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Fragmentos de libros. HELENA O EL MAR DEL VERANO de Julián Ayesta  Fragmentos II:

  

Editorial:  ACANTILADO      Acceso/Volver a los fragmentos I de "Helena o el mar del verano": PPCapuchinos177

 

Continúa:    I EN VERANO.  3 Una noche

       ...

     ... Olía tibiamente como los nidos con crías. Helena dormía con la cara en la almohada y su largo pelo rubio recogido sobre la espalda. Respiraba muy despacio, tan suave que me remordía la conciencia arrancarle las sábanas para empezar la batalla. Pero Alberto me miró y cerré los ojos y tiré de la colcha templando de remordimiento. Estaba como imbécil…  

 

    De II EN INVIERNO        

             2 LA ALEGRÍA DE DIOS

       Y al final teníamos los pies fríos y la cabeza caliente y una cosa como un sopor y un velo rojizo sobre los ojos y la boca temblorosa y reseca. Pero lo peor no era nada de esto, sino el remordimiento… 

     LaCulpaDelPecadoEl cuarto estaba en penumbra. La última claridad del crepúsculo iba hundiéndose detrás de los tejados, detrás de los árboles del jardín del colegio, detrás de una gran soledad como un enorme vacío amargo que se acercaba, que venía creciendo, haciéndose cada vez más cóncava, y nos íbamos sumiendo en ella como en la muerte… Y era de verdad la muerte, porque habíamos perdido la gracia de Dios, que era peor que perder la vida, porque era hacerse reos otra vez de la Pasión y la Muerte de Nuestro Señor, y esto después que Jesucristo había muerto por nuestra salvación. Y esto sí que era una ingratitud, un pecado horroroso, peor que asesinar a nuestra madre o a nuestro padre, mucho peor, porque al fin y al cabo ellos solo nos habían dado la vida temporal, y Jesucristo nos la había dado eterna. Y pecar era como echar la Sangre de Nuestro Señor a los perros o todavía peor, que no se podía comparar con nada. Y no nos importaba nada el infierno, sino el dolor por nuestra ingratitud. Y a veces pensábamos que en el infierno estaríamos más felices que allí, porque sabríamos que Dios se estaba vengando de nosotros con todo derecho, y a la vez podríamos odiarlo con nuestra rabia. Y era uno más feliz odiando a Dios que sabiendo que él habría muerto por nuestro amor y que nosotros le amábamos, y que sin embargo pecábamos y volvíamos a colocarle la corona de espinas y volvíamos a darle latigazos y volvíamos a cargarle con la cruz y levantarlo; que se le rasgarían horriblemente las heridas de los clavos al hundirse la cruz en el hoyo y de repente quedar parada en seco al chocar con el fondo; y que después volvíamos a darle la esponja con vinagre y hiel y luego la lanzada en el corazón. Y nos quedábamos todos silenciosos y con miedo, y mucho más que con miedo con dolor, porque éramos malos y merecíamos que Dios nos vintage lesbian model 1920matara a todos de repente y que fuésemos al infierno en vez de ir a casa a cenar, allí con papá y con mamá, que no sabían nada y nos besaban sin saber que estaban besando a condenados. Y daba como grima besar a mamá que era tan suave y tan blanca y tan buena y tocarla con los mismos labios que habían besado aquellas láminas con aquellas mujeres desnudas y asquerosas y malolientes. 

