amiga Mme. Destutt de Tracy: «ya no se puede llegar a la verdad excepto en una novela».

Ningún otro novelista llegó a la verdad sobre la política con tanto detalle y profundida, en cuestiones grandes y pequeñas, de una forma tan animada e irónica como Stendhal. Algunos podían igualar su genio, pero ninguno poseía su amplia experiencia en asuntos públicos.

El ex soldado, oficial de estado mayor, administrador y funcionario del gobierno escribió Lucien Leuwen mientras servía como cónsul de Luis Felipe en Civitavecchia. No era un extraño que atacaba «el sistema», sino un hombre informado que se enorgullecía de su exactitud y esperaba ser leído en el siglo XX. Aspiraba a definir cómo funcionan las cosas. Cualquier ejecutivo competente reconocería la verdad –más, la importancia vital- de observaciones como «cuando uno es comandante en jefe, debe saber humillarse» o «Trata siempre a un ministro como a un imbécil; no tiene tiempo para pensar»…

 

De UNA VERDADERA HEROÍNA.  (Sobre Mary Wollstonecraft, The Sunday Telegraph, 22 septiembre 1974)

Mary Wollstonecraft (1759-1797) fue la autora de Una vindicación de los derechos de la mujer, el primer libro en defensa de iguales derechos y oportunidades para los sexos, y parece AVindicationque nunca tocarán a su fin los injustificados y vehementes insultos prodigados a esta valiente dama.

«Una hiena con enaguas –la llamó Horace Walpole-, una serpiente filosófica.» En la prensa fue descrita como una puta «que derribaba las barreras destinadas a frenar el libertinaje», la historia de cuya vida sería «leída con repugnancia por todas las mujeres que tengan alguna pretensión de delicadeza»…

… Como la propia Mary Wollstonecraft escribió en su libro:

Una de las razones por las que los hombres tienen un criterio superior y más fortaleza que las mujeres es, sin duda, el que dan más libertad a las grandes pasiones y, al descarriarse con más frecuencia, ensanchan sus mentes.

 

Cuando fue a París para ver la Revolución francesa con sus propios ojos, conoció a los girondinos y presenció su destitución y la muerte en la guillotina de su nueva amiga Madame Roland, junto con las cortesanas y actrices que habían pensado que ellas también eran libres de incorporarse a la política. No había ninguna república para la libertad femenina…

 

De LA GRAN MENTIRA DE NABOKOV   (The Sunday Telegraph, 11 enero 1987)

En invitación a una decapitación Nabokov se burla sin piedad de la pretensión de que el ejecutor pueda ser el amigo de su víctima, es decir, de que una persona pueda amar a otra ignorando su dolor. Esta excelente novela podría servir también como comentario crítico a lo absurdo tanto de Lolita como de El encantador, la novela corta pre-Lolita de Nabokov, ambas rapsodias románticas sobre la violación de niños, sobre la añoranza conmovedora y el amor profundamente sentido de los pedófilos por los niños a quienes molestan, y sobre el remordimiento que sus almas sensibles han de soportar. En ambos libros se le advierte al lector que no confunda los deseos del pedófilo con la lujuria y lascivia de mal gusto…

… Las mujeres aquí no solo aparecen repulsivas al pedófilo, sino que es como son en realidad. Un hombre atraído por la belleza no tiene otra opción que entusiasmarse por las niñas de doce años.

Tanto en El encantador como en Lolita, el pedófilo es el personaje más simpático, porque es retratado principalmente por medio de su deseo y su miedo a que lo atrapen (sentimientos comunes y naturales con los cuales es fácil identificarse), mientras que los otros adultos se revelan por los detalles de su asquerosa apariencia física y sus asquerosas costumbres personales. Es como si en el film el pedófilo apareciera bañado en una luz celestial y la gente normal, cubierta de excremento.

Lolita1

Yo no creo que Nabokov hubiera usado sus inmenso talentos para fines tan innobles si no hubiera sido un fanático del Arte por el Arte, si no hubiera creído con pasión que la literatura era solamente una construcción mental, un tipo de juego que no tiene nada que ver con la vida real. No obstante, como él mismo demostró, las novelas tratan siempre de la vida; si no la reflejan con verdad, mienten acerca de ella. Aquellos libros suyos que sobrevivirán pertenecen a la tradición de los grandes autores realistas a quienes él despreciaba.

 

DE AMOROSAS TENTATIVAS DE LIBERTAD  (Sobre Cuentos libertinos de Balzac, La Nación, 23 de mayo 1993)

… En «La fortuna es siempre mujer» un caballero de Turena que ha viajado mucho y lo ha perdido todo, incluso su cabalgadura, es interrogado por un rico señor veneciano al que se encuentra en un bosque.

- Si has viajado tanto –observó el veneciano-, debes se un hombre instruido.

- He aprendido a no prestar atención a los que no se preocupan por mí. He aprendido que por alta que esté la cabeza de un hombre, sus pies siempre están al mismo nivel que los míos. Y lo que es más, he aprendido a desconfiar de los días templado del invierno, del sueño de mis enemigos y de las palabras de mis amigos.

 

… Quien se haga con un ejemplar del libro pasará una semana inolvidable. El propio Balzac escribió: «En la especial jurisprudencia del ingenio y sabiduría es costumbre tener en más alta estima una hoja del árbol de la Naturaleza y la Verdad a todos los volúmenes indiferentes de los cuales, por exquisitos que sean, no es posible extraer ni una risa ni una lágrima

Con su sabiduría destilada de las lágrimas y la risa, los Cuentos libertinos seguirán siendo uno de los textos fundamentales para la educación de un individuo. Nunca perderán actualidad y jamás serán superados. La agudeza poética de Balzac sabe capturar una oleada de pasión, un personaje, una relación humana con el mágico poder de la exactitud, fijando así el momento perecedero mientras el sol siga brillando.

