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Fragmentos de libros.  LA BALADA DEL CAFÉ TRISTE de Carson McCullers  Fragmentos II:

 

 

Editorial:     SeixBarral         Acceso/Volver a los fragmentos I de "La balada del café triste": Sulimaniye Cemen85


 
Continúa La balada del café triste, p14.
 
(Se muestra alguna información de las imágenes al sobreponer el ratón sobre ellas)  
 

... entonces se comprenderá el valor del licor de miss Amelia. Muchas cosas que han pasado sin que se supiera, pensamientos relegados a las profundidades del alma, salen de pronto a la luz y se hacen patentes. Un hilandero que no ha estado pensando toda la semana más que en los telares, la comida, la cama, y otra LaBaladaLimavez los telares, al llegar el domingo bebe de aquel whisky y tropieza con un lirio silvestre. Y toma el lirio en su mano, se queda contemplando la delicada corola de oro, y de pronto se siente invadido por una ternura tan viva como un dolor. Y un tejedor levanta de pronto la mirada y por primera vez descubre el cielo radiante de una noche de enero, y se siente sobrecogido de temor al pensar en su propia pequeñez. Esas son las cosas que ocurren cuando un hombre ha bebido el licor de miss Amelia. Podrá sufrir, podrá consumirse de gozo; pero la verdad ha salido a la luz: ha calentado su alma y ha podido ver el mensaje que estaba oculto en ella.

p32

... En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. TheBalladSadCafeNo hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y este conocimiento le hace sufrir. No le queda más que una salida, alojar su amor en su corazón del mejor modo posible; tiene que crearse un nuevo mundo interior, un mundo intenso, extraño y suficiente. Permítasenos añadir que este amante no ha de ser necesariamente un joven que ahorra para un anillo de boda; puede ser un hombre, una mujer, un niño, cualquier criatura humana sobre la tierra.

Y el amado puede presentarse bajo cualquier forma. Las personas más inesperadas pueden ser un estímulo para el amor. Se da por ejemplo el caso de un hombre que es ya abuelo que chochea, pero sigue enamorado de una muchacha desconocida que vio una tarde en las calles de Cheehaw, hace veinte años. Un predicador puede estar enamorado de una perdida. El amado podrá ser un traidor, SvalbardDribbbleCOMun imbécil o un degenerado; y el amante ve sus defectos como todo el mundo, pero su amor no se altera lo más mínimo por eso. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor arrebatado, extravagante y bello como los lirios venenosos de las ciénagas. Un hombre bueno puede despertar una pasión violenta y baja, y en algún corazón puede nacer un cariño tierno y sencillo hacia un loco furioso. Es solo el amante quien determina la valía y la cualidad de todo amor.

Por esta razón, la mayoría preferimos amar a ser amados. Casi todas las personas quieren ser amantes. Y la verdad es que, en el fondo, el convertirse en amados resulta algo intolerable para muchos. El amado teme y odia al amante, y con razón: pues el amante está siempre queriendo desnudar a su amado. El amante fuerza la relación con el amado, aunque esta experiencia no le cause más que dolor...

p33

MarvinMacy... El amor cambió a Marvin Macy. Antes de enamorarse de miss Amelia, todos dudaban que aquel bruto pudiera tener alma y corazón. Pero había una explicación para su maldad; Marvin Macy había tenido una infancia muy dura. Había sido uno de los siete hijos de una pareja de desalmados. Sus progenitores, indignos del nombre de padres, eran unos jóvenes montaraces que se pasaban la vida pescando y remando en el pantano. Cada hijo que les nacía (y tenían uno todos los años) era un estorbo para ellos. Por las noches, cuando volvían a su casa, se quedaban mirando a los niños como preguntándose de dónde habían podido salir. Si los niños lloraban, les pegaban, y lo primero que aprendieron aquellas criaturas en este mundo fue a buscar el rincón más oscuro de la casa para esconderse bien. Estaban tan delgados que parecían duendecillos blancos, y no hablaban nunca, ni siquiera entre ellos. Los padres acabaron por abandonarlos definitivamente, dejándolos a merced de los vecinos... [...] ... Pero los corazones de los niños son unos órganos delicados. Una entrada dura en la vida puede dejarles deformados de mil extrañas maneras. El corazón herido de un niño se encoge a veces de tal forma que se queda para siempre duro y áspero como el hueso de un melocotón. O, al contrario, es un corazón que se ulcera y se hincha hasta volverse una carga penosa dentro del cuerpo, y cualquier roce lo oprime y lo hiere. Esto último es lo que ocurrió a Henry Macy, que es tan distinto de su hermano...

p35

LaBalada3... Pasó por esta transformación durante dos años, y mejoró su carácter en todos sentidos. Y al término de los dos años fue una tarde a casa de miss Amelia, llevando un ramo de flores del pantano, un paquete de chucherías y un anillo de plata. Aquella tarde se declaró.

