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FRAGMENTOS DE LIBROS: POR FAVOR, SEA BREVE. (2013)

                         -ANTOLOGÍA DE RELATOS HIPERBREVES-

PorFavorSeaBreve

   

   Edición de Clara Obligado.  Argentina

   Editorial     PÁGINAS DE ESPUMA.

    http://paginasdeespuma.com/

 

 

  

 

Fragmentos de libros:

 (Todas las imágenes incorporadas en este texto son de cosecha propia). 

 

(Índice ir a) 

 

Andrés Neuman. Felicidad

TroncoAntropomorfo   Me llamo Marcos. Siempre he querido ser Cristóbal

   No me refiero a llamarme Cristóbal. Cristóbal es mi amigo; iba a decir el mejor, pero diré que el único.

   Gabriela es mi mujer. Ella me quiere mucho y se acuesta con Cristóbal.

   Él es inteligente, seguro de sí mismo y un ágil bailarín. También monta a caballo. Domina la gramática latina. Cocina para las mujeres. Luego se las almuerza. Yo diría que Gabriela es su plato predilecto.

   Algún desprevenido podrá pensar que mi mujer me traiciona: nada más lejos. Siempre he querido ser Cristóbal, pero no vivo cruzado de brazos. Ensayo no ser Marcos. Tomo clases de baile y repaso mis manuales de estudiante. Sé bien que mi mujer me adora. Y es tanta su adoración, tanta, que la pobre se acuesta con él, con el hombre que yo quisiera ser. Entre los fornidos pectorales de Cristóbal, mi Gabriela me aguarda ansiosa con los brazos abiertos.

   A mí me colma de gozo semejante paciencia. Ojalá mi esmero esté a la altura de sus esperanzas y algún día, pronto, nos llegue el momento. Ese momento de amor inquebrantable que ella tanto ha preparado, engañando a Cristóbal, acostumbrándose a su cuerpo, a su carácter y sus gustos, para estar lo más cómoda y feliz posible cuando yo sea como él y lo dejemos solo.

 

 Alfonso Reyes. El veredicto.

La mujer del fotógrafo era joven y muy bonita. Yo había ido en busca de mis fotos de pasaporte, pero ella no me lo quería creer.

- No, usted es el cobrador del alquiler, ¿verdad?

- No señora, soy un cliente. Llame usted a su esposo y se convencerá.

- Mi esposo no está aquí. Estoy enteramente sola por toda la tarde. Usted viene por el alquiler, ¿verdad?

Su pregunta se volvía un poco angustiosa. Comprendí, y comprendí su angustia: una vez dispuesta al sacrificio, prefería que todo sucediera con una persona presentable y afable.

- ¿Verdad que usted es el cobrador?

- Sí -le dije resuelto a todo-, pero hablaremos hoy de otra cosa.

TallaEnCineMetropolMe pareció lo más piadoso. Con todo, no quise dejarla engañada y al despedirme le dije:

- Mira, yo no soy el cobrador. Pero aquí está el precio de la renta, para que no tengas que sufrir en manos de la casualidad.

Se lo conté después a un amigo que me juzgó muy mal:

- ¡Qué fraude! Vas a condenarte por eso.

Pero el Diablo, que nos oía dijo:

- No, se salvará.

 

Vicente Huidobro. Tragedia. 

María Olga es una mujer encantadora. Especialmente la parte que se llama Olga.

Se casó con un mocetón grande y fornido, un poco torpe, lleno de ideas honoríficas, reglamentadas como árboles de paseo.

Pero la parte que ella casó era su parte que se llamaba María. Su parte Olga permanecía soltera y tomó un amante que vivía en adoración ante sus ojos.

Ella no podía comprender que su marido se enfureciera y le reprochara infidelidad. María era fiel. ¿Qué tenía él que meterse con Olga? Ella no comprendía que él no comprendiera. María cumplía con su deber, la parte Olga adoraba a su amante.