 

De LA ÚLTIMA PALABRA.  SOBRE MEDIOS DE COMUNICACIÓN:

 LAS ILUSIONES PERDIDAS DE BALZAC  (The Time, 24 de junio 1971)

Algunos lectores dejan de leer a Balzac porque empiezan por el libro equivocado. Son muchas las obras irregulares que tiene en su haber, Les Chouans, la primera novela que firmó con su nombre. El lirio del valle se cierra con una escena memorable, aunque uno deba respirar gran cantidad de aire viciado del siglo XIX antes de poder entrar en ella. Un escritor con una debilidad por el lujo, acosado por los acreedores y que guarda la esperanza de casarse con una rica y superficial condesa polaca tenía muchos incentivos para conformarse; no podía tomar en cuenta solo a la minoría feliz. Escribió sin pausa y visitó todos los géneros y estilos: quería ofrecer materia de lectura a todo tipo de lectores, y prestaba atención a todas las creencias y prejuicios populares. Pero a diferencia de los escritores menores, Balzac sacó provecho de sus flaquezas y estupideces, y los utilizó para ponerse en la piel de todo el mundo. Era como si se volviera estúpido solo para poder escribir sobre los estúpidos y se ayudara de las opiniones recibidas para obtener una noción más profunda de cómo funciona la mente humana…

illusions-perdues

… Por alguna razón, las Ilusiones perdidas está considerada como una sátira del negocio de la prensa, aunque a la luz de mi experiencia como colaborador en periódicos, radio y televisión, como redactor de una revista literario-política, como productor de un programa sobre cultura y acontecimientos de interés público, como novelista que trata con editores… a la luz, a fin de cuentas, de las vivencias de amigos y conocidos que trabajan en los medios de comunicación de cuatro continentes, yo, sinceramente, no veo la sátira por ningún lado. Balzac tenía un gran sentido de la ironía y el ingenio siempre pronto; concede siempre a sus lectores la oportunidad de reír, pero eso es muy distinto de la exageración. De la veracidad de las Ilusiones perdidas da cuenta la prensa parisiense de la época: se sintieron tan ofendidos que lo ignoraron con la esperanza de que caería en el olvido si no lo mencionaban…

… Las Ilusiones perdidas contienen algunas de las escenas cómicas y tragicómicas más espléndidas que jamás se hayan escrito, que expresan una alegría absoluta, la emoción, el arte de la estafa. En esta obra muestra, lo que merece la pena hacer, merece la pena hacerlo bien.

Leer las Ilusiones perdidas es ser empujado, derribado y zambullido en agua caliente y agua fría: cualquiera de las emociones que el lector sea capaz de sentir, Balzac se las hace sentir. Éste es un libro que el lector no puede soltar aunque lo esté leyendo por décima vez…

 

De VER A TRAVÉS DE LA CONFUSIÓN HUMANA.  (Sobre la biografía de Gógol que escribió Henri Troyat.  The Sunday Telegraph, 30 marzo 1975)

No hay apenas una página en este libro donde no se encuentre algo profundamente ofensivo. El tema de Henri Troyat es Gógol, pero de lo que trata realmente esta biografía es de aquel cómodo y cálido sentido de superioridad que experimentan las personas mediocres cuando se enfrentan con el genio.

Por un lado, este «este pequeño intrigante ucraniano», siempre «husmenado en busca de nuevas ideas» era ridículamente excitable respecto al arte. Atacaba los museos, embestía las ruinas… pero «como de costumbre, fue demasiado lejos».

LasAlmasMuertasAquí lo tienen en media frase, eso tan terrible acerca de todos los artistas verdaderos: van demasiado lejos, llegan hasta el borde del abismo y caminan sobre el aire, mientras los Troyat de este mundo tiene que avanzar a un mesurado paso de tortuga y aún así se atascan en el fango de su incomprensión.

 Un gran escritor es como un gran científico: a través de su obra se conoce algo vital que no se conocía antes… A Nikolai Gógol (1809-1852) le debemos nuestra conciencia de las cósmica lagunas en la competencia humana. En toda la literatura del mundo ningún escritor fue tan lejos como Gógol en la exploración de las profundidades de nuestra ineptitud, la confusión de la raza humana, el patetismo del esfuerzo mal dirigido.

Gógol fue quien descubrió que las personas no piensan con sus cerebros, como deberían pensar, sino con otras partes de su anatomía. En Almas muertas, el fiscal:

... fue completamente incapaz de ver el sentido de la cuestión, pese al hecho de que permaneció algún tiempo en el mismo lugar, guiñando el ojo izquierdo y dándose golpecitos en la barba con el pañuelo para quitarse el rape.

 

Con anterioridad, en Almas muertas, hay una grave discusión sobre cómo el héroe, Chichikov, debería tratar a los siervos que acaba de comprar; se produce un choque de opiniones liberales y reaccionarias en un debate serio y revelador sobre la cuestión de los siervos. El único obstáculo es que los siervos que deben ser tratados con suavidad o dureza ya están muertos.

En Gógol todo es absurdo pero natural, natural pero absurdo…

 

De UN CABALLO EN LA ÓPERA    (De antologías y críticas sobre Jean Paul Sartre. The Times, 11 de enero 1969)

… El lector solo tiene una defensa: hacer caso omiso de los libros sobre escritores y leer a éstos directamente. Siempre son interlocutores más lúcidos, más divertidos o, por lo menos, más interesantes con quienes discutir en la propia mente que los intermediarios conferenciantes.

Si el libro de Hazle E. Barnes tiene un tema propio, es la proposición, totalmente irrelevante y a la vez insostenible, de que Sartre es un pensador consecuente. Irrumpió en la escena literaria en 1938 con La náusea, una brillante y muy sentida novela que expresa su rechazo de la raza humana. Desarrolló por consiguiente una filosofía profundamente individualista en El ser y la nada, que ha ido diluyendo cada vez más con presunciones colectivistas sobre la perfectibilidad de los hombres, siempre que puedan ser curados del capitalismo.

