Saber y Ganar, el día de Freddie Mercury.

 

LuisC y FreddyMercury  

Entrada vigésimo tercera (Interioridades livianas):   

Mire usted que había escrito en alguna entrada anterior que iba a pasar casi de puntillas por la prueba de “Cada Sabio con su tema” pues me parece una prueba insulsa, un poco aburrida y, sin embargo, no debería haberme atrevido a anunciarlo porque ella solita se ha llevado una entrada completa… y aún no he acabado por decirla del todo. Está claro que no se puede aseverar nunca que de esta agua no beberé –y mucho menos dejarlo escrito-.

Cuando el equipo de Saber y Ganar realiza anualmente –por el mes de febrero- los programas especiales de aniversario en los que reúne a los llamados “magníficos” del año anterior (los concursantes que alcanzaron los 7000€ de ganancia), esta prueba de “Cada Sabio con su tema” la mantienen, pero realizan una mínima variación que, para mi gusto, la dejan muy mejorada porque incorporan entre las respuestas posibles una tercera opción, y entonces ya no es tan trivial porque la posibilidad de acertar cuando no conoces la respuesta no se limita a un simple cara o cruz, sino que disminuye hasta el 33% y el concursante y nosotros -el sesteante público- encelados desde casa, ya no podemos despachar las preguntas respondiendo la primera opción que se nos viene a la lengua y algo más debemos esforzarnos. Si uno, desde esta humilde crónica, pudiera influir algo en la mecánica del programa, éste sería uno de los pequeños ajustes que incorporaría a las emisiones de diario de todo el año. Si además lo acompañara un incremento pequeño del valor de cada respuesta acertada, estoy bien seguro que estas dos mínimas variaciones elevarían bastante la estimación de la prueba. Señor Sergi Schaaff, usted toma las decisiones y conozco que siempre anda cavilando soluciones de mejora para incrementar el interés y el seguimiento de Saber y Ganar sin cambiar lo esencial: estaría bien que no echara en saco roto la idea que se propone.

LasTresOpciones

Pregunta con 3 opciones en el especial de “Los magníficos de 2014”:

 ¿Qué instrumento médico inventó el doctor Alexander Wood en 1853?

 Antonio Ruiz, el ganador final, no responde correctamente 'la aguja hipodérmica'. 

 

(No, no me malinterprete, no estoy midiendo mal mis fuerzas; no me asalta presunción ninguna por estar en este estradillo, como para creerme en el derecho de poder aconsejar al señor director de Saber y Ganar sobre variantes en el programa. Lo que pasa es que -tarde o temprano tendría que aparecer necesariamente en estas páginas- he vuelto a concursar en Saber y Ganar, en la edición “Fin de semana”, y por determinadas vivencias sucedidas creo que puede tolerárseme. Ha sido una participación tan absolutamente diferente que he llegado hasta a temer que esta crónica se malograra definitivamente –siempre en peligro, la pobre-. Mi nueva participación en el mes de febrero pasado y sus secuelas, es una causa principal para el lapso de casi tres meses que ha mediado entre la entrada 21 y la 22. Finalmente, he decidido que debo concluirla y que muy poquitas veces más voy a hacer referencia a mi segunda aparición en Saber y Ganar porque fue tan divertida y satisfactoria, tan diferentemente vivida a la que andamos refiriendo, que no la creo con interés como para merecer ni una línea. Pero en este paréntesis sí que la tengo que mencionar porque ha variado en mí –y en mucho- el punto de vista. Abarcó varios programas y hubo tiempo para departir junto con mis estupendos compañeros/concursantes con los que tuve el placer de coincidir, con el director de Saber y Ganar, el señor Sergi Schaaff, de temas muy variados, propios y ajenos al programa y casi en todos, este cronista pudo oír puntos de vista y reflexiones que no son muy habituales entre los personajes que uno está obligado a escuchar en el chapapote social postmoderno. En una de las muy sabrosas reuniones con Sergi, pudimos preguntarle sobre cuestiones referidas a pruebas concretas del Sergi-Schaaffprograma que no nos parecían justas o, al menos, sí susceptibles de mejora, y también proponer y sugerir, a petición del director, ajustes posibles. Sergi, que tiene sapiencia y muchos años de bagaje en la televisión y, desde luego, en Saber y Ganar, supo con un respeto hermoso desmontarnos la teórica bondad de los cambios que le propusimos –a favor de los concursantes, claro-, y justificarnos con muy buenas razones los porqués las pruebas que constituyen el programa eran como eran y se pagaban como se pagaban –su mayor impedimento: el presupuesto asignado para la realización-. Evidentemente, estábamos participando en la edición de Fin de Semana y, por consiguiente, casi todo sobre lo que debatimos se refirió a ese formato y muy poco al de diario. Así que es por eso que me aprovecho del buen talante del señor Schaaff para estos asuntos y a su constante afán de mejoramiento de la mecánica del programa para permitirme la sugerencia de esa mínima variación en la prueba “Cada Sabio con su tema”, porque me parece un ajuste oportuno, sencillo, coherente y no muy gravoso.