¿Era ella culpable de tener un nombre doble y de las consecuencias que esto puede traer consigo?

Así, cuando el marido cogió el revólver, ella abrió los ojos enormes, no asustados, sino llenos de asombro, por no poder comprender un gesto tan absurdo.

Pero sucedió que el marido se equivocó y mató a María, a la parte suya, en vez de matar a la otra. Olga continuó viviendo en brazos de su amante, y creo que aún sigue feliz, muy feliz, sintiendo sólo que es un poco zurda.

 

Rubén Darío. El nacimiento de la col.

RosaColVidrioEn el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tendía, a la caricia del celeste sol, la roja virginidad de sus labios.

- Eres bella.

- Lo soy, dijo la rosa.

- Bella y feliz -prosiguió el diablo-. Tienes el color, la gracia y el aroma.

Pero…

Pero?…

- No eres útil. ¿No miras esos altos árboles llenos de bellotas? Esos, a más de ser frondosos, dan alimento a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco…

La rosa entonces -tentada como después lo sería la mujer- deseó la utilidad, de tal modo que hubo palidez en su púrpura.

Pasó el buen Dios después del alba siguiente.

- Padre -dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza-, ¿queréis hacerme útil?

- Sea, hija mía -contestó el Señor sonriendo.

Y entonces vio el mundo la primera col.

 

Mario Benedetti. Todo lo contrario.

Veamos –dijo el profesor-. ¿Alguno de ustedes sabe qué es lo contrario de IN?

- OUT – respondió prestamente un alumno.

- No es obligatorio pensar en inglés. En Español, lo contrario de IN (como prefijo privativo, claro) suele ser la misma palabra, pero sin esa sílaba.

- Sí, ya sé: insensato y sensato, indócil y dócil, ¿no?

-Parcialmente correcto. No olvide, muchacho, que lo contrario del invierno no es el vierno sino el verano.

- No se burle, profesor.

- Vamos a ver. ¿Sería capaz de formar una frase, más o menos coherente, con palabras que, si son despojadas del prefijo IN, no confirman la ortodoxia gramatical?

- Probaré, profesor: «Aquel dividuo memorizó sus cógnitas, se sintió dulgente pero dómito, hizo ventario de las famias con que tanto lo habían cordiado, y aunque se resignó a mantenerse cólume, así y todo en las noches padecía de somnio, ya que le preocupaban la flación y su cremento. »

- Sulso pero pecable –admitió sin euforia el profesor.

 

Raúl Brasca. Perplejidad.

MuraldeSombraLa cierva pasta con sus crías. El león se arroja sobre la cierva, que logra huir. El cazador sorprende al león y a la cierva en su carrera y prepara el fusil. Piensa: si mato al león tendré un buen trofeo, pero si mato a la cierva tendré trofeo y podré comerme su exquisita pata a la cazadora.

De golpe, algo ha sobrecogido a la cierva. Piensa: si el león no me alcanza ¿volverá y se comerá a mis hijos? Precisamente el león está pensando: ¿para qué me canso con la madre cuando, sin ningún esfuerzo, podría comerme a las crías?

Cierva, león y cazador se han detenido simultáneamente. Desconcertados, se miran. No saben que, por una coincidencia sumamente improbable, participan de un instante de perplejidad universal. Peces suspendidos a media agua, aves quietas colgadas en el cielo, todo ser animado que habita sobre la Tierra duda sin atinar a hacer un movimiento.

Es el único, brevísimo hueco que se ha producido en la historia del mundo. Con el disparo del cazador se reanuda la vida.

 

Julio Riquelme. Pie de página

Escribí la novela para que, al leer la dedicatoria, Elena comprendiera su crueldad de dieciséis años. No buscaba una excusa, una explicación, aunque también. Pretendía que me supiera vivo, incluso asumiendo su orgullo como artesana de la herida perfecta.

