EL ÁRBOL FANTASMA     

 

Es un cedro magnífico que se nutre y respira en un jardín de mi barrio. Mi hija, siendo niña, le temía. Le identificaba como “el árbol fantasma”. Siempre guardaba un silencio tenso cuando cruzábamos bajo sus ramas; agarraba fuerte mi mano y apretaba el paso. Yo la tranquilizaba: Es solo un árbol, Lucía, no tengas miedo. Ella me miraba como diciéndome “ya, pero pasemos rápido”. Al observarlo, era verdad que sus ramas superiores se extendían lateralmente simulando dos brazos abiertos amenazantes y que su copa se elevaba hacia el cielo en forma de cabeza cónica, más de capirote nazareno que de puro fantasma. Así que su temor era comprensible, un miedo infantil. Y ya como “el árbol fantasma” se nos quedó para siempre.


ArbolFantasma1     Un día del verano pasado, la ruta para los recados habituales me condujo, como tantas otras veces, a pasar bajo ese robusto cedro. Tras doblar una esquina y verlo erguirse frente a mí, me detuve en seco cuando descubrí que algo había ocurrido en la hipotética cara de nuestro árbol fantasma. ¿Era posible? ¡Sí! ¡Le habían salido ojos! Soy adulto y sé mantener en control de la razón estos “caprichos casuales” de la naturaleza; pero no sé que prurito de inquietud me quedó cuando me era posible, sin desvaríos, poder conjeturar sobre simbolismos, mensajes velados, Gaya, intuición infantil… En fin, estas cosas. Finalmente, las deseché; pero sí es verdad que comencé a ver a partir de entonces a nuestro árbol fantasma con algo de aprensión. Esos ojos, eran simplemente las entradas a dos nidos de esos chirriantes pájaros verdes que están colonizando como una plaga muchos de nuestros jardines y parques; pero aún reconociéndolos como nidos, me desagradaban bastante, me producían un rechazo visceral, y aunque no eludí cruzar bajo ese cedro, no podía evitar hacerlo con cierto desasosiego inconcreto.

ArbolFantasma2Una tarde decidí fotografiarlo. El cielo estaba “soso”, sin matices, sin nubes esponjosas, sin contrastes, sin azules profundos. Pero bueno, ya que tenía mi cámara… más adelante llegaría otro día con una luz más propicia para realizar unas tomas más “artísticas”. Esa tarde me conformaría con unas fotografías testimoniales de esos nuevos ojos para enviárselas a Lucía. Pero no tomé muchas. El árbol fantasma no me dejó. De pronto, a la tercera o cuarta foto, me quedé petrificado, con los labios como la ceniza, sin respiración. De pronto, cuando enfocaba mi cámara, el cedro, el árbol fantasma, volvió la cabeza y me miró, más que como si quisiera posar, como si le molestara que lo fotografiase porque había dureza en su mirada. Pero disparé. No sé racionalizarlo y no tengo quien me crea, tan solo puedo mostrar esta instantánea... Pero ahora sí que sí, cuando voy a comprar el pan, doy un buen rodeo.

 

 

Septiembre.

 

Una borrasca prematuramente desplazada hacia el norte desde el frente ecuatorial, nos ha sustraído la luz de septiembre que es la luz más dulce del año. Es una perturbación que no está permitiendo al verano morir como merece y nos gusta, transformado suavemente en otoño, con la languidez sentida, representando el ritual que nos rememora nuestra propia muerte cierta. En las tierras más extremosas de España ha sido una noche complicada de lluvias arremolinadas y vientos desbaratadores…

