La eliminación de la selección española de fútbol: ¿El tiro por la culata?

(Publicado compendiado en el nº de Agosto de la revista NHU Lavapiés, Latina, Embajadores)

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    Coronación de Felipe VI. En el  Congreso            Banderas de apoyo a La Roja             Contra Chile:Adiós al Mundial de la selección española 

Mi compañera, que trabaja en el IFE (Instituto de Formación Empresarial, organismo dependiente de la Cámara de Comercio de Madrid), me cuenta que en los días previos a la nueva coronación borbónica, han aparecido por allí una cuadrilla a sueldo de repartidores de banderas rojigualdas, algunas de ellas de tamaño de sábanas de cama de matrimonio (la de la fachada es desmedida, como la piel extendida de un diplodocus) para que adornaran con ellas despachos, pasillos, aulas, salones, la cafetería y, si pudiera ser, hasta los cuartos de la limpieza y así, con ello, facilitar a sus trabajadores, no tanto que tengan más fácil demostrar su alegría y su apoyo a los nuevos reyes que este jueves de Corpus Christi serán coronados, como que el resto de España, los noticiarios, los cronistas, los que pasen por ahí, podamos ver e inocularnos o cantar a los cuatro vientos esa adhesión. Supongo que también llevarían alguna caja con banderitas más pequeñas para tapar los agujeros y grietas por las que la(s) Cámara(s) de Comercio se desquebraja(n) porque, privadas por sentencia de su potestad de tasa obligatoria a las empresas hace unos años y desangrada(s) por los gastos suntuosos y obscenos acostumbrados, las Cámaras de Comercio de España van cerrándose una tras otra y las que resisten lo hacen por “autofagia”. Ni que decir tiene que tuvieron que llevar menos cantidad de banderitas porque, tras el ERE que las desbrozó de personal hace dos años ya quedan menos trabajadores y, casi seguro, algunos de los que colaboraron y fueron a buscar las chinchetas y las cintas adhesivas y adornaron los tabiques con los carteles que también les dieron y que proclamaban: “Los empresarios con la Monarquía”, dentro de muy poco tendrán la oportunidad de pegarlos mientras aguardan su turno en la cola del paro, ya que el riesgo de un nuevo ERE es inminente.

También, ayer, el día de la Abdicación del anterior monarca, además de los parabienes, ensalzamientos, bondades y encumbramientos del rey saliente y las potencialidades supuestas y la guapura del rey entrante, sacaban en la televisión alguna voz discordante que, entre la queja de las prohibiciones judiciales sistemáticas de cuantas manifestaciones pro-república se querían promover en España para el día de hoy, había alguna que también nos contaba cómo otras cuadrillas iban casa por casa por las calles que iba a recorrer la Comitiva Real Coronada, repartiendo también banderitas españolas e invitando al ciudadano a adornar alfeizares y balcones para que salgan bien acicalados en las televisiones nacionales e internacionales. Supongo, que alguno de los vecinos ofertados le propondrían al cuadrillero el trueque de la banderita por un trabajillo temporal o, en su defecto, una bandejita de añojo para hacerse un estofado. Y eso me parecería tercermundista o de arcanas épocas pero tan efectivo como entonces, como cuando nuestro Caudillo regalaba viaje a Madrid gratis y repartía bocadillos a los congregados para su discurso en la plaza de Oriente, pero, eso sí, resultaría más efectivo que las banderas que el nuevo Rey comenzara su periplo repartiendo comida entre sus súbditos porque, desgraciadamente en España, hoy hace falta en muchas familias. Y eso sería entrar con muy bien pie en su reinado.