Alguien me dio la noticia en la caseta de firmas. Sentí, primero, alivio. Su imagen sería para siempre la que recordaba, sin facturas de tiempo. Sentí, luego, pena y sensación de tiempo perdido; ¿qué me importaba quien leyese aquellas páginas ahora que su destinataria ya no existía?

Un sueño largo y roto, una venganza inconclusa.

La misma persona me dijo; has triunfado. Miré la pila de libros idénticos que me rodeaba, la hilera de rostros esperando mi firma a pie de página, y supe que el hombre tenía razón, y gocé el triunfo de la inutilidad perfecta.

 

Enrique Anderson Imbert. La fama

SiluetaEnBarEl poeta la vio pasar, aprisa; y aprisa corrió tras ella y se quejó:

- ¿Y nada para mí? A tantos poetas que valen menos ya los has distinguido: ¿y a mi cuándo?

La Fama, sin detenerse, miró al poeta por encima del hombro y contestó sonriéndole mientras apresuraba la carrera:

-Exactamente dentro de dos años, a las cinco de la tarde, en la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras, un joven periodista abrirá el primer libro que publicaste y empezará a tomar notas para un estudio consagratorio. Te prometo que allí estaré.

-¡Ah, te lo agradezco mucho!

-Agradécemelo ahora, porque dentro de dos años ya no tendrás voz.

 

Jorge Luis Borges. Posesión del ayer.

Calendario2017Sé que he perdido tantas cosas que no podría contarlas y que esas perdiciones, ahora, son lo que es mío. Sé que he perdido el amarillo y el negro y pienso en esos imposibles colores como no piensan los que ven. Mi padre ha muerto y está siempre a mi lado. Cuando quiero escandir versos de Swinburne, lo hago, me dicen, con su voz. Sólo el que ha muerto es nuestro, sólo es nuestro lo que perdimos. llión fue, pero llión perdura en el hexámetro que la plañe. Israel fue cuando era una antigua nostalgia. Todo poema, con el tiempo, es una elegía. Nuestras son las mujeres que nos dejaron, ya no sujetos a la víspera, que es zozobra, y a las alarmas y terrores de la esperanza. No hay otros paraísos que los paraísos perdidos.

 

Alberto Barrera Tyszka. Asuntos delicados de la selva.

Un leopardo homosexual puede sufrir mucho. Si decide pintarse los colmillos con las hojas de un rábano, los cachorros lo miran sospechosamente. Si prueba estirarse como una garza, los mayores se burlan con descaro. Si observa durante horas el cuerpo de un amigo (sus músculos tensos, su cabello, su sexo como aceitunas jóvenes), toda la manada lo desprecia.

Un leopardo homosexual (en general) se mortifica. Está siempre al acecho y (en particular) encuentra amantes debajo de los ríos, abrazos rápidos detrás de las sombras de la madrugada.

De tanto andar en esas guerras, algunos leopardos homosexuales terminan por creer que ellos son los únicos que sufren.

 

Leopoldo María Panero. Blancanieves se despide de los siete enanitos.

LluviaSobreBancoPrometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos.

 

Gabriela Mistral. La dulzura.

Por el niño dormido que llevo, mi paso se ha vuelto sigiloso.
Y es religioso todo mi corazón, desde que lleva el misterio.

Mi voz es suave, como por una sordina de amor, y es que temo despertarlo.
Con mis ojos busco ahora en los rostros el dolor de las entrañas, para que los demás miren y comprendan la causa de mi mejilla empalidecida.

Hurgo con miedo de ternura en las hierbas donde anidan codornices. Y voy por el campo silenciosa, cautelosamente: creo que árboles y cosas tienen hijos dormidos, sobre los que velan inclinados.

 

Marco Denevi. El trabajo número 13 de Hércules.