Septiembre img

Ahora, viajo en un tren rojo de cercanías casi vacío hacia un destino cotidiano. Es mediodía en Madrid. No más allá de la una. El cielo está azul turquesa, casi verde, y la luz que tamiza pinta bonitos a los arrabales de la capital, casi siempre cenicientos, ralos, con esa estética tristona de escombros, chavolas y perros muertos. Dejo a mi mirada irse hacia fuera de la ventanilla del tren y me ensueño con algunos ayeres míos. Es raro, sentado en ese tren los revivo lejanos y extraños, como si nunca hubiesen sido, o como si fuera indiferente que hayan ocurrido como ocurrieron o que no... Pero no importa. No importa la pura sucesión de hechos porque soy yo el que los llevo dentro. Miro hacia el cielo. Entre grandes claros de aguamarina observo unas cuantas nubes enormes que flotan casi inmóviles como icebergs suspendidos. Son de acusado desarrollo vertical. Los penachos, rizos, algodones, olas de espuma blanca de la parte superior, buscan la altura como la materia de un crisol activo. Son alardes preciosos, deíficos. Pero lo que más llama mi atención es la parte inferior de esas nubes. Son de color gris, muy oscuro porque no reflejan el sol, sino a nuestra tierra yerma enfriada de pronto. Y son absolutamente planos, como si las nubes estuvieran posadas sobre una bóveda de cristal que envolviera la tierra. Animales míticos que reposan su odisea dormidos en una capa celeste cercana. Observo a algunos de mis compañeros de viaje. Como yo, se distraen de la realidad del tren, de ese estar viajando, de la conciencia del presente. Alguno lee, canturrea una canción, parlotea o juega por el móvil, dormita. En el fondo, nada es real, nada sucede. Llegaré a mi estación y ese tren no habrá existido, mejor dicho, yo no habré estado en ese tren necesariamente. Lo que quedará en mí serán las nubes yunque, los arrabales iluminados, los distraídos viajeros, la causa por la que yo subí a ese tren, pero no el tren mismo. Así que, de pronto sé que lo que va ocurriendo tiene una importancia subsidiaria, que lo que hemos vivido en ese tren lo habríamos vivido de igual modo, en un parque o asomados a un balcón o, quizás, tumbados en nuestra cama; leer idéntico pasaje, canturrear la misma canción, parlotear o jugar, dormitar, ensoñar esas nubes. Así que reconozco que soy yo el que quito y pongo, realzo, olvido y deformo la sucesión de hechos cotidianos y los transformo en recuerdos engañosos, y así me hago la ilusión de que estoy viviendo. Pero lo que me susurran al oído ese tren, esas nubes, esos compañeros de viaje, es que me estoy inventando mi vida y que la realidad, la realidad cierta, la vivo… dormido. 

 

La eliminación de la selección española de fútbol: ¿El tiro por la culata?

(Referida a la eliminación del Camponato mundial de fútbol de Brasil, año 2014)

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    Coronación de Felipe VI. En el  Congreso            Banderas de apoyo a La Roja             Contra Chile:Adiós al Mundial de la selección española 

Mi compañera, que trabaja en el IFE (Instituto de Formación Empresarial, organismo dependiente de la Cámara de Comercio de Madrid), me cuenta que en los días previos a la nueva coronación borbónica, han aparecido por allí una cuadrilla a sueldo de repartidores de banderas rojigualdas, algunas de ellas de tamaño de sábanas de cama de matrimonio (la de la fachada es desmedida, como la piel extendida de un diplodocus) para que adornaran con ellas despachos, pasillos, aulas, salones, la cafetería y, si pudiera ser, hasta los cuartos de la limpieza y así, con ello, facilitar a sus trabajadores, no tanto que tengan más fácil demostrar su alegría y su apoyo a los nuevos reyes que este jueves de Corpus Christi serán coronados, como que el resto de España, los noticiarios, los cronistas, los que pasen por ahí, podamos ver e inocularnos o cantar a los cuatro vientos esa adhesión. Supongo que también llevarían alguna caja con banderitas más pequeñas para tapar los agujeros y grietas por las que la(s) Cámara(s) de Comercio se desquebraja(n) porque, privadas por sentencia de su potestad de tasa obligatoria a las empresas hace unos años y desangrada(s) por los gastos suntuosos y obscenos acostumbrados, las Cámaras de Comercio de España van cerrándose una tras otra y las que resisten lo hacen por “autofagia”. Ni que decir tiene que tuvieron que llevar menos cantidad de banderitas porque, tras el ERE que las desbrozó de personal hace dos años ya quedan menos trabajadores y, casi seguro, algunos de los que colaboraron y fueron a buscar las chinchetas y las cintas adhesivas y adornaron los tabiques con los carteles que también les dieron y que proclamaban: “Los empresarios con la Monarquía”, dentro de muy poco tendrán la oportunidad de pegarlos mientras aguardan su turno en la cola del paro, ya que el riesgo de un nuevo ERE es inminente.