SartreEsto no me parece muy consecuente, aunque, por supuesto, si lo fuera, no tendría importancia. La consecuencia es una virtud para los trenes: lo que queremos de un filósofo son intuiciones, tanto si llega a ellas con coherencia como sin ella…

Sartre arguye que, lejos de estar encajonados, podemos elegir incluso nuestro pasado, en el sentido de que elegimos su significado, lo que es importante y lo que no lo es. En cuanto al futuro, Sartre insiste, severa pero correctamente, en que uno siempre es libre de suicidarse o desertar, por lo que nunca pude decir con verdad que no tiene elección y que no es responsable de sus actos.

El concepto existencialista de que somos libres de cambiarnos a nosotros mismos aunque no podamos cambiar nuestras circunstancias le condujo a una profunda exploración de las alternativas que se nos ofrece, incluso en situaciones desesperadas. El ser y la nada y San Genet (junto con El mito de Sísifo y El hombre rebelde de Camus, que deben mucho a Sartre) son los tratados más inspiradores sobre la libertad interior…

 

De UNA PASIÓN POR LO IMPERSONAL  (Sobre André Malraux. The Sunday Telegraph, 16 de noviembre 1975)

Una de las cosas que mejor organizan en Francia es el honor y la atención que conceden a las actividades intelectuales, lo cual puede explicar por qué han tenido tantos pensadores profundos y también, ¡qué lástima!, tantos presuntos intelectuales que, debido a su mayor número, dominan y dirigen la cultura oficial.

Así pues, si es típico que los libros más lúcidos que se han escrito lo hayan sido por franceses, es igualmente típico que incluso maravillas del mundo como La cartuja de Parma e Ilusiones perdidas hayan sido ignoradas o denostadas en Francia durante muchos años. Los franceses tienen los mejores pensadores y la mayor cantidad de seudos, y en la actualidad el más ilustre de los seudos, de la especie que yo llamaría farsantes de la cultura, es André Malraux

 

De EL PODER DE LA CRÍTICA LITERARIA   (Kleist / Stendhal...     ABC Literario, 14 julio 1990)

Heinrich von Kleist, uno de los mejores escritores que jamás hayan exisitido, se suicidó en 1881 porque no podía ganarse la vida con sus obras maestras. Siempre envió sus libros a Goethe a quien consideraba no solo un gran poeta, sino un genio universal, el más profundo de los jueces de arte y literatura. Un solo párrafo aprobatorio firmado por Goethe le habría ganado a Kleist la atención de lectores cultos de toda Europa y hubiera podido continuar escribiendo hasta una floreciente ancianidad. Desgraciadamente, Goethe aborrecía el genio de Kleist, más osado que el suyo, y acerca de él solo hizo malignos comentarios, de forma que los alemanes cultos pensaban que no podrían nada no leyendo a Kleist. A la edad de treinta y cuatro años, gozando de perfecta salud y en la cumbre de su poder creador, pero empobrecido, desconocido y humillado, quemó la única copia de su única novela y se disparó un tiro. Cuando surge el tema de la crítica literaria pienso en el cadáver de Kleist.

heinrich von kleist by vorini

El suicidio de Kleist consiguió lo que no habían hecho Goethe y otros críticos alemanes: atrajo la atención sobre sus obras. Hoy, la mayoría de personas interesadas seriamente en la literatura tienen en su biblioteca por lo menos su volumen de cuentos. Una de sus cartas se vendió hacia 1960 en Marburgo por más dinero del que él ganó en toda su vida.

A Stendhal no le fue mucho mejor en Francia, ignorado como fue por la suprema autoridad crítica de la época, Sainte-Beuve, que no deseaba ofender a los gobernantes de Francia, entre ellos los prelados de la Iglesia católica. Stendhal retrató los diversos tipos de funcionarios eclesiásticos corrompidos con una profundida tan perdurable que más de un siglo después, en Hungría, yo podía reconocer en ella los funcionarios del partido comunista que señoreaban sobre los húngaros con la misma mezcla de santurronería, hipocresía, codicia y malevolencia…

Freud llamaría a Stendhal el «padre del psicoanálisis», pero para los críticos contemporáneos, el escritor se convirtió en una no-persona. Comentando las pocas reseñas elogiosas que recibió Rojo y negro, Stendhal escribía a un amigo: «Si  tuviera muchas más críticas de este tipo, sería un barón o un socio de la Academia. ¿Pero de qué me sirve esta par de puñados? No son suficientes ni para encender un horno».

La cartuja de Parma, con la que Tolstoi aprendió a describir batallas y que Proust consideraba «la novela más grande jamás escrita», quedó enterrada en el silencio y podía haberse perdido para siempre, junto con el resto de la obras de Stendhal, si Balzac no la hubiera rescatado del olvido…

… No solo porque se pierde en la multitud sino porque «esas viles mediocridades que deberían elegir individuos superiores en cualquier clase socia… se eligen naturalmente el uno al otro y declaran una guerra implacable a los verdaderos artistas»

¿No puede decirse lo mismo con respecto a la literatura y la crítica literaria de hoy? ¿Cómo si no, habrían adquirido rango de grandes artistas escritores inmaduros como Kundera, insípidos y anémicos como Updike, o monótonos como Beckett, que golpea siempre la misma tecla del sí bemol en el piano? Centenares de millares de lectores que nunca han oído de Lazarillo de Tormes o de Galdós, que habás han leído una línea de Cervantes o Dostoievski o ni siquiera de grandes escritores del pasado reciente como Italo Svevo o Thomas Mann, se abren paso penosamente a través de Beckett y demás, embaucados…