EspermaHérculesSegún el apócrifo Apolodoro de la Biblioteca, «Hércules se hospedó durante cincuenta días en casa de un tal Tespio, quien era padre de cincuenta hijas a todas la cuales, una por una, fue poniendo en el lecho del héroe porque quería que este le diese nietos que heredasen su fuerza. Hércules, creyendo que eran siempre la misma, las amó a todas».

El pormenor que Apolodoro ignora o pasa por alto es que las cincuenta hijas de Tespio eran vírgenes. Hércules, corto de entendederas como todos los forzudos, siempre creyó que el más arduo de sus trabajos había sido desflorar a la única hija de Tespio.

 

Hernán Rivera Letelier. La amante. 

ManiquiesDespués de hacer el amor, el hombre enciende un cigarrillo y apoya la cabeza dulcemente en su hombro. Como ensimismado, en los reflejos de luz de la gran lámpara de cristal, comienza a hablarle, ronroneante, de lo feliz que es con ella (y de lo desdichado que fue, en cambio, en sus veinte años de matrimonio). «Ah, si sólo hubiera sabido de ti antes», le dice amoroso.Y la abraza y la besa largamente. En el abrazo la toca sin querer con el cigarrillo y, en un fuuuuuu lánguido, penoso, conmovedor, su recién adquirida amante comienza estrafalariamente a desinflarse.

 

Juan Ramón Jiménez. Cuentos largos.

¡Cuentos largos! ¡Tan largos! ¡De una pájina! ¡Ay, el día en que los hombres sepamos todos agrandar una chispa hasta el sol que un hombre les dé concentrado en una chispa; el día en que nos demos cuenta de que nada tiene tamaño, y que, por lo tanto, basta lo suficiente; el día en que comprendamos que nada vale por sus dimensiones -y así acaba el ridículo que vio Micromegas y que yo veo cada día-; y que un libro puede reducirse a la mano de una hormiga porque puede amplificarlo la idea y hacerlo el universo!

 

Eduardo Galeano. El miedo. 

Una mañana, nos regalaron un conejo de indias.

Llegó a casa enjaulado. Al mediodía, le abrí la puerta de la jaula.
Volví a casa al anochecer y lo encontré tal como lo había dejado: jaula adentro, pegado a los barrotes, temblando del susto de la libertad.

 

LuzYSombraDulce Chacón. Suicidio, o morir de error.

Antes de estrellarse contra el suelo, la miró con asombro. Saltaremos juntos ―le había asegurado la bella bellísima―. Una. Dos. Y tres. Y él se precipitó. Y la bella bellísima le soltó la mano. Y desde lo alto, le juró que le amaría hasta la muerte.

 

William Ospina. Amenazas.

      -   Te devoraré -dijo la pantera.

      -   Peor para ti -dijo la espada.

 

 ÍNDICE

Orden: Autor/Título/Página. En Azul los relatos hiperbreves que se transcriben aquí.