También, ayer, el día de la Abdicación del anterior monarca, además de los parabienes, ensalzamientos, bondades y encumbramientos del rey saliente y las potencialidades supuestas y la guapura del rey entrante, sacaban en la televisión alguna voz discordante que, entre la queja de las prohibiciones judiciales sistemáticas de cuantas manifestaciones pro-república se querían promover en España para el día de hoy, había alguna que también nos contaba cómo otras cuadrillas iban casa por casa por las calles que iba a recorrer la Comitiva Real Coronada, repartiendo también banderitas españolas e invitando al ciudadano a adornar alfeizares y balcones para que salgan bien acicalados en las televisiones nacionales e internacionales. Supongo, que alguno de los vecinos ofertados le propondrían al cuadrillero el trueque de la banderita por un trabajillo temporal o, en su defecto, una bandejita de añojo para hacerse un estofado. Y eso me parecería tercermundista o de arcanas épocas pero tan efectivo como entonces, como cuando nuestro Caudillo regalaba viaje a Madrid gratis y repartía bocadillos a los congregados para su discurso en la plaza de Oriente, pero, eso sí, resultaría más efectivo que las banderas que el nuevo Rey comenzara su periplo repartiendo comida entre sus súbditos porque, desgraciadamente en España, hoy hace falta en muchas familias. Y eso sería entrar con muy bien pie en su reinado.

    Alberto-II Bélgica           Beatriz Holanda           JCarlosI

           Alberto II de Bélgica                              Beatriz de Holanda                                      Juan Carlos I

En la comunicación a los ciudadanos de las abdicaciones de reyes más recientes que se han producido en Europa (Bélgica y Holanda -2013-), se siguió el mismo protocolo. El rey, la reina cesante anunciaba por televisión a sus súbditos su renuncia a favor de su consiguiente heredero de sangre para que, inmediatamente después, el presidente del gobierno del país apareciera en el mismo medio y discursara a los conciudadanos para quitar hierro a la renuncia o explicarla o justificarla. Sin embargo, aquí, en España, se ha hecho de forma diferente. Una distinción que parece superflua pero que podría tener un matiz distinto fundamental. Se anticipó en el comunicado nuestro presidente de gobierno, Mariano Rajoy, anunciándonos «la voluntad de Su Majestad el Rey de renunciar a Trono y abrir el proceso sucesorio» y fue luego, el monarca, el que compareció “visiblemente afectado” para razonarnos los porqués. La diferencia principal a la que aludo es que nuestro Rey nos comunicó su intención, pero no la abdicación efectiva –que no ocurrió hasta ayer día 18-. Malas lenguas sostienen que la razón fundamental de que eso se haya hecho así es porque D. Juan Carlos, antes de abdicar, necesitaba una garantía efectiva de aforamiento que le librara de las más que probables denuncias plebeyas y aunque no ha habido tiempo suficiente para los trámites necesarios ya que todo se ha hecho sospechosamente deprisa-deprisa (17 días desde el anuncio hasta los fastos de coronación de Felipe VI), al menos ese aforamiento está garantizado y el rey abdicado puede disfrutar de su retiro un poco más tranquilo (*)

Deprisa-deprisa.

Una vez realizado el anuncio de abdicación aquel lunes 2 de Junio, además de las numerosas concentraciones casi espontáneas, -o convocadas en tiempos record- en pro de la III Republica, comenzaron a encenderse por la Red como los petardos de una mascletá, llamadas y peticiones de firmas, si no para la instauración de una República, sí al menos por el derecho a la convocatoria de un Referéndum por el que pudiéramos votar el modelo de Estado que queremos los españoles. Los nuevos españoles. Para la defensa de la continuidad monárquica se esgrimieron los argumentos de que ya votamos en su día ese modelo de estado con los referéndums de los setenta. Argumentos claramente caducos y sesgados, y lo digo sin acritud, porque en la Europa de hoy, a mí, desde mi ventanuco, me parece esencialmente indistintos, si no es por otros motivos más importantes que definen a los países, el Reino de Dinamarca que la República Italiana. Digo que son sesgados porque lo que votamos entonces fue un “paquete” de reformas en los que se incluía la aceptación de una Monarquía Parlamentaria como modelo sí o sí, es decir que entraba dentro, con todo los demás que sí queríamos, como el colesterol en un brillante chuletón. Y digo que son caducos porque desde 1978 –tiempos únicos y críticos- hasta hoy han pasado más de 35 años y los nuevos españoles nacidos y crecidos después quizá no deberían estar obligatoriamente bajo aquel paraguas, porque los tiempos son muy otros y las necesidades e ideales radicalmente distintos. Y otra vez las malas lenguas y las mentes mal pensantes hablan y piensan que ese deprisa-deprisa se ha producido para acortar los tiempos que puedan dar margen legal o jurídico a los planteamientos de renovación republicanos.