     Y era imposible seguir viviendo así, sabiendo que cada minuto, que cada segundo más en pecado era hacer sufrir a Jesús otra vez su agonía; y a cualquier parte que se mirara, sobre una pared, sobre el suelo, sobre el cielo, se veía la cara de Jesús muy triste, con unos ojos grandes y profundos y la corona de espina sobre la cabeza con muchos hilos de sangre que le caían por la frente y toda la cara. Y aquella sangre se hacía más y más y empapaba el suelo que se pisaba, y uno no podía casi correr y estaba uno como pringoso por todo el cuerpo. Y mientras se estaba en pecado mortal todos los días eran grises aunque hiciera sol y todas las cosas salían mal y le preguntaban siempre a uno la única lección que no había estudiado, y papá estaba de mal humor y mamá más triste, y cuando jugaba al fútbol no le pasaban a uno o si le pasaban desperdiciaba uno los pases de la manera más tonta, y además siempre que uno estaba en pecado mortal perdía el Sporting aunque jugase en casa o empataba, que jugando en casa era como perder. Y era dificilísimo explicarlo porque uno pensaba: «Bueno, porque se Sporting5253esté en pecado Dios no puede castigar a toda las demás gente que quiere que el Sporting gane.» Pero esto eran grandes misterios que valía más no pensar, igual que el de que si Dios sabía antes de crear el mundo que Luzbel se iba a rebelar y que iba a haber mucha gente que se condenase eternamente por qué creó el mundo. Y además, aunque el Demonio no hubiese existido y no hubiese habido pecado original y todos hubiésemos sido muy felices en el Paraíso terrenal, tampoco se explicaba para qué había creado Dios a Adán y al Paraíso y a las estrellas y a todo. Y luego había lo de los hijos de Adán y Eva que tenían que haberse casado hermanos con hermanas, que es pecado mortal. Y muchas cosas más. 

    HelenaOderDasPero todas estas dudas venían de que los hombre nos podemos conocer realmente nada de que verdaderamente pasaba en el mundo, y, por ejemplo, nosotros no veíamos nada más que los colores que estaban entre el rojo y el azul, pero había muchos más, y luego todos los líos de las velocidades de las vibraciones y de los rayos infrarrojos y los ultravioleta. Pero además, aunque uno pudiese ver los colores que están entre el rojo y el azul, no estábamos nunca seguros de que los demás los veían igual que uno, porque si, por ejemplo, a una persona desde que nace se le dice que tal color se llama verde, pero ella lo ve como yo veo el rojo y ella ve el rojo como yo el verde, nunca descubriremos en nuestra vida que queremos decir cosas distintas cuando hablamos de rojo y verde. Y esto es así en cosas tan sencillas como colores en las demás cosas el lío debe de ser mucho mayor. Y además tampoco podemos fiarnos de la razón. Porque si cogemos dos rectas convergente y las vamos separando resultará que cada vez se cruzarán más lejos pero jamás serán paralelas, porque uno no puede pensar en qué momento se pegará el salto después del cual las dos rectas no se encontrarán en ningún punto, y mucho menos se puede pensar que las rectas serán divergentes; con lo que resultará que, bien mirado, el mundo solo hay rectas convergentes, y esto es una idiotez. Pero esto demuestra que no nos podemos fiar de la razón y que los argumentos de los volterianos y los impíos no valen para nada, sino que hay que ser humildes y reconocer la limitación de la inteligencia humana y someterse a la autoridad de la Iglesia, porque es la única manera de ir al cielo y ver a Dios, y viendo a Dios comprender de repente todo lo que nos atormentaba porque no lo podíamos entender, y al comprender esto amar, admirarse y sentir como nunca el poder de Dios. 

    HelenaOderDas2Pero eso no se podía pensar estando en pecado mortal, sino que estando en pecado mortal el Demonio nos llenaba de pensamientos rastreros, y uno tenía gana de ir al cielo y le parecía que no se tenía la seguridad de nada ni siquiera de que Dios existía ni que la Santa Virgen María existía y se sentía uno solo y triste y como si le apeteciera escupir a todo y a los curas y a las iglesias también. Pero no se podía vivir así, porque le entraba a uno un pico por la espalda y ganas de arrojar y sobre todo porque todo era tan triste y siempre llovía y todo olía a pastillas contra la tos y no se ponía ilusión en nada; y luego siempre viendo la cara de Jesús que no decía nada, pero que nos miraba tan adentro y cono toda la sangre cayéndole. Y al final uno no tenía más remedio que ir al cuarto del Padre Espiritual