Clara Obligado. Prólogo bonsái 9;   Luis Britto García. El campeonato mundial de pajaritas 11;    Bárbara Jacobs. Atardecer en la playa 13;   Ana María Pérez Cañamares. La amiga de mamá 15;   Luis Britto García. Artes posibles 17;    Luis Britto García. Libros 19;   Fernando Alegría. Diálogo de sordos 21;    Guillermo Samperio. Pasear al perro 23;    Cristina Fernández Cubas. El viaje 25;    Gloria Pampillo. La mujer de Galvao 27;    Enrique Jaramillo Levi. El globo .. . 29;    Bárbara Jacobs. Un justo acuerdo 31;    Juan Carlos Botero. La única obligación 33;    Mempo Giardinelli. Consejo 35;    Osear Peyrou. La trampa 37;    Luisa Valenzuela. La cosa 39;    Andrés Neuman. Felicidad 41;    Guillermo Samperio. La cola 43;    Luis Britto García. Subraye las palabras adecuadas  44;    Gloria Fernández Rozas. El desencuentro original ... 45;    Alfonso Reyes. El veredicto 46;    María Tena. Animal 47;    Héctor Carreto. Pies 48;    José Antonio Ramos Sucre. El retrato 49;    Luisa Valenzuela. Visión de reojo 50 ;   Vicente Huidobro. Tragedia 51;    Rubén Darío. El nacimiento de la col 52 ;   José Balza. Lección de sueño 53;    María Obligado. Voces como arpones 54 ;   Julio Cortázar. Alegría del cronopio 55;    Oswaldo Trejo. Una sola rosa y una mandarina 56;    Mariela Álvarez. [Sin título] 57;    Mario Benedetti   Todo lo contrario 58;   Marco Denevi. El precursor de Cervantes 59;    Raúl Brasca. Perplejidad 60;    José Ángel Barrueco. Revolución de letras 61;    Enrique Anderson Imbert. Jaula de un solo lado 62;    Adolfo Bioy Casares. La francesa 63;    Cristina Peri Rossi. Crianzas 64;    Enrique Anderson Imbert. Espiral 65 ;   Sara Gallardo. A mano 66;    Virgilio Pinera. Natación 67;    Rene Aviles Fabila. Historia erótica en un McDonald's 68;   José María Merino. Ecosistema 69;    Gilberto Owen. Interior 70;    Juan José Arreóla. El encuentro 71 ;   Marco Denevi. La reina virgen 72;    Otto-Raúl González. Muerte de un rimador 73;    Augusto Monterroso. La tela de Penélope, o quién engaña a quien 74;    Josep Vicent Marqués. Disputaciones geográficas .... 75;    Jorge Luis Borges. Del rigor en la ciencia 76;    Juan Ramón Jiménez. La niña 77;    Julio Torri. Literatura 78;    Pablo Palacio. Teniente 79;    Angélica Gorodischer. Ayyyy 80;    Raúl Brasca. Todo tiempo futuro fue peor 81;    Guillermo Samperio. La oruga 82;    Salvador Garmendia. La mirada 83;    Alonso Ibarrola. Educación sexual 84;    Rosa Montero. Un pequeño error de cálculo 85;    Julia Otxoa. Carpetas 86;    Julio Riquelme. Pie de página 87;    Enrique Anderson Imbert. Mi sombra 88;    Raúl Brasca. Travesía 8;   9 Virgilio Pinera. En el insomnio 90;    Benito Martínez. La televisión 91;    Enrique Anderson Imbert. La montaña 92;  Julio Cortázar. Instrucciones para dar cuerda al reloj . 93;    Guadalupe Amor. El lago 94;    Iliana Gómez Berbesi. La casa al revés 95;    Augusto Monterroso. La fe y las montañas 96;    Juan Ramón Jiménez. El recto 97;    Julio Ortega. Novela del yo fortuito 98;    Mariano Silva y Acebes. El componedor de cuentos  99;   Ángela Martínez. Peligros de la intimidad 100;    Hipólito G. Navarro. Almez 101;    Enrique Anderson Imbert. La fama 102;    Max Aub. La uña 103;    Julio Torri. La humildad premiada 104 ;   Julio Torri. De funerales 105;    Jorge Luis Borges. Posesión del ayer 106;    Marco Denevi. El nunca corresponido amor de los fuertes por los débiles 107;    Alberto Barrera Tyszka. Asuntos delicados de la selva 108 ;   Hipólito G. Navarro. Territorios 109;    Ednodio