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Fragmentos de libros. PIES DE BARRO de  Terry Pratchett  Fragmentos (II):

 

  

Editorial  DeBolsillo       Acceso/Volver a los fragmentos de "Pies de barro": YoPiesEspejoSuelo177  
 
 
   (Las imágenes con las que ilustramos estos fragmentos han sido obtenidas de webs anglosajonas de entre los centanres de dibujos, ilustraciones, pinturas, ediciones de todo tipo (cd,s, audiolibros, libros, ebook, juegos de mesa...), caricaturas... que abundan en la red sobre la enorme saga de Discworld de Pratchett. Básicamente nos es imposible poder consignar los autores originales de muchas imágenes porque abundan las "fusiladas" en diferentes sitios.  En aquellas de las sí que creemos conocer su origen, consignamos la fuente) 
  
Continúa  

p156 

... Comparado con el Tambor Remendado, el Cubo de la calle del Brillo era un oasis de calma glacial. La Guardia lo había adoptado para sí, como templo silencioso consagrado al arte de emborracharse. No es que vendiera una cerveza particularmente buena, pues no era el caso. Pero la servía deprisa y en silencio, y fiaba. Era un sitio donde la guardia no tenía que ver cosas y donde nadie los molestaba. Nadie podía absorber alcohol en silencio como un agente de la Guardia que acababa el servicio después de ocho horas en la calle. Era una protección tan buena como el casco y la coraza. El mundo no dolía tanto. 

EnElCuboBarY el señor Queso, el propietario, sabía escuchar. Escuchaba cosas como «que sea doble» y «ve trayendo sin que te lo pida». También decía las cosas correctas, como «¿Que si le fío? Por supuesto, agente». Y los guardias pagaban la cuenta o se ganaban un sermón del capitán Zanahoria

Vimes estaba sentado con aire lúgubre frente a un vaso de limonada. Lo que quería era una copa, y entendía exactamente por qué no se la iba a tomar. Una copa acababa llegando en una docena de vasos. Pero saberlo no mejoraba las cosas.

En aquellos momentos estaba allí la mayor parte del turno de día, más un par dehombres que tenían el día libre. Por mugriento que fuera el lugar, a él le gustaba. Con el murmullo de la gente asu alrededor, Vimes no tenía la sensación de interponerse en sus propios pensamientos. Una razón de que el señor Queso hubiera permitido que su pub se convirtiera prácticamente en la quinta Casa de la Guardia de la Ciudad era la protección que aquello le reportaba. Los guardias eran bebedores tranquilos, por lo general. Se limitaban a pasar de vertical a horizontal con el mínimo revuelo, sin empezar peleas serias y sin dañar demasiado el mobiliario. Y nadie intentaba robarle jamás. 

Es por eso que se sorprendió cuando se abrió la puerta de golpe y entraron en tromba tres hombres, blandiendo ballestas.—¡Que nadie se mueva o es hombre muerto! Los atracadores se detuvieron frente a la barra. Para su propia sorpresa, no parecía que su llegada hubiera causado demasiado revuelo.

 — Oh, por todos los cielos, ¿quiere alguien cerrar esa puerta? —gruñó Vimes.

 Un guardia que estaba cerca de la puerta lo hizo.

  — Y con cerrojo —añadió Vimes

  feet of clay CDLos tres ladrones miraron a su alrededor. A medida que se les acostumbraba la vista a la oscuridad, iban recibiendo una impresión general de acorazamiento, con fuertes matices de yelmeza. Pero nada de aquello se movía. Todos los estaban mirando.

 — ¿Sois nuevos en la ciudad? —preguntó el señor Queso, sacándole brillo a un vaso.

El más atrevido de los tres movió su ballesta por debajo de la nariz del barman.

— ¡Todo el dinero ahora mismo! —gritó—. Si no —se dirigió a toda la concurrencia—, tendréis un barman muerto.

— Hay muchos otros bares en la ciudad, chaval —dijo una voz.

El señor Queso no levantó la vista del vaso que estaba abrillantando.—Sé que ha sido usted,  —dijo con calma—. Tiene dos dólares y treinta peniques apuntados, muchísimas gracias.

Los ladrones se apiñaron. Los bares no deberían funcionar así. Y les parecía oír susurros suaves de diversas armas al ser desenfundadas de distintas vainas.

— ¿No os he visto antes? —preguntó Zanahoria.

— Oh, dioses, es él —gimió uno de los hombres—. ¡El lanzapanes!

— Creía que el señor Cortezadehierro se os había llevado al Gremio de Ladrones—continuó Zanahoria.

— Hubo una pequeña discusión sobre impuestos…

— ¡No se lo digas!

Zanahoria se dio una palmadita en la cabeza.

—¡Los impresos fiscales! —dijo—. ¡Seguro que el señor Cortezadehierro está preocupado por si me he olvidado de ellos!

Ahora los ladrones estaban tan apiñados que parecían un hombre gordo con seis brazos y una factura enorme del sombrerero.—Esto… a la Guardia no se le permite matar a nadie, ¿verdad? —dijo uno de ellos.

— Cuando estamos de servicio no —dijo Vimes.

El más atrevido de los tres se movió de repente, agarró a Angua (una mujer loba) y la obligó aponerse de pie.

SergeantAngua ChrisHoward— Vamos a salir ilesos de aquí o se la cargará la chica, ¿vale? —gruñó.

Alguien soltó una risita.

— Espero que no vayas a matar a nadie —dijo Zanahoria.

— ¡Eso lo decidimos nosotros!

— Perdona, ¿estaba hablando contigo? —preguntó Zanahoria.

— No te preocupes, estaré bien —dijo  . Echó un vistazo a su alrededor paraasegurarse de que Jovial no estaba por allí y luego suspiró—. Vamos, caballeros,acabemos con esto.

— ¡No juegues con la comida! —dijo una voz de entre la clientela. Se oyeron un par de risitas hasta que Zanahoria se giró en su asiento, instante que todo el mundo eligió para interesarse intensamente en sus bebidas.

— No pasa nada —dijo Angua en voz baja. Conscientes de que faltaba alguna pieza en el puzzle, pero no del todo seguros de cuál era, los ladrones retrocedieron hacia la puerta. Nadie se movió mientras abrían el cerrojo y, sin soltar a Angua, salían a la niebla y cerraban la puerta detrás de ellos.

— ¿No tendríamos que haber ayudado? —preguntó un agente que era nuevo en la Guardia.

— No merecen nuestra ayuda —dijo Vimes.

Se oyó un tañido de armadura y luego un gruñido largo y profundo, justo al otro lado de la puerta...

 

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FeetOfClay Vela2... Jovial Culopequeño se apoyó en la pared del pasillo que daba a su excusado y resolló.

Era algo que los alquimistas aprendían a hacer al principio de su carrera. Tal como le habían dicho sus tutores, los buenos alquimistas eran de dos tipos: el atlético y el intelectual. Un buen alquimista de la primera clase era alguien capaz de saltar por encima de la mesa de trabajo y estar al otro lado de una pared gruesa y segura en tres segundos, y un buen alquimista de la segunda clase era alguien que alguien que sabía exactamente cuándo tenía que hacerlo.

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Se llamaba la Cámara de las Ratas. En teoría el nombre venía de la decoración. A algún antiguo residente del palacio se le había ocurrido que un fresco de ratas bailando sería un verdadero golpe de estado decorativo. La alfombra tenía dibujos de ratas tejidos. Y en el techo las ratas bailaban en círculo con las colas entrelazadas en el centro. Después de media hora en aquella sala, a la mayoría de la gente le venía ganas de lavarse...

... El doctor Downey sonrió. 

TheHouseOfRats— Puedo asegurarles una vez más, caballeros… y damas… que no tengo conocimiento de ningún acuerdo concerniente a lord Vetinari. En cualquier caso, no me puedo imaginar que un asesino usara veneno en este caso. Su señoría pasó un tiempo en la escuela de asesinos. Sabe actuar con cautela. No hay duda de que se recuperará.

— ¿Y si no? —preguntó la señora Palma.

— Nadie vive para siempre —dijo el doctor Downey, con la voz tranquila de alguien que sabía personalmente que aquello era cierto—. Entonces, sin duda, tendremos un nuevo gobernante. 

La sala se quedó muy silenciosa.

La palabra «¿Quién?» flotó en silencio por encima de todas las cabezas.

— Lo que pasa… lo que pasa… —dijo Gerhardt Calcetín, jefe del Gremio de Carniceros—… Ha sido… Tienen que admitir… Que ha sido… Bueno, piensen en algunos de los anteriores…

Las palabras «Por ejemplo, lord Espasmo… Por lo menos este de ahora no es un demente de los buenos» parpadearon en la conciencia colectiva.

HavelockVetinari2— Tengo que admitir —dijo la señora Palma—, que ciertamente con Vetinari ha sido más seguro andar por la calle…

—Quién lo sabe mejor que usted, madame —dijo el señor Calcetín. La señora Palma le lanzó una mirada gélida. Hubo unas cuantas risitas.

— Me refería a que un pequeño pago al Gremio de Ladrones es lo único que hace falta para estar perfectamente a salvo —terminó de decir.

— Y ciertamente, todo el mundo puede visitar una casa de mala…

— De hospitalidad negociable —se apresuró a decir la señora Palma.

— Por supuesto, y confiar en no despertarse totalmente desnudo y lleno de golpes y moratones —dijo Calcetín.

— A menos que esos sean sus gustos —dijo la señora Palma—. Nuestra meta es proporcionar satisfacción. De forma muy precisa, si así se requiere. 

— Está claro que la vida ha sido más tranquila con Vetinari —dijo el señor Ollas del Gremio de Panaderos.

SeñorBoggis GLadrones— Ha enviado a todos los mimos y actores de teatro callejeros al foso de los escorpiones, eso es verdad —dijo el señor Boggis del Gremio de Ladrones.

— Cierto. Pero no olvidemos que también tiene sus puntos malos. Es un hombre caprichoso.