    Alberto-II Bélgica           Beatriz Holanda           JCarlosI

           Alberto II de Bélgica                              Beatriz de Holanda                                      Juan Carlos I

En la comunicación a los ciudadanos de las abdicaciones de reyes más recientes que se han producido en Europa (Bélgica y Holanda -2013-), se siguió el mismo protocolo. El rey, la reina cesante anunciaba por televisión a sus súbditos su renuncia a favor de su consiguiente heredero de sangre para que, inmediatamente después, el presidente del gobierno del país apareciera en el mismo medio y discursara a los conciudadanos para quitar hierro a la renuncia o explicarla o justificarla. Sin embargo, aquí, en España, se ha hecho de forma diferente. Una distinción que parece superflua pero que podría tener un matiz distinto fundamental. Se anticipó en el comunicado nuestro presidente de gobierno, Mariano Rajoy, anunciándonos «la voluntad de Su Majestad el Rey de renunciar a Trono y abrir el proceso sucesorio» y fue luego, el monarca, el que compareció “visiblemente afectado” para razonarnos los porqués. La diferencia principal a la que aludo es que nuestro Rey nos comunicó su intención, pero no la abdicación efectiva –que no ocurrió hasta ayer día 18-. Malas lenguas sostienen que la razón fundamental de que eso se haya hecho así es porque D. Juan Carlos, antes de abdicar, necesitaba una garantía efectiva de aforamiento que le librara de las más que probables denuncias plebeyas y aunque no ha habido tiempo suficiente para los trámites necesarios ya que todo se ha hecho sospechosamente deprisa-deprisa (17 días desde el anuncio hasta los fastos de coronación de Felipe VI), al menos ese aforamiento está garantizado y el rey abdicado puede disfrutar de su retiro un poco más tranquilo (*)

Deprisa-deprisa.

Una vez realizado el anuncio de abdicación aquel lunes 2 de Junio, además de las numerosas concentraciones casi espontáneas, -o convocadas en tiempos record- en pro de la III Republica, comenzaron a encenderse por la Red como los petardos de una mascletá, llamadas y peticiones de firmas, si no para la instauración de una República, sí al menos por el derecho a la convocatoria de un Referéndum por el que pudiéramos votar el modelo de Estado que queremos los españoles. Los nuevos españoles. Para la defensa de la continuidad monárquica se esgrimieron los argumentos de que ya votamos en su día ese modelo de estado con los referéndums de los setenta. Argumentos claramente caducos y sesgados, y lo digo sin acritud, porque en la Europa de hoy, a mí, desde mi ventanuco, me parece esencialmente indistintos, si no es por otros motivos más importantes que definen a los países, el Reino de Dinamarca que la República Italiana. Digo que son sesgados porque lo que votamos entonces fue un “paquete” de reformas en los que se incluía la aceptación de una Monarquía Parlamentaria como modelo sí o sí, es decir que entraba dentro, con todo los demás que sí queríamos, como el colesterol en un brillante chuletón. Y digo que son caducos porque desde 1978 –tiempos únicos y críticos- hasta hoy han pasado más de 35 años y los nuevos españoles nacidos y crecidos después quizá no deberían estar obligatoriamente bajo aquel paraguas, porque los tiempos son muy otros y las necesidades e ideales radicalmente distintos. Y otra vez las malas lenguas y las mentes mal pensantes hablan y piensan que ese deprisa-deprisa se ha producido para acortar los tiempos que puedan dar margen legal o jurídico a los planteamientos de renovación republicanos.

Pero uno, aquí en su rincón, que ya sabe que casi siempre hay una razón oculta o, al menos, no evidente, en las acciones y estrategias de los detentadores Gato3Patasdel poder y que, casi sin querer, por instinto, le encuentra tres pies a este tipo de gatos, ha llegado a una conclusión distinta y más tonta que explicaría mejor ese deprisa-deprisa. (Sin menoscabar ni descreer las otras razones ya mencionadas). Dado el interés supino por la floración y la proliferación de banderitas en las ventanas, chaflanes, azoteas y terrazas que den lustre a este día histórico, me ha dado por preguntarme ¿qué mejor que se confundan y mezclen éstas del apoyo monárquico con las que los seguidores de la selección española de fútbol han puesto para demostrar el amor patrio y el apoyo a nuestro laureado equipo? ¿Qué mejor que los excesos y la euforia ciudadana por las previstas victorias de “la Roja” se pudieran amortizar y vender como entusiasmo y alegría por nuestro nuevo Rey? ¿Puede ser que hasta el anuncio y la abdicación de Juan Carlos I, decidida ya y conocida por el gobierno y oposición desde enero, se produjera cuando se ha producido para hacerla coincidir con el Mundial y el efecto narcótico que éste produce en los habitantes del Reino? Conociéndolos algo, estoy seguro que a alguna mente gris –a la vista de los magníficos resultados de nuestra selección- se le ocurrió, propuso y se acepto como una idea magnífica, hacer coincidir ambos eventos y sacar pecho y hacer caja y acallar a los disidentes con las manifestaciones de júbilo de las victorias futboleras y arramblarlas para la causa. Además eligieron un buen día. Uno en el que el Mundial no estuviera muy avanzado como para no correr demasiado riesgo de eliminación, pero sí lo suficiente como para que nuestro “excelso” equipo pudiera estar ya clasificado –como se presumía- para una siguiente fase. La idea era sibilina y excelente.

