Saber y Ganar, el día de Freddie Mercury.

 

LuisC y FreddyMercury  

Entrada vigésimo primera (Los retos del comodín):   

Jordi Hurtado ha ejecutado la introducción, las presentaciones y los saludos con su soltura habitual, enfatizando cada frase con un lenguaje no verbal de catecismo. A partir de ese momento, la bien engrasada maquinaria de la grabación de mi programa, la pomada-pomada, se pone en marcha sin paliativos y sin alternativas, y ya solo se va a detener con la llorada ausencia de un insólito lucero; con ese desenlace infeliz que me dejará despachado y mustio.

Debo reconocer que ese desarrollo de la grabación sin pausas destacables me pasmó. Lo lamenté mucho porque no me brindó ninguna posibilidad de intentar una recomposición positiva. Incauto de mí, yo sí confiaba en que entre prueba y prueba se produciría algún receso breve, no sé, para un cafelito, una micción, un salpicado de cara, un ejercicio de espejo, un cigarrillo, una letanía, unos minutejos para respirar hondo… Pero no. No detiene su motor en ningún momento. Si acaso, de cuando en cuando, se queda al ralentí al producirse un exiguo corte programado o a causa de algún desarreglo leve; pero parar no, en ningún momento. Raca-raca, hasta el final. Es una idea excéntrica, pero ese desarrollo de la grabación se me asemeja más al de un proceso biológico que al de una máquina. Líquido senovial más que grasa. Simplemente sucede, como la lluvia, la mitosis o la fecundación. Muy limpio y profesional, sí señor.

Mitosis

 Pero el efecto para los que entramos a concursar ofuscados, es que no aparece ningún descansillo lo suficientemente laxo como para poder recuperar el resuello o ajustar los desarreglos; para deshollinar las neuronas o bajarte el estómago por debajo del esternón; para destensar los músculos de la cara y no salir en la televisión como si llevaras puesto un cilicio en la tripa; para transmitirle al corazón que no hay ningún peligro, que no circulan anfetaminas por la sangre como para que se haya vuelto tan loco... Bueno, no es del todo exacto porque yo sí tendré un instante de quietud –penumbrosa- en el “área de descanso” durante la prueba de “El Duelo” a la que, claro, tras las diez “preguntas calientes” en las que me conduciré con tanto desatino, serán Jorge y Pedro los que se habrán ganado el derecho a participar, y yo si contaré con un paréntesis en el que podré recapacitar y recomponerme, algo que será un imposible porque estaré sonado en la lona como un boxeador noqueado, y ya muy poco se podrá pedirle a una piltrafa que lo único que deseará es que todo acabe de una vez, volatilizarse.

… marcadores a cero, y ¡saludemos ya aaal sabio! Juanjo Cardenal, ¡bienvenido!

-     Bien hallado, sr. Hurtado. Todo preparado.

-     ¿Todo preparado?

-     Si. Y para empezar…, tengo los comodines..

-     ¡Claro, claro! ¡En buusca del comodín! Tres sobres, aquí están…

-     ¡Giorgi! Usted el primero. ¿El uno el dos o el tres?

-     El dos, vamos a empezar por el dos…

Bien, he elegido el dos aunque no era ese el sobre que deseaba. No se extrañe, ya le digo, todo parecía torcido ese lunes. Fui yo solito el que me obligué a elegirlo, por timidez, o quizás por esa faceta de mi carácter domesticada, creo yo, por la educación judeo-cristiana y que tiende a la aceptación, a la sumisión; que prefiere no quebrantar, no importunar; respetar el orden, las estructuras, lo establecido. Y lo digo porque supongo que con otra educación sí me habría atrevido a rectificar. Las nuevas generaciones están más liberadas con respecto a este prejuicio socio-religioso. Bueno, la verdad que, a priori, no tenía mucha importancia la elección del sobre, por lo que no presté mucha atención a la voz interior, la que vale, que pedía un cambio en el número elegido primeramente. Lo que pasó es que, no sé porqué causa, esta presentación de los comodines hubo de repetirse. En la primera toma, ante la pregunta de Jordi, yo sí había elegido el sobre número dos. Pero pasó que en el ínterin, esa voz interna me insinuó: ¡El uno, Giorgi, escoge el uno! Pero no, ya digo, no me atreví a cambiar la elección en la repetición. Y ese fue el primer error que cometí porque de los tres retos ofertados con los que conseguir el comodín, el número uno, el elegido por Pedro después, me pareció muy sencillo de resolver. Ni en ese estado de bloqueo se me hubiera escapado. El tres, el de Jorge, tampoco hubiese sabido solventarlo, pero el número uno, el que me chivó la voz interna, ese sí, con facilidad. En un tris estuve, pero no. Así que me oigo decir contra mi voluntad:

   -    El dos, vamos a empezar por el dos…

   -    Muy bien, Juanjo, pues en el dos tenemos estas iniciales, aquí están, HER. (Jordi las señala con el dedo índice, 3 veces, señalándolas con tres golpecitos, pero sin tocarlas). Estas son, Giorgi, mucha suerte, concentración y ¡a por el comodín! Adelante, tieemmmpo.

Reto HER

Aparecen en la pantalla las cinco sílabas HER. Hoy me veo en el video y parezco un pretoriano, la barbilla levantada, los labios apretados, pero la mirada no es marcial, no está perdida hacia el techo alto del plató, sino caída, muy fija en la pantalla donde se iluminan esas cinco HER que tengo que desentrañar. No sé porqué las miro tan atentamente si son las cinco iguales. Cuando Juanjo da la primera definición, ladeo la cabeza y oriento mi oreja derecha como un radar hacia el punto de donde procede la voz de Juanjo. Me faltaba decirlo, llevo conmigo una hipoacusia leve para los tonos graves, y la voz de Juanjo es grave. Nada invalidante, su voz también es clara y rotunda cuando da la primera definición:

  • Óxido del hierro                  

HERRUMBRE

        (Al dar la repuesta, lanzo una mirada rápida y fugaz hacia Juanjo, ¿dudo?)

CORRECTO.

  • Belleza de las cosas que pueden ser percibidas por el oído o por la vista.              

        (Durante esta definición, un poco larga, me ha dado tiempo a sacar la punta de la lengüina y a cerrar un momento los ojos, concentrado, antes de contestar…)

                                                           HERMOSURA

CORRECTO.

(Quedan 34 segundos, vamos de cine, reto facilón. Pero, en ésto, llega el genérico)

  • Instrumento, por lo común de hierro o acero, con que trabajan los artesanos.        

(Busco la respuesta en la parte derecha de mi cerebro porque dirijo mis ojos marcadamente hacia ese lado. Hay una teoría de psicología, o más propiamente de coaching, que sostiene que según adonde dirija la mirada una persona ante una pregunta nuestra, podemos saber si el preguntado dice la verdad o no. Si mira hacia uno de los lados es que está intentando recordar, si mira hacia el otro es que va a fabular. En ese momento, no recuerdo hacia que dirección implica una cosa o la otra. Pero, entiéndame, estoy contrarreloj y no puedo detenerme en estas consideraciones. No encuentro una palabra que comience por HER que cuadre con la definición oída, así que…)

PASO.

  • Arte de interpretar textos y, especialmente, interpretar los textos sagrados.

        (¿Cómo? No puede ser. No puede salir esta palabra en un reto del comodín. No, no la digo, es una palabra demasiado culta y no quiero pecar de fatuo, así que…)

PASO.

  • Someter algo a la acción del agua o de otro líquido en ebullición.

                                                               HERVIR

CORRECTO.

(Ya he oído la definición de las cinco palabras. Tres, muy fáciles. No he contestado a dos. Ya me noto menos concentrado, como si aceptara… Faltan quince segundos cuando Juanjo recomienza la rueda repitiendo la pregunta de los artesanos…)

  • Instrumento, por lo común de hierro o acero...

(Me doy unos segundos. AZADÓN, HOZ, HACHA… Rebusco visualmente entre los aperos de mi abuelo Elías. Tiene que provenir de la palabra HIERRO. Algo relacionado, seguro, con la HERRERÍA. No me llega nada que no sea HERRADURA, HERRAJE…)

PASO.

(Digo no con la cabeza. Juanjo plantea otra vez la del arte de interpretar textos e, incrédulo, contestando interrogativamente, con gesto perplejo, me atrevo a responder…)

¿HERMENÁUTICA?

CORRREEECTO.

(Increíble la palabreja. Además he dicho hermenáutica y no hermenéutica, que es como es. Quedan tres segundos. Juanjo comienza a repetir con mucha rapidez la definición que queda, pero yo no le dejo acabar y sobre el tiempo cumplido, lanzo desesperado la…)

HERRADURA.