    Y el cuarto del Padre Espiritual olía a un jabón dulce y a humedad, y el Padre Espiritual estaba escribiendo con una lámpara con pantalla verde, y se veía la mano tan blanca y tan suave escribir muy despacio con una letra grande y redonda, y daba un gusto especial seguir con los ojos la pluma, y ver como remataba aquellas letras, y sentía uno como una alegría no sé por qué cuando terminaba una palabra o una letra mayúscula; pero a poco a poco uno se iba poniendo nervioso porque el Padre Espiritual no decía nada, y aquella mano escribía tan despacio que parecía que no iba a acabar nunca, y se oía a los demás mediopensionistas que estaban saliendo ya del colegio y a los internos que pasaban en filas hacia el comedor para la cena y, sobre todo, que ahora la imagen de Jesús mirándonos se hacía más clara y más grande, y sus ojos estaban llenos de lágrimas llorando a los pies del Padre Espiritual, que dejaba de escribir y le acariciaba a uno la cabeza diciendo: «Hijo mío, hijo mío», y la sotana olía los mismo que la habitación, pero más fuerte y además un poco a bolas de polilla. 

    SPadre PioDePietrelcinaY cuando uno levantaba la cabeza veía la cara del Padre Espiritual con una sonrisa como de muerto, muy quieta, y unos ojos tristes como los de Jesús, un poco cerrados, mirando fijamente no se sabía adónde por encima de uno. Y toda la habitación estaba oscura menos la mesa y un trozo del brazo izquierdo del Padre, y solo se oía el tic-tac del reloj del Padre Espiritual que estaba sobre la mesa a los pies de un Cristo de marfil amarillento con una cruz negra como los crucifijos de los ataúdes. Y uno no tenía que decir casi nada, solamente llorar y llorar que daba como una alegría que no se puede explicar, pero que era como si estuviera uno entrando otra vez en la casa iluminada donde estaban esperándonos papá y mamá y nosotros viniéramos como de un país oscuro y triste y fangoso y lleno de frío y donde todas las personas eran desconocidas y no odiaban. Y parecía como si la gracia de Dios fuese como una ducha caliente y que se nos fuera cayendo, resbalando cuerpo abajo una grasa viscosas y que todas las cosas pesaran menos y viésemos mejor.

      Y después el Padre Espiritual le cogía a uno de la mano y lo llevaba abajo a la capilla, que estaba sola y oscura y olía a sudor y al vaho de los demás que acababan de salir. Y el Padre Espiritual se tapaba la cara con las manos y agachaba la cabeza y empezaba a rezar un Estación al Santísimo Sacramento que estaba allí enfrente de nosotros con una candela moribunda y rojiza ardiendo delante. Y después rezamos el Yo Pecador y el Señor Mío Jesucristo. Y uno casi no podía rezar porque se le trabucaban las palabras y le entraban a uno ganas de echarse a llorar otra vez pegatina ovaladay quedarse siempre allí en la capilla tan cerca de Jesús que era tan bueno y estaba allí solo. Y uno querría más: ir de misionero entre los indios salvajes y que pasar uno hambre y fatiga y sueño, pero todo por Jesús, y que luego lo sacrificaran a uno con toros los salvajes tocando el tan-tan alrededor y todos bailando borrachos y completamente desnudos y las mujeres también. Y de repente se daba uno cuenta que estaba pencando otra vez, y ahora era más horrible todavía porque estaba uno en la capilla y con el Padre Espiritual rezando al lado, y enfrente de uno Jesús Sacramentado, y casi no se podía pensar en el pecado que era. Pero uno no tenía la culpa, porque no se podía nunca saber lo que se iba a pensar en el momento siguiente, sino que los pensamientos venían unos enganchados a otros, y no valía para nada cambiar de pensamientos, porque n cualquier cosa que se pensase podía siempre el Demonio meter un pecado. Y tampoco valía decirse: «No voy a pensar en nada» porque no se puede pensar en nada nunca, y por lo menos uno tiene que pensar que no quiere pensar en nada que ya es pensar algo. Y lo único que le podía quitar a uno los malos pensamientos era imaginarse una mujer haciendo sus necesidades, y fijarse en todos los detalles y concentrarse en aquello hasta que uno sintiera que se le había pasado la tentación. Pero daba como asco pensar en aquello allí en aquel momento, y no se sabía qué hacer, porque en cuanto uno se LaJoueViennoisedescuidaba el Demonio se colaba como por las rendijas de los pensamientos y aparecían los carteles que anunciaban Carnaval en Río que estaban en los coches cama o los dibujos de Lo que el joven debe saber antes del matrimonio o las fotografías de arte por Manassé, y uno no podía empalmar y soldar unos pensamientos a otros tan aprisa que todas aquellas cosas no tuvieran tiempo de salir. Y no valía para nada rezar Avemarías como nos decían en los Ejercicios, porque aunque en las primeras uno podía pensar en el ángel que venía y anunciaba a la Virgen que iba a ser Madre de Dios y luego pensar en cada palabra con mucho cuidado era imposible pensar las mismas cosas cada Avemaría que se rezara, porque no, porque era muy aburrido pensar las treinta o cuarenta veces las mismas cosas y al Demonio le era facilísimo entonces vencernos. Y era horrible cómo se sufría todo el tiempo luchando y luchando contra la tentación, y uno pensaba si no sería mejor morir en seguida en gracia e ir al cielo donde por fin aquel sufrir se había acabado y el Demonio no tendría ninguna fuerza. Y otrs veces uno se preguntaba si se podrían probar unas pastillas, como un especie de Aspirina Veramono de Veramón para quitar las tentaciones. Y además parecía que Dios era injusto, porque nosotros no teníamos la culpa de haber nacido. Por nacer era jugarnos ir al infierno por ir al cielo y si nosotros decíamos que bueno, que nos jugábamos el peligro de ir al infierno por la probabilidad de ir al cielo, muy bien, entonces Dios tenía razón en mandarnos la infierno si perdíamos, pero de otra manera no, porque nos metían como en un partido que no teníamos más remedio que jugar y además que uno no sabía por qué iba a tener la culpa de que Adán y Eva pecasen, porque uno no estaba allí para decirlos que no comiesen de la manzana. Pero pensar en estas cosas era pecar también, porque todos los misterios son mucho más complicados de lo que uno piensa, y, si se piensa bien, uno no sabe nada en absoluto, y sabe Dios como serán de verdad las cosas. 