— ¿Eso cree? Comparado con los que tuvimos antes, este es tan sólido como una roca.

— Espasmo era sólido —dijo el señor Calcetín en tono lúgubre—. ¿Se acuerdan de cuando hizo concejal a su caballo?

—Tiene usted que admitir que tampoco fue un mal concejal. Comparado con algunos de los demás.

— Por lo que yo recuerdo, los demás en aquel momento eran un jarrón de flores, un montón de arena y tres personas que habían sido decapitadas. 

— ¿Se acuerdan de todas aquellas peleas? ¿De todas las pequeñas bandas de ladrones que se peleaban todo el tiempo? Llegó un punto en que apenas si quedaba algo de energía para robar cosas —dijo el señor Boggis.

— Ahora las cosas son mucho más… estables.

Volvió a hacerse el silencio. Se trataba de eso, ¿no? Ahora las cosas eran estables.

GremioAsesinosPese a todo lo que se pudiera decir del viejo Vetinari, se aseguraba de que al día de hoy siempre le siguiera el de mañana. Si te asesinaban en la cama, al menos sería por acuerdo previo.

— Con lord Espasmo todo era más emocionante —se aventuró a decir alguien.

— Sí, justo hasta el momento en que se te caía la cabeza.

— El problema es —dijo el señor Boggis— que el cargo vuelve loca a la gente. Pon a cualquier tipo que no sea peor que cualquiera de nosotros y al cabo de unos meses estará hablando con el musgo y desollando viva a la gente.

Vetinari no está loco.

— Depende de cómo lo mires. Nadie puede estar tan cuerdo como él sin estar loco.

—Yo no soy más que una débil mujer —dijo la señora Palma, ante el escepticismo personal de varios de los presentes—, pero me parece que aquí se nos presenta una oportunidad. O bien hay una larga lucha para elegir a un sucesor o bien lo resolvemos ahora. ¿Sí?

Los líderes gremiales intentaron mirarse entre ellos al mismo tiempo que eludían las miradas de los demás. ¿Quién iba a ser el siguiente patricio? En el pasado se había librado una enorme lucha por el poder con múltiples bandos, pero ahora…

Cab DiscworldStampCatalogue

Con el poder venían los problemas. Las cosas habían cambiado. Hoy en día había que negociar y hacer malabarismos con todos los intereses en conflicto. Hacía años que nadie en su sano juicio intentaba matar a Vetinari, porque simplemente el mundo con él era preferible al mundo sin él.

Además… Vetinari había domesticado Ankh-Morpork. La había domesticado como a un perro. Había cogido a un carroñero de poca monta y le había alargado los dientes y le había reforzado las mandíbulas y le había puesto un collar de pinchos y lo había alimentado con bistec magro y luego lo había lanzado a la garganta del mundo.

Había cogido a todas las bandas y grupos en riña y les había hecho ver que una pequeña porción del pastel de forma regular era mucho mejor que una porción más grande con una daga dentro. Les había hecho ver que era mejor llevarse una porción pequeña pero hacer crecer la tarta.

Ankh Morpork puzzleDe entre todas las ciudades de las llanuras, Ankh-Morpork era la única que había abierto sus puertas a los enanos y los trolls (las aleaciones eran más fuertes, había dicho Vetinari). Y había funcionado. Se creaban cosas. A menudo se creaban problemas, pero sobre todo se creaba riqueza. Y en consecuencia, aunque Ankh-Morpork seguía teniendo muchos enemigos, aquellos enemigos tenían que financiar sus ejércitos con dinero prestado. La mayoría del cual se lo prestaba Ankh-Morpork a un interés leonino. Hacía años que no se libraba ninguna guerra importante. Ankh-Morpork había causado que no fueran provechosas.

Miles de años atrás el viejo imperio había impuesto la Pax Morporkiana, que le había dicho al mundo: «No luchéis u os mataremos». La Pax había regresado una vez más, pero en esta ocasión decía: «Si lucháis, exigiremos el pago inmediato de vuestras hipotecas. Y por cierto, esa lanza con la que me estás apuntando es mía. Ese escudo que aguantas lo pagué yo. Y quítate mi casco cuando hables conmigo, pequeño deudor espantoso».

Y ahora toda la maquinaria, que zumbaba por lo bajo de forma tan sutil que la gente se olvidaba por completo de que era una maquinaria y creía que no era más que la forma en que funcionaba el mundo, acababa de dar una sacudida...

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     FeetOfClay Buho… Giró la esquina y se detuvo.

No había cambiado gran cosa. Aquello era lo asombroso. Después de… oh, demasiados años… las cosas no tenían ningún derecho a no haber cambiado.

Pero las cuerdas de tender la ropa seguían cruzando la calle entre los edificios antiguos y grises. La pintura antigua se seguía desconchando de la forma en que se desconchaba la pintura barata al aplicarla sobre una madera demasiado vieja y podrida para aceptar pintura. La gente de la calle Cockbill solía ser demasiado pobre para permitirse pintura decente, pero siempre demasiado orgullosa para usar cal.

Y el lugar era un poco más pequeño de lo que él recordaba. Eso era todo.

¿Cuándo había ido allí por última vez? No se acordaba. La calle estaba más allá de las Sombras, y hasta hacía poco la Guardia había tendido a dejar que aquella zona se encargara de sus propios e inenarrables asuntos.

A diferencia de las Sombras, sin embargo, la calle Cockbill estaba limpia, con esa limpieza vacía e inquietante que se da cuando la gente no se puede permitir desperdiciar ni el polvo. Porque la calle Cockbill era donde vivía la gente que era peor que pobre, puesto que no sabían lo pobres que eran. Si alguien les preguntaba probablemente dirían algo del tipo «no me puedo quejar» o «hay gente que está peor que nosotros» o «siempre nos hemos mantenido a flote y no le debemos nada a nadie».

SamVimesRecordaba las palabras de su abuela: «Nadie es demasiado pobre para comprar jabón». Por supuesto, mucha gente sí lo era. Pero en la calle Cockbill compraban jabón de todas maneras. Puede que no hubiera comida en la mesa, pero por los dioses, estaba bien limpia. Aquello era la calle Cockbill, donde lo que la gente comía principalmente era su orgullo.

El mundo se había convertido en un buen desastre, reflexionó Vimes. El agente Visita le había dicho que los mansos lo heredarían, ¿y qué habían hecho los pobres diablos para merecer algo así?

La gente de la calle Cockbill se apartaría a un lado para dejar pasar a los mansos. Porque lo que los retenía en la calle Cockbill, mental y físicamente, era su vago entendimiento del hecho de que había unas normas. Y pasaban por la vida llenos de un temor silencioso y trastornado a no estar obedeciéndolas del todo.

La gente decía que había una ley para los ricos y otra para los pobres, pero no era cierto. No había ley para quienes hacían la ley, ni ley para los incorregiblemente ilegales. Todas las leyes y normas eran para la gente lo bastante estúpida como para pensar igual que la gente de la calle Cockbill...

 

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       SamVimes pratchet ptEra asombroso que pudiera lloviznar y haber niebla a la vez. El viento se dedicaba a meter ambas cosas por la ventana abierta, y Vimes se vio obligado a cerrarla. Encendió las velas que tenía junto a la mesa y abrió su cuaderno.

Probablemente debería usar el organizador demoníaco, pero le gustaba ver las cosas escritas bien claras y llanas. Pensaba mejor cuando apuntaba las cosas.

Escribió «Arsénico» y rodeó la palabra con un círculo. Alrededor del círculo escribió: «Uñas del padre Tubelcek» y «Ratas» y «Vetinari» y «Señora Fácil». Más abajo escribió: «Gólems» y trazó un segundo círculo. Alrededor de este escribió: «¿Padre Tubelcek?» y «¿Señor Hopkinson?». Después de pensarlo un poco añadió: «Arcilla robada» y «Grog».

Y luego: «¿Por qué un gólem confesaría algo que no hizo?».

Miró un momento la luz de la vela y luego escribió: «Las ratas comen cosas».

Pasó más tiempo.

«¿Qué tiene el sacerdote que todo el mundo quiere?». Del piso de abajo vino un ruido de armaduras cuando entró una patrulla. Un cabo gritó…
     […]
    … Había habido arsénico debajo de las uñas del viejo sacerdote. ¿Tal vez había echado veneno para las ratas? El arsénico se usaba para muchas cosas. Era algo que se podía comprar a peso en cualquier alquimista.

Escribió «Monstruo de Arsénico» y fijó allí la mirada. Debajo de las uñas se encontraba suciedad. Si alguien había ofrecido resistencia se podía encontrar sangre o piel. No se encontraban grasa y arsénico.

Volvió a mirar la página y, después de pensar todavía más, escribió: «Los gólems no están vivos. Pero creen que sí. ¿Qué hacen las cosas que están vivas?. Resp.: Respiran, comen, cagan». Hizo una pausa, contemplando la niebla, y luego escribió con mucha cautela: «Y crean más cosas».

Algo le produjo un cosquilleo en la nuca…
    […]
    … Grog. Arcilla vieja cocida, machacada bien fina.

GolemDorfHabían añadido un poco de su propia arcilla. Dorfl tenía un pie nuevo, ¿verdad? No se lo había fabricado bien del todo. Habían puesto partes de sí mismos para hacer un gólem nuevo.

Todo aquello sonaba… bueno, Nobby diría que era una ascosidad. Vimes no sabía qué decir. Le sonaba como el estilo de cosa que haría una sociedad secreta. «Barro de mi barro». Mi propia carne y sangre…

Malditos gigantones. ¡Imitando a sus dueños!

Vimes bostezó. Sueño. Mejor que se fuera a dormir un poco. O algo.

Se quedó mirando la página. Su mano descendió con gesto automático al último cajón de su mesa, como siempre que estaba preocupado y trataba de pensar. No es que últimamente hubiera jamás una botella allí, pero las viejas costumbres costaban de…

Se oyó un suave ching de cristal y el ruidito seductor del líquido al agitarse.

