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FRAGMENTOS DE LIBROS: DEL MADRID CASTIZO.  (1917)

                         -SAINETES-

Sainetes DelMadridCastizo

        Carlos Arniches.              España

 

 

       Edición de José Montero Padilla.  

       Editorial     CÁTEDRA. Letras Hispánicas.

    

  

  

 

Fragmentos de libros:

Esta edición la componen 12 sainetes. Reproducimos completos los tres que más nos han gustado:

 

Los pasionales

La pareja científica

Los ricos   

 (Casi todos los términos que el editor ha considerado que necesitan una aclaración a pié de página, aparecen en azul y cursiva en el texto y pulsando sobre él se accede directamente a su nota aclaratoria. Las tablas con esas notas, poseen en su derecha un icono para poder regresar al texto y continuar la lectura). Espero que le sea útil y cómodo. 

 

 

Los pasionales

 

paco EL metralla, un jovenzuelo de mediana estatu­ra enteco, amarillo, de mirada cínica, muy compuesto, con su traje flamante, sus botas de caña, su corbatita de nudo y su gorrilla inglesa, va con paso resuelto y marchoso To­rrecilla del Leal abajo. A poco, atraviesa la calle de Zu­rita, tuerce por la de la Fe y viene a dar con la del Salitre, frente por frente a la iglesia de San Lorenzo, simpática parroquia enclavada en el riñón del Madrid castizo y jaranero1.

Está anocheciendo. El chulillo detíenese en la última esquina. Sus miradas iracundas e inquisitivas se dirigen a un frontero obrador2 de pancha, cuya luz ya se ha encendido, y en el que trabajan, sofocadas, alegres y di­characheras, unas cuantas mocitas de garbo.

Paco pasa y repasa por delante del obrador, dejándo­se ver.

Al reparar en él se hace un enojoso silencio entre las bulliciosas muchachas, y una de ellas, la más desenvuelta y garbosa, dice con sincera acritud, sacando una plancha el anafre3 y arrimándosela a la mejilla:

- Ya está ahí ese mosca4.

- Pos ahora verás -exclama la maestra, y cierra violentamente la vidriera del obrador-. ¡Miá que es pelma el niño!... -añade iracunda-. Pero ¿qué se habrá creído ese chulo de baile?

Mas excitado por el incidente, retorna el bullido entre aquella alborotadora y femenina juventud, y la voz entonada y firme de una mocita destaca esta copla llena de punzante ironía:

Me he cansao de quererte,
       búscate otra,
o aguarda a San Isidro
       si quieres tontas.
 

paco, plantado en la esquina, calcula por la indirecta la hostilidad con que es recibido, y al terminar la copla tira con rabia la colilla contra el suelo, haciendo estallar en chispas la lumbre del cigarro, y masculla amenazador.

- ¡Maldita sia...!   ¡Pa que no vayas a la Casa de Socorro esta noche...! No tendría yo lacha5. Tú saldrás.

chulapo2Pasea por la acera con paso desigual y nervioso, se estira la visera de la gorra, se zarandea el chaleco, se afrima pantalón. Al fin, decidido a esperar, se recuesta en la esquina.

A poco, un nuevo personaje, GUMERSINDO, el Chulo de Postas, menos joven, pero peor encarado y más cínico que el metralla, le pone la mano en cariñosamente.

GUMERSINDO.- ¡Gachó, tú de puntalito6!

PACO EL METRALLA.- (Secamente.) ¡Hola!

GUMERSINDO.- (Mirando con guasa a lo alto.) Oye; pero ¿es que amenaza ruina esta medianería?

PACO EL METRALLA.- (Con ira.) Lo na es que esta noche no duermo yo en mi casa. Gumer.

GUMERSINDO. - ¿Y eso lo das como novedá?

PACO EL METRALLA.- Es que no se lo paso. ¡Mialas!... ¡Que la pincho, por mi salú!

GUMERSINDO. – Pero ¿Quieres coordinar, ninchi7, a ver si te cojo el hilo?

PACO EL METRALLA.- Na, hombre…; la Nieves.

GUMERSINDO.- ¿Qué t’ha hecho?

PACO EL METRALLA.- Una tontería… ¡Pa diez años de cárcel!

GUMERSINDO.- Es un niña de pronóstico, Te lo tengo advertido. En fin: vuelca el talego.

PACO EL METRALLA.- Verás qué rica. Por na; que después de ocho meses de relaciones , que ma tenía hecho una oveja, sacándola a paseos y cines cuando l’ha dao la gana y haciéndola el favor de llevarla a mi diestra; después de leerme sacrificao, que me dice: «No mires a ninguna» y tengo que mirar de reojo; después que me compra una corbata y me la tengo que poner aunque no me guste… ¡y encima (y esto es lo más horrible) que me he gastao con ella un dineral!...

GUMERSINDO.- ¿Sobre cuánto?

PACO EL METRALLA.- Pos tóo lo que me dao en los ocho meses pa que se lo guardara y tres pesetas mías.

GUMERSINDO.- ¡Qué bárbaro! ¡Estáis echando a perder a las mujeres!

PACO EL METRALLA.- Bueno; pos después de esa conduzta modelo (tóo por lo cuatro cochinos duros semanales que gana, que me cuesta un triunfo sacárselos), la llevo el sábado a lbaile de Provisiones, porque me dijo que quería perfeccionarse en el tuesten8, y porque al entrar me distraigo media hora en el guardarropa con la Piñones, va, se atufa9, se mete en el salón y se me pone a bailar con el Petaca.

GUMERSINDO.- ¡Arrea!... ¡Con lo postinoso que es ese pa las mujeres!

PACO EL METRALLA.- ¡Calcula!

GUMERSINDO.- Te sentaría peor que el escabeche pasao.

PACO EL METRALLA.- Como que la saqué a la calle y la pegué un bofetada que la salté un diente.

GUMERSINDO.- ¡Y pue que lo tomara a mal!

PACO EL METRALLA.- ¿Qué si lo tomó?... Que me fijo que habíamos acabao.

GUMERSINDO.- ¡Qué graciosas! Toas lo mismo. De seguida quieren acabar…, y el hombre que ya tié arreglao sus gastos al jornal que le gana una mujer, que se chinche, ¿verdá?

PACO EL METRALLA.- Yo, de primeras, lo tomé por un dicho de esos de cuando les da coraje; pero, chiquillo que nada, que ha estao dos días dándome esquinazo sin venir a planchar; y el jueves pos vino acompañá de un tío municipal que tiene; que no me quise arribar, porque yo con el Ayuntamiento no tengo valor pa nada.

GUMERSINDO.- Haces bien.

PACO EL METRALLA.- Y, por último, ayer, pa celebrar el santo de la maestra, se fueron de juergueo al Partidor, al ventorro del Cuevas.

GUMERSINDO.- Lo he sabido.

PACO EL METRALLA.- De que me lo noticiaron, voy y me encamino p’allí con Pepe el Rosca. Lleguemos…, ¡y no quias saber…! Miro y me la encuentro agarrá a un panoli, a la vera de un manubrio, y bailándose otro «tuesten»

PaCarnavalGUMERSINDO.- ¡Rediez, cuánto tuesten!

