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     LOLITA      (Vladimir Nabokov 

        

   Lolita        Es público –no vamos a descubrir nada nuevo en este aspecto-, lo que esta obra de Nabokov significa para la literatura del siglo XX, ya que es considerada por muchos como una de las mejores del género. Ya sabe usted, Lolita, es una novela original, perturbadora, transgresora, perfumada de un erotismo psicológico que embriaga a los lectores durante todo el texto (fue rechazada por algunas editoriales de EEUU, país adoptivo de Nabokov, al ser tachada, injustamente, de pornográfica –el sexo, en Lolita, nunca es explícito-); pero, sobre todo, escrita con un estilo poderoso, soberbio, magistral, que logra elevar a la novela sobre los peligros evidentes a los que su tema, sus personajes, sus situaciones, la obsesión patológica de su protagonista y narrador; pueden empujarla. Pero no. Nabokov, con ese estilo –y gusto- exquisito, la salva de la ordinariez, de las situaciones groseras, de la simplicidad en la que podía incurrir al menor descuido. Una delicia, desde luego.

      También es de público reconocimiento su mil veces ponderado y referenciado comienzo, que es considerado por muchos como uno de los mejores de la Literatura. También a nosotros nos lo parece. Y por esta razón, no podemos sustraérselo a usted en fragmentos de libros, por si, por una remota posibilidad, lo desconociera o no lo hubiera usted considerado. Es éste:

      «Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita».

      Pero este comienzo maravilloso también constituye la razón por la cual, nosotros, no hemos incluido la referencia de esta novela en “Comienzos de libros”, porque usted lo va a encontrar ya, en cuanto levante una piedra por la Red. También hemos desestimado incluir su referencia en nuestra sección de “Fragmentos de libros”,  porque, igualmente, es demasiada archiconocida la temática de Lolita y por la fama universal alcanzada por sí misma y –tiempos modernos son- elevada a la enésima potencia por la adaptación de la novela al cine que llevó a cabo el maestro Kubrick.

      ¿Entonces? Pues es fácil. La hemos incluido en “Finales de libros”. Y por excelentes razones. Porque no desvela nada irreparable. Porque ese fragmento final es suficiente como para que quede patente ese estilo poderoso sobre el que sustenta Lolita y que hemos –como tantos- ponderado arriba. También porque se evidencia con claridad esa subjetividad especial, la perspectiva de su visión, el “alma” de ese Humbert Humbert, narrador en primera persona de la novela. Y, definitivamente, por otro aspecto menos conocido de Lolita, otra “delicatessen” para paladares exquisitos: Su párrafo final que, como lo es su comienzo, es uno de los mejores finales escritos de una novela. ¿Lo recuerda? Aquí lo tiene:

      «Ninguno de los dos vivirá, pues, cuando el lector abra este libro. Pero mientras palpite la sangre en mi mano que escribe, tú y yo seguiremos siendo parte de la bendita materia y me será posible hablarte desde aquí, aunque estés en Alaska. Sé fiel a tu Dick. No dejes que otros hombres te toquen. No hables con desconocidos. Espero que quieras a tu hijo. Espero que sea varón. Ojalá que tu marido te trate siempre bien, porque, de lo contrario, mi espectro se le aparecerá como negro humo, como un gigante demente, y le arrancará nervio tras nervio. Y no tengas lástima de Clare Quilty. Tenía que elegir entre él y Humbert Humberty quería que éste viviera, al menos, un par de meses más, para que tú vivieras después en la mente de generaciones venideras. Pienso en bisontes y ángeles, en el secreto de los pigmentos perdurables, en los sonetos proféticos, en el refugio del arte. Y ésta es la única inmortalidad que tú y yo podemos compartir, Lolita mía»

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