QUÉ ES UN LIBRO PARA FRAGMENTOS DE LIBROS 

  Usted, nosotros, los lectores atrapados, apasionados, embrujados por él; nos atrevemos a contestar a esta pregunta y plagamos la Web –que es el medio por el que podemos hacer oír nuestra voz- con definiciones llenas de contrastes y naturalmente diferentes en palabras, significados y alcances; pero, casi todas, nos revelan que los libros han entrado en nosotros por canales extraños a nuestra cotidiana manera de comunicarnos.

No sé, por aventurar alguna cosa, podría decir que el libro penetra en nosotros conquistándonos por canales ajenos a los de los sentidos, quizá sea porque nuestra alma se despreviene ante él, o son nuestros deseos de elevarnos por encima de esta realidad tan física, o bien son los objetos que pensamos que pueden darnos respuestas a nuestras preguntas o, propensos a cualquier posibilidad de huída, nos entregamos con rapidez a la desatención… 

 ¿Qué es un libro, entonces? Difícil de decir. Posiblemente no sea para todos la misma cosa. A veces, buscamos lo que nos dicen de él sus creadores y no encontramos demasiado, quizás tampoco sabrían que decirnos. Pruébenlo. Hagan esa pregunta, lean, busquen por la red y miren a ver lo que encuentran más allá de su descripción física. Descorazona un poco ¿verdad? 

Leemos a Borges definiendo:“De todos los instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones del brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación” .

Claro que una búsqueda más exhaustiva nos traería desde los rincones respuestas más implicadas. En este aspecto, nos ha gustado bastante este trabajo de Augusto Escobar Mesa –Universidad de Antioquia-: «El Universo numinoso de los libros» .

MuseoCastilloSegura

¿Y adónde nos llevan estas reflexiones, se preguntará usted?

En fragmentos de libros nos debemos a atrever a dar nuestra respuesta porque nos parece necesario que usted conozca lo qué significa un libro para nosotros y así acercarle a la intención, el tono que va a teñir este sitio; lo que nos impulsa a leer y exponer y sugerir como unos buenos libros para leer a unos títulos y no a otros, porqué nos inclinamos por estos autores y no por aquellos, porqué entendemos la lectura como la entendemos y porqué , esta forma de sentir el libro, nos aleja, por lo general, de las modas o los “libros más vendidos”. 

Un libro como creación, es una pulsión de la Vida manifestada a través de un creador. Y el creador es un médium a través del cual esa pulsión se transforma y se manifiesta en una experiencia cognoscible, en un sentimiento profundo y distinto, en una revelación que influye evidentemente en un tercero. Hay un “mensaje” –cualquiera y de cualquier grado y de cualquier ámbito- que se transmite aún, incluso, a costa del autor. 

A veces, ese mensaje, esa revelación, trasciende al autor que no sabe muy bien qué es lo que está creando pero que no puede evitar hacerlo. No es siempre, a veces el autor SÍ dirige y es consciente de lo que crea. Pero Colón descubre un Nuevo Mundo; Pasteur, la penicilina; Cervantes, escribe el Quijote; Velázquez pinta Las Meninas; maestros-arquitectos construyen las catedrales góticas o las pirámides; Napoleón, Alejandro atraviesan, conquistan reinos y pueblos, comunican culturas para cambiar las sociedades conocidas y... volatilizarse después…). Malcolm Lowry se consumió hasta las últimas consecuencias para transmitirnos su Bajo el Volcán, Bolaño su 2666, Mozart su Réquiem… ¿Quién de estos hombres “sabía” lo que estaba realizando? Honestamente y con todo respeto, ¿sabe ya Gabriel García Márquez porqué y quién le dictó Cien años de soledadEl creador es requerido y sufre en su alma, en su corazón, en su vida cotidiana la fuerza de ese trance. A veces, no lo soporta y sucumbe al proceso o queda agotado para siempre.  Desde este punto de vista parecen superfluas las preguntas del por qué un libro, tantos libros, tienen la fuerza de cambiar el destino, el sentido, la fuerza, la manera de sentir la vida de un hombre. 

Pero entonces, un libro, solo, no es nada. 

Son tres actores los que intervienen en el proceso. El Universo vibra y el autor aprehende esa vibración en un sueño o bajos los efectos de una droga, asediado por la locura, el vacío; manifestada en los dibujos de la piel de una jirafa o en el movimiento de las manos de un pescador de Madeira al remendar sus redes al atardecer... y necesita escribir sin demora, vehemente y preciso. Y después debemos intervenir nosotros en ese proceso para escuchar lo que se nos quiere transmitir y puede que, entonces, el libro vibre en la misma nota de nuestra octava y surja el milagro. Acabamos. Leemos libros escritos para cien personas, para dos mil, para un millón, para ser consumidos... pero hay libros eternos y ecuménicos -da lo mismo lo que de ellos digamos porque el tesoro va inseparable de ellos-. Cuando leemos algo como “Al principio fue el verbo” estamos abriendo un cofre que contiene mensajes transmitidos desde más allá de la conciencia individual…