PACO EL METRALLA.- ¿No es pa quemarse?

GUMERSINDO.- ¡Pa tener hollín!

PACO EL METRALLA.- De que los guilé10, me dio un vuelco el corazón, y me voy pa ellos, y metiéndoles así la mano por entre los dos pa detenerlos, le digo a él:     «¿Me permite usted una vuelta con la socia» «Pa Carnaval», me contesta el tío, y siguen girando.

GUMERSINDO.- ¡Qué boceras!

PACO EL METRALLA.- Me quedé helao. Vuelven a pasar, secundo la petición, y me dice que me presenta a concurso. Hasta que yo, harto de chuflas, me arrando a él de mala forma, y, dándole un manotazo en el hombre, le digo: «Pero ¿es que ha heredao usté a esta joven, pollo?» «Sí, señor; me la ha dejado un tío.» «Pues a mí me la va a dejar un primo»; y agarro del brazo a Nieves, y tiro de ella, y va él entonces, arrima su cara a la mía y me estornuda a un milímetro cuadrao de mis narices…, y, ¡chiquillo, que bofetá!...

GUMERSINDO.- ¿Le diste?

PACO EL METRALLA.- Viceversa.

GUMERSINDO.- ¡Él a ti!...

PACO EL METRALLA.- Que me cogió la ación. Pero cómo me dejaría el carrillo de dormido, que hasta la quinta bofetá no se me empezó a desperezar.

GUMERSINDO.- ¿Te sopló leña?

PACO EL METRALLA.- Sí, pero tú ya me has visto en la pelea… ¡Me cegué, me fui pa él, metí mano, abrí la chaira11, le tiré dos viajes…

GUMERSINDO.- ¿Y qué?

PACO EL METRALLA.- Na, que le ví correr pa la Casa de Socorro y dije: «Le he matao»; pero luego me enteré que es hijo del conserje, y, como vive allí, iba or una estaca. Total: que si no me llevan, hay una desgracia.

GUMERSINDO.- ¿En tu familia?

PACO EL METRALLA.- U en la suya. Y excuso decirte, Gumer, que desde que esa mujer me ha hecho esa ación indecorosa, yo no duermo…

GUMERSINDO.- ¿No tiés dónde?

PACO EL METRALLA.- Ni vivo… ni como.

GUMERSINDO.- Lo creo.

PACO EL METRALLA.- Porque, claro, de repente te ves sin cariño…

GUMERSINDO.- Y sin veinte pesetas semanales. Si me ha pasao a mí la mar de veces.

PACO EL METRALLA.- Por eso te digo; tú ¿qué harías en mi caso, Gumer? Aconséjame.

GUMERSINDO.- Hombre, la cosa es grave; porque, claro, tú no te vas a poner a trabajar ahora, a la edaz que tienes.

PACO EL METRALLA.- Ni lo sueñes. Voy a cumplir los veintitrés. La edad del aprovechen.

GUMERSINDO.- .-Por eso te digo que el asunto es complicao; pero, en fin, te voy a dar una leción que si me llaman a domicilio llevo cinco pesetas por ella.

PACO EL METRALLA.- Venga

GUMERSINDO.- Pues atiende. La Nieves, con su proceder asqueroso, te holla12 dos cosas: te holla tu pundonor y te holla el puchero.

PACO EL METRALLA.- Que son casi tres ollas.

GUMERSINDO.- Clavao. Por tanto, si quies quedar co­mo un hombrito, la aguardas esta noche, y de que salga, la llamas y la planteas el problema en esta forma: «Apreciable nincha: U sigues las relaciones amorosas con un servidorito, u te doy dos tajos en el rostro. A escoger.» ¿Que te dice que sí? Pues, dominada ya por el miedo, haces cuenta que te has comprao una burra. ¿Qué se emperra en que no? Pues tiras de navajita y la cortas la cara. Ni más ni menos.

PACO EL METRALLA.- (Con cierto estupor.) ¡Gachó! Pero ¿y si me llevan a la cárcel?

GUMERSINDO.- ¡Amos, quita, manús13! Estás en primaria. Aquí me ties a mí, que he predicao con el ejemplo. Por una cosa parecida a la tuya le di yo dos tajos a la Enriqueta.

PACO EL METRALLA.- Ya m’acuerdo.

GUMERSINDO.- ¿Y qué me pasó?... Pues que, como era delito pasional, a los dos meses, asolvido.

PACO EL METRALLA.- Pero aquello fue la suerte que tú tienes.

GUMERSINDO.- Y la de todos. Por un arrebato pasional le quitas el reló a un amigo, y es atenuante

PACO EL METRALLA.- ¿Estás seguro?

GUMERSINDO.- ¿Cómo seguro? Acuérdate de lo mío.

PACO EL METRALLA.- Pero tú estuviste en la cárcel.

GUMERSINDO.- Porque se diztó indebidamente auto de prisión. El juez, que me atropelló con el auto.

PACO EL METRALLA.- Lo que pasa con tóos los «autos»

GUMERSINDO.- Pero, muchacho, se vio la vista causa y como la seda.   ¡Me tocó un Jurao...!

PACO EL METRALLA.- ¿Bueno?

GUMERSINDO.- Ni escogido. El señor Pepe el Bocas, Quintín el Churrero; el señor Serapio el Orejas, Custo­dio el de la Leoncia, Valentín el Zapa... Tóos amigos.

PACO EL METRALLA.- Pero ¿cómo estaban allí esos tíos?

GUMERSINDO.- Sí, hombre; que a los caballeros les gusta que haiga Jurao, pero no quien ir, ¿sabes?, y cuando les toca, pos, pa no molestarse, delegan por las cinco pesetas en una colección de sustitutos, del comercio de esta corte, que vagan por las Salesas a lo que cae Y, claro, yo, que me vi con la mar de conocidos en el Tribunal popular, compuesto en su mayoría de elemento vinatero, pues dije: «Sois míos», y alecionao por el defensor, a la primera pregunta del fiscal empecé a llorar lágrima viva y a decir que los celos me habían puesto una venda sanguinolenta en los ojos; que la navaja me se había venido sola a la mano, y que al cometer el de­lito me pasó una cosa pasional por el cranio, que yo no sí estaba jugando a la brisca o dando púnalás.

PACO EL METRALLA.- ¡Vaya un raspa14!

CartelSainetesGUMERSINDO.- Y a too esto, yo, venga de sollozos llamándole a la Enriqueta «ser querido», «arcángel de mi juventud», «primer amor de mi existencia» y dando convulsiones y diciéndole al relator que me hiciese el osequio de pegarme un tiro en la nuez, que yo no podía vivir después de haber atentao contra aquella mujer «amada y fraudulenta».

PACO EL METRALLA.- ¡Chiquillo, es que tú también te usas unas frases...!

GUMERSINDO.- Hombre, la solenidá era pa ello. Resumen: que si ves el cuadro, la hincas. El público, puro sollozo; los juraos hicieron charco de tanta lágrima y el presidente del Tribunal yo creí que se accidentaba. Gracias que empezó a roncar.