     Porque a lo mejor en una molécula de mi cuerpo hay mucho átomos y dentro de cada átomo electrones y protones y dentro de cada electrón y cada protón otros bichitos todavía más pequeños y dentro de éstos otros y dentro de éstos otros mundo como el nuestro, con cielo y con mares y con barcos, o si no son exactamente igual que la de nuestro mundo por lo menos cosas que nosotros no PortadaHelena O ElMarpodemos imaginar, pero que vienen a ser parecidas. Y a más que una parte, de una parte de una parte de una parte de un electrón de un átomo de una molécula de un pelo de sabe Dios que gigante o cosas raras que nosotros no podemos pensar. Y a lo mejor este gigante o lo que sea no es más que un hombre que vive en un choza en una aldea de una comarca de una provincia de un región de un estado de un continente de un planeta de un sistema planetario de un universo que es una parte de un electrón de un átomo de una molécula de otro pelo de otro gigante requetetrillonésimas veces más grande. Por se vuelve uno loco de pensar estas cosas, y aunque uno piensa a lo mejor son verdad, uno no puede creerlas del todo, porque no puede haber cosas tan extravagantes y tan grandes, aunque sabe Dios lo que piensan de los hombres las moscas por ejemplo. 

     Y si a una mosca se le ocurriese que donde ella estaba posada era el pantalón de un jugador de fútbol, y que a los pocos momentos el jugador iba a venir a ponérselo para jugar un partidos que pertenecía a la primera división de la Liga de España, y que había otros campeonatos en Inglaterra y otro en Alemania y otro en Italia y así en cada país importante del mundo, a la mosca le parecerían completas locuras y que habría muchas que sería imposible que la mosca llegara a pensar BNewtonnunca, como el binomio de Newton o la fórmula de la nicotina. Y así igual sabe Dios la de cosas que existen de verdad y que nosotros no podemos darnos cuenta de ellas y cosas mucho más raras que el misterio de la Santísima Trinidad y que a lo mejor están pasando en este momento y nosotros somos una parte de ellas y no lo sabemos. 