IlPendoloFoucault… Solía pensar que Estados Unidos era una caso muy especial, pero ocurrió que me encontraba en Italia cuando publicaron El péndulo de Foucault de Umberto Eco, y la descarada promoción bajo la guisa de crítica literaria habría avergonzado a Nueva York. El éxito fabricado de este libro imposible de leer combina las malas influencias del dinero y la insolencia académica, que han engañado a la gente crédula para que crea que la literatura es lo que pueden hacer profesores: mencionar hechos poco conocidos, citas de oscuros documentos, divagar sobre todo y sobre nada, mezclar frases incomprensibles con lugares comunes. El péndulo de Foucault fue aclamado por los medios de comunicación como el Segundo Advenimiento de Cristo…

En particular me llamó la atención una pareja de jóvenes que parecían no haber entrado nunca en una librería. Mientras esperaban a que se desembalara una nueva caja del libro, comencé a hablar con ellos y les invité a que miraran los otros libros; en una tienda bien surtida, con la mayoría de los tesoros de la literatura italizan y mundial en sus estantes. No habían leído ninguna de aquellas obras, según pude discernir, e intenté interesarles en el Decamerón, el Las florecillas de San Francisco (cuentos estupendos), en las Crónicas italianas de Stendhal, en los Cuentos libertinos de Balzac, en los cuentos o novelas cortas de Cervantes, Maupassant, Mark Twain e Italo Svevo, en el Viaje Sentimental de Sterne, en El sombrero de tres picos de Alarcón, en los Cuentos romanos de Moravia, en Confesiones del estafador Felix Krull de Thomas Mann –libros que incluso alguien que no hubiera leído nunca un libro podría disfrutar: Conseguí tener fascinada durante diez minutos a la joven pareja con mi mal italiano, enseñándoles todos esos libros, y luego les dejé para que tomaran su decisión. Los vi más tarde salir de la tienda llevan un ejemplar de El péndulo de Foucault.

Estoy seguro de que los críticos, periodistas, editores y productores que crearon tan monumental bullicio a propósito de una novela imposible de leer nunca han reflexionado sobre su abyecta traición a la causa del alfabetismo. A menudo suelo pensar en aquella joven pareja. Después de cincuenta páginas, cuanto más, debieron decidir que realmente los libros no eran para ellos y habrán vuelto a contemplar la televisión durante el resto de sus días.

 

De LAS CARTAS DE THOMAS MANN   (Sobre Thomas Mann. The Times, 14 diciembre 1970)

… En 1929, cuando recibió el Premio Nobel a la edad de cincuenta y cuatro años, Thomas Mann había escrito Los Buddenbrook, La montaña mágica, Muerte en Venecia, Tonio Kröger, Tristán y muchos otros relatos y novelas cortas; una obra ya de por sí impresionante para toda una vida. No obstante, mejoró al envejecer y escribió sus dos mejores libros, Doctor Faustus y Confesiones del estafador Felix Krull, después de los setenta años. Solo esto es una indicación de la fantástica energía creadora que le poseía. Además, fue apreciado: ningún escritor de este siglo desde la muerte de Tolstoi ha sido una figura mundial semejante, y a ninguno complacieron tanto los laureles que el mundo podía otorgar. A los setenta y nueve años escribre sobre su gran deleite al recibir de la reina Juliana «una cosa magnífica, la Cruz de Comendador de Orange-Nassau, el juguete más bonito para niños grandes»

El resentimiento latente contra su reputación…

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Otra sombra se cernía sobre la brillantez del destino de Thomas Mann: nunca podía pensar en soledad, sin por lo menos, una conciencia sublimizar del efecto de sus palabras sobre las hordas de quisquillosos admiradores –críticos, editores, columnistas, profesores- que mantenían su reputación pero estaban dispuesto a lanzarse contra él si dejaba de estar a la altura de sus expectativas literarias, políticas o morales. Mann demostró tener mucha más integridad de Goethe como favorito de los poderosos e influyentes, pero su afán de no ofender a sus admiradores es muy comprensible. Uno empieza a ver la razón de los pasajes inexpresivos en algunas de sus novelas, la pesadez ocasional, la opinión equilibrada en lugar del intrépido salto requerido cuando se leen sus circunspecta cartas a las autoridades del Estado, prensa y academias. ¡Cuánto más fácil era para genios no reconocidos como Stendhal o Kleist o Italo Svevo decir con exactitud lo que pensaban y sentían! Porque no importaba; a nadie le importaba un bledo lo que escribían, excepto a unos pocos amigos íntimos. El fracaso es una especie de suerte, siempre que no le mate a uno.

 

De EL PODER DE LO PRETENCIOSO     (USA Today, 20 septiembre 1985)

La muerte de mi hermano Abel, de Gregor von Rezzori, explica a la perfección por qué la mayor parte de las personas inteligentes han dejado de leer obras de ficción. Presentada como una gran novela alemana, «un hito en la literatura del siglo XX», es en realidad un gran revoltijo sin sentido. El propio narrador los describe como «un libro sin trama ni argumento sólido, sin una idea básica, sin un principio unificador, un libro que aumenta y prolifera como un cáncer, alimentado por mis caprichos y estados de ánimo…»

Uno de los caprichos del narrador es el de referirse al Holocausto como una «inmoderación» y lamentar el paso del antisemitismo:

¡Qué bella tensión… nos hemos perdido por culpa de la inmoderación alemana! Europa sin odio a los judíos… es como la fe en Dios sin el demonio. La pérdida de una dimensión metafísica. Una pérdida de erotismo. Mi corazón se acelera cada vez que pienso en las apasionadas caricias que provoqué en Nuremberg cuando abracé a la muchacha de cabellos negros del campo de exterminio y la murmuré al oído: «¡Puta judía!», y ella me golpeó el pecho con los puños y jadeó: «¡Sucio gentil»

 