Finalmente, debo decir que en esta segunda participación, al ser más relajada, festiva y prolongada, me dio la oportunidad de conocer más de cerca y charlar desenfadadamente con los mitos vivos que conducen el programa, Juanjo, Jordi y Pilar. Y lo apunto sin ninguna afectación, sino por remarcar la dificultad que ese hecho ha añadido a la elaboración de estas entradas. Es evidente que este acercamiento ha cambiado sustancialmente el «feeling» que de ellos me llevé en el primer encuentro, y también el de muchas otras facetas y espacios del programa; por lo que no considero superfluo dejar sentado aquí -¡ojalá usted pueda comprenderlo!- que estoy necesitando un esfuerzo de voluntad, reconcentración y evocación muy acusado para mantener el tono y el “alma” de aquel lunes de Freddie Mercury sin que se vea contaminada su esencia por mi regreso a Saber y Ganar.

Solo quiero resaltar aquí dos circunstancias más de esa segunda participación porque incumben a esta crónica. La primera es festiva. Decir que no participé PedroCortesEnlaFeriaen ella con mi nombre de pila y que me atreví a hacerlo bajo el apelativo de Giorgi, en homenaje y reconocimiento al sufrido alter ego al que hemos dejado la responsabilidad de escribir esta crónica. Como se lo cuento. ¡Fíjese qué diferencia de actitud ante el nuevo reto! La segunda es casual porque, ¡oh, caprichos de los dioses de los concursantes!- coincidí en el programa de nuevo con Pedro Cortés, mi suave compañero en este lunes de marras. Llegamos juntos y nos echaron en el mismo programa. Hoy, siete de junio, voy a comprarle en la Feria del Libro de Madrid su primera novela publicada porque la firma esta tarde y será un placer felicitarle por ello y darle un fuerte apretón de manos. Está visto que Pedro le tiene que robar horas al día para sacar adelante todo lo hace –en el que ha incluido la procreación-. Mi admiración. Y dicho esto, cierro paréntesis osando aseverar que no volveré a mencionar en esta crónica mi segunda participación en Saber y Ganar porque apagaría el germen del arrebato y la necesidad interna por la que se comenzó y ha ido creciendo ésta en la que estamos inmersos. Si acudo a la segunda sin cuidado, sería muy difícil evitar las continuas comparaciones y terminaría por relativizar erróneamente todo lo sentido hasta la aflicción en la primera y la desnudaría de la triste épica que creo que atesora. Así que, me atrevo a asegurarle: «No, ese cura no es mi padre.»)