Pero uno, aquí en su rincón, que ya sabe que casi siempre hay una razón oculta o, al menos, no evidente, en las acciones y estrategias de los detentadores Gato3Patasdel poder y que, casi sin querer, por instinto, le encuentra tres pies a este tipo de gatos, ha llegado a una conclusión distinta y más tonta que explicaría mejor ese deprisa-deprisa. (Sin menoscabar ni descreer las otras razones ya mencionadas). Dado el interés supino por la floración y la proliferación de banderitas en las ventanas, chaflanes, azoteas y terrazas que den lustre a este día histórico, me ha dado por preguntarme ¿qué mejor que se confundan y mezclen éstas del apoyo monárquico con las que los seguidores de la selección española de fútbol han puesto para demostrar el amor patrio y el apoyo a nuestro laureado equipo? ¿Qué mejor que los excesos y la euforia ciudadana por las previstas victorias de “la Roja” se pudieran amortizar y vender como entusiasmo y alegría por nuestro nuevo Rey? ¿Puede ser que hasta el anuncio y la abdicación de Juan Carlos I, decidida ya y conocida por el gobierno y oposición desde enero, se produjera cuando se ha producido para hacerla coincidir con el Mundial y el efecto narcótico que éste produce en los habitantes del Reino? Conociéndolos algo, estoy seguro que a alguna mente gris –a la vista de los magníficos resultados de nuestra selección- se le ocurrió, propuso y se acepto como una idea magnífica, hacer coincidir ambos eventos y sacar pecho y hacer caja y acallar a los disidentes con las manifestaciones de júbilo de las victorias futboleras y arramblarlas para la causa. Además eligieron un buen día. Uno en el que el Mundial no estuviera muy avanzado como para no correr demasiado riesgo de eliminación, pero sí lo suficiente como para que nuestro “excelso” equipo pudiera estar ya clasificado –como se presumía- para una siguiente fase. La idea era sibilina y excelente.

Pero ¡hete aquí! que para el asombro de propios y extraños a nuestra Campeona del Mundo le han colocado en dos partidos siete goles y les ha caído encima la sorna y la chufla del mundo entero por una participación ridícula. Muchos españolitos, anoche, tras la derrota ante Chile, cenaron mal y se amohinaron. Yo no puedo decir que me alegré, porque algo me gusta del fútbol y unos yoes míos van por su cuenta y se enardecen con los goles y victorias futboleras, pero ya hay otros más seriotes que relativizan mucho tanto victorias como derrotas y, sobre todo, que se han dado perfecta cuenta de que las derrotas las rumiamos el pueblo llano pero las victorias son otros mejor colocados y más poderosos los que les sacan el rédito. Mucho rédito. Así que no puedo menos que ir alejándome sentimentalmente de este fútbol de hoy. Los que, desde luego, tienen que estar que trinan y lloran y se muerden los puños por estas derrotas inesperadas deben ser los estrategas del tingladillo. Desconozco cuantos ciudadanos desencantados han descolgado las banderas futboleras, pero, seguro, unos cuantos sí serán y con ello, algo habrán rebajado el lustre y el colorido de este día tan histórico. Nadie ha ido a las fuentes a celebrar y nadie chufla sus cláxones por las calles ni corre la cerveza. Y se ha perdido ese efecto que se esperaba que cuando uno está de marcha y se calienta y se entusiasma, le termina por dar igual acabar la fiesta en un after-hour, en un bautizo, en una fiestita en la playa, o en una Coronación –¡Qué majo este nuevo Rey, con él también ganamos!-, y como eso no ha sucedido pues algo edulcorado sí que ha quedado. Ahora están solos con sus repartidas banderas, el fuerte dispositivo de marketing desplegado –que no ha sido poco, oiga- y sus personajes representando los papeles asignados pero con una buena parte del público mirando de soslayo o abucheando el espectáculo.

Que sea lo que Dios quiera.