La mano de Vimes reapareció con una gruesa botella. La etiqueta decía: «Destilerías Abrazodeoso: El MacAbro, hecho con la mejor malta».

El líquido de dentro casi trepaba de emoción por las paredes de cristal.

Vimes la miró fijamente. Había metido la mano en el cajón para coger la botella de whisky y allí estaba.

Pero no tendría que estar. Sabía que Zanahoria y Fred Colon mantenían un ojo puesto en él, pero no había comprado ni una botella desde que se casó porque se lo había prometido a Sybil, ¿verdad…?

Pero aquel no era un matarratas cualquiera. Aquello era El MacAbro

Lo había probado una vez. Ahora no se acordaba de cómo, ya que en aquella época todo el licor que bebía solía tener la sutileza de un mazazo en el oído interno. Debió de conseguir el dinero de alguna manera. Solamente olerlo había sido como la Noche de la vigilia de los cerdos. Solamente olerlo…

[…]
     SargentoColon… El sargento Colon abrió los ojos y gimió. Le dolía la cabeza. Le habían golpeado con algo. Debía de haber sido una pared.

También lo habían atado. Estaba amarrado de manos y pies.

Parecía estar tumbado a oscuras en un suelo de madera. El aire olía a grasa, lo cual resultaba familiar y al mismo tiempo molestamente irreconocible.

Mientras se le acostumbraban los ojos a la oscuridad pudo distinguir unas líneas muy tenues de luz, como las que podían perfilar una puerta. También oyó voces.

Intentó ponerse de rodillas y gimió mientras le crepitaba más dolor en la cabeza.

Cuando la gente te ataba era mala señal. Por supuesto, era mucho mejor señal que cuando te mataban, pero también podía significar que te estaban guardando para matarte más tarde.

Antes aquellas cosas no pasaban nunca, se dijo. En los viejos tiempos, si pillabas a alguien robando, prácticamente le dejabas la puerta abierta para que se escapara. Así era como volvías a casa de una pieza.

Ayudándose del ángulo que quedaba entre una pared y una caja enorme consiguió ponerse de pie. No era una gran mejora respecto a su posición inicial, pero tras esperar a que se desvaneciese el trueno de su cabeza pudo ir dando saltitos torpes hacia la puerta. Seguía habiendo voces al otro lado.

El sargento Colon no era el único que tenía problemas.

—¡… payaso! ¿Para esto me traes aquí? ¡En la Guardia hay una mujer loba! A-já. No una de esas abominaciones. ¡Una bimórfica completa! ¡Si tiraras una moneda, podría oler de qué lado cae!

—¿Y si lo matamos y nos llevamos su cuerpo?

—¿Crees que ella no podría oler la diferencia entre un cadáver y un cuerpo vivo?

El sargento Colon dejó escapar un débil gemido.

—Esto, podríamos llevarlo a otra parte aprovechando la niebla…

—Y también pueden oler el miedo, idiota. A-já. ¿Por qué no podías dejarle que echara un vistazo? ¿Qué iba a encontrar? Conozco a ese poli. Es un cobarde viejo y gordo con el cerebro de, a-já, un cerdo. Apesta a miedo todo el tiempo.

El sargento Colon confió en no empezar a apestar a otra cosa en cualquier momento...

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   Nobby MarcViñas... Había cuadrillas de hombres que intentaban rodear a los animales. Pero como estaban cansados y trabajando en varias cosas a la vez, y como los animales estaba hambrientos y confusos, lo único que pasaba era que las calles se estaban enfangando mucho más.

Nobby fue consciente de que no estaba solo en el portal.

Bajó la vista. 

En las sombras también acechaba una cabra. Estaba descuidada y olía mal, pero giró la cabeza y le dirigió a Nobby la mirada más sabia que hubiera visto nunca en la cara de un animal. Inesperadamente, y de forma nada característica, a Nobby lo acometió una oleada de compañerismo.

Apagó la colilla de un pellizco y se la pasó a la cabra, que se la comió.

—Tú y yo somos iguales —dijo Nobby.

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     …
     — ¿Qué está pasando, señor Escurridizo? —dijo Zanahoria.

— Ah, hola, capi. Tienen a un gólem.

— ¿Quién lo tiene?

—Ah, unos tipos. Acaban de traer los martillos.

FeetOfClay MascaraZanahoria tenía delante un embotellamiento de cuerpos. Juntó las dos manos, las embutió entre dos personas y luego las separó. Gruñendo y forcejeando, la multitud se abrió como una corriente de agua ante un profeta de primera clase.

Dorfl estaba acorralado al final del callejón. Tres hombres armados con martillos se estaban acercando al gólem con cautela, al estilo de las turbas, todos ellos reacios a asestar el primer golpe en caso de que el segundo golpe les cayera encima a uno de ellos.

El gólem retrocedió, protegiéndose con su pizarra, en la que tenía escrito:

      VALGO 530 DÓLARES.

—¿Dinero? —dijo uno de los hombres—. ¡Es lo único en lo que pensáis, cacharros!

Un martillazo hizo añicos la pizarra.

Luego el hombre intentó volver a levantar el martillo. Cuando notó que este no se movía, a punto estuvo de dar un salto mortal hacia atrás.

— El dinero es lo único en que se puede pensar cuando todo lo que se tiene es un precio —dijo Zanahoria en tono tranquilo, retorciendo el martillo hasta quedárselo—. ¿Qué cree que está haciendo, amigo?

—¡No puede impedírnoslo! —balbuceó el hombre—. ¡Todo el mundo sabe que no están vivos!

—Pero sí puedo arrestarlo por daños intencionados a la propiedad privada —dijo Zanahoria.

—¡Uno de estos mató al viejo sacerdote!

—¿Perdón? —dijo Zanahoria—. Si solamente es una cosa, ¿cómo puede cometer asesinato? Una espada es una cosa. —Desenvainó su espada con un sonido casi sedoso—. Y por supuesto, no puede usted echar la culpa a una espada si alguien la blande contra usted, señor.

El hombre se puso bizco mientras intentaba fijar la vista en la espada.

Y nuevamente, Angua sintió aquel toque de perplejidad. Zanahoria no estaba amenazando al hombre. No estaba amenazando al hombre. Simplemente se estaba valiendo de la espada para demostrar un… bueno, una idea. Y aquello era todo. Se quedaría bastante asombrado si se enterara de que no todo el mundo lo vería así.

Una parte de ella dijo: «Hay que ser alguien complejo de verdad para ser tan simple como Zanahoria».

FeetOfClay AzulEl hombre tragó saliva.

—Me ha convencido —dijo.

—Sí, pero… no se puede confiar en ellos —dijo otro de los portadores de martillos—. Andan con sigilo y nunca dicen nada. ¿Qué están tramando, eh?

Le dio una patada a Dorfl. El gólem se balanceó un poquito.

—Pues bueno —dijo Zanahoria—. Eso es lo que estoy intentando descubrir. Entretanto, tengo que pedirles que vuelvan a sus asuntos…

El tercer operario de derribos había llegado hacía muy poco a la ciudad y solamente se había apuntado a la idea porque hay gente que es así.

Levantó su martillo en gesto desafiante y abrió la boca para decir: «¿Ah, sí?», pero se detuvo al oír un gruñido junto a la oreja. Era bastante suave y débil, pero tenía una diminuta y compleja forma de onda que fue directa a una pequeña parte nudosa de su columna vertebral, donde pulsó un antiquísimo botón llamado Terror Primordial.

Se giró. Una atractiva guardia de la ciudad que estaba detrás de él le dedicó una sonrisa amigable. O lo que es lo mismo, su boca se dobló por las comisuras y todos sus dientes quedaron al descubierto.

El hombre se dejó caer el martillo en el pie.

Zanahoria se volvió hacia el gólem, que se había dejado caer de rodillas al suelo y estaba intentando recomponer su pizarra.

—Vamos, señor Dorfl —dijo—. Lo acompañaremos el resto del camino.

...

 

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Fragmentos de libros. PIES DE BARRO de  Terry Pratchett  Fragmentos (I):

Nuestra portada:
YoPiesEspejoSuelo775
 
VOZ DE LA FOTO.  Un Demonio de Tasmania de peluche y de color patata confundido (aunque evidenciado adrede) en el interior de un saco de 10 kilos de patatas, una máscara monstruo creada por el caprichoso retorcerse de la corteza del tronco de un olmo, alguna paraidolia vislumbrada en una de esas fachadas irregulares de color azufre-albero que cierran algunos solares y que a uno le atraen tanto cuando las pega el sol de plano... Son imágenes que he ponderado para portada de esta delirante novela para decidirme finalmente por ésta que usted ve y que ciertamente parece un poco tristona.
Pero es que el título, "Pies de barro", es un poco equívoco y resultaría más preciso algo así como "Albedrío asesinado" o "Cabeza reprogramada" porque en el maremágnum de situaciones jocosas, personajes histriónicos, diálogos chispeantes, equívocos divertidos, nutrido todo con una abundante y muy grata inteligencia, también nos parece que a la historia está rebozada con un baño triste de denuncia social de injusticas y miserias irresolutas y la pululan grupos de humanos, trols, golems, no-vivos..., sin mucha alegría por la vida o adscritos y resignados al papel que les ha tocado en suerte representar. Ya sabe. Y así es como uno se veía en aquella tarde de lluvia intermitente de la foto, tras horas de un caminar ambulante, lastimero, mohíno y remojado en la auto-conmiseración, para, llegadas las sombras, enfrentarse a un espejo destinado al basurero y descubrir que su imagen reflejada no iba más allá del pantalón mojado y los pies y el corazón de barro.
Pies y corazón de barro reflejados en un espejo de calle.  Madrid 2017   © LCJ     
 
  
Fragmentos de libros            

  p 122

  … 

 —Me ha parecido raro ver a una cabra como mascota en un matadero —comentó Jovial mientras se alejaban a través de la niebla. 