PACO EL METRALLA.- ¿Se quedó dormido?

GUMERSINDO.- Como una rosca. Total: veredizto de inculpabilidaz, sentencia asolutoria, la Enriqueta lisiada pa toa su vida y yo con un cartelito entre las damas des­de que salí de la cárcel, que aquí me tienes: vestido, calzao, fumao, comido, bebido, ecétera, ecétera... Porque dime tú: después de aquello, ¿qué desgraciada le niega a un servidor cinco duros, aunque tenga que sacárselos al Ayuntamiento?

PACO EL METRALLA.- ¡Gachó, qué suerte!

GUMERSINDO.- Táztica y monocle. (Señalándose el ojo derecho)

PACO EL METRALLA.- Eres el Hizdemburge del Sombrerete15.

GUMERSINDO.- Me has tañao16 . Por eso te digo, Paco, que sigas mis huellas con la Nieves. U te somete con jornal y todo, u la pinchas; no seas primo.

PACO EL METRALLA.- Sí, estoy resulto. Ties razón. (Mirando hacia el obrador.) Calla, que salen.

GUMERSINDO.- ¡Camará, cuántas vienen!

PACO EL METRALLA.- La rodean las compañeras.

GUMERSINDO.- Que se han maliciao algo; pero no le hace. Llámala aparte y se lo dices. Conque salú y suerte, ninchi, que yo me voy. (Vase calle abajo, huyendo de la quema.)

PACO EL METRALLA.- (Un poco pálido, acercándose al grupo de muchachas que ha salido del obrador.) Nieves.

NIEVES.- Me llamo.

PACO EL METRALLA.- Haz el osequio de venir.

NIEVES.- No me dejan en casa.

PACO EL METRALLA.- Nieves, que estoy ciego.

NIEVES.- Cómprate un perro.

Las risas de las compañeras excitan a paco, que coge a nieves de un brazo y la hace bajar violentamente de la acera, mientras lívido y tembloroso, saca una navaja. Sin darle tiempo a abrirla, aquel enjambre de mocitas bravías caen sobre él y le desarman, le tiran al suelo y, con llaves, bolsos de mano y puños cerrados, le dan una paliza de ór­dago a la grande, y le dejan en tierra sangrando por boca y narices, entre la rechifla de la gente del barrio, entera­da del suceso.

un guardia de Orden Público, que se acerca al escán­dalo, se lleva a pescozones al Metralla.

GUARDIA. - Echa p'alante, vividor de mujeres.

PACO EL METRALLA.- Guardia, que ha sido por celos… Que soy un pasional.

GUARDIA. — ¡Cállate ya, so golfo! La culpa de lo que hacéis la tié el Jurao y na más que el Jurao. Que fuera yo el que sentenciara estas cosas, y ya veríais...   ¡Os echaba cinco años de presidio por granujas y diez por pa­sionales!

 

T E L Ó N 

 

  NOTAS a "LOS PASIONALES" Volver al texto
       
1 jaranero ‘divertido, bullicioso’  HaciaAtras
2 obrador ’taller’.  HaciaAtras
3 anafre ‘hornillo portátil de hierro, barro, piedra, o ladrillo y yeso’  HaciaAtras
4 mosca ’hombre molesto e inoportuno’  HaciaAtras
5 lacha ‘vergüenza’. Es gitanismo  HaciaAtras
6 puntalito diminutivo de puntal: estar de puntal, ‘esperar de pie junto a una pared’.  HaciaAtras
7 ninchi ’niño, muchacho’. «Es palabra típica de los chulos madrileños» (M.Seco)  HaciaAtras
8 tuesten ‘clase de baile’. del inglés two-step, por cruce con tostar.  HaciaAtras
9 atufarse ‘disgustarse, enfadarse’  HaciaAtras
10 guilar ‘ver’  HaciaAtras
11 chaira ‘navaja’  HaciaAtras
12 hollar ‘abatir, humillar’  HaciaAtras
13 manús ‘tonto’  HaciaAtras
14 raspa ‘pillo’  HaciaAtras
15 Hinderburge Hindenburg (1860-1934). mariscal alemán, una de las más destacadas figuras militares de la guerra europea de 1914-1918. Elegido presidente del Reich en 1925  HaciaAtras
16 tañar  ’calar, comprender, conocer perfectamente las intenciones de una persona’.  HaciaAtras

 

 

Calle de Carlos Arniches

 

La pareja científica

[CUADRO PRIMERO]

 

PERSONAS

EL PEQUE RATA (1), golfillo (2), peludo, roñoso (3), trece años.

MINGUEZ, guardia de Orden público; cincuenta ños.

REQUENA, Ídem, ídem, cincuenta y cuatro años.

La acción de Madrid. Época: la Nochebuena.

       Noche de niebla, noche triste, de frío entumecedor.

1 'ratero' ladrón que hurta con maña y cautela cosas de poco valor'

'pilluelo, vagabundo'

3  'sucio'

DECORACIÓN

Recibimiento destartalado en una Comisaría. Poca luz. Son las dos de la madrugada.

El guarda REQUENA, sentado en un banco y envuelto en su capota, dormita junto a una estufa medio apagada.

A poco entra MÍNGUEZ, guardia también.

 

MÍNGUEZ. – Adiós, Requena

REQUENA. – Adiós Mínguez.

MÍNGUEZ. – ¿Descabezando un sueñecito?

REQUENA. – A ver. (Se despereza) ¿Qué noche hace por ahí afuera?

MÍNGUEZ. – Un frío que te corta. Aquí no se está mal.

REQUENA. – Siéntate. (MÍNGUEZ se sienta) ¿De dónde vienes?

MÍNGUEZ. – De casa de mi sobrino Hilario, de llevarle el oficio con la baja

REQUENA. –Pero oye, ¿es verdad lo que dicen, que se ha ido del Cuerpo?

MÍNGUEZ. – ¡Toma… y muy bien que ha hecho! Aquí no hay porvenir, Requena.

REQUENA. – Y que lo digas.

MÍNGUEZ. – Él, que es joven y tié(4) su aquel de ser alguna cosa en este mundo, pues que vole(5).

REQUENA. – ¿Y qué va a hacer ahora?

MÍNGUEZ. – Se está preparando pa(6) Penales. Siempre ha tirao(7) tóo(8) lo de letra. Ya le conoces.

REQUENA. – ¿Y estudia mucho?

MÍNGUEZ. – Muchísmo(9)… ¡Chiquillo, y unas cosas que, vamos, por lo que s’ha explicao(10), lo adelantos de hoy en día son que te pasman(11).

REQUENA. – ¿Pues?

MÍNGUEZ. – Mira; me ha dicho que está estudiando un libro que es una cencia(12) nueva que ha salido ahora, ¿sabes?, que le dicen… aguarda que me recuerde… La… la… Entropometía(13), o una cosa así, pero no me hagas caso.

REQUENA. – ¿Y de qué dimana(14) eso?

