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Cuento:La rosa de Paracelso de Jorge Luis Borges. Final.

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La conciencia de Zeno de Italo Svevo. Cuento.

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FINALES DE LIBROS:  POR TÍTULOS  

Libros cuyo título comienza por la letra: E

Galería y Consulta/Descarga Pdf: Mosaico Finales de libros x títulos.

El arte de la ficción de David Lodge ElAstillero El color prohibido de Yukio Mishima El corazon de las tinieblas de Joseph Conrad El coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez El difunto Matías Pascal de Luigi Pirandello El juguete rabioso de Roberto Arlt ElMapaYElTerritorio El miedo del portero al penalty de Peter Handke El pato salvaje de Henrik Ibsen El Péndulo de Foucoult de Humberto Eco El perfume de Patrick Süskind El reino de este mundo de Alejo Carpentier El señor de las moscas de William Golding El TAO de la física de Fritjof Capra ElTercerHombre Ensayo sobre la ceguera de José Saramago pdf icon Grande Pdf.Mosaico Finales de libros por títulos

 

  Orden alfabético x TÍTULO. Las imagenes de los libros están "hipervinculadas" a su texto.

B ver

El arte de la ficción   David Lodge

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      50 - El Final. «Las conclusiones son el punto débil de la mayoría de los autores», observó George Eliot, «pero parte del problema está en la naturaleza misma de la conclusión, que puede ser todo lo más una negación». Para los novelistas victorianos el final resultaba particularmente problemático, porque lectores y editores les presionaban...  (Pulsar en imagen)

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El astillero   Juan Carlos Onetti

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    Está enferma y ya deber dormir -dijo Josefina. Se movió apenas, cuidando no espantar la mano, obligándola a aumentar su peso-. ¿No quiere irse? ¿No tiene frío aquí fuera? -Hace frío -aceptó Larsen. Ella, siempre sonriendo, entornados los pequeños ojos brillantes, acarició al perro para tranquilizarlo. Se acercó a a Larsen, transportando la mano en el hombro... (Pulsar en imagen)

 

El color prohibido   Yukio Mishima

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    32-Shunsuké Hinoki visto por sí mismo. Hay escritores para quienes el hastío tan sólo consiste en alardear de hastío, con lo que podríamos llamar el don del hastío o el hastío del don. Shunsuké Hinoki no pertenecía a esa clase. La vanidad le había salvado de semejante trampa. Dicho esto, dado que alardear de hastío no deja de ser una vanidad paradójica, lo que nos salva es...  (Pulsar en imagen)

 

El corazon de las tinieblas   Joseph Conrad

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    »Y luego casi tuvieron que sepultarme a mí. »Sin embargo, como podéis ver, no fui a reunirme allí con Kurtz. No fue así. Permanecí aquí, para soñar la pesadilla hasta el fin, y para demostrar mi lealtad hacia Kurtz una vez más. El destino. ¡Mi destino! ¡Es curiosa la vida… ese misterioso arreglo de lógica implacable con propósitos fútiles! Lo más que de ella se puede esperar...  (Pulsar en imagen)

 

El coronel no tiene quien le escriba   Gabriel García Márquez

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    ... El coronel examinó a través del gallo el humor de su esposa. Nada en él merecía rencor. Estaba listo para los entrenamientos. El cuello y los muslos pelados y cárdenos, la cresta rebanada, el animal había adquirido una figura escueta, un aire indefenso. – Asómate a la ventana y olvídate del gallo –dijo el coronel cuando se fueron los niños–. En una mañana así... (Pulsar en imagen)

 

El difunto Matías Pascal   Luigi Pirandello

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      18. El difunto Matías Pascal. Dividido el ánimo entre la ansiedad y la ira, no sabía cuál de las dos me tuviese más soliviantado, aunque puede que en el fondo fueran una misma cosa: ansiosa ira e ira ansiosa; no me cuidé ya de que me viese alguien o no, antes de apearme o al apearme en Miragno. La única precaución que había adoptado era meterme en un coche de primera....  (Pulsar en imagen)

 

El juguete rabioso     Roberto Arlt

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    INFANCIAS. De la última parte: JUDAS ISCARIOTE ... Y me empieza a contar que de la caja que hay metida en la pared a la entrada, para la limosna, había visto asomar la colita de un peso. Resulta que lo habían entrado apretado, y él con un alfiler lo sacó. Y se había hecho un ganchito con un alfiler para ir a pescar dentro de la caja todos los pesos que haya. ¿Te das cuenta?..." El Rengo se ríe...  (Pulsar en imagen)

 