   — ¿Qué? Ah, te refieres a la cabrajudas —dijo Angua—. La mayoría de los mataderos tienen una. No es una mascota. Supongo que se la puede considerar un empleado. 

    — ¿Un empleado? ¿Y qué clase de trabajo puede hacer una cabra? 

   — Ja. Entrar en el matadero todos los días. Ese es su trabajo. Mira, tienes un corral lleno de animales aterrados, ¿vale? Y están deambulando por ahí sin líder… Y hay una rampa que entra en un edificio y que da mucho miedo… y eh, hay una cabra que no tiene miedo, así que el rebaño la sigue y… —Angua hizo un ruido de degollamiento— solamente sale la cabra.

   — ¡Eso es horrible! 

   — Supongo que tiene sentido desde el punto de vista de la cabra. Por lo menos ella sale —dijo Angua.

...

 Continuar fragmentos    (Continuar con los fragmentos de "Pies de barro" )

 

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Fragmentos de libros. MORTAL Y ROSA de Francisco Umbral Fragmentos II:

 

  

                    Editorial:   CatedraDestino               Acceso/Volver fragmentos I de "Mortal y rosa":  HuellaRosaSJose177

 

Continúa

  IconoFraLib ... algo decimos de este libro                                          

      ...  

    ... Por la noche, entra en el sueño como en una gruta viva. Cualquier postura es buena, y el dormir le sorprende siempre yendo a hacer algo, en ademán de tirarle a la luz de su túnica o a apresar el agua por la garganta. Toco su pelo de luz, su rostro simple a la mirada, pero minucioso al tacto, su piel de queso que ama, su carne que huele a calle, a frío, a actualidad furiosa, y a parto el dolor de que el niño haya nacido y pueda morir. Solo quiero sentir en mí ese cuajarón de existencia, esa ráfaga de animalidad que le ha robado al hombre retazos de lenguaje, este amago de humanidad que todavía se asoma a las cuevas húmedas de las otras especies y conversa con ellas.

 

      .Pedro Garciarias Rosas II.. La mar o el mar. Volver. Hubiera querido ser una de esas pequeñas vidas, completas dentro de una cabaña, una barca, un regato. Mas no pertenezco a esto. La naturaleza, tan soñada de lejos, tan leída, solo me da, aquí, la dimensión de mi soledad. Es del tamaño de lo que no soy. Puedo escribirlo todo, pero la literatura es la distancia definitiva que perpetuamos entre nosotros y las cosas. (La literatura ya no es para mí, como antaño –ay- una manera de posesión fornicación con el mundo, sino la secularización de mi aislamiento). Rías, cielos vidas, mares, montes, bosques donde nunca fui ni soy ni seré libre. Respiro hondamente y el mundo me traspasa.

      Luego tristemente, se retira de mí.

 

      ... Pensiones de sombra, horas perdidas, sillones de cuero sintético en el recibidor, penumbra, flores de plástico, corredores, espejos pentagonales con un trébol grabado en cada ángulo, el mensaje oloriento de la cocina, mesas inseguras, y las hojas de los Leganitos Urechperiódicos de la semana, en el retrete, en un clavillo, cuidadosamente cortadas e igualadas, formando un nuevo periódico… El hombre de la pensión estaba en la cocina, haciendo los crucigramas del periódico, dando de comer al canario, yendo a mear de vez en cuando, hablando por teléfono con la tienda de comestibles, porque era un solterón haragán, y las mujeres de la pensión, sus hermanas, andaban azacaneando por la casa, también solteronas, habladoras y menudas, con batas de flores sobre sus rebecas negras, y en una habitación había un pianista tísico que tocaba en una boite afrocubana, y en otra habitación estaba el seminarista huido leyendo a San Agustín y masturbándose, y en otra habitación estaba yo mismo, a lo mejor, con dolor de estómago o de corazón, escribiendo mentalmente el libro que escribe uno durante toda su vida, sin escribirlo, con las neuronas desde el útero materno, y en cuya elaboración y maduración nos cogerá la muerte.

 

    Curzio Malaparte… Oler es un actividad poética. El olfato es quizá el sentido más lírico. «Perro como yo», titula Malaparte un poema en prosa sobre los olores y las capacidades olfativas del pero. Todo lo que nos perdemos por no se perro. Hay que dar los olores en lo que se escribe. Antes, cuando era un escritor joven y responsable, quería describir minuciosamente las situaciones, los lugares. Luego comprende uno que basta con dar un olor o un color. Al lector le basta. Al lector le sirve esto mucho más. Dice Baroja de una calle que era larga y olía a pan. Ya está. Un largo olor a pan. Para qué más.

      El arte descriptivo, minucioso, es pueril y pesado. El arte expresivo, expresionista, aísla rasgos y gana, no solo en economía, sino en eficacia, porque arte es reducir las cosas a uno solo de sus rasgos, enriquecer el universo empobreciéndole, quitarle precisión para otorgarle sugerencia.

 

      ... Decirlo una vez más. Escribirlo una vez más. La salud es un delicado equilibro de deflagraciones. La cabeza que suena, los ojos que duelen, los oídos que pitan, la garganta que escuece, el vientre que sufre, los enfisemas, los vértigos, el insomnio, el miedo, las caries, las infiltraciones hiliares, las arritmias, la tos. Estamos vivos de milagro. Lo científico sería morirse en seguida.

 

     MyRAustral... Si no hay transparencia no hay escritura. Puede haber un trabajo de amanuense, pero nada más. El hombre, el escritor, tiene que elegirse transparente o pendolista. Casi todos optan por el pendolista, porque tienen voluntad de poder y poque les parece más lúcido. Escribir es una prestidigitación en cuanto que consiste en desaparecerse, como los ilusionistas del cabaret. Hay días en que el ilusionista no está en forma, se encuentra opaco, se queda en el sitio. El escritor tiene que dejar pasar la luz de mundo sobre la cuartilla, el sol sobre la escritura. Casi todos los escritores estorban a su obra, están delante de ella, echan su sombra de sombrones encima de la prosa.

      La prosa es prosa porque tiene sombra, la sombra del tío que está encima. Si no tiene sombras es poesía…

 

      ... Es la hora de la media tarde, la hora en que yo debiera estar viajando en ese cometa quieto que es el cóctel de cada atardecer, con su cola luces y damas, de copas y risas, gozando de lo que llamaremos mi pequeña gloria literaria. O sea, lo que me corresponde, aquello a lo que tengo derecho. Uno ha trabajado, ha hecho unos libros, unos artículos, unas cosas. Uno ha tenido constancia, paciencia. Uno debiera estar ahora recaudando todo esto, recibiendo sonrisas, felicitaciones, parabienes, el beso húmero y falso de la gloria, la copa venenosa de la fama, el picoteo malicioso de la popularidad. Uno ha sido tan estúpidamente paciente como para perder el tiempo y la vida en fabricar rectángulos impresos de grosos variable, nunca con más entidad que una caja de puros llena. Uno podría ir ahora por la vida repartiendo y recibiendo puros.

      A la mierda con todo.

      

      AdaptacionMyR... La alegría es un camino más corto. El dolor es un laberinto con angustia de perderse. La alegría nos lleva en linea recta y eso vale más que la alegría misma. Pero el dolor duda continuamente, vuelve atrás, como una bestia sombría que no acaba de aprenderse el viejo camino. Voy tras sus ocuras pezuñas y de ven en cuando, sí, beo en las fuentes amargas y densas, con sabor a hierro y a muerte. No huyo mi dolor, no me lo dosifico, como el suicida precavido o la dama sin sueño. Bebo y bebo. Me fulminará el veneno o lo agotaré. No quiero cucharaditas de plata para sufrir. A morro, directamente, bebo a borbotones sangre de niño, muerte de niño, la hemorragia necia y dulce del mundo.

 

      ... En noches de ahogo, al pie de mi hijo enfermo, velando su navegación agónica hacia la muerte, he sentido el tirón hondo de la infancia, de lo lejano, el retorno a cuado nada había ocurrido, al principio de mi vida y he escrito cosas tan sencillas como éstas, buscando la simplicidad consoladora y aclaratoria de mi vida primera. Calle de tantos astros, rinconada del tiempo, la dimensión del mundo me la daba un vencejo. Oro de las mañanas empobreciendo el cielo, soles de cada tarde en un ladrillo eterno. De los países del alba venían los buhoneros y en sus pregones altos flotaba un hombre muerto. Calle de tanta noche, mitología del miedo, madres de los difuntos en las tapias de enero. UmbralYPinchoSonaban las iglesias enormes de silencio y pasaba la yegua inmensa de los tiempos. El hombre más remoto era solo un lechero y el Dios de los espacios era solo mi abuelo.

 

      Solo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Solo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdía para siempre. Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelo doraba la calidad del día. Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia, como dicen que es Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos, una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse, Si no, haría ese gesto y nada más.

...

 

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Fragmentos de libros. NATURALEZA DE LA NOVELA de Luis Goytisolo Fragmentos II:

  

   Editorial:  Anagrama       Acceso/Volver a los Fragmentos I de "Naturaleza de la novela": AlTimbrePistola177

 

Continúa 

 P109

         DostoievskiFiódorLa experiencia aquí descrita no es otra que el llamado momento áureo, que precede a un ataque de epilepsia. Dostoiesvsky era epiléptico, y se diría que a un origen similar a ese momento áureo responden las acciones y determinaciones tomadas por sus héroes.

   

 

P122

            El carácter invasivo de la novela como género al que me he referido se inicia ya en el siglo XIX, cuando algunos de sus poetas más valiosos –Rimbaud, Lautréamont- abandonan las formas tradiciones para adentrarse en la prosa, una prosa en la que descubren posibilidades expresivas que no le permite el verso. Como Mallarmé: su Un coup de des jamais n’abolira le hasard, prefigura tanto el Ulises como Finnegans Wake. Al igual ya en el siglo XX  que The Waste Land, de T.S. Eliot.