Quintero. Cacería 110;    Augusto Monterroso. La vaca 111;    Neus Aguado. Fama postuma 112;    Almudena Albi. Hache dos o 113;    Ana María Shua. Espacio en el ropero 114;    José María Merino. Terapia 115;    Genaro Estrada. Interior 116;    Adolfo Castañón. El Evangelio de Juan Rulfo según Julio Ortega 117;    Alvaro Mutis. Sueño del fraile 118 ;   Paul M. Viejo. Novela policiaca 119;    Leopoldo María Panero. Blancanieves se despide de los siete enanitos 120;    Rene Aviles Fabila. Aviso en la jaula del ave Fénix 121;    Gabriela Mistral. La dulzura 122;    Salvador Elizondo. El grafógrafo 123;    Alfredo Castellón. La ruleta de los recuerdos 124;    Julio Ortega. Libro nocturno 125;    Beatriz Cuevas. A ritmo de taxímetro 126;    Marco Denevi. El trabajo número 13 de Hércules  127;    Luis Mateo Diez. El pozo 128;    Hernán Rivera Letelier. La amante 129;    Josefina Zendejas. Hoy veré a mi abuelita 130;    Ana María Shua. Profetas y cataclismos 131;    Juan Ramón Jiménez. ¡Abrió los ojos! 132;    Carola Aikin. Despedida de amor en el bar 133;    Juan Ramón Jiménez. Cuentos largos 134;    Guillermo Samperio. Lombrices 135;    Raúl Brasca. Felinos 136;    Luis Cardoza y Aragón. Dibujos de ciego. XI 137;    Jorge Luis Borges. Un sueño 138;    Pilar Gómez Esteban. El arte 139;    Hipólito G. Navarro. Árbol del fuego 140;    Ana María Shua. ¡Arriad el foque! 141;   Augusto Monterroso. La oveja negra 142;    Luis Britto García. La naparanoia 143;    Ramón Gómez de   cortina 14;   5 Teresa Servan. Virgen 146;    Julio Torri. A Circe 147;    Carola Aikin. Un saltamontes a la hora de la siesta . . 148;    Neus Aguado. De medio pelo 149;    Andrés Neuman. La cita de su vida 150;    Gonzalo Suárez. Cuento casi sufi 151;    Juan José Arreóla. Bíblica 152;    Luis Britto García. La canción 153 ;   Rene Aviles Fabila. Franz Kafka 154;    Enrique Anderson Imbert. [Sin título] 155;    Pedro Shimose. Costumbrismo 156;    Carmen Leñero. [Sin título] 157;    Jorge Timossi. Paréntesis 158;    Enrique Anderson Imbert. Unicornio 159;    Pablo Palacio. Odio 160;    Genaro Estrada. La caja de cerillas 161;    Santiago González Reca. El nacimiento del dolor ... 162;    Adolfo Bioy Casares. Una vida 163;    Eduardo Galeano. El miedo 164;    Alejandra Pizarnik. Desconfianza 165;    Irene Brea. La lechera pragmática 166;    Dulce Chacón. Suicidio, o morir de error 167;    Wilfredo Machado. Fábula de un animal invisible ... 168;    Pedro Ramos. Al otro lado 169;    Marcial Fernández. El engaño 170;    Ana María Shua. Imagínese 171;   Juan José Arreóla. Armisticio 172;    Isidoro Blastein. El principio es mejor 173;    Pía Barros. Golpe 174;    Isabel Cienfuegos. Locura de amor 175;    Luisa Valenzuela. Ese tipo es una mina 176;    Andrés Neuman. Despecho 177 ;   Carmen Peire. Incógnita 178;    Poli Délano. A primera vista 179;    Julio Cortázar. Amor 77 180;    Carmen Leñero. [Sin título] 18;    Beatriz Pérez-Moreno. Toda una vida 182;    César Vallejo. [Sin título] 183;    Jorge Luis Borges. Le régret d'Héraclite 184;    Marco Denevi. Veritas odium parit 185;    Guillermo Cabrera Infante. Salió por la puerta y de mi vida 186;    Juan José Arreóla. Ágrafa musulmana en papiro de oxyrrinco 187;    Juan José Arreóla. Francisco de Aldana 188;    Juan José Arreóla. Cuento de horror 189;    Edmundo Valadés. La búsqueda 190;    Beatriz Martínez Manzanares. Trasplante 191;    Luisa Valenzuela. Pasión esdrújula 192;    William Ospina. Amenazas 193.

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