MÍNGUEZ. – Pues un Tratao(15), ¿sabes?, que lo lees, y después que lo estudias, coges a un endeviduo(16) cualesquiera(17) y náa(18) más que le tientes la cabeza y le mires las narices conoces si es creminal(19) u(20) no es creminal.

REQUENA. – (Con asombro.) ¡Por las narices!

MÍNGUEZ. – Por las narices.

REQUENA. – (Sonríe incrédulo.) Oye, Mínguez, chuflitas(21) no.

MÍNGUEZ. – ¡Cómo chufilitas!... Más verdá(22) que el gallo(23). Y es más; dice mi sobrino que él agarra un ladrón, le toma la medida de oreja a oreja y te dice lo que va a robar pasao(24) mañana.

CazallaREQUENA. – ¡Atiza!... Tú la traes de Cazalla (25), Mínguez.

MÍNGUEZ. – ¿De Cazalla?... Yo vengo más sereno que si trajera chuzo. Son cosas que no fallan, Requena, y cualisquiera(26) que se haya empapao(27) de esa cencia te tienta la frente y te conoce lo que eres.

REQUENA. – ¿A los solteros también?

MÍNGUEZ. – A todos. Que tienes la bóveda frontal, pa fuera, ladrón; que la tiés(28) pa dentro, falsificador. Ojos hundidos, asesino; belfo(29) colgante, instintos  feroces. Pómulos salientes, creminalidaz(30) innata. Total, que te miran una uña y es como si te leyeran la cédula.

REQUENA. – Gachó(31), pues si es verdá(32) eso, mete miedo.

MÍNGUEZ. – Y hay más.

REQUENA. – ¿Más?

MÍNGUEZ. – Agarramos nosotros a un creminal(33), un supongamos…

REQUENA. – Que es mucho suponer.

MÍNGUEZ. – No es más que pa ejemplo. Pues en seguida va mi sobrino, le pringa(34) el dedo gordo con polvo de imprenta, le hace que deje la señal marcada en un papel y le pues(35) dejar que te se(36) escape. Se marcha a Rusia y lo traen.

REQUENA. – ¿Qué lo traen por la señal de los dedos?... ¡Naranjas!

MÍNGUEZ. – ¿Qué no?

REQUENA. – Ca(37), hombre. Cuando te se escapa un creminal, la señal que te hace con los dedos es feísima… ¡La sabré yo, que siempre me han hecho la misma!...

(Suena un timbre.) 

MÍNGUEZ. – El Comisario.

REQUENA. – Entra a ver

     (MÍNGUEZ entra en el despacho de su jefe. A poco, sale con gesto de contrariedad.)

MÍNGUEZ. – ¡Arrea!(38)

REQUENA. – ¿Qué pasa?

MÍNGUEZ. – Náa, un guaja(39) que hay en el calabozo que tenemos que llevarlo de quincena(40).

REQUENA. – Pues sí que es un numerito(41) paa como está la noche.

MÍNGUEZ. – Y qué remedio. Toma el oficio. (Le da un sobre grande.) Voy por él.

(Coge una lleve, sale y regresa a poco, precedido del PEQUE RATA.)

PEQUE. – ¿Voy al Juzgao(42)?

REQUENA. – Más lejos.

MÍNGUEZ. – Echa pa alante(43).

 

(Salen a la calle. Los guardias se levantan los cuellos de las capotas. El golfillo, descalzo, sin camisa, mal envuelto en una enorme chaqueta, con las manos cobijadas entre los andrajos del pantalón, camina delante de la pareja, encorvado, aterido, silencioso. Atraviesan calles y más calles. Llegan al fin a la de la Princesa.)

 

MÍNGUEZ. – ¿De forma que tú no crees en esa cencia pa conocer creminales?

REQUENA. – Natural que no; !ni que fuera de pueblo!

MÍNGUEZ. –¿Quieres que hagamos el experimento con este golfo, pa que te convenzas?

REQUENA. – Bueno. Hazlo, y verás como no sacamos náa en claro.

MÍNGUEZ. – (Al PEQUE) Oye, chico.

PEQUE. – ¿Qué quié(44) usté(45)?

MÍNGUEZ. – Ven aquí.

(Le llevan debajo de una farola. MÍNGUEZ le ataraza(46) por el pescuezo.)

PEQUE. – (Aterrado) Pero, ¿qué me van ustés a hacer?

MÍNGUEZ. – A examinarte la creminalidaz. Saca la mandíbula.

PEQUE. – Que yo no tengo eso, guardia.

REQUENA. – No te apures, hombre, que es un examen náa más.

(Le empiezan a tantear la cabeza.)

PEQUE. – ¿Qué me buscan ustés(47)?

MÍNGUEZ. – Calla. ¿Tú a qué te dedicas?

Golfillos OttoWüderlichPEQUE. – Al afano(48).

MÍNGUEZ. – ¿Lo ves? Tiéntale: ocipucio(49) abultao(50).

REQUENA. – Ya lo veo.

MÍNGUEZ. – ¿Qué has robao(51) hoy?

PEQUE. – Un impremeable(52).

MÍNGUEZ. – Fíjate en el temporal.

REQUENA. – Saliente.

MÍNGUEZ. – Ahí lo tienes. Y ahora repara en las narices

PEQUE. – Lo de las narices es de un puñetazo que me dio el amo del comercio cuando me agarraron.

MÍNGUEZ. – No me refiero a la inflamación, sino a la estruztura(53). Este chico es un ejemplar, Requena. Y míreslo por donde lo mires se ve la creminalidaz nativa.

REQUENA. – Bueno, pero aguárdate que le investiguemos de palabra , que no yo me conformo.

MÍNGUEZ. – Verás como no falla.

REQUENA. – ¿Tú cómo te llamas, chico?

PEQUE. – El Peque Rata.

MÍNGUEZ. – ¿Tienes madre?

PEQUE. – Sí señor, y no, señor. Digo que sí porque la tengo y digo que no porque es como si no la tuviese.

MÍNGUEZ. – ¿Está en la cárcel?

PEQUE. – Sí, señor.

REQUENA. – ¿Dónde vivías antes?

PEQUE. – Pa hacia la Elipa(54), en el tejar de Canales, que mi madre cocía ladrillo; pero aluego(55) se ajuntó(56) con uno que le dicen el Ché de Valencia, que robó con dos más en un hotel de las Ventas, y a mi madre la complicaron, se fue a chironi(57) y me quedé solo.      

MÍNGUEZ. – ¿Y tu padre? 

PEQUE. – Le conozco de vista pero no le trato.

REQUENA. – ¿Y no tienes a nadie más?

PEQUE. – Tengo una tía que es lavandera, que le dicen la Manchega, que vive orilla del río, pero son cinco bocas y no tié más que tres lavaos y cuando fui y le dije que si me podía dar algo, fue y me dijo: «A ver qué te voy a dar con esta miseria. Cuando tengas sed, bájate por aquí» 

REQUENA. – ¿A ti no te habían puesto a oficio?

