Adoctrinamiento.         

   La  noche del miércoles, volviendo a casa en el autobús nº 55, bien sujeto a una barra vertical cerca de la puerta central, igual que diez minutos antes había estado bien sujeto a otra barra, ésta, más ancha, horizontal y con cercos de vasos, me sentí algo agredido cuando en la marquesina de una de las paradas de la línea los curas modernos habían pegado un cartel de publicidad institucional, a todo color y bien hermoso, que mostraba una bicicleta aparcada en una acera con la cadena que la guardaba para impedir su robo sobrepuesta, como una medalla olímpica, a un simple bolardo. El mensaje que lo completaba, escrito con letras blancas, con cuerpo y estilo de una pintada y ocupando un cuadrante del cartel, nos adoctrinaba: 

 

"CADA VEZ QUE 
 TE EMBORRACHAS, 
 TE VUELVES UN
 POCO MÁS TONTO"
 

A pesar de que el mensaje era explícito y disparado al centro de la amigdala, de que yo venía de festejar no se qué, y de que me había tomado algún cacharrito, yo no me podía sentir aludido con ese mensaje porque, en vez de tonto, lúcidamente y con la rapidez del relámpago, me vino a la mente una réplica-continuación que, si hubiese tenido un spray de pintura, me habría bajado del autobús para escribir: 

CampañaFADPintada

 

Tres paradas después, me apeé del autobús, pero el run-run, el resquemor, la indignación por lo que llegan ya a atreverse estos neo-moralistas, sorprendentemente continuaba. Así que concluí que debía darle un par de vueltas más al asunto y entré en un bareto de cierre tardío a contemplar a una mujer hermosísima que, increiblemente, nos ha llegado desde alguna ciudad milenaria del Danubio para ponerse detrás de una barra carabanchelera; y también para ver si era verdad que, tomándome algún cacharrito más y, en quedándome un poco más tonto, se me pasaba el efecto.

Pues no, y lamenté estar solo y no poder pertenecer a un grupo operativo que con un simple aviso se pusiera en movimiento, una cuadrilla que visitara, no sé, seis o siete marquesinas y las repintaran bien repintadas con mensajes no agresivos, pero chisposos, de deducción sencilla, muy directos al cuerpo calloso, como hacen estos curas de la modernidad; curas, también partidiarios del consabido “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”, y que, aunque no lleven sotana, son igual o más adoctrinadores que los otros, pero con una moral infinitamente más perniciosa. Neoliberalismo, ya sabe, nuestro enemigo satánico profetizado, las Torres de Babel de la Opulencia(*).  

Bueno, debo reconocer que mediado el segundo cubata -y último de esa noche, se lo prometo-, quizás por despecho ante la cordial indiferencia eslava, ya se me ocurrió otro mensaje un poco más, si no sucio, sí vulgar, porque incluía en él a nuestra alcaldesa como el ejemplo de que el volverse un poco más tonto no debía, necesariamente, tener relación directa con la alteración de conciencia etílica. En fin. Algo más pergeñé, pero el asunto ya se me estancó y no lo seguí derivando, que no tengo mente para recorridos que no llevan muy lejos, y menos teniendo ante mí aquellos ojos y aquella sonrisa triste y desarraigada. Desarraigo, dicho sea de paso, provocado por los designios de esta nueva Iglesia espuria y adoctrinadora.

 

(*)  Cuando empiece el año mil que sigue al año mil, se erigirán las Torres de Babel en todos los puntos de la tierra, en Roma y en Bizancio... no habrá más ley que mirar por uno mismo y por los propios... ya no habrá pan para todos.. el padre buscará el placer en su hija, el hombre en el hombre, la mujer a la mujer, el viejo en el niño impúber, y eso será a los ojos de todos... reinarán soberanos sin fe; mandarán sobre multitudes humanas inocentes... Pero ellos decidirán la suerte de todo y de todos; nadie participará en las asambleas de su orden; todos serán siervos, pero se crearán hombres libres y caballeros... (Extractos de las Profecías de Juan de Jerusalén, 1040-1120 Vezelay, Francia)

 

 

 

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