El mapa y el territorio     Michel Houellebecq

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    Último capítulo del EPÍLOGO. Desconoceríamos por completo las condiciones en que Jed Martin realizó la obra que le ocupó los treinta últimos años de su vida si unos meses antes de su muerte no hubiera accedido a conceder una entrevista a una joven periodista de Art Press. Aunque la entrevista ocupa un poco más de cuarenta páginas de la revista, en ella solo habla... (Pulsar en imagen)

 

El miedo del portero al penalty   Peter Handke

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    Otra vez a solas en la habitación, le pareció como si hubieran cambiado todo de lugar. Abrió el grifo. Inmediatamente cayó una mosca del espejo al lavabo, y en un momento el agua se la llevó. Se sentó en la cama: un momento antes la silla estaba a su derecha y ahora estaba a su izquierda. La volvió a mirar de izquierda a derecha; esa mirada le pareció una lectura.... (Pulsar en imagen)

 

El pato salvaje   Henrik Ibsen

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    ACTO QUINTO. Estudio de HIALMAR EKDAL. Por las vidrieras inclinadas y cubiertas de nieve penetra una fría luz matinal. Aparece GINA con delantal, escoba y un trapo para sacudir el polvo, viene de la cocina y se dirige al salón. Al mismo tiempo entra EDUVIGIS, presurosa, por la puerta de la escalera. GINA. (Se detiene de pronto.) ¿Qué hay? EDUVIGIS.  Sí, mamá... (Pulsar en imagen)

 

El Péndulo de Foucoult     Humberto Eco

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    Debería estar en paz. He comprendido. ¿Acaso algunos de ellos no decían que la salvación llega cuando se ha alcanzado la plenitud del conocimiento? He comprendido. Debería estar en paz. ¿Quién decía que la paz brota de la contemplación del orden, del orden comprendido, gozado, realizado por completo, alegría, triunfo, cesación del esfuerzo? Todo es claro...  (Pulsar en imagen)

 

El perfume     Patrick Süskind

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      18. Cuarta Parte. Grenouille caminaba de noche. Como al principio de su viaje, evitaba las ciudades, eludía los caminos, se echaba a dormir al amanecer, se levantaba a la caída de la tarde y reemprendía la marcha. Devoraba lo que encontraba en el campo: plantas, setas, flores, pájaros muertos, gusanos. Atravesó la Provenza, cruzó el Ródano al sur de Orange en una barca robada...  (Pulsar en imagen)

 

Carpentier, Alejo     El reino de este mundo

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   AGNUS DEI. El día iba a ser de calor y nubes bajas. Apenas comenzaban las telarañas a quitarse las aguas de la noche cuando un gran alboroto bajó del cielo sobre las tierras de Ti Noel. Corriendo y tropezando al caer, llegaban los gansos de los antiguos corrales de Sans-Souci, salvados del saqueo porque su carne no gustaba a los negros, y que habían vivido a su antojo, durante...  (Pulsar en imagen)

 

El señor de las moscas   William Golding

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    Capítulo 12 (último) El grito de los cazadores. Ralph se había detenido en un soto a examinar sus heridas. La parte afectada cubría varios centímetros del lado derecho del tórax, y una herida inflamada y ensangrentada señalaba el lugar donde la lanza le había alcanzado. Tenía la melena cubierta de suciedad y los mechones de pelo se enredaban como los zarcillos...  (Pulsar en imagen)

 

Capra, Fritjof     El TAO de la física

Acceso directo al final de El TAO de la física de Fritjof Capra

    EPILOGO. El interés de las filosofías religiosas orientales es el conocimiento místico atemporal, que está más allá del razonamiento y que no puede ser expresado adecuadamente con palabras. La relación de este conocimiento con la física moderna no es más que uno de sus múltiples aspectos y, como todos los demás, no puede ser demostrado de un modo concluyente, sino que debe experimentarse...  (Pulsar en imagen)

 

El tercer hombre   Graham Greene

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    Martins me contó más tarde: - Caminé corriente abajo para encontrar a Harry, pero con la oscuridad debí perderle. Tenía miedo de levantar la linterna; no quería tentarle a que volviera a disparar. Mi bala debió de alcanzarle justo en la entrada de un pasillo lateral. Luego, supongo que se fue arrastrando por el pasillo hasta el pie de la escalera metálica... (Pulsar en imagen)

 

Ensayo sobre la ceguera     José Saramago

Acceso directo al final de Ensayo sobre la ceguera de José Saramago

    Último capítulo. Al día siguiente, acostados aún, la mujer del médico le dijo al marido, Tenemos poca comida en casa, va a ser necesario dar una vuelta por el almacén subterráneo del supermercado, aquel donde estuve el primer día, si hasta ahora no ha dado nadie con él, podremos abastecernos para una o dos semanas, Voy contigo, y decimos a uno o dos de ellos que vengan también...  (Pulsar en imagen)

 

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