PEQUE. – Ése, que creo que es mi padre, habló para que me tomaran de aprendiz en una ebanistería de la cae(58) Hermosilla y me tomaron; pero como no tenía cuido de nadie, bajaba al taller con una ropa que me se(59) veían las carnes. Hasta que un día me dijo el maestro: «Si vienes con esa ropita, pues más me enseñas tú a mí que te pueda yo enseñar». Y era verdá, que como voy pa grande había veces que la maestra me tenía que dar los recaos(60) de espaldas. Y por eso me aliviaron(61). 

REQUENA. – ¿Y qué hiciste?

PEQUE. – Me eché con otros a piravear(62) por mercaos. Y algunas veces hago maletas en el Mediodía, porque en el Norte está el Chulo Molla, que no deja a ninguno que viva.

MÍNGUEZ. – ¿Y dónde duermes?

PEQUE. – Antes dormía en el asador.

REQUENA. – ¿Qué es eso?

PEQUE. – Las rejas del Teatro Real, que sale calefacción y se está tan ricamente, pero vino el Mellao(63) con un carta de recomendación pal(64) sereno y me echaron a mí. Que uno no tié influencia. Y salí de naja(65) para los desmontes del Oservatorio(66) y allí voy  a la rosca(67)con diez y doce.

REQUENA. – ¿Y tú por qué robas?

PEQUE. – Hay que vivir, Pero ya ve usted, lo de hoy me ha pasado por primo. El que se mete a bueno, la paga.

MÍNGUEZ. – ¿Qué te ha pasao? 

PEQUE. – Pues náa, que anoche se nos coló en la cueva un chino de esos que hacen cosas con papeles de colores, que no nos ha dejao dormir en toa(68) la noche de lo que ha tosido. Y esta mañana se quejaba y no se podía levantar, y tóos han dicho «éste se muere» y han arreao(69). Y a mí me hacía señas de que no me marchara y me ha explicao(70) que tenía hambre, y claro, uno, pos(71) no va a dejar que se muera una presona(72) aunque sea extranjera; y me eché por ahí y dije: Yo voy a ver si doy un tirón(73y le llevo algo al chino ése.  Pero m’han apiolao(74y ahora a la trena(75). ¡Pobre chino! ¡Qué se pensará de mi!... 

QueNoREQUENA. – (A MÍNGUEZ) ¿Estás viendo cómo no hay tal creminalidaz nativa, so buche(76)?

MÍNGUEZ. – Entonces, ¿por qué roba este golfo, por qué es reincidente, vamos a ver? 

REQUENA. – Pues porque el que no puede ganarlo, o no le han enseñao a que se lo gane, cuando tiene gazuza(77) y ve un panecillo tira con él… tenga las narices como las tenga.

MÍNGUEZ. – De forma que la cencia de mi sobrino… 

REQUENA. – Lombarda cocida.

MÍNGUEZ. – ¿Entonces tú crees que el Tratao?... 

REQUENA. – Cuando se tiene hambre, el tratao… Debe ser el panadero, querido Mínguez. Tóo lo demás, pamplinas.

PEQUE. – (Balanceándose nerviosamente y castañeteando los dientes.) ¿Quién ustés que andemos?

MÍNGUEZ. – ¿Qué te pasa?

PEQUE. – Que no me tengo de frío, guardias. ¡Estoy helao!

REQUENA. – ¡Pobre criatura!... ¡Maldita sea!

 

(En aquel momento, de una calle próxima sale un frupo de gente bullanguera haciendo sonar zambotas, latas y almireces. La voz fuerte y desgarrada de una moza entona un villancIco en el silencio de la calle desierta.)

 

   Los pastores en Belén

todos juntos van por leña,

para calentar al Niño

que nació la Nochebuena.

 

(Los guardias y el golfo reanudan silenciosos su marcha. Y al fin, camino de la cárcel, se pierden a lo lejos, en la niebla espesa y fría, como si alguien quisiera borrar de la noche solemne aquellas grotescas siluetas.)

… Sigue escuchándose muy lejana la algarabía del grupo bullanguero que canta.

 

   Ande, ande, ande

la Marimorena.

Ande, ande, ande,

que es la Nochebuena.

 

 T E L Ó N

 

 

[CUADRO SEGUNDO]

DECORACIÓN

Las páginas altas, tersas y brillantes de este noble periódico(78)

 ____________

BlancoYNegro 1Aparece el autor un poco receloso, un poco desconfiado y dice: «Señoras y señores: El que escribe estas líneas humildes, estrena de vez en cuando en los teatros madrileños unos modestos sainetes que han merecido en ocasiones repetidas vuestra benévola sanción.

Para no perder el contacto con esas gentes pícaras y jaraneras, alegres y resignadas, que intenta dibujar, llega a menuda hasta sus barrios míseros, se asoma a sus casas hediondas y conoce toda la tragedia, que aderezada con el donaire y la camándula(79), soporta ete somáticos, este pintoresco pueblo madrileño.

Por eso alguna que otra vez, quiere exponer a vuestra atención, burla burlando, estos cuadros tristes, pavorosos, amenazadores, lamentables, como el precedente…

¡Los golfos!... ¿No sentís dolor, inquietud, remordimiento, ante estas míseras criaturas hambrientas, ante esta simiente de criminalidad que puede fructificar en el abandono?

Ya sé que sois caritativos, señoras y señores, pero –perdonadme- vuestra caridad no está bien ejercida o es insuficiente mientras haya criaturas que en las noches de invierno duerman en los quicios de las puertas o en las oquedades de los desmontes.

Las plazas de los asilos que sostenéis son para los hijos o los sobrinos de las cocineras, de las planchadoras, de los servidores y paniaguados, en fin, de esos mil funcionarios que forman la trama burocrática que rodea a la beneficencia oficial. A los verdaderos desvalidos no los alcanza nada.

Yo pido para ellos; para esos golfos peludos, roñosos, grotescos, famélicos, abandonados, sin hogar, sin parientes, sin nadie… Para esos míseros chiquillos que a la salida de los teatros y de los bailes corretean alrededor de vuestros carruajes entre la niebla de las noches crudísimas de invierno, voceando –para avisar a chauffers y cocheros- vuestros nombres gloriosos, llenos de prestigio, de poder, de opulencia…»

«Alba»… «Medinaceli»… «Arión»… «Bauer»… «Urquijo»…

Voces que suenan en la noche como una suprema apelación a vuestra piedad y a vuestro recuerdo.