COR… no, Herradura no, HEERRAMIENTA… Herramienta, no herradura.

Doy un respingo, resoplo y girando la cabeza me digo para mí mismo: ¡claro! y pongo cara de mecachis-qué-pena.

Entonces retoma el mando Jordi y formando una O con los dedos pulgar e índice y moviendo la mano de arriba abajo con ese gesto típico de la aseveración categórica, comenta...

- Qué lástima, Giorgi, a veces la palabra más fáaacil… Nos complicamos la vida (Jordi pone las manos como si cogiera una pelota a la altura de la boca, sentando cátedra) ¿eh?... y vamos buscando algo más difícil… era una HERRAMIENTA. Por esa herramienta, no ha conseguido el comodííín… que es una herramienta muy útil en el programa… ¡Cambio!. ¡Entra Pedro!. ¡Adelante, Pedro Cortés…!

¿Qué le parece? ¿Ha dado usted, ayudado por esa definición, con la palabra herramienta? Si es así, le felicito, porque no era tan evidente. Yo fui el primer listo al soltar ese ¡Claro! como si fuera de Perogrullo. Pues no. Ninguna de mis personas preguntadas –cuatro, cinco-  que vieron el programa y que me fueron francas, ninguna, supo en ese momento que aquel instrumento, generalmente de hierro o acero, que utilizan los artesanos era una herramienta. Y ¿por qué? Porque hoy en día no tenemos una asociación directa de esa definición con esa palabra. Los artesanos hay que rebuscarlos por los rincones y el término herramienta se utiliza para nombrar cosas muy heterogéneas, aunque en todas remarcando su faceta de utilidad. En la actualidad, con el nombre de herramienta designamos muchos útiles –no necesariamente instrumentos físicos- que nos ayudan a desarrollar una labor con mayor eficiencia o precisión, casi cualquier útil. Este programa Word que estoy usando para escribir, por ejemplo, es una herramienta, a un pene se oye por ahí llamarle “herramienta” (especialmente con el calificativo de buena, cuando lo HerramientaDRAEes), los trebejos para un juego, un gestor de contenidos, un diccionario… son herramientas -ojo, y en muchos contextos, sustituyen perfectamente al específico- y ninguna de esas cosas son de hierro o acero ni la utilizan principalmente los artesanos. Bueno el asunto no tiene más importancia y da para poco más, aunque quizás, y ya que estamos aquí, me parece que estaría bien curiosear un poco en las acepciones con las que el DRAE define el término herramienta.

 ¿Verdad que es muy curioso? Pues ya lo sabe, coloquialmente, una herramienta puede referirse a los cuernos de un toro, a los dientes o a las armas blancas. Acepciones un poco en desuso ¿no le parece? En fin, cerremos el asunto que queda mucho concurso por delante y mucho aún por lo que lamentarse.

 

PerezaAnimal

Una dilatada pausa –diez días- desde el último párrafo hasta esta reanudación. Me ha lastrado la pereza animal que me produce el deber de incorporar a esta crónica meras explicaciones o una sucesión de acciones desprovistas de apasionamiento; mero formalismo. Un informe de actividad sin la emoción necesaria, como no fuera la de ir empapándolo con los muy llorados efectos de mi estado-límite. Cuando lo que me toca relatar lo percibo como una mera exposición, esta crónica se gripa y llevarla hacia delante se convierte en un trabajo de tracción, no muy atractivo. Pero es necesario y se lo debo. Así que, a empujar toca, que a lo mejor no me resulta tan ingrato si me lo tomo bien.

El reto del comodín, por el que acabo de pasar, es una prueba relativamente reciente –unos pocos años- y menor en Saber y Ganar. Atinar con los cinco vocablos que responden a las definiciones no tiene efecto sobre las puntuaciones particulares, y lo que otorga como premio es lo que se llama “Comodín” que, como indica la palabra, es un valor que puede intercambiarse, una sola vez, por una respuesta correcta en cualquiera de las pruebas del programa –excepto en la prueba de “La parte por el todo”, de la que ya hemos contado algo en esta crónica-. De todas formas, lo de prueba menor es muy relativo. Debo reconocer sinceramente que de haber encontrado yo la herramienta en la herrería, no me hubiera servido para librarme de la eliminación (¿quién lo sabe?), pero, seguramente, sí me hubiera Gallinejasservido para llevarme a casa, al menos, un poco de dinerillo que me hubiera servido para invitar a una merienda informal a las personas más cercanas, a unas gallinejas, por ejemplo, para que así, bien untadas bocas, ojos y orejas de su grasura, me hubiese evitado padecer por la socarronería, ésa que mi psique se empeñó en adivinar durante muchos días hasta en las frases más inocentes. Pero también, conseguir el “Comodín” puede ser muy útil y principal. Son muchas las ocasiones en las que se utiliza en la prueba de “El Duelo”, porque sin saber una respuesta determinada, puedes arriesgar lo máximo (200 euros) y conseguir dar la respuesta correcta a cambio de ese comodín. También puede ser vital en la prueba del “Reto” final, en el que te juegas la supervivencia en el programa, porque si solo te resta para concluirlo una sola palabra que no te viene a la memoria o desconoces, sirve para evitar esa eliminación, y eso no es ninguna bagatela, desde luego. Así que, lo dicho, lo de prueba menor es muy relativo. 