LaMuerteDeMiHermanoAbelSolo alguien con la sensibilidad embotada, el cerebro pequeño y la piel gruesa de un cerdo podría dejar de percibir la diferencia emocional entre el insulto indoloro «sucio gentil», que no estaba vinculado a ningún castigo, y «puta judía», uno de los términos injuriosos que se convirtieron en sentencias de muerte para millones. Sin embafgo, se espera que nos creamos que una superviviente del campo de exterminio realizaba esta ecuación y reaccionaba con «apasionadas caricias» al ser tildada de «puta judía»…

Como toda literatura es invención, muchos lectores, y también críticos, no saben apreciar que en la ficción puede existir la mentira. Los caballos filósofos de Swift, los ángeles de Mark Twain, los fantasmas de Kleist encarnan verdades profundas sobre la naturaleza y la sociedad humana (es en este sentido que todos los cuentos de Grimm son ciertos), pero por la misma razón una novela al parecer naturalista en la que no ocurre nada físicamente imposible y que a veces se presenta como un reportaje de sucesos históricos, puede ser solo una sarta de mentiras. Aunque esto pueda parecer una contradicción, la novela de Rezzori es a la vez estúpida y taimada… como de hecho tiene que ser para persuadir a los lectores de que no hay manera de distinguir el bien y el mal. Tal es la defensa última de todas las malas acciones…

Por sus actos los conocerás es la ley fundamental de la ficción; no puede haber una buena novela que no se base en ella. Solo los actos revelan elecciones morales, solo la acción define a un personaje, y, por supuesto, nunca tan clara y dramáticamente como en un terreno de vida y muerte como el que existía bajo el imperio del terror de Hitler.

Para cubrir el gran hueco en el pasado del narrador, resulta muy útil la teoría de la novela moderna. La novela moderna, que carece de acción o argumento significativo y, por lo tanto, de perspectiva sobre el mundo interior de sus personajes, es sumamente apropiada para exponer la clase de locura moral representada por el fascismo, que se basa en un desprecio similar por lo que hacen las personas, ya que no son responsables de ello. En realidad, ni siquiera importa lo que escribe un escritor. «Maldita sea, no es tan importante lo que escribe un hombre. La gente quiere saber cómo lo ideó...»

 

De EL HONOR AL ESTILO DE LA MAFIA      (The Daily Telegraph, 4 septiembre 1983)

Mafioso significa «fogoso, valiente, entusiasta, bello, vibrante y vivo». Eso dicen muchas películas de Hollywood, algunas de las cuales son financiadas por la Mafia, y esto dice también el jefe criminal neoyorquino, posiblemente retirado, Joe Bonanno, en Un hombre de honor: autobiografía de un padrino, redactada por un escritor fantasma.

Con la agradecida ayuda del fantasma, su editor y su abogado. Bonanno miente a lo largo del libro de un modo sentimental pero taimado, como mienten los criminales después de haber discutido sus problemas con expertos, mezclando medias confesiones con desmentidos y pura ofuscación, que es como se engaña a los jurados.

JoeBonannoMenciona, por ejemplo, que su padre, Salvatore, robó un candelabro de oro de su monsignor cuando renunció a estudiar para sacerdote, pero añade que lo hizo con el fin de «anular sus obligaciones para con la Iglesia y volver al hogar a pesar de las objeciones de su madre». A menos que uno esté muy alerta, recibe la impresión de que el pobre Salvatore no podría haber salido del seminario para matar a dos hombres y asumir la dirección de la banda familiar si no hubiese robado el oro.

Los asesinatos del padre se admiten de esta forma: «Poco después de que Salvatore Bonanno volviera a su casa, dos miembres del clan de Buccellato encontraron la muerte». Bonanno alardea de su duro y viril progenitor, pero deja espacio para una duda razonable. Es imposible condenar.

Joe Bonanno es un hijo amante. Recuerda con cariño la iniciativa de su padre en una ocasión en que le juzgaron por el asesinato de un granjero vecino. Para desacreditar al principal testigo de cargo, Salvatore dijo al juez que se había acostado con la esposa del testigo y que la declaración era la venganza de un marido carnudo. Para probar esta vil calumnia citó destalles íntimos de la anatomía de la mujer, obtenidos de una comadrona sin escrúpulos. Bonanno relata con satisfacción que su padre fue absuelto y que en lo sucesivo los niños de Castellmmare simulaban unos cuernos con los dedos cuando el marido pasaba por la calle cerca de ellos: no dice qué le ocurrió a la joven esposa…

Un hombre de honor es un libro mendaz de desinformación destinado a mejorar la imagen pública de los gangsters y desacredita a la gente que intenta protegernos de ellos. Lo que encuentro más inquietante del asunto es el hecho de que los responsables de este disparate criminal, los editores neoyorquinos Simon & Shuster, pasando por alto lo que hacen los hombres de las familias mafiosas a las familias de otros hombres, aclamen a Joe Bonanno como uno de «los famosos y poderosos hombres de ese mundo misterioso y fascinador…»

Pero el engaño no es un punto de vista y en este caso se trata de propaganda enemiga en tiempo de guerra.

 

De COMENTARIO SOBRE UN POEMA (IMRE NAGY Y LA REVOLUCIÓN –En Hungría- DE 1956).  Horizon octubre 1986 y Londres 2001

Conocía hace tiempo a un hombre que fue ahorcado. O mejor dicho, caminé un rato a su lado por la Avenida Rokóczi de Budapest en la primavera de 1956…

ImreNagy 1

… Los húngaros –y esto es lo primero que hay que comprender sobre ellos- aman a los perdedores.