«Torrecilla»… «Infantado»… «Fernán Núñez»… «Medinaceli»…

 

  NOTAS a "LA PAREJA CIENTÍFICA" Volver al texto
4 tié 'Tiene'. La pérdida de la consonante -n- intervocálica, y la posterior simplificación del hiato  es muy frecuente en el uso del verbo tener. Propio de la lengua vulgar.  external
5 vole 'Vuele'. Uso deliberadamente incorrecto, como si la forma verbal fuese regular, por una intención humorística  
external
6 pa 'Para'. Apócope en el habla vulgar de la última sílaba  
external
7 tirao pérdida de la consonante dental fricativa sonora intervocálica -d-, frecuentísima en la terminación ado de los participios de la primera conjugación. Fenómeno éste general de la lengua hablada no solo popular sino media.  external

8 tóo cfr. Nota 7.  external
9 Muchísmo Por pérdida de la vocal postónica i. Vulgarismo.  external
10 s’ha explicao Caso de elisión. Para la pérdida de la -d- vid. Nota 7.  external
11 pasmar 'Ocasionar o causar suspensión o pérdida de los sentidos y del movimiento'  
external
12 cencia En lugar de ciencia, por un proceso disimilatorio y, también, por influjo analógico al sufijo -encia- de otros sustantivos.  external
13 Entropometía Cruce de Antropometria con 'entrometía, con clara intención caricaturesca  external
14 dimana Trata  external
15 Tratao Vid. Nota 7  external
16 endeviduo 'individuo', dos disimilaciones ayudadas, en el caso de la primera sílaba, por la confusión de prefijo, y en ambas, por tratarse de sílabas átonas  external
17 cualesquiera Con valor de número singular. Se trata de un cultismo usado impropiamente  
external
18 náa cfr. Nota 7.  
external
19 creminal Disimilación de la vocal i con la sílaba inicial.  
external
20 u Este uso de u en el caso en que se debiera emplear o es muy frecuente en los personajes madriles de Arniches, de modo especial en los que corresponden a las primera obras.  
external
21 chuflitas Chuflas. 'dicho o palabra de zumba o chanza'. Nótese el valor irónico del diminutivo.  
external
22 verdá Pérdida de la consonante dental fricativa sonora intervocálica -d- característica de exgensas zonas de la Península, entre ellas, Madrid, y que es una de las soluciones dadas, fonéticamente, al problema de la pronunciaciñon de la -d final.  
external
23 mas verdad que el gallo 'Afirmación de la exactitud de aquello que decimos o hacemos' (Ramón Caballero; Diccionario de modismos, 1899)  
external
24 pasao 'Vid. Nota 7'  external
25 Cazalla Caso frecuentísimo de metonimia, por el cual se indica el lugar de que procede el licor en vez de éste  
external
26 cualisquiera Nótese, además del usu impropio del cultismo, la presencia de la i que corresponde a una pronunciación rústica  
external
27 empapao 'Vid. Nota 7'  
external
28 tiés 'Vid. Nota 7'  
external
29 belfo 'Labio inferior más grueso  '  
external
30 creminalidaz Disimilación de la vocal i con la sílaba inicial y ensordecimiento de la -d final, error este último frecuente en algunas zonas castellanas.  external
31 gachó Variante del gaché (voz gitana) 'hombre en general'. En el lenguaje popular madrileño se usa frecuentemente como exclamación admirativa o de sorpresa.  external
32 verdá 'Vid. Nota 22'  external
33 creminal 'Vid. Nota 20'  
external
34 pringa Ensucia  
external
35 pues 'Vid. Nota 4 y 7'  
external
36 te, se, Nótese la ordenación incorrecta de los pronombres, por vicio corriente en el habla vulgar  
external
37 ca Interjección que tiene el sentido del adverbio oracional de negación no.  
external
38 ¡Arrea! Imperativo del verbo arrear, 'darse prisa'; aquí con valor de interjección  
external
39 guaja Pillo, tunante, granuja  
external
40 quincena Detención gubernativa durante quince días.  
external
41 numerito Con sentido irónico, intensificado por el diminutivo, que proviene de número como 'cada una de las partes actos o ejercicios del programa de un esectáculo u otra función destinada al público'.  external
42 Juzgao 'Vid. Nota 7'  
external
43 pa adelante 'Vid. Nota 6 y 7'  
external
44 quié 'Vid. Nota 6'  external
45 usté  'Vid. Nota 22'  
external
46 ataraza 'Agarra', sifnificado no incluido en el Diccionario de la Academia de la Lengua.  
external
47 ustés 'Vid. Nota 22'  
external
48 afano 'Hurto'. Postverbal de afanar, 'hurtar'  
external
49 ocipucio Por occipucio; simplificado, en la pronunciación vulgar, del grupo culto -cc-  
external
50 abultao 'Vid. Nota 7'  
external
51 robao 'Vid. Nota 7'  
external
52 impremeable Caso de metátesis de la r, por influjo del prefijo pre.  
external
53 estruztura Con deformación vulgar del grupo ct  
external
54 La Elipa Suburbio de Madrid de entocnes, situado a la derecha de la carretera de Aragón, hoy calle de Alcalá  
external
55 aluego Forma rústica por luego. Se trata de un caso de prótesis  
external
56 ajuntó Arcaismo conservado en la lengua rústica y vulgar.  
external
57 chironi 'Cárcel'. Cambio de la terminación a por i, de carácter chulesco.  
external
58 cae 'Calle'. Esta forma supone un proceso de yeísmo (calle, caye, cae), con pérdida de la consonante intervocálica, ayudada por la posiciones cuasi atóna de la palabra (cae Hemosilla)  
external
59 me se 'Vid. Nota 36'  external
60 recaos 'Vid. Nota 7'  
external
61 aliviaron 'Echaron'  
external
62 piravear Cabe la posibilidad de que signifique: 1, 'andar rondando' (de pirar, 'caminar, pasear'). 2, 'colaborar con otros' (de pirabar, 'cooperar, colaborar'). 3, 'hurtar' (de piro, 'sustraccion de un objeto', dar el piro, 'sustraer la bolsa'. Cfr. L.Besses: Diccionario de Argot español. Barcelona, 1906 y R. Saillas: El delincuente español.  external
63 Mellao 'Vid. Nota 7 '  
external
64 pal Contración popular de la preposición para y el artículo el.  
external
65 salir de naja Marcharse precipitadamente  
external
66 Oservatorio Simplificación del grupo consonántico culto -bs-.  
external
67 voy a la rosca, hacer la rosca Echarse a dormir en cualquier parte, aunque sea con incomodidad'  
external
68 toa 'Vid. Nota 7 '  external
69 arrear 'Ir, caminar deprisa'. Vid. Nota 38.  external
70 explicao 'Vid. Nota 7 '  external
71 pos 'Forma popular, por pues'  external
72 presona Metatesis de la r, pro influjo del prefijo pre.  external
73 tirón 'Hurto'  external
74 apiolar 'Prender'  external
75 trena 'Cárcel'  external
76 buche 'Borrico recién nacido y mientras mama'. Aquí está utilizado como insulta atenuado.  external
77 gazuza 'Hambre'  
external
78 noble periódico Se refiere a Blanco y Negro, la revista donde apareció primero este sainete, fundada por don Torcuato Luca de Tena en 1891.  
external
79 camándula 'Hipocresia, astucia, trastienda'  external

 

 

Arniches ObraCompleta

 

  

Los ricos

 

En la calle de la Beneficencia, frente a la de San Vicente, y al pie de los muros alabeados del viejo Hospicio, hay una parada de carros. 

Se ven en ocasiones ocho, diez, doce carritos en una ringla formada por turno escrupuloso.

Ellos asisten en sus menesteres accidentales de transporte a la varia e inquieta vida cortesana.