LauElioMallJoyce

      Uno de los cambios más perceptibles por el lector en la novela del siglo XX respecto a la decimonónica es la desaparición del narrador-Dios, del narrador omnisciente, que comenta e incluso anticipa los acontecimientos, un proceder hasta entonces habitual. Pues, entrado el nuevo siglo, se va generalizando el uso de una serie de variantes que van desde el objetivismo o visión cenital al uso siempre más versátil de la primera persona, a un punto de vista expresado en tercera o a una transcripción lo más fiel del pensamiento, el llamado monólogo interior.

         GeorgeGrosz1922Un factor de gran importancia si pensamos en el papel que desempeña en autores tan diversos como Proust, Joyce o Dos Passos. Su presencia condiciona los elementos más tradicionales del relato: argumento, entorno ambiental, personajes. Y otorga un nuevo énfasis a otro que por supuesto ya existía –el estilo-, pero que ahora adquiere un papel decisivo en el relato, así como la posibilidad de adoptar un carácter cambiante según las conveniencias de éste. Finalmente, afecta también al tono, le ton, mencionado por Proust, algo íntimamente relacionado con el estilo pero con el que no hay que confundirlo: lo que pudiéramos considerar su alma, en la medida en que de él emana la eventual emoción que despierta en el lector la realidad evocada. 

         La más perfecta combinación de los componentes del relato que acabo de mencionar es si duda la que ofrece En busca del tiempo perdido. Gracias a ello, ajeno totalmente a los ambientes evocados en la novela, el lector se siente, según lee, como en casa. Con una particularidad: el relato no se realiza conforme al estilo objetivo, uno de los grandes rastos, como se verá, de la novela del siglo XX, sino a partir de un punto de vista subjetivo: el de Marcel. Y Marcel se engaña con frecuencia –factor importante en el desarrollo de la trama-, por lo que el lector poco avezado corre una vez más el peligro también engañarse, de creer a pie juntillas lo que se le cuenta.

MarcelP

          La experiencia que fascina al lector de toda gran novela es el hecho de que cuando lee que tal o cual personaje está haciendo algo, percibe interiormente no ya el acto descrito sino la totalidad del personaje que lo realiza tal y como lo imagina de acuerdo con la idea que de él se ha formado a partir de los rasgos y demás datos personales que el autor le ha suministrado hasta el momento: un personaje, así pues, a la vez objetivo y subjetivo, suma de lo escrito al respecto y de la interpretación de lo que ha leído hecha por cada lector. Y lo que vale para los personajes vale asimismo para los ambientes, para los paisajes, para los comportamientos sociales desplegados ante los ojos del lector.

   

P135

         Autores MMSKB

      Coetáneos de Mann a la vez que muy distintos, Kafka y Musil. Dos autores contrapuestos también entre sí (conciso y tajante, Kafka; intrincado, minucioso e inacabable, Musil), pero portadores ambos de una fuerte carga metafísica, expresada no en los términos abstractos de un planteamiento filosófico sino integrados en el propio desarrollo del relato. Mientras el héroe de Kafka se las apaña como puede sometido a fuerzas desconocidas, el de Musil no acaba de encontrarse a sí mismo en los más profundo de su ser. Planteamientos que décadas más tarde retomarán autores como Bernhard o Sebald, lo que hace del siglo XX el momento culminante de la narrativa alemana. Mientras Bernhard se ensaña con su propio discurso, Sebald se caracteriza por estar contando una cosa hasta que, en un momento determinado, el lector percibe que al mismo tiempo le esta contando otra; un recurso –esencial, por ejemplo, en Los anillos de Saturno- hacia el que me siento, por afinidad, especialmente sensible.

       La adecuada combinación de los elemento mencionados: el SUPRARRELATO, un concepto muy parecido a lo que T.S. Eliot denominaba CORRELATO OBJETIVO: El impacto emotivo que en cada lector suscita la interiorización de las palabras en determinados momentos del relato. Algo similar a la emoción que pueden suscitar en nosotros determinados momentos de una pieza musical, pero que, en modo alguno, reside en la musicalidad del texto. Al contrario: la música puede llegar a ser el peor enemigo de la poesía y de la prosa, del mismo modo que el peor enemigo de la pintura es la literatura.

  

P157

CorrelatoObjetivo

 Los elementos constitutivos de la novela se han ido haciendo –sin que ello suponga un juicio de valor- cada vez más complejos, tanto en lo que concierne a lo que convencionalmente se entiende por fondo como lo que refiere a la forma. De la fusión de ambos, también de acuerdo con el léxico tradicional, brota el mensaje. A mi entender, mejor que hablar de mensaje o de fondo, es considerar por separado sus componentes temáticos: argumento, personajes y entorno o escenario. Y en lugar de forma, prefiero hablar de estructura, estilo y tono. De la combinación de todo ello se crea EL SUPRARRELATO, un concepto al que yo doy el significado ligeramente distinto del CORRELATO OBJETIVO formulado por T.S. Eliot. Según él, solo había un camino para expresar determinado sentimiento de forma artística: buscar un correlato objetivo, es decir, un grupo de OBJETOS que puedan servir de referencia para este sentimiento particular, de modo que, una vez dados los hechos exteriores –que deben culminar en una experiencia psicosensible-, el sentimiento sea evocado de un modo inmediato.

    ManantialesDeAguaLo que yo entiendo por suprarrelato, con todo y referirse al contenido objetivo del relato, hay que centrarlo más bien en la percepción subjetiva que cada lector extraiga del relato, algo que reside no tanto en lo evocado cuanto en las palabras utilizadas para evocarlo, las únicas con las que se puede decir debidamente lo que se ha dicho. Una evocación susceptible de provocar en el lector una descarga emocional equiparable a la que es capar de generar, de súbito, determinada pieza de música.

     De la suma de todos esos componentes del relato surge la significación de la obra. Una significación reside o puede residir en fragmentos o partes de ella a la vez que en el conjunto. Y muy especialmente en aquellos que, a modo de fractales, sean réplica de ese conjunto.

  

P171

    En la actualidad, la pérdida de tales conocimientos explica en parte el éxito de los nuevos productos –novelas, películas, series televisivas, juegos de ordenador-, por lo común de carácter tan brutal como incoherente, con independencia de que se hallen situados en el presente, en el pasado o en el futuro. De ahí el paralelo, establecido páginas atrás, entre semejantes contenidos y los de las primitivas mitologías germánicas, cuya incoherencia queda de manifiesto si se compara con la significación propia de la grecolatina, donde no ya los héroes sino lo propios dioses son una proyección de los impulsos del RealityAndFictionser humano, de sus esquemas mentales y emocionales, el amor, la sabiduría, la guerra, la belleza, el comercio, la agricultura, el tráfico marítimo…

    En cualquier caso, el equívoco entre realidad y ficción mantiene su vigencia, si es que en algún momento ha desaparecido. Lo mismo que el razonar a la inversa: si la novela no responde fielmente a unos hecho reales es una mentira. Creencia ampliamente establecida como pude comprobar hará ya unos años en una universidad norteamericana, donde una buena parte del alumnado no suele conocer otra historia que la de su propio país: la sorpresa de una estudiante ante mi afirmación de que los hechos relatados en una novela no tenían por qué responder a una realidad concreta, que su verdad respondía a otras características.

...

 

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Fragmentos de libros. SHIKASTA de Doris Lessing  Fragmentos II:

 

Editorial: minotauro       Acceso/Volver a los Fragmentos I de "Shikasta": EstatuaPenumbra177

 
Continúan fragmentos: Johor informa...  
 

      ...

    ... Y para los Nativos ni siquiera había mensaje de esperanza, a menos que llamemos así al anuncio de que en un futuro remoto habría una remisión: la evolución volvería a comenzar ... al cabo de siglos y milenios.

   La razón de ser, la función, la utilidad de los Gigantes era ayudar a que los Nativos evolucionasen. Pero los Nativos, hermanos de los Gigantes, de la misma hechura, estaban condenados a degenerar... Los Gigantes eran el mellizo sano, el más vigoroso, el que se salvaría en una operación que mataría al otro.

    Todo eso tenía que decirles.
    Lo dije.
    Y esperé a que lo asimilaran.

    […]

   SIxZone Album… Todos somos hijos de las estrellas y de las fuerzas que las mueven; las estrellas forman parte de nosotros y nosotros de ellas; juntos nos movemos en una rueda de la que nunca y por ninguna razón podremos sentirnos al margen. No obstante, cuando los Dioses hacen explosión, se descarrían, se disuelven en volátiles nubes de gas, se contraen, se dilatan o bien se someten a cualquier otro avatar que el destino les imponga. Entonces las pequeñas partículas que constituyen su sustancia, minúsculas como son, pueden, no diré protestar, lo que sería impropio de la posición que ocupan en el universo, pero sí dar a entender que conocen la ironía; sí, a veces pueden permitirse -siempre con respeto- una mínima mueca de ironía…

 

138
    De Historia de Shikasta, VOL. 3. 0 12, El Siglo de la Destrucción EXTRACTO DEL CAPÍTULO SINÓPTICO.

   … En grandes zonas del hemisferio septentrional el nivel de vida era el que hasta hacía poco había estado reservado para los emperadores y su corte. En el Continente Septentrional Aislado, sobre todo, la riqueza era escandalosa, incluso a los ojos de muchos de sus propios ciudadanos. Los pobres vivían allí como habían vivido los ricos en épocas pretéritas. En el continente se amontonaban los residuos, los desechos, los despojos del resto del mundo. Alrededor de cada ciudad, de cada pueblo y hasta del más insignificante villorrio del desierto, había inmensos basureros de objetos y alimentos desechados que en otras regiones menos favorecidas del globo hubieran salvado de la muerte a millones de seres humanos. Los viajeros que visitaban el continente se maravillaban, es cierto, pero de las cosas que la gente creía poder tener por derecho propio.