   Y llegamos a “Las preguntas calientes”, la prueba estrella de Saber y Ganar porque es la más sustanciosa si se juzgan a las pruebas pecuniariamente (Obviamos, de momento, la última, la muy peculiar “Parte por el todo” que casi siempre es más suculenta en dinero para quien la resuelve). Consta de diez preguntas de temática y dificultad muy dispar. Por buscar una característica común a estas “preguntas calientes” decir que en su mayoría son muy específicas; es decir, que desde luego una cultura general muy acusada ayuda una barbaridad para responderlas correctamente, pero sí que depende bastante el salir airoso de ellas el hecho de que versen sobre temas determinados que el concursante conozca mejor que otros. Así que, indefectiblemente, la suerte influye bastante; que te acompañe para que el mayor número posible de ellas, aunque sean difíciles, Marmotaestén referidas a tus temas más controlados. Claro, luego está la agilidad mental para encontrar la respuesta; es evidente, si estás marmota es como si estuvieras pez. Y finalmente existe otra contingencia más y no poco importante; también depende cada concursante de cuántas de esas diez preguntas le son atribuidas –enviadas, le dicen en el argot del programa-, que seas tú el primero de los tres concursantes que tiene el derecho de responderla. Y esto es un juego más. La primera pregunta de las diez la plantea el equipo del programa –Juanjo Cardenal-, y se la realizan al concursante que menos puntuación tiene en ese momento. Si la falla –imperdonable que no conozca esta regla, quizás usted pueda ayudarme- ignoro si el segundo concursante con derecho a respuesta es el contiguo o el siguiente con menor puntuación. Lo planteo porque en mi participación y para mí, sí tuvo su importancia esa primera pregunta, luego lo aclararé. Pero en las nueve restantes es el concursante al que le han enviado la pregunta anterior el que determina quién es el que debe responder la siguiente. (“Por asignación, X ¿a quién la envía?”, interviene siempre Jordi Hurtado”). Y este procedimiento también convierte la prueba en un juego de estrategia en el sentido de que el concursante que decide, puede enviar la pregunta a éste o al de más allá, en función de los circunstancias del momento, casi siempre dependiendo del estado de los marcadores en ese instante, y elegir el destinatario del envío de la pregunta en función de lo que sea más beneficioso o menos para él mismo. Dicen los decálogos y reglas no predeterminadas sobre esta prueba, que, en puridad, la pregunta se debe de enviar al que menos puntuación tiene; pero es una pauta que no veo que se tenga en cuenta demasiado en esta prueba, sobre todo en las últimas preguntas de la serie de las que depende el resultado final de la prueba. Decir que las consecuencias de este resultado –amén del dinero acumulado, cien euros por cada acierto, menos diez por cada error, “paso” o silencio- son las siguientes: El concursante con menor puntuación va derechito a lo que llaman “área de descanso” –unas sillas en un esquinazo oscuro del plató con botellitas de agua para pasar el mal trago. (Yo, como una idea paliativa –sé que no da el presupuesto-, añadiría en el staff un psicólogo experto en estados de shock y experto también en saber recoger con una fregona la autoestima de algunos de nosotros)-; y son los dos concursantes con mayor puntuación los que disputan la prueba denominada “El duelo”. Con mucha asiduidad el concursante que resulta último tras “Las preguntas calientes” y queda excluido de “El Duelo” en el área de descanso, es el mismo que, finalmente, se ha de jugar su permanencia en el programa en “El reto” –este Giorgi que suscribe, es un buen ejemplo-. Así que, no quedar relegado en esta prueba es bastante importante y ello da lugar a que, dentro de las posibilidades de cada cual, se hagan cábalas internas para decidir a quién sí y a quién no es más beneficioso que le atribuyas –le envíes- cada pregunta. En la larga vida de Saber y Ganar, también hemos presenciado que en algún programa puntual (¡Ahí va!, Discusión¿qué pasa?), ha surgido un pique raro entre dos de los concursantes de la terna. Los vemos enconarse, intentar perjudicarse entre sí, responder las preguntas con agresividad y arrastrar la ojeriza mutua hasta El Duelo, que al tratarse de una prueba basada en un sistema de apuestas por respuesta acertada, se hace más evidente ese deseo de causarse daño mutuo. Pero estos comportamientos son muy raros, lo natural es que la prueba se conduzca como se ha explicado. Uno, cuando lo ha denotado en determinado programa, no puede explicarse qué ha podido suceder. Y lo más que imagina es que en algún momento de la convivencia en comidas o cenas, se ha producido un choque de soberbias o algo más pueril como ¡Te has comido el último panecillo de jamón! ¡Me lo has quitado a mí, a mí…! ¡No sabes con quien te juegas los cuartos, te vas a enterar! La vanidad del ser humano es honda e indeleble…