Y miss Amelia se casó con él. Más tarde, todo el mundo se preguntó por qué. Algunos dijeron que se había casado porque deseaba que le hicieran regalos de boda. Otros pensaron que la culpa había sido de la tía abuela de Cheehaw, que era una mujer insoportable y regañona. Sea cual fuere la causa, miss Amelia atravesó a grandes zancadas la iglesia, vestida con el traje de novia de su difunta madre, que era de seda amarilla, y le quedaba cortísimo. Fue una tarde de invierno, y el sol, que entraba por las vidrieras rojas de la iglesia, envolvía a la pareja en una luz extraña. Mientras les leían las frases sacramentales, miss Amelia estuvo haciendo un gesto raro: se frotaba la palma de la mano derecha sobre el costado de su traje de seda. Estaba buscando el bolsillo de su mono y, al no encontrarlo, se impacientaba y su cara tomaba una expresión aburrida y exasperada. Cuando el pastor les hubo LaBodacasado y hubo rezado las oraciones, miss Amelia salió precipitadamente de la iglesia, sin dar el brazo a su marido, y echó a andar por la calle delante de él.

La iglesia no queda lejos del almacén, así que los novios fueron a pie a su casa. Dicen que por el camino miss Amelia se puso a hablar de un trato que había hecho con un granjero para la compra de unas cargas de leña. La verdad es que se comportó con el novio lo mismo que si hubiera sido un cliente de los que iban al almacén a buscar whisky. Pero hasta entonces todo había marchado bien; el pueblo estaba agradecido, porque veía cómo había cambiado el amor a Marvin Macy, y esperaban que tal vez reformase también a la novia. Por lo menos contaban con que el matrimonio amansaría un poco a miss Amelia, con que la engordaría y llegaría a convertirla algún día en una mujer tratable.

Se equivocaron. Los chiquillos que estuvieron aquella noche curioseando por la ventana contaron todo lo que había pasado...

p41

TheBalladSadCafe2... El mueble más importante de la sala era una vitrina grande que guardaba una serie de tesoros y curiosidades. Miss Amelia había añadido a aquella colección dos objetos: uno era una gran bellota de roble; el otro, una cajita de terciopelo que contenía un par de piedras pequeñas, grisáceas. Algunas veces, cuando no tenía mucho que hacer, miss Amelia sacaba aquella cajita y se acercaba a la ventana con las piedrecitas en la palma de la mano, mirándolas con una mezcla de fascinación, respeto y miedo. Eran los cálculos renales de la propia miss Amelia, y se los había extraído el médico de Cheehaw hacía algunos años. Había sido una experiencia terrible, desde el primer momento hasta el último, y todo cuanto había sacado eran aquellas dos piedrecitas; tenía que concederles un valor extraordinario o, si no, reconocer que había hecho un pésimo negocio. El segundo año de la estancia del primo Lymon con ella las hizo montar como dijes en una cadena de reloj que le regaló. Tenía en gran estima el otro objeto que había añadido a la colección, la bellota grande; pero siempre que la miraba se quedaba triste y perpleja.

CarsonLIFE- Amelia, ¿qué significa esa bellota? - le preguntó el primo Lymon.

- Ya lo ves; es sólo una bellota - contestó Miss Amelia -. No es más que una bellota que cogí la tarde en que murió papá.

- ¿Cómo dices? - insistió el primo Lymon.

- Digo que no es más que una bellota que vi en el suelo aquel día. La cogí y me la guarde en el bolsillo. No sé por qué.

- Vaya una razón para guardarla - dijo el primo Lymon.

Miss Amelia y el primo Lymon solían conversar mucho en las habitaciones de
arriba, casi siempre en las primeras horas de la madrugada, cuando el jorobado no
podía dormir... 

p57

VRedgraveHabía ocasiones en que miss Amelia parecía caer en una especie de trance; la causa de aquellos trances era, por lo general, conocida y comprendida. Porque miss Amelia era un médico considerado, que no sacaba las raíces del pantano y otros ingredientes desconocidos para dárselos al primer paciente que llegara. Siempre que inventaba una medicina nueva la probaba ella primero. Se tragaba una dosis enorme y se pasaba el día siguiente yendo y viniendo, con aire pensativo, del café al retrete de ladrillo. Muchas veces, cuando aparecía una epidemia de gripe aguda, miss Amelia se quedaba muy quieta, de pie, mirando al suelo y con los puños apretados. Estaba tratando de averiguar qué órgano resultaba afectado, y cuál sería la dolencia que la nueva medicina podía aliviar mejor.

p61

Teatro2014... Pero no eran solo el calor, los adornos y la iluminación los que hacían al café tan preciso para el pueblo; había una razón más honda. Y aquella razón estaba relacionada con cierto orgullo que hasta entonces no se había conocido por aquí. Para comprender este nuevo orgullo hay que tener en cuenta el poco valor de la vida humana. Siempre había un montón de gente esperando junto a un molino; pero en las casas no tenían casi nunca carne suficiente, ni vestidos, ni tocino. La vida llegaba a convertirse en una larga y turbia rebatiña, solo para conseguir lo necesario para mantenerse vivos. Lo más desconcertante es que todas las cosas útiles tienen un precio y se compran solo con dinero, y que así es como está organizado el mundo. Sin tener que pararse a ODeathJugMusicapensar, ya sabe uno cuál es el precio de una bala de algodón o de un cuartillo de melaza. Pero a la vida de un hombre no se le ha puesto precio: nos la dan de balde y nos la quitan sin pagárnosla. ¿Qué valor puede tener? Si se pone uno a considerar, hay momentos en que parece que la vida tiene muy poco valor, o que no tiene ninguno. Cuántas veces, después de haber estado uno sudando, y esforzándose, y las cosas no se le arreglan, se le mete a uno en el fondo del alma el sentimiento de que no vale gran cosa. 

Pero el nuevo orgullo que trajo el café a este pueblo se dejó sentir en casi todos los vecinos, hasta en los niños...

...

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