Ahora, para que esta crónica sea cabal, y siguiendo el orden cronológico del programa, creo necesario reproducir los retos del comodín que afrontaron Pedro y Jorge. Evidentemente, no voy a hacer ningún juicio de valor ni ingeniar lo que pudo pasar por sus cabezas durante esas pruebas. Así que me limitaré a dejar aquí como un escribano concienzudo su transcripción exacta. Solo apuntar que, mientras se desarrollaban, yo intentaba entre bastidores responder para mi coleto esos retos, pero también continuaba golpeándome en la cabeza con la herramienta y perseguía encontrar en el chapapote pringoso de mi mente, ya muy desfondado y sin posibilidad ninguna, al escurridizo grupo de Freddie Mercury. ¿”Los Manolos”? No, “Los Manolos” tampoco. ¿Estás colgao, Giorgi? ¿Los Manolos?  Mejor no pienses, y déjalo llegar...

… ¡Cambio!. Entra Pedro. ¡Adelante Pedro Cortés…! Vamos allá, de Bruneeeete, de Madrid. ¿El uno o el tres?

- El uno, venga.

- Pues, ¡atención!, en el uno, Pedro, ¿qué tenemos?... ELE, A, CE… (Jordi, enseña el rótulo con un LAC escrito en negro sobre fondo blanco, y continúa…) No se complique la vida y a buscar siempre lo más fácil. ¿De acuerdo? Lo más elemental. (Jordi, al realizar este comentario, de nuevo ha juntado los dedos índice y Reto LACcorazón con su pulgar y sube y baja el brazo varias veces. Parece como si estuviera jugando con un globo, muy contento, sonriente. Yo entonces nada elucubré sobre estos comentarios, pero es evidente que era una frase referida a mi fracaso al buscar la Herramienta. Claro, era lo más llamativo y, evidentemente, Jordi ya había olvidado que esa palabra “fácil” estaba contigua a la "elemental" Hermenéutica. Pero no, de la “sencillez” de esta última no comentó nada. Bueno ya tiene usted mimbres suficientes como hacer su propio juicio de valor, así que guardo silencio y continúo, humilde, mi trabajo en la escribanía…)

- ¡Mucha suerte!. Adelante. Tiempo.

  • Flojo, débil, sin vigor.  

LACIO

       CORRECTO.

  • Criado de librea cuya principal ocupación era acompañar a su amo a pié, a caballo, en coche…

                                                           LACAYO

CORRECTO.

  • Que produce intenso sufrimiento.

                                                           LACERANTE

CORRECTO.

  • Breve, conciso, compendioso.

                                                           PASO.

(A Pedro le restan aún 23 segundos, ha contestado con rapidez y, salvo la del lacayo, las definiciones han sido breves. Bien)

  • Brazuelo del cerdo.

                                                           xxxxx.

NO ES CORRECTO.

                                                          PASO.

(Pedro ha pensado demasiado en esta definición y ha dado una respuesta incorrecta. Le quedan 15 segundos para dos palabras. Juanjo recomienza y repite la primera definición de las dos que faltan para completar el reto, la de: Breve, conciso, compendioso… Y Pedro, se detiene, busca la respuesta… Es un concursante muy eficiente con los retos, no se aturulla nunca. Tuvo que solventar más de los deseados en los días que permaneció en el programa… cuando finalmente quedó eliminado fue con una palabra inexplicablemente sencilla que no encontró, pero bueno, sí, era bastante hábil en esto de los retos. Así que, se tomó su tiempo y cuando quedaban solo cinco segundos, dio con la respuesta:)

                                                           LACÓNICO.