Recapitulemos entonces. Pedro, Jorge y yo hemos llegado a “Las preguntas calientes” en esta situación de marcador: Giorgi, 100 puntos, Pedro, 80 puntos, Jorge, 40 puntos. Entonces la primera pregunta le será enviada por Juanjo Cardenal a Jorge…

Por todo lo que se ha contado anteriormente, y si usted es un seguidor asiduo de Saber y Ganar, tengo la sospecha de que se ha debido plantear alguna vez, como yo, la posibilidad de que un concursante puede perseguir ser el primero en ser preguntado en “Las preguntas calientes” por medio de intencionados y calculados errores en las respuestas de “Cada Sabio con su tema”. Efectivamente, si se van a realizar diez preguntas y si la prueba se desarrollase de manera teórico-equitativa, un concursante recibiría cuatro preguntas y los otros dos, tres. La diferencia potencial son cien puntos. ¿Merecería entonces la pena arriesgar y obtener veinte, cuarenta, sesenta puntos menos para conseguir ser el primero en ser preguntado? Bueno, no es descabellado que se nos haya pasado por la cabeza. De hecho, y aquí está la duda generada por mi mente calenturienta, debo reconocer que he llegado a recelar de si mi compañero Jorge no estaría utilizando programa tras programa esta estrategia. Ya está dicho que Jorge resultó ser muy competente y rechinaba un poco su reiterada impericia en “Cada sabio con su tema”. También he conjeturado aquí sobre la posibilidad de que Jorge fuera un “profesional” de los concursos. Aunque, desde luego, conseguir solo 40 puntos en la prueba de nuestro programa para ser el primero en ser preguntado se hace demasiado escaso, ya que con 60 –de perseguirlo- también le hubiese bastado. Lo que pasa es que en los dos, tres, cuatro… programas siguientes, en donde continuó demostrando una buena capacidad, también fue el concursante que recibió la primera pregunta al quedar último en “Cada sabio con su tema”… Final y honestamente creo que no era premeditado, y mi recelo fue un producto equivocado de mis pensamientos torcidos por despecho, o Jorge rectificó sobre la marcha, no sé, porque sí ocurrió que, después del tercer o cuarto programa de su permanencia, Jorge se condujo en esta prueba de manera natural, es decir, respondiendo acertadamente el mayor número posible de las cuestiones que le plantearon en “Cada sabio….”. De todas las formas esta posible argucia conjeturada sí constituye un agujero por donde los concursantes se puedan plantear colarse. Si lo he olfateado yo, se me hace imposible que no lo haya visto como una posibilidad usted mismo. Lo que pasa es que es muy difícil guardar la compostura y tener la flema TrampaMonossuficiente como para errar adrede respuestas que conoces cuando andas enfrascado y en tensión en la carraca de preguntas/respuestas. El orgullo siempre nos vence. Además somos primates –siempre tengámoslo presente porque nos evitará sorpresas o falsas conciencias-. Y no está de más recordar aquí la manera como se les da caza a algunos monos: Se introduce algo muy apetecible en un tronco de árbol hueco con un agujero en el centro o algún artilugio similar por donde el primate puede introducir la mano para cogerlo, una mano que cabe para entrar si se posiciona como para enguantarla, pero que no puede salir del tronco en forma puño con lo apetecido bien aferrado. Y entonces, usted va y lo caza tranquilamente porque al primate le es imposible huir sin soltar el cebo y aunque le vea a usted acercarse con el lazo, sin embargo, no es capaz de desasirse del deseo apresado ni relacionar su libertad con la renuncia.