Desde lejos, el gran rompecabezas de la revolución húngara de 1956 es la locura de una nación pequeña al revelarse contra la poderosa Unión Soviética. De hecho, esta locura no fue una aberración pasajera; es una característica nacional. A los húngaros nunca les han impresionado suficiente el poder imperial ni los peligros de la derrota. Cuando se trata de estas cuestiones, piensan en términos de siglos. Como Lajos Kossuth, dirigente de la revolución de 1848 contra el poderso Imperio de los Habsburgo, solía decir, con un matiz de arrogancia nada atípica, los húngaros tienen una «personalidad histórica»…

… En la batalla de Mohács, en 1526, los turcos aniquilaron al ejército húngaro, y durante los dos siglos siguientes Hungría fue una provincia del Imperio otomano. Durante este periodo, casi la mitad de la población del país murió de hambre o de peste o fue llevada a los mercados de Arabia. Pero el Imperio otomano ya no existe y Hungría sigue existiendo…

… Nuestros momentos de triunfo han sido demasiado escasos para darnos todo el orgullo que necesitamos, pero nos enorgullecemos del hecho de haber sobrevivido a la invasión tártara (1241), la ocupación turca (1526-1699), la ocupación austriaca (1711-1918) y la ocupación alemana (1944-1945). Lo cual es la razón por la que pocos de nosotros imaginamos que los rusos se quedarían para siempre…, la cuestión era solo cuando se marcharían y cómo.

Las naciones poderosas tienen a creer que las victorias son eternas; los húngaros creen en la decadencia del poder, en ser súbditos revoltosos, en hacer que los fuertes paguen por sus conquistas…

RevHun Stalin… Fui uno de varios escritores jóvenes que organizamos la demolición de la estatua de Stalin el 23 de octubre de 1956, trabajé en el primer periódico de la revolución, Verdad, y después de la segunda invasión rusa de Budapest, el 4 de noviembre, luché durante una semana antes de escapar a Occidente. Durante este periodo no tuve mucho tiempo para escuchar la radio, pero pensé mucho en hombres como el conde Zrinyi, que me incitaron a revelarme y me impidieron huir cuando estaba asustado. Influyeron más en mí los actos y las palabras de personas muertas que los de cualquier persona viva.

Dudo que haya habido una sola persona en la lucha de la revolución que no oyera resonar en sus oídos las campanas de Hunyadi.

János Hunyadi  fue un condottiere del siglo XV… que derrotó reiteradas veces a los turcos. En 1456, aniquilaron a las fuerzas turcas en la ciudad de Nándor-fehérvar (ahora Belgrado), en la Hungría meridional, posponiendo con ello por setenta años la ocupación turca de Hungría y salvando a Austria e Italia de una conquista que parecía segura por parte de los ejércitos del Islam. Para celebrar la gran victoria, el papa Calixto III ordenó que las campanas repicaran a mediodía; y tal es la razón por la que éstas todavía dan la hora a mediodía en todas las iglesias católicas de la Cristiandad…     

… En 1955, al final de su primer mandato, Imre Nagy hizo algo sin precedentes entre los dirigentes del régimen colonial: no cambió de acurdo con el cambio de línea del partido de Moscú. No llevó a cabo el ritual prescrito de autocrítica de su política de liberalización y no respaldó la nueva política de apretar los tornillos. La prensa hizo propaganda de su integridad al insultarle por negarse a reiniciar a sus «políticas antipopulares». Así nos enteramos de que una vez más había un dirigente húngaro que avisaba que la nación ya estaba harta de un gobierno extranjero…

… Al final le ahorcaron por la misma razón por la que cayó en desgracia oficial después de su primer mandato: por su elocuente silencio.

Imre Nagy es una de esas raras figuras que hacer relativamente sencillo el estudio y la interpretación de sucesos complicados: su carácter y su destino explican un momento de la historia sin ayuda de voluminosos detalles…

RevHun tanque… Igual que la primera vez, fueron los rusos quienes le aprobaron como primer ministro de Hungría en la mañana del 24 de octubre de 1956, el segundo día de la revolución. No era el primer ministro de la revolución, sino la respuesta del Kremlin a ella… así que los rusos esperaban que su nombramiento y el fuego de su propia artillería sofocaran la rebelión. Mientras los ciudadanos luchaban contra los tanques soviéticos por las calles de Budapest, Nagy intentaba calmarlos con emisiones de radio sobre sus planes de reforma. Era por naturaleza un reformista, más que un revolucionario…

… No obstante, las instancias de Nagy… cayeron en oídos sordos. Había muerto demasiada gente en los primeros días de lucha para permitir que alguien se conformara con concesiones que podían ser retiradas en cualquier momento mientras las tropas rusas permanecieran en Hungría. La gente no arriesga la vida por medias tintas. Solo les preocupaba una cosa: deshacerse de los rusos. El odio a los rusos era de hora en hora más evidente. Y este odio no tenía que ver solo con el comunismo y el gobierno extranjero, sino también con el alfabeto cirílico, las costumbres eslavas, los restos de ortodoxia rusa y los vapores del vodka. Si Hungría hubiera sido una colonia francesa, no cabe duda de que los húngaros también habrían odiado a los franceses; pero habrían tenido una cultura similar y actitudes más o menos similares ante la vida. Pero los húngaros no tienen nada en común con los rusos; todo lo suyo se nos antoja extraño y desconcertante.

A los pocos días, ni Imre Nagy ni nadie más podía hacerse la menor ilusión sobre la posibilidad de alguna clase de democracia socialista en Hungría bajo los rusos… no necesariamente a causa de los rusos, sino a causa de los húngaros…

… De hecho, a finales de octubre pareció que los propios rusos deseaban abandonar el país donde se les odiaba tanto… había dicho a Nagy que los dirigentes soviéticos no podían perder el tiempo que desperdiciaban intentando solucionar los problemas de Hungría… Y el 30 de octubre, el gobierno soviético anunció su disposición a negociar la retirada de Hungría de todas las tropas soviéticas.