Llevan equipajes a las estaciones, trasladan el mísero ajuar de una humilde familia de un extremo a otro de Madrid, acarrean partidas de aceite, cargas de verduras, materiales de construcción.

CarrosYTartanasEscuálidas caballerías, con míseros atalajes, tiran de estos destartalados carritos. Las pobres bestias, humilla­da la paciente cabeza o con el saco del pienso atado a la frontalera, aguardan para arrancar el clásico «¡Ríaaa, 'Co­ronela'!...» «¡Huesque, 'Generala'!...» Siempre una alta graduación. 

En tanto, los carreteros, con los látigos colgados de los hombros, formando pequeños grupos, charlan a la sombra, apoyados en la pared de la casa frontera u orilla de la taberna más próxima, en espera de la solicitud de sus servicios.

En uno de estos grupos, una tarde de verano, a la hora de la siesta, se discute. Llevan la voz cantante PAULINO EL MORROS y SERAPIO EL GURRIATO. Los demás subrayan, comentan, excitando a los interlocutores. 

La discusión es viva, agria, enconada, como corresponde a un calor fuerte y a una digestión pesada, acida. 

 

SERAPIO.-¡Maldita sia!...   ¡A mí, de qué!... Di tú ¡me caso(1) en la brisca!, que tuviese yo el Poder en mis manos cinco horitas náa más, y que me hicían papilla si quedaba un rico pa contarlo.

PAULINO.-Pero ¿qué te han hecho los ricos?

SERAPIO.-Robarme.

PAULINO.-¡A ti!

SERAPIO.-A mí y a tóos los pobres.   ¡Y que no m iba yo a hartar de machacar cabezas!

PAULINO.-De ajo.

SERAPIO.-De ajo y de tóo ladrón al que le cogiese arriba de cincuenta duros en el bolsillo... Que el que el que guarda más de lo que nesecita, se lo roba a los menesterosos.

PAULINO.- ¡Gurriato, eres más negao(2) que una galga!

Notas.-  (1)  'me caso..Eufemismo        (2)  'negaoTorpe.

 

SERAPIO.- Lo que soy yo es que soy un tío que con libertá y una navajita barbera en la mano, ibas tú á ver justicia en el mundo.

PAULINO.- Pero ven aquí, so troncho... Lo primero hay que razonar, que el que no razona, barbariza.

SERAPIO.- Pero ¿es que yo no razono?... Porque niégame lo mío, ¿tóos los hombres no senos iguales?

PAULINO.- Según en qué.

SERAPIO.- En todo. Semos igualmente de carne y hueso, con ojos, corazón, boca... A tóos nos gusta lo bueno... Pues ¿por qué lo tiene el tío marqués ese de la esquina y no lo tengo yo? Que me s'aclare el punto,

PAULINO- Hombre, precisamente, por allí va la contestación. Fíjate en aquel jorobeta que sale del estanco! ¿Por qué andas tú derecho y a él l'han jorobao?

SERAPIO.- Hombre, porque él ha nació con la coluna rota.

PAULINO.- Y tu has nació con un celebro que es una brecolera(3), y no sirves más que p’arrear un carro.

SERAPIO.- Eso 

PAULINO.- Eso es una verdá como una sandía. ¿U es que te figuras que eres pobre porque cuando naciste te pusieron un letrero en la espalda diciendo: «No darle dinero a este sujeto»? Tú no ganas más porque tiés una cabeza que es un adoquín greñas.

SERAPIO - Pue que te pienses que llevas tú una jografía(4)* debajo de la gorra.

PAULINO - Llevo cuatro canas experimentas y una mijita de sentido, y doy mis razones, lo que tú, no. Porque vamos a argumentar buenamente, que no hace falta po­nerse por las nubes pa las cosas.

Notas.-  (3)   'brecolera'  Especie de brecol (variedad de la col común)        (4)  'jografía'  Geografía, con reducción del grupo vocálico.

 

SERAPIO -Venga.

PAULINO. - ¿Qué era el señor Pelegrín, dueño de los carros que llevamos nosotros, antes de ser patrono?

SERAPIO.- Carretero.

PAULINO - Como tú y como yo, ¿no es eso?

SERAPIO. - Igualitamente.

Sidecars1920PAULINO. _ ¿Y no tié ahora un hotel en Pozuelo, que l'ha costao lo menos seis mil pesetas, con unos árboles que te tiendes a la sombra y te cubre casi la meta e la cabeza?... ¿No anda por ahí con una bicicleta mecánica de esas con zapatilla al lao(5), que el otro día le vi que llevaba dentro de la alpargata una socia que rompía las hostilidades de guapa que era?... ¿Y no luce un anillo, en no me recuerdo qué dedo, con una piedra que si te la tira te escalabra? Pues, habiendo empezao como nosotros, ¿por qué él se ha hecho rico y nosotros no?

Notas.-  (5)  '... con zapatilla al lao'  Se refiere a las motos con sidecar, que llamaban entonces la atención y gozaban de gran popularidad  

 

SERAPIO. - ; Porque ha tenío suerte!

PAULINO.- ¡Porque ha tenío... pepinillos en conserva, miá éste! Que ha trabajao de día y de noche, y que ha sío vivo y que ha sabío arriesgar a la ventura de una negocio las cuatro pesestas que tenía ahorrás.

SERAPIO.- Y eso no es suerte?

PAULINO.-Eso es trabajo y sabiduría pa las cosas y volunta y agallas(6   valor).

SERAPIO.-Que no me convences, Paulino. Las fortu­nas se hacen robando, y náa más.

PAULINO.- ¿Y por qué no robas tú?

SERAPIO.- Porque no sé.

PAULINO.- Pues si no sabes ganarlo trabajando y no lo sabes robar, te jorobas, como yo, y callas.

SERAPIO.- Pero, ¡me caso en la brisca!, ¿es que voy a ver yo callao como un choto que haiga tanto pobre en la miseria, sin pan pa sus hijos, sin abrigo en ivierno sin disfrutar en la vida de lo que se dice náa de náa... y viendo que a cuatro pillos indecentes y vagos les sobra, too, y se divierten y triunfan, y no son pa remediar lo más mínimo de un pobre?...

PAULINO.-Hombre, no exageres...

SERAPIO.- Ni una sed de agua te da un rico pa que no te mueras..., que eso no me lo niega a mí ni el Verbo.

PAULINO.- ¿Que no?

SERAPIO.- No, señor... ¡Qué leñe!

PAULINO.- (Con viveza.) Bueno, vamos a ver: ¿ande tiés tus chicos?

SERAPIO.- En una escuela.

PAULINO.- ¿Qué te cobran por ella?

SERAPIO.- Están de gratis.

PAULINO.- ¿Quién te los mantiene?

SERAPIO.- La cantina escolar. ¡Pocas gracias que no me los mantuviesen!

PAULINO.- ¿Y dónde está tu chica?

SERAPIO.- Se l'han llevao a los baños de mar, en una colonia de esas que dicen pa raquíticos... ¡Que menos puén hacer!