Dicho todo esto como era menester explicar, recojamos a Jordi Hurtado presentando la siguiente prueba…

- A ver qué ocurre ahora con las Preguntas Calientes. ¡Ahíííí, ahíí! hay muchas… muchas preguntas, que son diez en total, por tanto muchos puntos en juego… Visitaremos una ciudaaad…, la doble pregunta de Pilaaar y… ¡Atención, atención!, Juanjo, ¿cuál es ya la primera?

Jordi ha perdido algo de concentración con el«¡Ahííííí, ahíí! hay muchas… muchas preguntas, que son diez en total…» Pero, como siempre, sale perfectamente de la curva… el determinante muchas lo deriva bien hacia el masculino puntos mientras da golpes de canto con su mano en la mesa con un recorrido de izquierda a derecha como cortando un brazo de gitano. Y luego separa muy bien algunas de las partes de la prueba como si pusiera ejemplos muy consabidos, alargando las aes de ciudad y de Pilar, mientras se ayuda espléndidamente de sus cuidadas manos, no me cansaré de ponderarlo.

- Vamos a ver…

Juanjo va a comenzar su temida batería. ¡Aiggg, Freddie! ¿Cómo se llamaban tus amigos…? Vámonos… ¡Con qué cara me veo afrontar la prueba! Todo un poema de la aflicción...

- ¿QUÉ DELITO COMETE EL JUEZ QUE DICTA UNA RESOLUCIÓN ARBITRARIA, A SABIENDAS DE QUE ES INJUSTA?

- Esta pregunta, precisamente, es para… Jorge, porque ahora tiene menor puntuación… Ese de-li-to, ¿cómo se denomina… Jorge?

¡Ahí va! ¿Oyen ahora bien mis oídos hipoacusiados la cadencia con la que Jordi ha pronunciado la palabra de-li-to, separando las sílabas y alargando y agudizando el sonido de la i y algo más nasal? Pues sí han oído bien, es evidente que Jordi ha parodiado la muy peculiar forma de hablar del varias veces procesado empresario RuizMateosJosé María Ruiz-Mateos. Bueno, ya sabe usted que es una especialidad de Jordi Hurtado el ir salpicando el programa, según el momento, de imitaciones bastante bien conseguidas de algunos personajes a los que alguna pregunta hace referencia o, principalmente, con las inflexiones o fonética de un dialecto o de una lengua, o, para mejor entenderse, con la “música” o la cadencia con la que las percibimos los castellano-hablantes. No puede Jordi, por ejemplo, sustraerse de hacerlo con el portugués o con el italiano o con el mejicano o con el chino. O con Dalí o con Jesús Hermida. Y tampoco intercalar expresiones como el “of course” inglés, el “arigato” japonés y otras, cuando al caso viene. Yo creo que estas salpicaduras de Jordi enriquecen el programa y son uno de los contrafuertes por los que un programa tan lineal, de tan escasas novedades y una miaja especialito, se haya mantenido en la televisión pública más de diecisiete años –y con un futuro despejado, si se lo permiten los mandamases- manteniendo el interés y el gusto de buena cantidad de personas pertenecientes a cualquier generación.

La pregunta es, entonces, para Jorge, que responde precipitadamente:

-   COHECHO.

-  No es correcto. ¡Rebote!

¡A mí el rebote! ¡A mí! –suplico para adentro, porque me la sé. Ya puntualicé aquí que en mi preparación de los programas de noviembre, mi media de preguntas calientes respondidas fue de cuatro y media. En el conjunto de las diez que se hicieron en el programa en el que participé, desde luego que no llegué ni por asomo a esa cifra, pero si hubo dos –créame- de las que no solo conocía su respuesta, sino que, además, la pude pescar de mi deshilachada memoria. Ésta del de-li-to del juez era una de ellas: Prevaricación. ¡A mí el rebote! ¡A mí!, entonces -suplico. En el programa emitido, la cámara, ese plano medio del concursante que debe responder la pregunta, hace evidente que la pregunta pasa rebotada a Pedro tras el error de Jorge, porque es a él a quien encuadran en espera de respuesta. Pero en el plató, desarrollándose la prueba, tú no tienes ni idea de qué cámara está encendida, si te están grabando arrascándote o con dedo en la nariz y, por tanto, no tienes esa evidencia que sí aparece en la emisión; así que, en aquel instante, yo no sabía a ciencia cierta, y soy honesto, quién debía responder la pregunta y me mantuve unos segundos anhelante. Racionalizando, desde luego que yo no era el contiguo a Jorge, y tampoco era el siguiente con la menor puntuación, así que posibilidades con cualquiera de esos criterios, ninguna. Pero si se seguía el sentido de las agujas del reloj, o por una deferencia al recién llegado, o por el gesto expectante grabado en mi cara rígida, o, cristianamente, por misericordia, a lo mejor tenía la suerte de ser yo al me correspondía responder… Pues no. Estaba escrito que no era mi mañana...