Aquel mismo día, sin embargo, los británicos y los franceses enviaron un ultimátum a Egipto sobre el control de canal de Suez. Al cabo de unas horas llegaron informes de que nuevas tropas soviéticas invadían el nordeste de Hungría. Moscú, en un cambio dramático, había decidido aplastar la revolución.

RevHun camionFue después de esto, el 1 de noviembre, mientras se enfrentaba a una invasión total, a la derrota del ejército húngaro, a la ejecución de miles y a la subyugación de todos, cuando Nagy accedió por fin a expresar la exigencia de independencia por parte de la nación y anunció la retirada de Hungría del Pacto de Varsovia, pidiendo a la ONU que garantizase la neutralidad del país…

Nagy fue universalmente condenado por esta «locura» incluso por los comentaristas más compasivos de Occidente, puesto que no dejaba a los rusos «otra alternativa» que desquitarse con toda su fuerza…

… Sean cuales fueren las circunstancias y las consideraciones del momento, me parece que en última instancia Imre Nagy decidió identificarse con la exigencia de independencia de su nación porque un sentido de la historia es más fuerte que la clase o la idología. Desde el punto de vista histórico, incluso unos pocos días de independencia significan mucho: un precedente para el futuro.

De momento, todo estaba perdido.

Alrededor de las cuatro de la madrugada del 4 de noviembre, unidades del ejército soviético iniciaron ataques simultáneos contra Budapest y otras ciudades húngaras importantes…

Durante sus dos años de detención, ofrecieron repetidamente a Nagy la oportunidad de condenar la revolución y vivir. Una vez más, lo único que querían de él eran palabras. Incluso en el juicio secreto de 1958, Kádár ordenó a los jueces que no sentenciaran a muerte a aquellos que se mostraran arrepentidos de sus actividades contrarrevolucionarias... que aprovecharon esta última oportunidad de ceder y ahora están libres. Pero Imre Nagy, el general Maléter, Miklós Gimes, un periodista y József Szilagyi, secretario de Nagy, no quisieron condenar al pueblo ni aquello por lo que habían luchado, ni siquiera para salvar sus vidas. Fue esto lo que hizo de ellos –y de Nagy más que los otros, por su mayor importancia política- no meras víctimas, sino héroes trágicos: pudieron elegir su destino. Golpearon a Nagy, le amenazaron, pero no consiguieron obligarle a renunciar a la libertad del Magyarország (Magyar, húngaro, ország, país). Prefirió ser ahorcado.

… No se entregó ningún cuerpo a las familias: no hay tumbas.

ImreNagy bandera¿Existe una nación que pueda perdonar semejantes crímenes contra sus dirigentes? Y quizás los húngaros tengan más memoria que la mayoría de las naciones, debido a la poesía.

Lo que la ópera significó para los italianos durante la ocupación austriaca, es lo que significó la poesía para los húngaros. Todas las libertades se ocultan en la poesía.

La mejor poesía húngara tiene la melancólica ferocidad de un animal enjaulado, y también una claridad clásica y una falta total de autocomplacencia, debido al hecho de que los poetas soben que son los únicos en todo el páis a quienes el pueblo cree y quiere escuchar…

Buena parte de la poesía húngara es histórica… y hace historia. En las dos revoluciones de 1848 y 1956 se luchó al son de dos poemas. En 1848 fuel el de Sándor Petöfi, «¡Levantaos, magiares, es ahora o nunca!» y en 1956 fue el de Gyula Illyés, «Una frase sobre la tiranía». Entre las revoluciones, es la poesía lo que mantiene al pueblo en contacto con su pasado.

El húngaro es una lengua de una concisión casi única, capaz de una comprensión extraordinaria. Por ejemplo, no hay verbos auxiliares en húngaro: los verbos se conjugan como en latín… los pronombres personales se adhieren al verbo en lugar de seguirlo como palabras separadas. «Podría haberme enamorada de ti», que requiere cinco palabras en español, requiere dos palabras en húngaro. Tampoco hay preposiciones ni posesivos…

He aquí una tosca y prosaica tradución del poema de Georgi Faludy «La ejecución de Imre Nagy»:

 

GiorgeFaludyHizo su inventario al amanecer,

andando bajo la bóveda de su celda;

todo estaba en orden,

solo faltaban sus quevedos.

Había pasado otro minuto. Tenía la conciencia clara,

y en menos de una hora sus cortas piernas

alcanzarían a Lajos Kossuth, Rákóczi, Dózsa.

 

¿Qué le daba tanta tranquilidad?...

… Ahora George Faludy vive en Toronto, pero su poema ha vuelto a Hungría, propagándose de boca en boca, un cántico mágico que protege al pueblo del lavado de cerebro.

Del EPILOGO Londres 2001.

… No importa cuánta gente honesta sacrifique sus vidas por un mundo mejor, que nunca alcanzaremos la utopía. Más que nunca Hungría necesita sus mártires y sus grandes poetas para inspirar a aquellos que quieren conseguir más de la vida que entretenimiento estúpido y compromisos de pacotilla. Imre Nagy vive en «La ejecución de Imre Nagy» y quienquiera que se conmueva con el poema gana unos gramos más de valentía moral.

 

De VERDAD Y MENTIRAS EN LA LITERATURA

(Sobre Billy Bud (Melville) sobre Sainte-Beuve, sobre la crítica literaria.    Harper’s junio 1986)

Pero la Verdad es lo más tonto bajo el sol. Intenta ganarte la vida con la Verdad… y acabas en el comedor de beneficencia.

 HERMAN MELVILLE

 

Lei Billy Budd hace unos quince años, pero el paso del tiempo no ha suavizado su impacto: todavía me acomete la náusea cuando alguna referencia admirativa me lo recuerda. La historia de Melville desarrolla la mentira más crasa y cruel de toda la literatura, la mentira de que un hombre puede amar a su verdugo.