CORRECTO.

  • Brazuelo del cerdo.

(Juanjo, ha repetido esta definición muy deprisa, ayudando… y en el límite del tiempo, dos segundos, Pedro la responde:)

LACÓN.

- ¡Con grelos! ¡CORRECTO!.

- ¡Síiiii! ¡Lacón con grelos! ¡Claro…! Peeedro…. Ha tardado, ha tardado. ¿Qué pasaba…? ¿No veía el lacón?

- He tenido que ver Lacónico para ver el Lacón también –le contesta a Jordi, Pedro.

- Sí, sí, ha visto el Lacónico también. “Breve, conciso, compendioso”, ¡Lacónico! (Jordi, dice estas palabras asintiendo con la tarjeta de canto en la mano izquierda, la mueve de arriba abajo, como si estuviera cortando la carne para un guiso… Admirable, cómo se apoya en estos gestos medidos, muy expresivos, para mantener la atención sobre frases superfluas que sin esta expresividad quedarían sin sustancia ninguna) Muy bien. ¡Y tiene comodín!. Pedro tiene ¡Koojmodín! (Mucha fuerza al medio gritar esta palabra, como enfatiza el nombre de un jugador de fútbol un comentarista deportivo radiofónico cuando ha realizado una proeza –el jugador, no el comentarista-).

Bueno, también he querido “radiar” –se ha intentado- este reto de Pedro porque fue resuelto, porque estuve muy cerca de haberlo elegido yo y porque he osado escribir que, de haberlo hecho, lo hubiera superado. Por si no me creyera usted, decirle que, en directo y fuera del foco, mientras veía a Pedro pugnar con él, me fui dando las respuestas correctas con rapidez, y sufrí un poco durante el silencio tenso en el que Pedro no encontraba la no muy difícil palabra “laconico”.

Ahora –de nuevo me he fundido el espacio predestinado para esta entrada-, discúlpeme, entonces, que me limite a una simple transcripción del reto de Jorge para que también de él quede aquí constancia, pero que eluda el radiarlo. Creo que puede perdonárseme ya que no fue un reto superado (eso sí, por una sola palabra), no es el cronista de esta historia el que tuvo que afrontarlo ni ponderé la posibilidad de elegirlo. Siendo así, este fue el tercer reto, el del sobre número tres que Jorge no pudo superar y que permitió a Pedro ser el único de nosotros tres que contó con un comodín para el resto del programa:

Reto SOB

  • Dicho de una actriz o de un actor exagerar el tono o actitud del personaje que encarna.

 SOBREACTUAR.

CORRECTO.

  • Carente de adornos superfluos.

 SOBRIO.

     CORRECTO

  • Desistir de la pretensión o empeño que se tenía.

 PASO.

  • Se dice del bollo o de la torta cuya masa se ha agregado aceite o manteca.

 SOBAO.

    Sobado. CORRECTO

  • Sensación que proviene de un acontecimiento repentino o imprevisto.

SOBRESALTO.

    CORRECTO

Restan 15 segundos. Queda una palabra y Juanjo incide en su definición hasta por tres veces:

  • Desistir de la pretensión o empeño que se tenía.

El tantas veces certero Jorge,  no da con la palabra. Se acaba el tiempo y se escucha en “off” la pregunta de Jordi, que Juanjo contesta inmediatamente.

- ¿La palabra es...?

- SOBRESEER.  ¡Sobreseer! En derecho, por ejemplo, es cesar, dejar sin curso un procedimiento. ¡Desistir de la pretensión! SOBRESEER. 

Tras esta prueba llegará otra prueba a la que sí se la puede calificar como menor sin vacilaciones, porque, aunque cada respuesta acertada ya acumula puntos, es decir, euros; solo lo hace de veinte en veinte. Se llama “Los Sabios y sus temas”. Sirve para romper el hielo del marcador y, lo más importante, para establecer a cuál de los tres concursantes se le realizará la primera pregunta de las “Preguntas Calientes”. No nos detendremos demasiado en “Los Sabios y sus temas” y, seguramente, me limite a ofrecer una exposición testimonial porque es un prueba, creo yo, que tiene más efecto en la galería que en los concursantes –aunque, también, que todo suma-. Pero se haga lo que se haga, ya deberá darse su cumplimiento en la entrada siguiente porque en ésta, se me ha acabado el papel. Paciencia.

 

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