     Y es como si a lo mejor el tiempo no existe y en este momento Hernán Cortés está entrando en Méjico o Moisés está pidiendo a Dios que se abra el Mar Rojo o…, oh, esto sí que es formidable porque… oh, en ese momento Adán y Eva están comiendo la manzana y por una cosas misteriosísima es como si yo cuando peco como la manzana con ellos y yo mismo –yo mismo- cometo el pecado original, y eso es sensacional, y es que además se puede pensar como si cada uno de los hombre que han existido y existirán en el mundo fuese Adán y las mujeres Evas y entonces ya se explicaba por qué uno tenía que responder por el pecado original… Pero esto era mucho más lío y al final uno ya casi no podía pensar y era como una Armoniumcosas suave y refrescante oír el armónium, muy dulce donde el hermano Hermida estaba ensayando, que esta al fondo de la capilla donde todo estaba oscuro menos una bombilla amarillenta encima de armónium, y se veía al hermano Hermida balancearse muy despacio y la música era siempre en las nota altas y llena de trémolos, y uno pensaba siempre en la Virgen que vneía entre las nubes acercándose con el Niño Jesús en los brazos y sonriendo muy buena y muy hermoso como diciéndonos que uno iba a ir al cielo seguro. Y uno no sabía cómo agradecerle aquella sonrisa y quisiera luchar y morir por la Virgen que era tan suave y tan guapa y tan pobre. Y le hubiese encantado a uno que todos los hombres estuvieses persiguiendo y queriendo matar a la Virgen, y que la Virgen solo tuviese a uno para defenderla…

 

De III   VERANO OTRA VEZ        

            De 2 EN EL BOSQUE

        
      … Aquella mañana los prados verdeantes junto al río cantaban al sol. Bajaba descamisado por la senda difícil hacia el gran cazadero de bayas y amapolas. Helena iba a mi lado con el pelo desnudo de dulcísima alerta…

        

         De 3 TARDE Y CREPÚSCULO

       HelenaAndrin2
       … Y marchamos juntos, llenos de amor, hacía los grandes países de la Tarde. El sol -¡el Sol!- roncaba sobre los manzanos y los prados estaban llenos de manchas de luz. Y había también bosques de eucaliptus negros y azulados. Y nos entraba un extraño miedo a aquellos árboles que eran lo árboles de los hombres locos, que se paseaba en camisa blanca con la cara muy pálida y un cuchillo en la mano lleno de sangre. Y eran lo árboles de las mujeres tuberculosas que escupían sangre con el pecho hundido y los ojos llenos de un brillo de odio y que cuando el cielo estaba rojo, al atardecer, aullaban como lobos tristes y hambrientos y se escapaban con la boca llena de espuma y un alfiler negro y brillante muy grande en la mano para pinchar a la gente con su veneno mortal. Y debajo de aquellos árboles había siempre un pobre mascando sin dientes un pedazo de pan.

       VueloMilanoRealLa luz de la tarde era densa, dorada y azul y negra. Una luz de terror misterioso bajando de un cielo enorme y solitario. Había sobre los prados un sopor, un abruma caliente de chicharras y grillos, y muy alto, altísimo, volaba planeando un milano. 

      Helena y yo íbamos silenciosos… 

     …
   … Y Helena, serena, sin dejar de mirarme a los ojos, grave y hermosa, se fue dejando atraer, y cuando tuvimos los labios muy cerca me dijo:

     - Y yo a ti más. 

    Yo bebí el aliento de aquellas palabras; las bebí y las respiré, no las oí. 

   No hablamos más. Íbamos juntos, solos, entre el silencio del crepúsculo. Íbamos solos entre el silencio del mundo. Solos entre el silencio y el tiempo. Solos para siempre. Juntos y solos, andando juntos y solos entre el silencio del mundo y del mar y del mundo, andando andando. Y todo era como un gran arco y nosotros lo íbamos pasando y al otro lado estaba nuestro mundo y nuestro tiempo y nuestro sol y nuestra luz y nuestra noche y estrellas y montes y pájaros y siempre…

 

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