 

(*) El País, 18 de Junio de 2013:. (La fórmula escogida por el Gobierno para proteger a don Juan Carlos con un fuero penal y civil que abarca su vida privada y que nadie ha tenido en democracia. El Grupo Popular tiene previsto presentar este viernes una enmienda a una ley en trámite en el Congreso para acelerar el proceso al máximo. Si se acortan los plazos, el fuero, que llegado el caso permitirá que solo pudiese ser juzgado por el Tribunal Supremo, podría estar en vigor en un mes.

      Esa enmienda, según fuentes del Ejecutivo, se presentará en el registro del Congreso y afectará al proyecto de ley orgánica complementariade la ley de racionalización del sector público y otras medidas de reforma administrativa por las que se modifica la Ley  Orgánica del Poder Judicial.

     Es una norma que no tiene relación alguna con don Juan Carlos y con su fuero ante la Justicia, pero es la vía más rápida que ha encontrado el Gobierno para protegerlo tras su abdicación. Ese proyecto modifica una parte mínima de la Ley Orgánica del Poder Judicial porque afecta a condiciones laborales de los jueces —regula jubilaciones, oposiciones de funcionarios de justicia y permisos por asuntos propios de magistrados, que pasan de tres a cinco días—, y por esa vía se incluirá la enmienda...

La Semana Santa.

 Publicado en el periódico NHU   (Lavapiés, Latina y Embajadores)

         Todas las Semanas Santas tienen una luna llena propia que pone la luz a sus noches insomnes. Para quien no lo conozca, decirle que la semana del año que se sublima como Santa es aquella en donde va a producirse la primera luna llena tras el equinoccio de primavera y suele ser muy grande y muy blanca. Se ritualiza que Jesucristo –un simbólico sol- ha muerto y, entonces, la luz predominante es la lunar, un puro reflejo, y el hombre prende sus velas. Las procesiones con más carga emocional, las más sobrecogedoras, sentidas, y contrarias a la razón, se producen en la noche. Las tradiciones más aparentemente salvajes e inverosímiles para el hombre occidental actual, también. Pero, recuerden lo que se celebra, la luz, aunque resucitará el domingo, está muerta y la luz, en tantas creencias y arquetipos, representa la conciencia y aquello que define: el ego, la lógica, lo razonable, lo útil… y estos valores, durante esos días y esas noches, en muchos pueblos de España, quedan en suspenso, postergados.

La Ruta del Bombo y el Tambor en el Bajo Aragón. La Rompida de la hora, en Calanda, es ya un acontecimiento de alcance internacional seguramente porque es el pueblo de Luis Buñuel. Hoy, como tantas otras manifestaciones de Semana Santa, está instrumentalizada por los intereses políticos y económicos y, aunque nunca ocurre por completo, ya sí hay algo puro que se ha perdido, como pasa con todo donde ese monstruo mete el hocico. Pero nosotros no habíamos ido solo a Calanda. La noche del Viernes Santo aguardábamos el paso de una procesión en un pueblo cercano. Era una calle estrecha que con una suave curva descendía hacia la vega. Por fin, vimos bajar la gente en procesión y me puse de puntillas porque no veía nada. Ni nazarenos, ni crucifijos, ni pasos, ni estandartes de cofradías, ni banda musical, ni señoras con peineta y velo negro. Solo un silencio sideral bajo la luna y la luz temblorosa de los velones. Y no lo podía ver sencillamente porque no lo había. Al frente iban cuatro o cinco hombres mayores y siguiéndoles, el resto de los procesionarios. Uno de esos hombres llevaba en la mano un simple candil encendido. Cada cuánto, veinte o treinta metros quizá, la procesión se detenía y el hombre que portaba el candil lo dejaba en el suelo y se ponía a cantarle durante medio minuto. Luego, lo tomaba otro de ellos y un poco más adelante se repetía el rito. Así de arcano era. Allí estaba. Ni la Iglesia Católica había aún usurpado con su parafernalia y sus rituales el culto al fuego, a la luz que nos da la vida y que, en Semana Santa, se representa ausente. Después, en vez de continuar el descenso, la procesión toma un camino hacía la derecha y sale del pueblo por trochas empinadas y se aleja de nosotros, los turistas, sin necesidad de público, diciéndole cosas hermosas a su candil.