     Esta cultura dominante daba el tono y era el modelo de casi toda Shikasta. Porque, a pesar de las etiquetas ideológicas que distinguían a cada nación, todos compartían el principio de que la tecnología era la clave de la felicidad, y de que la felicidad consistía en el eterno progreso material, en la acumulación de bienes, placeres y comodidades. Los verdaderos fines de la existencia, pervertidos desde hacía tanto tiempo, y a duras penas y a qué precio preservados por nosotros, habían caído en el olvido, reducidos a parodias por quienes alguna vez los conocieron, pues las religiones sólo DSC03570conservaban atisbos desnaturalizados de la verdad. Y durante todo ese tiempo el planeta era saqueado. Se arrancaban los minerales de sus entrañas, se despilfarraban los combustibles, se empobrecían los suelos, explotándolos sin tener en cuenta el futuro, se exterminaba la fauna y la flora, se llenaban los mares de veneno e inmundicia, se corrompía la atmósfera; constantemente, a todas horas, la maquinaria de la propaganda machacaba, más, más, más, bebed más, comed más, consumid más, despilfarrad más, como en un delirio, como una obsesión. Eran seres enloquecidos, y las débiles voces que protestaban no bastaban para detener el proceso desencadenado y sustentado por la codicia. Por la falta de sustancia de la unanimidad en el sentir.

    Pero las inmensas riquezas del hemisferio norte no estaban equitativamente distribuidas, y las clases menos favorecidas se mostraban cada vez más rebeldes. La población del Continente Septentrional Aislado y de las franjas del noroeste incluía también mucha gente de piel oscura, importada en un principio como mano de obra barata, para llevar a cabo los trabajos menospreciados por los blancos: y aunque esta parte de la población participaba en cierta medida de la abundancia general, en conjunto puede decirse que en Shikasta los blancos prosperaban y que los de tez oscura vegetaban.  

     Y los de tez oscura, que odiaban a los explotadores blancos como quizá nunca se haya odiado a ningún conquistador, lo decían en voz más alta cada vez.

    Dentro del territorio de cada nación, el descontento crecía por todas partes, al norte, al sur, al este y al oeste. No sólo como consecuencia del abismo que había entre pobres Y ricos, sino también porque aquel modo de vivir, fundado en el criterio único de un aumento creciente del consumo, entristecía y deprimía sus verdaderas naturalezas, sus naturalezas ocultas, que eran desdeñadas, despojadas, engañadas por todas las instituciones y todas las autoridades a quienes tendrían que respetar -les habían dicho-, pero que ya no respetaban…

205

   LluviaLuz De JOHOR informa
    He aquí el informe solicitado sobre los individuos que, de no haber caído Taufiq en poder del enemigo, habrían corrido una suerte muy distinta; lo mismo digo de ciertos acontecimientos. No comentaré en todos los casos -y en algunos ni siquiera lo mencionaré- el papel que John Brent Oxford hubiera podido desempeñar. 

     Para este nuevo encuentro, entré en Shikasta desde varios puntos de la Zona Seis , aunque utilizando, en la mayoría de los casos, el hábitat de los Gigantes

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    De INFORMACIÓN SUPLEMENTARIA. I.

   El Conflicto Generacional: Para emplear una expresión shikastiana muy en boga en esta época, utilizada por todo tipo de «especialistas» y en los contextos más diversos. 

    Este fenómeno, conocido en todas las especies animales, se ha exagerado y tergiversado en Shikasta durante estos últimos tiempos. Siempre hay un momento en que la hembra rechaza al cachorro demasiado crecido para mamar, en que el ave empuja fuera del nido al polluelo. Ese momento en que el niño pasa a ser adulto, ha dado lugar en todas las culturas a distintas ceremonias, públicas o privadas: desde este punto de vista, el «conflicto generacional» ha de ser considerado un fenómeno sociológico innato o, cuando no se manifiesta en un rito, un fenómeno psicológico también innato… 

   […]  … Así pues, la unidad de «tiempo» es distinta para el niño y para el joven, y distinta también para la gente madura y para los ancianos. Se puede decir, en términos generales, que la vida actual del shikastiano describe una curva que culmina en la edad madura, alrededor del quinto decenio. Antes habrá conocido el estado de gracia de «viviré mil años»; pero de pronto, como si un velo se desgarrara, no tarda en comprender que hasta entonces ha vivido en una ilusión.

     generationskonflikt2El individuo de edad madura ha dejado atrás la mitad de la vida, la mitad del «tiempo que le toca vivir», y ahora, después de tantas esperanzas de eternidad, le parece que la vida pasada es un sueño, que todo cuanto puede esperar es otro sueño ilusorio y breve. Y sabe que cuando esté a punto de morir -que será muy pronto- evocará momentos y experiencias tan irreales como las que antes recordaba cada mañana, al despertar: experiencias emocionantes, placenteras o aterradoras, ya desvanecidas, o casi olvidadas. 

     Los shikastianos se vuelven esperanzados hacia sus hijos, la descendencia, la posteridad; pero ellos, los herederos, los miran con decepción, o peor aún.

     Una de las razones de esta actitud es que los hijos identifican a los progenitores con la horrible situación de Shikasta: la vieja generación encarna el caos y el terror visibles por doquier. Y no es un fenómeno de naturaleza intelectual sino afectiva, porque la mayoría de los jóvenes, si se les pregunta algo así como: ¿Crees de verdad que tus padres son personalmente responsables del Siglo de la Destrucción?, responderán: ¡Desde luego que no! Pero lo que a menudo sienten es aversión y hostilidad, pues los padres han permitido que todo eso ocurriera. 

     Otra de las razones es que a los shikastianos de hoy, hijos como son de esta era de la tecnología, del materialismo, les ha sido inculcada la idea de que tienen derecho a todo, que pueden y deben tenerlo todo. Y el joven -hablo de la gran mayoría, no de las raras excepciones- se enfrenta a sus padres con animadversión porque se le ha prometido todo y pronto comprende que no será así; y siente este desengaño, esta decepción, como una promesa rota, que se suma a los otros reproches.

    EdPortuguesaNo conocen su propia historia, la de su especie, ni las verdaderas razones de la situación en que se encuentran: no saben nada, no entienden nada, pero están convencidos -pues han sido educados en la arrogancia- de que son los herederos de todos los conocimientos y la sabiduría del mundo. Sin embargo, la cultura ha degenerado, y los jóvenes la aborrecen. En verdad la repudian y a la vez se aferran a ella, le exigen, le sacan todo lo que pueden. Y a causa de este odio llegan a repudiar lo que queda de bueno y sano en los valores tradicionales. De modo que el joven se encuentra de pronto afrontando la vida como si estuviera solo, sin normas, sin leyes, sin nada que lo guíe. ¿Cómo podría haber algo bueno en esa brutal anarquía que ven alrededor? Sin embargo, tienen cierto discernimiento y son capaces de actuar con inteligencia; es lo que se les ha enseñado. Están preparados para ser independientes y tomar sus propias decisiones, y se empeñan en delimitar sus territorios afectivos con la implacable crueldad y el egoísmo que caracterizaban a las franjas del noroeste cuando esas bestias dominaban el mundo, saqueando y destruyendo; pero ahora no son sólo los habitantes de las franjas del noroeste, son todos y en todas partes. Tienen por delante una vida larga, ilimitada..., ya habrá tiempo de enmendar errores, de tomar nuevos rumbos, de trocar lo malo en bueno...

    Y los adultos los miran, desesperados.

     Nada de cuanto digan los adultos será escuchado por esos niños de pecho que deambulan entre las brumas irisadas de sus ilusiones.

   Casi todos los adultos, en especial los del hemisferio norte y los de las clases acomodadas de cualquier país, han vivido con la convicción de que no habrá que rendir cuentas, y mientras tanto viven en pleno naufragio, arrojados a playas inhóspitas, soportando las consecuencias de las piraterías juveniles. La mayoría quisiera deshacer lo que ha hecho; «lo haría todo diferente si volviera a ser joven». Desean transmitir este sentimiento a sus hijos. «Por amor de Dios, no hagas eso, ten cuidado, hay tan poco tiempo por delante..., si lo haces, ya verás cómo pasa esto, eso y lo de más allá.»

    Pero los jóvenes «tienen que aprender por sí mismos». Es su derecho pues sólo así encontrarán su identidad, y lo sienten como una necesidad imperiosa. (Como lo fue antes para sus padres, que saben que es inútil decirles que pueden estar equivocados.) Renunciar a un desarrollo personal, a expresarse y descubrirse, significaría para ellos sucumbir a presiones que consideran intolerables, corruptas, falaces.  

    Generaciones Los viejos observan a los jóvenes con ansiedad, con tristeza, con temor. Lo que ellos han aprendido es, sobre todo, lo que cuestan las cosas, lo que hay que pagar, las consecuencias y los resultados de lo que se hace. Pero sus vidas habrán sido en vano, porque nada de todo cuanto han aprendido se puede transmitir. ¿Para qué haber aprendido tantas cosas, con tanto esfuerzo, a un precio tan alto para ellos y para otros (a menudo los propios hijos) si la generación siguiente no puede recibir nada de ellos, aceptar nada como «dado», como sabido, como ya comprendido?

    Y esos viejos que han pasado por muchas experiencias saben demasiado bien que todos los horrores son posibles y en realidad inevitables, pero los jóvenes piensan que, bueno, tal vez sea para bien.

     Los viejos viven esperando, anhelando, que los jóvenes recuperen la razón y comprendan que les queda muy poco tiempo, y muy poco también al planeta: «¡Por amor de Dios! No hay tiempo, ni para vosotros ni para nosotros, y lo perdéis en pavoneos y jueguecitos...»

    Pero los jóvenes no cejan y siguen con sus hordas, sus pandillas, sus grupos, sus cultos, sus partidos políticos, sus sectas, vociferando consignas, infinitamente divididos, enfrentados unos a otros, siempre cargados de razón, empujando para estar entre los primeros. Y ahí están: son el futuro, un futuro que se ha condenado a sí mismo.  