-   PREVARICACIÓN.

Contesta Pedro en su derecho y sin dudarlo… Seguro que ahora ya entiende bien lo quise transmitir más arriba sobre la suerte o sobre que no es una estrategia disparatada el perseguir quedar el último en la prueba anterior… Después de la primera pregunta caliente, este cronista contaba con los cien puntos conseguidos en “Cada Sabio…”. Si hubiese conseguido solo veinte (circunstancia muy extremosa, muy pocos puntos son, desde luego, casi nunca es necesaria una cantidad tan baja para quedar el tercero y ser el primer preguntado), pues me habría correspondido a mí decir “Prevaricación” y contaría ya con 120… Así que… Quede el asunto zanjado y cada cual con sus conclusiones.

-   ¡Correcto!

Saltan los 100 puntos más en el marcador de Pedro,  que llega a unos muy bonitos 180 puntos a estas alturas del programa.

-   Muy bien…, sigue Pedro porque, Juanjo, COHECHO no es lo mismo…

Cohecho

Efectivamente, cohecho no es lo mismo. La conducción del programa es estricta. Por detrás (o por encima o en paralelo) de lo que vemos en la televisión, del transcurso natural, relajado y de buenas avenencias del programa, de los “arigatos”, las imitaciones, el respeto a los concursantes, de las suaves bromas de Jordi por la edad o la invisibilidad de Juanjo y de que parece que todos estamos simplemente pasándolo bien aunque sea angustiosamente, existe un seguimiento muy serio, notarial, sobre lo que está sucediendo en el plató. No podemos olvidar que Saber y Ganar es un concurso donde se reparte dinero (quien tenga esa dicha). Mucha ilusión por participar, mucho amateurismo y deseo de demostrar cuánto sabes, pero no sé quiénes acudiríamos a concursar si en vez de euros se repartiesen cromos de la Liga de fútbol o un pin de recuerdo del paso por el programa. Muy pocos, desde luego –alguno habría que hay gente “pa tó”-. Pero como no es así, el procedimiento y su control deben ser rigurosos. Estoy bastante seguro de que se ha debido producir alguna situación en la que una pregunta/respuesta concreta ha sido impugnada o puesta en duda por algún concursante no conforme. Es dinero. Pudiera causarlo imprecisos o ambiguos planteos de las preguntas, posibilidad de respuestas doblemente válidas, o por un puro error de los guionistas porque nadie es perfecto (he leído rectificaciones y críticas a determinadas preguntas/respuestas en la Red). Así que no me sorprendió en absoluto que tras la respuesta correcta de Pedro, la grabación del programa se detuviera unos minutos para dar tiempo a que el equipo supervisor (en el que Juanjo Cardenal está incluido) rebuscara entre sus datos para poder confirmar que la pregunta se había formulado correctamente, que COHECHO era efectivamente una repuesta errónea y que lo definido correspondía a la acepción del término PREVARICACIÓN. Así que, después de esos minutos de cotejo, el programa continuó:

porque, Juanjo, COHECHO no es lo mismo…

-  No, no, no. El cohecho consiste en sobornar a un juez o un funcionario o, también, el aceptar un soborno por parte del juez o del funcionario. Eso es el cohecho.

-   Y lo que preguntábamos es PREVARICACIÓN. Por lo tanto, sigue Pedro… -retoma el hilo Jordi Hurtado.

 

 

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