PAULINO.- ¿Y dónde estuvo tu mujer este invierno pa que la curasen de la vista?

SERAPIO .- En un sanatorio del Patronato de señoras.

PAULINO.- ¿Y qué te han llevao por curártela, mante­nértela y vestírtela?

SERAPIO.- ¿Qué me van a llevar?... Tién obligación. Pa eso soy un pobre.

PAULINO.- Claro que tién obligación, pues por eso lo hacen; pero tú también tiés obligación de ser agradecido y no negar la verdad;   porque tú te comerás tóos los hí­gados de rico que te dé la gana, pero, a los postres, tiés que reconocer que te curan a una hija, te educan dos y l’han devuelto la vista a tu señora.

SERAPIO.- ¡Pamplinas!... Pa tenernos medio callaos a los pobres... Pero lo que veo es que mientras yo estoy en mi casa sufriendo, ellos bien gozan.

PAULINO.- Pero ¿qué es lo que quieres, que la aristo­cracia no vaya al teatro cuando tú te acatarras?... ¡Hom­bre, Gurriato, argumentas como una tenaja.

SERAPIO.- ¡A ti lo que te sucede, Paulino, es que eres un asalariao de la burguesía y un borrego indecente, como otros tantos!

PAULINO.- Anda, que te quiten pipas...

SERAPIO.- Y náa más.

PAULINO.- Yo soy más hombre que tú en tóos terre­nos, y exigiría a los ricos, y al Papa que fuese, que en lo que sea de razón me se haga justicia. Pero no me voy, como tú, por los cerros de Úbeda, y veo que las cosas del mundo las tenemos que arreglar tóos, altos y bajos, y, consecuente a ello, hago lo mío.

SERAPIO.- ¿Y qué es lo tuyo?

PAULINO.- Vivir honradamente y trabajar con alegría. Y si no, mía mi casa. Allí trabaja hasta el jilguero, que lo hemos domesticao, y si quie comer tié que subir a la percha con el pico el pocillo de los cañamones.

SERAPIO.- También   son   ganas   de   molestar   a   un pájaro

PAULINO.- ¡Que se chinche! Porque lo mismo hacemos tóos. La Sebastiana, mi señora, que lo es tuya...

SERAPIO.- Está muy bien empleada.

PAULINO.- Hablo en el buen sentido… Se pasa la tarde en Recoletos vendiendo globos, carracas y juguetería infantil. Mi Eleuterio, que cumple en marzo los diecio­cho, elabora jaulas pa grillos, habiendo sido premiao en varias exposiciones internacionales y extranjeras.

SERAPIO.- Y los grillos también le debían de premiar, porque se escapan tóos. Al menos, de la que yo le compré.

PAULINO.- Mi chica cose prendas pa tropa, y al pe­queño lo tengo de botones en una oficina, donde me lo llevan con un traje colorao precioso.

SERAPIO.- Como que caá vez que me lo encuentro me recuerda la sobreasada de Mallorca.

PAULINO.- Y servidorito..., pues ya me ves, trajinan­do con el carro. Total: que tóos arrimamos el hombro, y que al cabo de la semana se saca pal piri(7), y toavía, cuando llega un domingo por la tarde, pues nos damos el lujo de irnos de parranda a la Moncloa, y así que se va haciendo noche, nos sentamos a la fresca debajo un pino, nos comemos una tortilla y una ensalá e lechuga, viendo salir la lunita, y tan ricamente. Luego, a casa, y al otro día, al trabajo..., y tan contentos.

SERAPIO.- (Con rabia.) ¡Contentos!

PAULINO.- Contentos. Ande no hay hambre no hay odio.

SERAPIO.- ¡Maldita sea!... Me da asco oírte...

PAULINO.- ¿A mí?... ¿Por qué? 

PaginaLosRicos

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro/1915/09/12/010.html

Revista Blanco y Negro.de 12 Sep. 1915, donde se publicó 'Los ricos' de Carlos Arniches. (fragmento)

 

SERAPIO.- Porque tú y tóos los que piensan como tú sois una recua de burros indecorosos, que estáis retrasan­do el día de la redención obrera..., el día glorioso en que se proclame que la propieciaz es un robo y que too tié que ser de tóos y que hay que repartirlo.

PAULINO.- ¡Pero es que, por un por si acaso, si fuás rico!...

SERAPIO,- ¡Si yo fuera rico!... ¡Me caso en la brisca!... ¿Sabes tú lo que yo haría si fuá rico?

PAULINO.- ¿Qué harías?  

SERAPIO.- Pues coger too mi dinero..., ¡todo!, y decir: ¿Cuántos millones tengo? ¿Treinta, cuarenta?... Pues me apartaba ocho pesetas diarias pal plato, y tóo lo demás, a repartirlo entre los pobres. ¿Qué a ti te falta calzao? pues unas botas; ¿Qué a la Sebastiana no tié abrigo?, pues un mantón; ¿Qué allí no comen?, un diario pa la compra; ¿que allí hay un enfermo?, medicinas… Y no habría hambre, ni frío, ni miseria, ni necesidá, ni nada… Yo lo daría tóo, yo lo repartiría tóo, y cuando ya viese que con lo mío se habían remedia tóos lo pobres… (Interrumpiéndose.) ¿Oye, qué hace aquél?

PAULINO.- Es Nicanor, que no sé lo que busca en la bolsa de tu carro.

SERAPIO.- (En voz alta, a Nicanor.) Oye tú, ¿qué buscas ahí?

NICANOR.- Náa, que por no interrumpirte no te he pedio permiso; pero es que no tengo tabaco y, como tú tiés aquí la cajetilla sin empezar, te iba a tomar un cigarro.

SERAPIO.- (Indignado.) Pues tómaselo a tu respetable agüelo, si te es lo mismo. ¡Vaya una frescura!

NICANOR.- Hombre, es que, como no tengo tabaco…

SERAPIO.- Pues te fumas el dedo. Suelta el cigarro…

NICANOR.- Pero, señor, por un pitillo…

SERAPIO.- Ni por uno ni por medio. Lo mío es pa mí, y el que quiera echar humo, que le prendan fuego.

NICANOR.- ¡Amos, pero estáis oyendo a este boceras!...

SERAPIO.- ¡Boceras!... Y tú eres un gorrón indecente.

NICANOR.- Y tú un, un…

La frase que queda en el aire, bastante molesta por cierto para la señora del interesado, es como la espita, que da paso a un chorro de insultos, blasfemias, golpes…

Aquel trozo de acera, durante unos minutos, no tiene nada que envidiar a ningún frente de batalla. La toma de Lemberg fue una pequeña discusión comparada con el zipizape que arman aquellos energúmenos.

Por fin, el buen Gurriato, al que interrumpieron, cuando estaba repartiendo sus cuarenta millones, recoge su pitillo, se limpia de sangre las narices, monta en su carro y se va blasfemando.

PAULINO.- (Viéndole ir, sonríe irónicamente y hace este sencillo, este pequeño comentario.) ¡Si este pobre fuera rico, pobres pobres!...

 

 

 T E L Ó N

 

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