Pero ¡hete aquí! que para el asombro de propios y extraños a nuestra Campeona del Mundo le han colocado en dos partidos siete goles y les ha caído encima la sorna y la chufla del mundo entero por una participación ridícula. Muchos españolitos, anoche, tras la derrota ante Chile, cenaron mal y se amohinaron. Yo no puedo decir que me alegré, porque algo me gusta del fútbol y unos yoes míos van por su cuenta y se enardecen con los goles y victorias futboleras, pero ya hay otros más seriotes que relativizan mucho tanto victorias como derrotas y, sobre todo, que se han dado perfecta cuenta de que las derrotas las rumiamos el pueblo llano pero las victorias son otros mejor colocados y más poderosos los que les sacan el rédito. Mucho rédito. Así que no puedo menos que ir alejándome sentimentalmente de este fútbol de hoy. Los que, desde luego, tienen que estar que trinan y lloran y se muerden los puños por estas derrotas inesperadas deben ser los estrategas del tingladillo. Desconozco cuantos ciudadanos desencantados han descolgado las banderas futboleras, pero, seguro, unos cuantos sí serán y con ello, algo habrán rebajado el lustre y el colorido de este día tan histórico. Nadie ha ido a las fuentes a celebrar y nadie chufla sus cláxones por las calles ni corre la cerveza. Y se ha perdido ese efecto que se esperaba que cuando uno está de marcha y se calienta y se entusiasma, le termina por dar igual acabar la fiesta en un after-hour, en un bautizo, en una fiestita en la playa, o en una Coronación –¡Qué majo este nuevo Rey, con él también ganamos!-, y como eso no ha sucedido pues algo edulcorado sí que ha quedado. Ahora están solos con sus repartidas banderas, el fuerte dispositivo de marketing desplegado –que no ha sido poco, oiga- y sus personajes representando los papeles asignados pero con una buena parte del público mirando de soslayo o abucheando el espectáculo.

Que sea lo que Dios quiera.

 

(*) El País, 18 de Junio de 2013:. (La fórmula escogida por el Gobierno para proteger a don Juan Carlos con un fuero penal y civil que abarca su vida privada y que nadie ha tenido en democracia. El Grupo Popular tiene previsto presentar este viernes una enmienda a una ley en trámite en el Congreso para acelerar el proceso al máximo. Si se acortan los plazos, el fuero, que llegado el caso permitirá que solo pudiese ser juzgado por el Tribunal Supremo, podría estar en vigor en un mes.

      Esa enmienda, según fuentes del Ejecutivo, se presentará en el registro del Congreso y afectará al proyecto de ley orgánica complementariade la ley de racionalización del sector público y otras medidas de reforma administrativa por las que se modifica la Ley  Orgánica del Poder Judicial.

     Es una norma que no tiene relación alguna con don Juan Carlos y con su fuero ante la Justicia, pero es la vía más rápida que ha encontrado el Gobierno para protegerlo tras su abdicación. Ese proyecto modifica una parte mínima de la Ley Orgánica del Poder Judicial porque afecta a condiciones laborales de los jueces —regula jubilaciones, oposiciones de funcionarios de justicia y permisos por asuntos propios de magistrados, que pasan de tres a cinco días—, y por esa vía se incluirá la enmienda...

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