      Los viejos no tienen futuro porque, sobre todo en el caso de criaturas que han de morir casi antes de recobrar la razón, son los jóvenes los que representan el futuro. Los viejos recuerdan el pasado como una breve bruma irisada y dicen: «Yo no he vivido.» Y es verdad. Pero miran a sus hijos ... y comprenden que tampoco ellos vivirán.

     En Shikasta, aquí y ahora, ésta es una de las grandes fuerzas. En medio de las innumerables divisiones y subdivisiones (pueblos, razas, sub-razas, ideas, credos, religiones) hay una que opera en todas partes, en todas las áreas geográficas: el abismo que separa a los jóvenes de los viejos.

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    Shikasta Boo2De JOHOR informa.

   He aquí una lista de los individuos cuya vigilancia me encomendaron. No he incluido aquellos cuya situación es satisfactoria y que evolucionan de acuerdo con nuestros planes. En cambio, he agregado otros que, según nuestros agentes, podían estar en dificultades y cuyos nombres -pues su situación no era aún conocida en Canopus no figuraban en la lista original. Se los ha incluido en otras listas que las de aquellos shikastianos que yo tenía que encontrar y ayudar a causa de la desaparición de Taufiq.

      [Los shikastianos pierden buena parte del tiempo en asombrarse del comportamiento ajeno y en comentarlo. Esto se debe, en cierto modo, a que sus conocimientos en el campo que ellos denominan «psicológico» son insuficientes, y si los tienen no los aplican.

      La sorpresa, agradable o no, que ellos sienten ante un hecho cualquiera, se produce casi siempre cuando una pulsión interior trata de manifestarse en encuentros o conflictos personales. La sabiduría popular resume esta evidencia diciendo que muchas gentes se sienten atraídas por quienes las harán sufrir. Y es verdad que la fuerza o dinámica oculta que impulsa a Shikasta a avanzar por arduos y penosos derroteros, y en la que algunos ven un «guía» o «timonel interior», no tiene en cuenta la «felicidad» ni el «bienestar» cuando trata de encauzar a un individuo hacia un mejor conocimiento de sí mismo, hacia una mayor comprensión.

     En general, no es necesario encaminar a un individuo hacia tal o cual relación o situación: los componentes de su personalidad, ciertos aspectos de los que acaso no tengan ninguna conciencia, lo empujarán, en virtud de las leyes de la atracción y la repulsión, a los lugares y personas que le serán beneficiosos. Tales encuentros forzosos y benéficos entre dos personas, o todo un grupo de personas, se producen a menudo, aunque quienes los ven desde fuera pensarían que se trata de un «milagro» o de una «gracia de la providencia». A veces, los miembros de la pareja -o del grupo- han sido atraídos el uno hacia el otro a través de los mares, teniendo que vencer, hasta encontrarse, los peligros más «inverosímiles», porque se necesitan, porque necesitan aprender el uno del otro. No obstante, para el espectador desavisado, este proceso tiene muchas veces la apariencia de una lucha o una parálisis infructuosa y sin sentido, e incluso perjudicial. 

     Y sin duda, de hecho, a veces estos encuentros son erróneos, infructuosos y nefastos. ¿Acaso podría ser de otro modo en la situación extrema de la pobre Shikasta, al final del largo proceso que la ha llevado a tan vergonzoso estado?

     Pero, una vez más, no siempre es así, y los protagonistas podrán decirse un día, el uno al otro, al evocar aquellas horas que vivieron como penosas, como dolorosas hasta el límite de lo insoportable, o como erróneas: ¡Cuántas cosas aprendí entonces! ¡No cambiaría esa experiencia por nada en el mundo! Los Archivistas.]

      De DOCUMENTO LYNDA COLDRIDGE
          (Nº 17 de este Informe)

      [...]
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      … Cuando escribí todo esto me olvidé de poner algo importante. Si una persona es un juego de cajas chinas, una dentro de otra, entonces ¿el mundo también es así? Lo escribo porque es importante. Cuando me miro desde fuera me doy risa. Veo al vejestorio de Lynda, puro hueso con los dedos sanguinolentos. Pero la persona que mira no es así. Lo que importa no es el vпаранойяejestorio con ese vestido poco elegante. (Tampoco hoy pude entrar en el cuarto de planchar, se había perdido la llave, doctor Hebert, si usted cree de veras que hay que cuidar la apariencia, por uno mismo.) Así que quizás hay otro mundo que mira este mundo nuestro, este lugar horrible. Este infierno. ¿Usted sabía que esto era el infierno, doctor Hebert? ¿Lo sabe? Cuando lo dije, usted sonrió. Es su enfermedad, pensó. Pero esto es el infierno, doctor Hebert. Pero supongamos que lo que yo pienso sea verdad, que hay otro mundo, una especie de réplica más ligera de este pesado terrón de miseria retenido por las cadenas de la gravedad, sí la gravedad, ese terrón tan pesado y tan denso. Supongamos que ese otro mundo se desprenda de éste como si fuera un guante y se da vuelta para mirar el infierno y se encoge de hombros. Y otro mundo, y otro. Cajas chinas redondas. ¿Le hace gracia? Noto una sonrisa en su cara así que supongo que es gracioso…

 

  De DOCUMENTOS RELATIVOS a
        GEORGE SHERBAN (JOHOR)

         

       De DIARIO DE RACHEL SHERBAN

      [...]
       311
      Shikasta Boo1… Era una fiesta, se celebraba algo. Los niños habíamos ayudado a servir las bebidas, la comida y esas cosas. Lo hacíamos para contentar a nuestros padres. A Benjamín no le gustaba. Decía que teníamos sirvientes y que por qué no lo hacían ellos.

     Durante la reunión George adivinó lo que yo estaba pensando y me miró con esa sonrisa tan suya que quería decir: sí, lo sé y estoy de acuerdo. Yo estaba pensando en lo tontos que eran los adultos, que se pavoneaban dándose importancia, como hacen todos los adultos. 

     Por la noche, sentados en el muro a la luz. de la luna, George dijo: había treinta personas. 

     Yo ya sabía por el tono de voz. lo que quería decir. 

    Y pensaba, como tantas veces, que yo sabía exactamente lo que George quería decir, y Benjamín casi nunca. Pero casi en seguida dijo algo que no me esperaba. Me acuerdo de esa noche porque lloré mucho. Por dos razones. Una, que yo no sabía lo que él pensaba, no más que Benjamín. La otra, que George se sentía sin duda muy solo para tener esa clase de pensamientos.
George dijo: todo el tiempo sirviendo tazas de té y vasos de licor y diciendo por favor y gracias...

     Yo me reí pues entendí muy bien lo que quería decir. 

     Pero en seguida dijo: treinta vejigas repletas de orina y treinta culos repletos de mierda, y treinta narices repletas de moco, y millones de poros exudando grasa...

     Yo me asusté, porque hablaba con voz áspera, irritada. Y siempre que oía esa voz., creía que era yo quien lo irritaba.ç

    Siguió hablando: una sala repleta de mierda y de orina, de mocos y de sudor. Y de cánceres y ataques cardíacos y bronquitis y neumonías. Y de ciento cincuenta litros de sangre. Y por favor y gracias y sí señora Amaldi, y no señor Volback, y por favor señora Sherban, y por Dios Ministro Mobote, y yo soy más importante que usted, Señor Doctor Titular Decano en Jefe.

    Me daba cuenta de que estaba indignado. Y nervioso, además, como se ponía a veces, con el cuerpo contraído. Y las piernas enroscadas una alrededor de la otra.

    Estaba furioso. Se echó a llorar.
    Dijo: es un lugar terrible, terrible.

    Eso no me gustó, me acosté y estuve llorando en cama.

    Al día siguiente él estaba muy simpático y jugó mucho conmigo, pero yo no sabía si tenía que alegrarme, porque me trataba como a un bebé…
   […] 

    Book3Benjamín. Las cosas siempre han sido así. Él ha querido siempre, desde el principio, un poco más de lo que le ofrecían. Quería que lo invitaran a él, sólo a él, Miriam o Hasan o quien fuera. Apuesto a que si Miriam lo hubiese invitado a él solo, no la habría encontrado aburrida. Y cuando teníamos preceptores y George salía con alguno de elles, Benjamín nunca quería acompañarlos. Una vez dijo: ¡Ese negro estúpido! Y lo curioso es que en realidad no lo piensa. Quiero decir que no cree que los negros sean estúpidos ni nada parecido. Dice esas cosas porque son parte de su estilo. Y eso es lo terrible, si uno se pone a pensarlo. Quiero decir que cualquiera puede representar una comedia, pero luego no puede salir de la comedia. Es como el cuento del mimo que no podía quitarse la máscara. Hay algo terrible en todo esto

 

De DIARIO DE RACHEL SHERBAN

      [...]
       406
      … He comprendido algo. Me asombra no haberlo comprendido antes. Hay alguien, algo que necesita esta matanza, este sufrimiento, esta muerte, muerte, muerte. Sangre y más sangre. Alguien ha de aspirar el fétido olor a sangre que exhala este planeta. Alguien. Algo. No hay nada que no tenga una función. Todo cuanto sucede responde a un plan. Algo lo necesita Sucede porque hay una situación de necesidad. No hay nada que suceda porque sí. Hay alguien, algo que necesita de toda esta barbarie, toda esta sangre.

     El Diablo, supongo.

    Tengo la impresión de encontrarme, de pronto, con una llave en la mano.

    DosVelasParaElDiabloHe leído que la mayor astucia del Diablo es que nadie cree en él, en ella, en eso. La verdad, hemos sido muy estúpidos.
Me siento muy rara. Como si no estuviera aquí. Como si no existiera.

    El viento sopla a través de mí. Lo siento soplar a través de mis grietas y hendiduras. Siempre tengo frío.

    Voy y vengo por la casa y siento que floto en la irrealidad. Es una palabra. Observo la palabra y no es nada. Una vez más, no hay palabras...