EmpalaoEmpalao. fuente: http://florianbachmeier.blogspot.com.es

Valverde de la Vera, Cáceres. Noche de Jueves Santo. Un Vía Crucis que traspasa fronteras: Son Los Empalaos. Declarada «fiesta» de Interés Turístico Nacional, se convierte en una aglomeración de laicos en parranda llenando plazas y calles, con sus móviles y cámaras « flasheando» el pueblo. Cosas de la modernidad. Risotadas, algarabía, vasos llenos. ¡Ahí va uno! –se oye gritar-. Un empalao sale de su casa. Va descalzo seguido de dos o tres familiares cubiertos con mantas oscuras. Sobre sus hombros lleva un timón de arado atado a su cuerpo con una soga de esparto y cubre su cara con un velo blanco que sujeta una corona de espinas. Y avanza por las calles del pueblo hasta completar las catorce estaciones que componen su vía crucis prometido. Una persona que llaman el Cirineo, alumbra su paso con un farolillo y, el empalao, debe arrodillarse cuando se cruza con otro. Tampoco se le ve un crucifijo y son espadas lo que lleva, dos en forma de aspa por detrás de su cabeza.  Desde tiempos inmemoriales, dicen. Unos salen en pleno bullicio y cumplen su manda a la vista de las cámaras y la curiosidad. Otros no, otros salen a las cinco, a las seis de la mañana, cuando ya las calles están medio vacías, la luna alta y, nosotros, ya nos hemos ido hastiados de todo aquello porque hay poca variedad. Estos últimos son los que viven el vía crucis oyendo sus pasos desnudos y su respiración agitada, a solas con lo que piensan y sienten y con su empeño. Seguramente es un señor –o señora- que como usted o como yo, le contraría una simple reunión de vecinos pero que se entrega con pasión a un sufrido rito de teóricos enajenados… ¿por qué?

 

SantoEntierroBercianosProcesión de Santo Entierro. fuente:  http://www.diputaciondezamora.es/

Bercianos de Aliste, Zamora. La procesión del Santo Entierro. También tenemos que decir que su origen está perdido en el tiempo aunque, por esta vez, es una procesión que se realiza de día y es muy sobria, lejísimos de la espectacularidad de las procesiones grandes sevillanas o cordobesas. Los cofrades simplemente portan un crucifijo y una urna de cristal con una imagen de Cristo yacente dentro hasta un montículo que representa el Calvario. Pero tiene una peculiaridad que, si yo participara en ella, me daría para ensimismarme mucho y conseguiría que dejara para el domingo de Resurrección mis asuntos de conciencia mundana. Pasa que los cofrades van vestidos de blanco desde los pies hasta la cabeza: Son las mortajas con las que serán enterrados algún día.

Podríamos continuar, si tuviéramos más espacio, con otro buen puñado de ejemplos en los que quedaría también patente que la Semana Santa, su teatralidad, sus símbolos, la energía que remueve, sus profundas y arcanas raíces; es una conmemoración que no puede juzgarse con la razón. Usted, yo, sea el que sea nuestro grado de laicismo, agnosticismo o lo muy anticlericales que nos declaremos -por razones, a veces, muy justificadas-, sabemos y hemos sentido la fuerza de instinto, el poder atávico del rito de la Semana Santa en nuestros nervios y nuestro corazón. Todos, con extrañas excepciones, nos hemos estremecido en algún momento porque nos toca nuestras fibras más profundas. «Se corta el aire» oímos el otro día reconocer a un compañero no muy creyente refiriéndose a una procesión sevillana. Yo, en Cuenca, donde, en Semana Santa, tres cruces iluminadas en lo alto de un monte presiden la vida de la ciudad, en el silencio más absoluto y con el corazón en un puño, reconozco haberme arrodillado al paso de una procesión cuando me sorprendió que todos a mi alrededor lo hacían transidos… algo que no había hecho desde niño.

Cierto es que la Iglesia Católica ha impuesto su liturgia sobre una celebración preexistente y claramente panteísta. Y eso nos empuja al rechazo. Pero, considere que lo que ha ocurrido es que no son tontos e instauraron sus ritos y templos sobre fiestas y enclaves que ya eran sagrados con anterioridad. Pero aún esa usurpación, lo que se conmemora en Semana Santa, las fuerzas que se convocan, les trascienden también a ellos. Son nuestras raíces y nuestra forma hispana de sentir la vida y la muerte. Y como muchas otras cosas nuestras que aún tenemos la suerte de poseer, y que tienen la capacidad de profundizar y dejar en evidencia la superficialidad uniforme e inercial de nuestras vidas muelle, consumistas, contaminadas por falsos mitos e ídolos de barro, deberíamos apreciarlas en lo que significan y defenderlas contra la manipulación.