… Aunque es corto, es difícil leerlo de un tirón porque está escrito en una prosa coagulada y contorsionada, casi siempre un signo de que algo funciona muy mal… Un joven marinero llamado William Budd –un muchacho guapo, inocente, alegre y sincero- es acusado falsamente de intentar organizar un motín… Llevado al camarote del capitán… Billy no puede pronunciar una sola palabra en defensa propia: tiene un defecto del habla que le hace enmudecer cuando está excitado. Movido por su inocencia ultrajada y su incapacidad de hablar, en su desesperación, arremete contra su falso acusador y lo mata… Billy Budd es ahorcado a la mañana siguiente….

Melville ve al capitán Vere como un buen hombre que cumple su penoso deber; ahorcar a un joven marinero por homicidio involuntario, pero a mi me parece que un buen hombre no estaría tan dispuesto a renunciar a su concilia personal y  abdicar de la responsabilidad moral  individual. En el consejo de guerra explica a los tres oficiales que han de emitir el veredicto que debe reprimir su natural repugnancia a condenar a un hombre inocente: deben olvidar la Naturaleza y pensar en los botones de su uniforme…

,,, Para el capitán, sería clemencia cualquier cosa que no fuera la ejecución inmediata. Y si no puede convencer a sus oficiales de ahorcar a Billy por razones legales, aducirá otras razones.

-El pueblo –refiriéndose a la tripulación del barco- (…) ¿cómo lo tomaría? Aunque pudiera usted explicárselo –lo cual prohíbe nuestra condición de oficiales-, ellos, moldeados durante mucho tiempo por un disciplina arbitraria, carecen de sensibilidad inteligente que podría calificarlos para comprender y discriminar… Atribuirían su clemente sentencia a la pusilanimidad. Pensarían que retrocedemos, que les tenemos miedo…

 

BillyBuddBilly Budd, por su parte, no tendrá dificultad en comprender por qué ha de ser ahorcado aun siendo inocente y simpatizará con sus verdugos…

… El estilo retorcido armoniza con el retorcido modo de pensar. Al describir a alguien salvajemente cruel en su conducta, Melville le percibe al mismo tiempo como un hombre sabio, compasivo y decente. Es esta combinación lo que resulta tan falso. El capitán Vere es el asesino con el corazón de oro: ama a Billy Budd. El deber le obliga a ahorcar al pobre muchacho, pero todo el asunto es más doloroso para él que para Billy

… Si los lectores se fijan en ello, descubrirán que una de las mentiras más frecuentes en literatura es la pretensión de que duele más maltratar, tortura o matar a alguien que ser maltratado, torturado o asesinado. El corolario es que las víctimas no ponen ninguna objeción. Al contrario: comprenden, simpatizan con sus torturadores; los respetan e incluso los aman…

… La implicación oculta en las «conjeturas» de Melville es que el simpático joven marinero está de acuerdo en que sus compañeros, todos los cuales le tienen cariño, se amotinarán si él no es ahorcado inmediatamente. Y lejos de odiar al capitán Vere por ejecutarle sin causa, se siente honrado de que el capitán haya ido a revelarlo los «motivos de su actuación». Está orgulloso e incluso contento, en cierto modo…

… ¡Qué negación del instinto de vida! ¡Qué traición de la humanidad doliente! ¡Qué modo de romantizar la misión cobarde! ¿Por qué ha de preocuparme el asesinato si las propias víctimas no le dan importancia?... ¡Cuántos inhabilitadotes falsos conceptos sobre la naturaleza humana y la sociedad son inspirados por semejantes mentiras!

***

Hay dos clases básicas de literatura. Una te ayuda a comprender, la otra te ayuda a olvidar. La primera te ayuda a sr una persona libre y un ciudadano libre, la segunda ayuda a la gente a manipularte...

… La diferencia entre verdadera literatura y falsa literatura no es clara. La adulación, las mentiras piadosas, los fingimientos, las falsas ilusiones, los autoengaños, se toman constantemente por gran literatura, mientras las más veces la gran literatura es atacada, despreciada y suprimida.

Esto tiene que ver con la psicología de la lectura. Orwel dijo que la mayoría de las personas son incapaces de ver el mérito artístico de las novelas que contradicen sus opiniones, y tal es el principio de toda la estética…

… Leer es un acto creativo, un continuo ejercicio de la imaginación que presta carne, sentimiento y color a las palabras muertas de la página; tenemos que recurrir a la experiencia de todos nuestros sentidos para crear un mundo en nuestra mente, y no podemos hacerlo sin involucrar a nuestro subsconciente y desnudar nuestro ego. En suma, cuando leemos somos extremadamente vulnerables y solo nos sentimos felices con los autores que comparten nuestras inclinaciones, intereses, prejuicios, ilusiones, pretensiones, sueños y que tienen los mismo valores, las mismas actitudes hacia el sexo, la política, la muerte, etc…

ElCritico

… El crítico como artista fracasado es una figura banal; la pregunta interesante es por qué estas mediocridades envidiosas alcanzan posiciones dominantes en la burocracia de la cultura y llegan a pronunciar juicios de vida o muerte sobre los escritores que luchan por abrirse camino. La respuesta parece hallarse en el desasosiego de la clase gobernante ante la exuberante confianza del talento y la autoridad moral de los artistas que pretenden juzgar a la sociedad por su inteligencia, sin haber sido nombrados miembros de una junta o una comisión. Esto consituye un desafío a todos los sabihondos oficiales, por lo que el crítico tiene que ser alguien digno de confianza que no se deje sugestionar por la autoridad de la verdad y la belleza. Sainte-Beuve sabía dónde estaba la autoridad. Cuando Baudelaire fue procesado por Les fleurs du mal y sus partidarios pidieron a su amigo, el gran crítico, que les ayudara a defenderle, Sainte-Beuve se negó a declarar e incluso a que se hiciera mención de su nombre…

  

 

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