 

    De BENJAMIN SHERBAN , CAMPO 16,
         CHECOSLOVAQUIA, a GEORGE SHERBAN
         en SIMLA

    418
      … Bien.
      Fin de las buenas nuevas.
      Comienzo de las malas.

     Así estábamos, el sexto día, todos tan alejados de nuestros tontos yoes habituales que de sólo recordarlos sentíamos náuseas. Y hete aquí que durante el desayuno aparece un individuo, sin presentarse, y se sienta como si tal. Tampoco los chinos lo conocían. Eso era más que evidente. 

      Aunque después de la primera sorpresa pretendieran que no era una sorpresa. Al menos algunos. Lo que nos salvó, como de costumbre, fue el hecho de que es absolutamente imposible lavar todos los cerebros al mismo tiempo y en la misma medida. Algunos de nuestros mentores, no todos, se las ingeniaron para poner al mal tiempo buena cara y presentar un frente más o menos unido. Así fue como supimos que esta Benevolencia les era desconocida.

      HombreReptilPero qué reptil. Tipo tecnócrata internacional, con eso lo digo todo. 

     El Hombre Imperturbable se introdujo inmediatamente en uno de nuestros grupos de discusión, precisamente en el que yo estaba. Llegó sonriendo. Se sentó sonriendo. Y te diré una cosa: hace tiempo que he llegado al punto en que cuando veo Cierta Sonrisa, tengo ganas de sacar el revólver.

     La atmósfera... no era la misma.

    Se había vuelto espesa. Todos seguíamos proponiendo temas, y dentro del espíritu de los últimos días, pero las palabras caían en el vacío. Literalmente. Eso era, tal como suena, lo que ocurría. Las palabras lanzadas a volar como cometas al aire de la esperanza, guiadas por los bramantes de la concordia caían plop hechas añicos. Como heridas por un perdigón.
      ¿Me sigues?
      Y allí estábamos todos, tratando de volver a elevarnos como cometas y desplomándonos sobre la colina de la decepción y la inepcia...

 

 De    CHEN LIU a su amigo KU YUANG

    474 (Juicio a las razas blancas)
     … - Quiero hacer una sola observación: desde hace tres mil años la India ha perseguido y maltratado a una parte de su propia población. Me refiero, por supuesto, a los Intocables. Al tratamiento incalificable infligido a esos desdichados, bárbaro, cIntocableruel, insensato... -Estas tres palabras fueron lanzadas una tras de otra, con pausas intermedias, como desafíos, hacia las gradas, mientras giraba lentamente para enfrentar a los distintos sectores del auditorio. - Un tratamiento de una crueldad incalificable cuya bajeza no ha sido igualada por nada de cuanto hicieran jamás las razas blancas. Ahora mismo millones y millones de seres humanos en el subcontinente de la India son tratados peor que los negros sudafricanos a manos de los blancos, con una crueldad que ningún opresor blanco empleó jamás contra un hombre o una mujer de raza negra. Y aquí no se trata de un año de opresión, de una década de persecuciones, de un siglo de malos tratos, no es el resultado de un régimen efímero y fracasado como el del Imperio Británico, ni de una eclosión de barbarie de diez años como el hitlerismo en Europa, ni de cincuenta años de barbarie como el comunismo ruso, sino de algo inherente a una religión y a una forma de vida, a una cultura, y tan profundamente arraigado que quienes lo practican parecen ciegos al horror y la abyección de sus propios actos…
      […]
      … John Brent-Oxford alzó entonces la voz, pero no lo bastante, y todos tuvieron que callar para poder oír.

     - Todos sabemos hoy, ahora, que hay naciones, naciones no blancas que dominan y subyugan por medio de la fuerza a otras naciones, algunas también no blancas, pero otras de raza blanca. 

      Silencio otra vez.

     Luego: -¿Queréis que os recuerde los numerosos ejemplos de la historia en que naciones de raza negra, y parda, y morena, y dorada o marfil trataron con crueldad a su propio pueblo, y a los de otras naciones?

     Silencio. 

     -Por ejemplo, no es una novedad para ninguno de nosotros que el tráfico de esclavos en el África fue en gran parte organizado por los árabes, con la cooperación complaciente de los negros...

 

    DeadPlanet ShamatDe Historia de Shikasta, VOL. 3. O 1 4, Periodo intermedio entre la segunda y la tercera guerras mundiales. Capítulo sinóptico.

      [...]
       484

     … Inmenso, el más grande de los planetas conocidos, es estéril, seco, sin recursos. Todo tiene que ser importado. Y por la posición que ocupa en la organización cósmica, le faltan por completo las fuerzas y corrientes que necesita para su equilibrio. Ni Puttiora intentaría explotar ese astro horrible. Y sin embargo, una desgraciada conjunción de circunstancias quiso que algunos criminales llegaran al planeta, y adueñándose de él, utilizaran su propia abyección para arrogarse el poder en detrimento de otros. 

    Durante un breve lapso (en escala cósmica) Shammat fue el planeta más floreciente de la galaxia. Rebosaba de riquezas y lujos, productos todos de un centenar de culturas inventivas e industriosas. Los habitantes llevaban una vida de sibaritismo y bestialidad nunca igualados, ni aun en Shikasta, en las épocas de mayor corrupción.

     La energía de Shikasta ha sido siempre el alimento principal de Shammat; Shammat nunca ha sido capaz de encontrar algo con que reemplazarla. A medida que pasaba el tiempo, más energía quitaba a Shikasta. Shammat lo robaba todo, si podía. Pero no comprendía, ni por asomo, lo que estaba pasando. No tenía ninguna posibilidad de descubrirlo, y se agitaba frenética, a ciegas y a locas, emprendiendo toda suerte de planes nefastos, con la esperanza de que «algo resultaría para bien». Sabía que nosotros, Canopus, hemos sido, somos y seremos siempre su implacable enemigo: sabía que estábamos siempre presentes, y que éramos poderosos e incorruptibles; pero, incapaz de reconocernos en nuestros innumerables disfraces, no sabía qué esperar.

    CanopusShammat creyó hasta el fin que por obra y gracia de un milagro no perdería a Shikasta, «de uno u otro modo». «Algo tiene que pasar,» «Todo saldrá bien.» Esta ceguera desesperada no era lo que caracterizaba a Shammat en los tiempos en que la observábamos, cuando anticipábamos con absoluta precisión el debilitamiento de los lazos entre Canopus Y Shikasta, y lo que ese debilitamiento podía beneficiar a Shammat. Pero Shammat había caído en la degeneración. La larga histona de una oprobiosa dependencia, el egoísmo con que trataban a los vecinos de la galaxia, el parasitismo, la lujuria y el debilitamiento de la fibra moral: todo había contribuido a la ruina de Shammat. Hasta las emanaciones de la propia Shikasta, que en la fase final eran ponzoñosas. El proceso que Shammat había desencadenado -al reducir, debilitar y esclavizar a una gran parte de las poblaciones de Shikasta- había reducido y debilitado a Shammat atomizándola y arrastrándola a la guerra civil.

      Había batallas en esa época, que se libraban en los cielos de Shikasta, y que no tenían ninguna relación con Shikasta. Era Shammat que combatía contra Shammat... en una guerra salvaje, insensata, suicida.

   SatelitesRededorLos cielos de Shikasta, en cualquier caso, estaban invadidos por toda suerte de artefactos mecánicos y técnicos, estaciones de observación, estaciones meteorológicas, equipos de radio-comunicaciones, algunos al servicio del progreso, otros al servicio de la guerra; había armas de toda especie y de todos los grados de poder destructor, que también rivalizaban entre ellas, sin que los habitantes de Shikasta tuvieran la más remota idea de cómo ni por qué. Shikasta estaba envuelta en un verdadero caparazón de metal que giraba alrededor de ella. Que esto contribuía a debilitar las redes y eslabones de las corrientes cósmicas, no era algo que pudiera preocupar a Shikasta, ya que sus técnicos, incluso al final, cuando ya ciertos hechos saltaban a la vista, no habían llegado aún a comprender la naturaleza de esas fuerzas; durante varios siglos las ciencias habían seguido un cauce retrógrado y oscurantista, que impedía toda reflexión lúcida y útil en esa dirección. (Jamás sospecharon, por ejemplo, que algunas Ciudades, o ciertos edificios, estaban construidos de tal modo que era inevitable que llevaran a sus habitantes a la locura, o al menos al desequilibrio mental.) Todo alrededor del caparazón metálico que envolvía a Shikasta se libraban batallas. Y otros observaban esas batallas. Más de una vez naves-maestras sirianas, en el curso de una travesía rutinaria de reconocimiento, habían puesto en fuga las máquinas de Shammat que encontraban trabadas en lucha en los cielos de Shikasta. Más de una vez, las grandes naves sirianas, y las nuestras, NaveArgoshabían patrullado esos cielos como aliados protectores, ahuyentando los horribles aparatos de Shammat, cuya beligerancia casi automática no hacía sino agravar las presiones que pesaban sobre Shikasta. Y la luna de los shikastianos era motivo de violentas disputas.

     También visitaban Shikasta naves de los Tres Planetas. La caída de Shikasta en la barbarie había afectado, tiempo atrás, el armónico equilibrio de estos tres planetas dentro de la estructura de las fuerzas cósmicas, y desde entonces les costaba mantenerse en buen estado. La Guerra del Siglo XX, con sus emanaciones maléficas y deletéreas, sólo provechosas para Shammat, había afectado a estos planetas. Las naves visitantes venían en misión de reconocimiento y observación. En todo tiempo nuestros funcionarios han mantenido con ellos excelentes relaciones, prestándoles toda clase de ayuda y asistencia. También ellos esperaban, como todos nosotros, el momento en que la larga noche de Shikasta llegara a su fin, y diera paso a un lento retorno hacia la luz…

 

También, de Shikasta, el comienzo: Biometria MLGG177

 

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