Este mes, la próxima luna llena, celebraremos nuestra Semana Santa. Cuando llegue, mire usted si tiene algún momento para intentar «sintonizar» con su significado y parándose un instante, recabar en su interior y tener la suerte de poder vislumbrar en un fogonazo, las cosas que, posiblemente, sean las únicas importantes –vida, muerte, luz, aire, flujo, entrega, amor, búsqueda…-. Aunque nos vayamos a tomar el sol a una playa. La Semana Santa es un buen momento para ello porque aún es un periodo en el que se abre alguna puerta que, el resto del año, está cerrada.

¡Ah!, y, si puede, entregue algo a cambio, una manda, impóngase alguna renuncia o sacrificio consciente, porque le puede ser útil. Que la disfrute.

 

La chaquetilla de luces.

       Perfecto, nuestro sitio ya tiene su blog y nos libera bastante de lo debido.

     Fragmentos de libros es aún muy joven y en él abundan los colorines, cuando lo remiro me recuerda a esas imágenes que se ruedan en las habitaciones de los hoteles donde se visten los toreros. Claro, que no los muestran en el momento en el que se están enfundando esas medias de color chicle que llevan; ya me gustaría a mí saber hasta dónde le cubren esas medias. Si sólamente le llegaran hasta debajo de la rodilla, sería desolador que los filmaran en calzoncillos con ellas puestas -si es que llevan calzoncillos, que me parece a mí que no. Más me cuadraría un tanga o, mejor, nada y entonces la imagen resultaría más viril-. Desde luego, lo peor sería que las medias rosas le llegaran hasta los muslos y se las sujetaran con ligas, pero no parece probable. Hasta la cintura, como los leotardos, seguro que no porque cuando vemos en la televisión que alguno tiene la mala suerte de que le empitone el toro por la taleguilla y le deje casi en cueros, lo que se ven son unos jirones blancos que parecen de algodón, y al aire y liberadas, las partes más genuinas que han de suponerse de un torero; pero no aparece por ningún lado el rosa de las medias.  ¿Entonces?... Casi siempre, en el hotel, lo que mejor ruedan es cómo el ayudante tiene al torero en vilo medio metro, mientras que, situado tras él, tira hacia arriba de la parte superior de la CHAQUETILLAtaleguilla, por lo que más bien que vestirle, parece que le está enfundando. Esta toma siempre la graban y la muestran porque es una imagen muy plástica y llamativa y seguramente internacional. Y, luego, continúan vistiéndole con todo lo demás, la camisa, la coleta postiza, los machos bien atados, los tirantes, el corbatín, la imagen de la Virgen… todo eso. Pero si le miramos bien ¿qué vemos? Pues sí, un señor, incluso elegante, bien afeitado, con una camisa impecablemente blanca, su corbata, con unos pantalones un poco estrafalarios, pero que así, al primer vistazo, bien podría acudir a una fiesta “bussines casual” –quizás le sobraría la coleta postiza-, o si le pones un sombrero del tamaño adecuado, una chaqueta campera y una trompeta en la mano, haría excelentemente el papel de mariachi. Pero ¿un torero? No, un torero no. El torero solo aparece pleno de imagen y significado cuando le pones la chaquetilla de luces, con sus borlas doradas, los festones churriguerescos, los bordados, ¡ah! y esas increíbles hombreras…  Entonces, sí, ahí está el torero. Incluso sin la montera puesta, ahí tienen ustedes a un torero.

     ¿Y por qué digo que los escrutadores paseos que hacía por fragmentos de libros me llevaban a recordar esos reportajes de horas cansadas? Pues, eso, por lo mismo, que si mucha responsabilidad con la selección de los títulos, que si mucho adornito, que si mucha dedicación para la selección de imágenes, que si exigentes con los textos, el formateo, el acceso intuitivo y todo eso. Nada de nada, una tarea inútil seguir empeñado en dar cera a los estantes y depositar y mostrar los libros. Porque… ¿Resultaba, acaso, fragmentos de libros un torero? No y no. Es verdad que ya podíamos irnos con él a una fiesta o andar aceptablemente vestidos por la red, para eso sí podía servir, pero le faltaba lo más importante: la chaquetilla de luces, es decir, un blog vivo. Y aquí está. Bien hallados sean ustedes.